Día 9 de septiembre

¡Qué belleza!, ¡cuánta vida!, ¡qué frescura! Gotas de cielo han caído sobre la tierra. La tierra vuelve a ser libre y tener esperanza porque su pecado ha sido perdonado. Lo seco retoñece, el agua vuelve a la estepa, lo torcido se endereza; el cojo salta, el ciego ve, el sordo oye. En definitiva, el cielo se ha abierto y se han derramado bendiciones en nuestra limitada existencia Isaías 35, 4-7a

Los católicos y creyentes nos pasamos falsamente media vida pidiendo a Dios por los pobres, y cuando tenemos la oportunidad de ayudar a uno, huimos de él como si apestara y no todos apestan; pocos son los que huelen mal y pueden manchar; pocos o ninguno podría contagiar una enfermedad; nunca jamás sería una deshonra ayudar a un pobre aunque hubiéramos de permanecer a su lado durante largo rato.

Nuestra hipocresía queda al descubierto en muchas ocasiones a lo largo de la vida. Jesús hoy me dice, que si me he dado cuenta de esta incoherencia no siga cayendo en el mismo error. Que no sienta rechazo hacia este tipo de personas, que tenga caridad y nunca rehúya a un pobre, porque aunque esté sucio por fuera quizá el alma la pueda tener más limpia y blanca que otros que nos autoproclamamos creyentes.

Nos pone Jesús un ejemplo de lo que viene a suceder cuando un pobre harapiento y andrajoso y un rico enjoyado entran en una Iglesia: al rico se lo llevan a los primeros asientos reservados, y al pobre lo hacen sentarse en el último banco o en el suelo, si no lo invitan a salir de la Iglesia. Cuando actuamos así lo hacemos con criterios malos y Cristo nos dice que no juntemos la fe con este modo de obrar, eso es indigno en una persona de fe; caigamos de la burra de una vez y actuemos sin prejuicios y con generosidad. En Jesús se da el anuncio del profeta Santiago 2, 1-5

Según recorría la Decápolis le presentaron un sordomudo que no oía y apenas hablaba y Cristo se compadeció de él y le devolvió el oído y el habla. Este es uno de los miles de milagros que hizo Jesús. Todo lo hacía bien; por donde pasaba quitaba las penas y traía vida y alegría. Jesús con este hecho nos insta a que no seamos sordos, ni ciegos, ni mudos sobre todo con respecto a la palabra de Dios: quiere que tengamos disposición para oír y anunciar la Palabra, y tampoco le gusta, qué ciegos voluntarios y faltos de iluminación intentemos conducir a otros ciegos, ya imaginamos el final del trayecto. Por eso si importante es conocer esto, más importante es oír la palabra de Dios y proclamarla. ¿Para qué sirven los oídos y la lengua, cuando la utilidad que se le dan es indigna?

Tenemos que aprovechar estos dones que Dios nos concede para poder oír la palabra de Dios que nos regocija y nos une como hermanos; dichoso el que a través de su palabra se siente cercano a Dios. Con frecuencia la fe nace a raíz de oír la palabra de Dios. ¡Qué gozo poder ver las maravillas de la creación! ¡No es menos gozo sentir que esas maravillas te circundan y las ves con los ojos de la fe!

Jesús, a todos curaba, a unos el cuerpo a otros el alma, pero las curaciones físicas nunca quiso que se comentasen, sí animaba a que se diera gracias a Dios, y en algún caso, que se pusiese en conocimiento del jefe de la sinagoga Mateo 1, 1-2.15-16.18-23

Reflexión:

Día 8 de septiembre – 2012 – FIESTA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA

Hoy es un día grande para la humanidad. Se conmemora el nacimiento de la Madre de Jesús, que a estas alturas ha significado como una segunda madre nuestra. A la que recurrimos en los casos difíciles, en momentos de desamparo. La Madre de Jesús ha sido y es en muchos casos, intercesora para llegar a Jesús.

Una madre todos sabemos lo que es: la que se queda velando hasta que viene el último de los hijos, la que está pensando siempre como lo estarán pasando sus hijos en el extranjero, la que sufre las faltas por muerte con mayor intensidad, la que lleva en la cabeza o por escrito las fechas de cumpleaños, onomásticas, fallecimientos, aniversarios y todo aquello que requiere una felicitación. La madre está siempre pendiente de todo. Así era la virgen María, pero elevado a la séptima potencia, por eso fue elegida por Dios. Además de, por su gracia, sencillez y humildad y profunda fe en nuestro Padre Dios y creador nuestro. Fue la única mujer en el mundo y en el pueblo de Dios, elegida por Él, para traer al mundo a su amado Hijo; nadie más mereció esta distinción, nadie más hubiera dado la respuesta que dio la Virgen al ángel San Gabriel cuando este le dijo que había sido elegida. Fueron las palabras más bellas dichas por una mujer (Magníficat) (Lucas 1 46-55). Dios se regocijo en su elección.

Hoy sabemos que todo el mundo admira a la Virgen, y aunque hay muchas advocaciones, todo el mundo sabe que todas ellas representan a María, a la Madre de Dios. Y obra milagros porque Dios la ha hecho grande y la ha dotado de poder. La humildad y el amor en la tierra, en el cielo se transforma en poder; por eso la virgen María es un ser influyente, al que podemos recurrir, siempre nos escuchará y obrará según nos convenga. La Santísima Virgen es el prototipo de santidad. Dios necesitaba de una mujer, ya no solo para que naciera su Hijo con la humanidad que tenía, sino porque una mujer de esa templanza, y respeto a las cosas sagradas, y amor a la humanidad, tiene tirón para evitar que muchos se pierdan en las banalidades del mundo.

Dios es creador nuestro y nosotros somos hijos adoptivos de Él, pero la virgen es también nuestra madre adoptiva, por el amor que nos tiene. Abrahán, es el padre de la fe, pero yo diría que la Virgen también es madre de la fe. Es tanto el amor que tiene a la humanidad, que Dios le permite que llegue a nosotros su mensaje de advertencia. En todas las  apariciones marianas podemos observar una constante en sus mensajes: Dios nos ama, el mundo nos confunde y divide, reconozcamos a Dios y seremos salvos. Y también nos dice frecuentemente, que con ciertas actitudes nos acarrearemos grandes desgracias.

La Virgen en cierto modo ya ha dejado de estar pendiente de su Hijo, Jesús ya se ha hecho grande; incluso desde pequeño ya se ocupaba de las cosas de su Padre Dios (Lucas 2:49). La Virgen María hoy se ocupa de nosotros, sabe que somos pequeños y frágiles; no tenemos la personalidad arrolladora de su Hijo, que desde niño ya conocía su camino y su destino. Soportó las maniobras sutiles del diablo, y se encaró con los poderosos de su pueblo en defensa de la verdad y denunciando la injusticia y el engaño.

La Virgen sabe que el verdadero poder está en el cielo, y no quiere que vivamos ajenos a esta realidad. José, como era un hombre justo creyó en el anunció del ángel, cuando le dijo que la criatura que iba a nacer venía del Espíritu Santo y optó por no denunciar a su mujer, la virgen María. Un hombre obediente, cualidad extraordinaria, cuando se trata de obedecer a Dios. Seguro que Dios habrá pagado con creces a San José por esa generosidad extrema, sacrificando su vida a favor del plan. Dios cuando ve en uno cualidades de obediencia, humanidad y justicia, y le mira, su vida da un giro de ciento ochenta grados; eso le pasó a José. Tu plan de vida se trunca, pero pasas a ser instrumento de Dios. ¿Hay algo mejor que ser un instrumento vivo y útil del Señor?

El final de esta vivencia y por tanto, de este encuentro, fueron las palabras del ángel, recordando las palabras de profeta: “una virgen dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa Dios-con-nosotros”. Esto último es lo verdaderamente importante, y por eso el plan de Dios se empezó a anunciar años antes, a sabiendas de que el hombre pondría todos los obstáculos para que no se llegara a cumplir. Afortunadamente una decisión de Dios es imparable y no hay nada ni nadie en este mundo que pueda evitarla o anularla Mateo 1, 1-2.15-16.18-23

Reflexión:

Día 7 de septiembre

Jesús fue un incomprendido. Todo lo que dijo fue profundo y trascendente, pero eso lo sabemos hoy a la luz de la Resurrección y el avanzar de su Iglesia. Los escribas y fariseos le criticaban, todo lo que hacía y decía lo infravaloraban. Estaban, o más bien, obligaban al pueblo a estar sujetos a la ley creada por los hombres,  abandonando la Ley de Dios y eso molestó mucho a Jesús. Cualquier insignificancia la agrandaban con motivo de crítica y a las cosas de Dios le quitaban importancia.

Dicen los escribas sobre los discípulos de Juan y de otros maestros fariseos: “ayunan a menudo, y los tuyos a comer y beber”. Solo querían sacrificio para los discípulos. Ya Jesús en otra ocasión similar les contestó: “misericordia quiero y no sacrificio” (Mateo 9:13). Hoy sabemos la importancia que tuvo la formación de la piña que fueron los doce apóstoles, (aunque tristemente una manzana se pudrió).

Ya por entonces empieza a gestarse la Iglesia y tenían que estar muy unidos, alegres y dispuestos; era un paso importante el que habían dado en su vida y tenían que vivirlo con intensidad y determinación. Es natural que bebieran y cantaran mientras estaba el novio con ellos, tiempo tendrían de llorar cuando se fuera. Era mucho lo que estaba en juego; tenían una misión por delante enormemente ilusionante, pero también arriesgada “os mando entre lobos”, les dijo un día (Mateo 10:16), y tenían que sacar provecho de cada minuto en presencia de Jesús. Siempre estaba instruyéndoles cuando se encontraba a solas con ellos. Seguramente cada predicación dirigida a los judíos ya antes la había comentado con sus discípulos.

Gracias, Señor, que a través de una noticia con motivo de crítica hacia tu Santo Hijo y sus discípulos, descubro que comían y bebían y se divertían, incluso más que otros discípulos que ayunaban con frecuencia. Es bueno saber que no solo vivían en permanente concentración, instrucción y táctica, que también tenían momentos de ocio y relax.

¡Cuánto lo celebro que tu Santo Hijo riera y se divirtiera con sus discípulos! Porque el Evangelio, la apariencia que da desde el principio hasta el final, es que todo fue como digo, una permanente preparación hacia lo que se avecinaba, ¡que ciertamente no fue plato de buen gusto! Que si soportaron tanto martirio fue, por esa fe inquebrantable a prueba de bomba, ese vehemente deseo de vivir cerca de Jesús, que era aliento de vida para ellos. Fueron cientos los mártires que entregaron su vida perdonando a sus asesinos por no renegar de su fe, pues esta fe era la razón de su vida. Hicieron bien en divertirse el tiempo que estuvieron con el novio Lucas 5, 33-39

Reflexión:

Día 6 de septiembre

Hoy, el encuentro, lo tiene Simón Pedro, que admirado e impactado por el poder de Jesús, cayó de bruces a sus pies, pidiéndole que no confiara en él porque era un pecador y poco ejemplo podía dar. Jesús ve que un hombre grande y de carácter, toma una actitud de invalidez y creyéndose poca cosa se lo hace saber a Jesús: yo no valgo para esto, le dice. Precisamente el reconocimiento de nuestra debilidad es lo que hace que Dios ponga su confianza en nosotros, y a pesar de nuestra pequeñez nos haga grandes.

Como Dios sabe que el sueldo que va a pagar es pequeño, más bien nada, no quiere tratar con gente soberbia, con aquellos que creen que lo merecen todo. También quedó reflejado con esta postura su merecimiento del cargo que tendría después. No necesita del médico el sano sino el enfermo (Lucas 5:31) y la venida de Jesús está justificada; en primer lugar porque nos hace ver que somos pecadores y nos libra del pecado, al tiempo que nos enseña a perdonar con su ejemplo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Y estaban asesinando al Hijo de Dios.

Cuando Pedro ve que en toda la noche no pescaron casi nada, siendo profesionales como eran, haciendo caso a Jesús echa la red Pedro, y la llena hasta casi romperla, lo que le obligó a pedir ayuda para moverla; asombrado por el hecho le invade la generosidad dándole la mitad a los de la otra barca. Eso nos tiene que hacer pensar, Jesús no era una persona normal. Aunque nos parezca ciencia ficción, no lo es, hay testigos. El hecho nos da idea de su fuerza, de su poder, la naturaleza le obedece, su simple voluntad es creativa, es transformadora.

Cuando pensamos en un Dios creador, no podemos olvidar al Hijo, ni al Espíritu Santo. Son tres entes con una fuerza impredecible. No debemos olvidar nuestra flaqueza: sin Dios no podemos nada y con Dios lo podemos todo (a veces hay que esperar). Es inimaginable lo que Dios nos tiene preparado. Si de la nada saca una tonelada de peces, es bueno que no perdamos de vista la personalidad de Jesús.

En estos encuentros Jesús se revela como es, aunque Él no lo quiera decir, es el único y verdadero sabio y el único y verdadero Todopoderoso, en comunión con el Padre y el Espíritu Santo. Jesús alterna la Palabra con los signos. La Palabra se ve reforzada y los signos multiplicados con la Palabra. Es decir, la palabra se hace creíble en toda su extensión y los signos, aunque solo se viera uno, se podían imaginar mil, pues todos serían posibles.

Le dice Jesús a Pedro; “te haré pescador de hombres”. Esta frase de Jesús me trae a la memoria lo que me dejó escrito en el libro que me regaló un misionero en uno de los tres Ejercicios Espirituales que hice: “el mundo te necesita”, lo recuerdo hoy y me llena de ilusión cuando veo que he vuelto al Padre como el hijo prodigo (yo también tuve una enorme laguna en mi vida, desde los 16 a los 28 años. Dios estaba a mi lado pero yo no me daba mucha cuenta).

El resultado final de este encuentro es también muy significativo, sobre todo cuando dice: “lo dejaron todo y le siguieron”. ¡Qué poder tan enigmático tendría Jesús, que solo diciendo: “sígueme” lo seguían! De no haber sido por Internet estos comentarios míos no hubieran salido de mi despacho, sin embargo, después he tomado la decisión de publicar todos estos encuentros en un libro que se llamará “Encuentros con el Maestro”. Y volviendo a  la dedicatoria que me hicieron, pienso que nadie me necesita, salvo mi esposa, pero que sí nos necesitamos todos mutuamente Lucas 5, 1-11

Reflexión:

Día 5 de septiembre

Hoy también es motivo de alegría, Jesús hace lo que quiere hacer y es feliz. La felicidad de Jesús  cuando no le ponen obstáculos a su predicación me contagia. Cuando saludo a Jesús por la mañana, le doy los buenos días y gracias por la vida que me da, le pido fuerzas para afrontar el día y le digo que le presiento permanentemente a mi lado de día y de noche.

Hoy Jesús después de salir de la sinagoga fue a la casa de Simón y le pidieron que hiciera algo por la suegra de Simón que estaba en cama y aunque Jesús pensara en la levedad del mal y si actuar bajo su plan trazado, seguramente estimó conveniente liberar a esta señora de la fiebre que la mantenía en cama. Increpó a la fiebre y la fiebre la dejó; al momento se puso a servirles.

Jesús día a día se dedicaba a curar, por la mañana la cura era espiritual en las sinagogas y por la tarde corporal, lo importante y necesario era traer equilibrio a la persona. Si todos los que oímos o leemos la palabra de Dios, obráramos en consecuencia, este mundo sería otra cosa; la persona desesperanzada también necesita una cura de consuelo y de ánimo; para amar y ayudar no se necesitan grandes conocimientos, basta voluntad, a veces creemos que nos tiene que salir el deseo espontáneamente y eso es un error, la inclinación de la carne, y la cultura adquirida en la calle, puede hacernos mirar para otro lado, esta práctica se debe ejercer a base de reflexiones humanitarias, viendo la debilidad en el otro y no pasar de largo. Jesús no pasaba de largo ante el mal ajeno.

A última hora de la tarde le traían los enfermos e imponiéndoles las manos a todos los curaba. No había mal que se le resistiera. De todos se compadecía. A todos nos gustaría, sobre todo a los cristianos, que ese tiempo volviera, que viniese Jesús a visitar los pueblos de España, empezando por Madrid, curando a todos los enfermos y echando demonios, que no hay pocos, pero eso al parecer no es posible, tenemos que sacarnos las castañas del fuego nosotros mismos. Ese tiempo ya pasó, solo queda un encuentro espiritual o místico.

Si el hombre ha sido hecho para vivir eternamente, el transito físico por la tierra es temporal y se debe aplicar como escuela de vida, tiempo para aprender a amar amando. Si hacemos una reflexión al respecto, observaremos que este espacio corto de tiempo está lleno de necesidades y entonces resulta ser una magnífica oportunidad para ayudarnos unos a otros, demostrando que estamos preparados para vivir juntos por tiempo indefinido, y ese, yo creo que es el secreto, no como lo entienden algunos, haciendo de la vida en la tierra lo que haría un elefante en una cacharrería, pero de forma más sutil. Pensemos los atropellos que hacen con nosotros y  veremos que el abuso está generalizado Lucas 4, 38-44

Reflexión:

Día 4 de septiembre

Hoy la luz se ha vuelto blanca y resplandeciente, encontramos a personas más receptivas, más esperanzados en las bondades de la vida y reciben al Maestro Jesús, profeta, con más ánimo. Ahí tenemos la enseñanza positiva, y la enseñanza de ayer negativa en la actitud de los paisanos: gente falta de fe, llenos de negatividad y poco reflexivos. Hoy por el contrario encontramos gente que saludan la Buena Nueva con fe y con agrado y esa actitud les premia con milagros a la vez que les refuerza la fe. Aprendamos a ver en la diferencia.

Cuando hoy el maligno nos hace creer que no hay Dios, hace dos mil años este relato nos explica una preciosa vivencia de Jesús; el maligno que tenía poseída a una persona, reconoció a Jesús como el Santo de Dios, e intuyó que Cristo ha venido entre otras cosas para acabar con el mal y con ellos. Públicamente dijo el maligno: Sé, quien, eres: el Santo de Dios. Jesús con una autoridad inquebrantable solamente tuvo que decir: cierra la boca y sal. El demonio salió sin hacer daño a la persona, demostrando a los ojos de los testigos la superioridad de la luz procedente del Hijo de Dios, ante la inferioridad de las huestes de las tinieblas. Y de otra cosa nos alerta este encuentro, que no debemos permitir que entre el mal en nuestra casa, una vez que le damos alojamiento y le aceptamos como compañero de viaje nos costará mucho echarle de nuestro lado, Jesús si le echó, pero nosotros no tenemos la autoridad de Jesús.

Al paso de Jesús el mal siente pavor y se aparta y la vida se transforma, queda el impacto de la humanidad y de la divinidad. Todos nos quedamos con la boca abierta cuando habla Jesús. Cuando Jesús actúa su autoridad se pone de manifiesto y sus enseñanzas nos tocan el corazón. En aquel tiempo Jesús quiso potenciar la palabra con los signos y sentar precedente de lo que Dios quiere y espera de nosotros. Haciendo ver al mundo que todo está bajo su potestad y a Él solo debemos pleitesía y rendir culto Lucas 4, 31-37

Reflexión:

Día 3 de septiembre

Hoy es un día gris, Jesús visita su pueblo y se ve rechazado por él, hasta el punto de que intentan despeñarlo. Qué triste la actitud del hombre para con sus profetas. Nunca vayas a tu pueblo anunciando un cambio, un vaticinio, un pronóstico. Ya puedes tener datos y conocimiento para hacer esta advertencia, te criticarán, muchos no te creerán y hasta te insultarán.

Es probable que suceda esto en línea con lo que le sucedió a Cristo. Ya lo dijo Jesús: “Nadie es profeta en su pueblo”. Analicemos el hecho cuando Jesús dijo: “Hoy se cumple esta Escritura”. Estaba diciendo, que Isaías años atrás se había referido a Él y Él, casualmente, había leído lo que escribió sobre Él Isaías. Cuando esta extraordinaria coincidencia, debiera haber sido motivo de alegría y de fiesta celebrando que un paisano tuviese el don de ser enviado por Dios para instruir a su pueblo, hacen lo contrario, le quieren despeñar por blasfemo.

La fe en las promesas de Dios, anunciadas en el Antiguo Testamento, las tenían guardadas los judíos en el subconsciente. Y este les falló en el momento más oportuno. Nunca imaginaron que Dios pudiese haber mirado a ese minúsculo pueblo como era Nazaret, cuando dijeron en otro pasaje: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Juan 1, 45-51). La pena no quedó en el hecho, ni en el relato, la pena y el dolor quedó en el corazón de Jesús, el único hombre bueno, que tuvo que sufrir los improperios de gente ignorante, educados en la falsedad, teniendo a Jesús por un falso profeta y un vulgar impostor Lucas 4, 16-22.24-27.29-30

Reflexión:

Día 2 de septiembre

Hoy es un día grande para los creyentes; basta recordar que Dios nos ha mirado, nos ha elegido y nos ha dado unos decretos que nos ayudarán a vivir justa y felizmente. Todos los días son grandes cuando nos invade este pensamiento, pero como todos los días no los puedo celebrar lo voy a celebrar hoy; y con mayor razón porque es domingo y es el día del Señor.

Pero yo lo celebraré porque Dios nuestro Señor condujo a su pueblo por el desierto durante cuarenta años; la tierra donde manaba leche y miel era una tierra abundantemente rica y valió la pena tardar tanto tiempo en llegar a ella y conquistarla. Pero lo más importante es que Dios se ha manifestado a su pueblo en multitud de ocasiones y por fin en esos días se ha sabido que nuestro Dios es el único Dios, el Todopoderoso, creador de cielos y tierra y de toda clase de vida y que siempre está velando por nosotros.

Nosotros, los cristianos, salidos de este grandioso pueblo, nos sentimos orgullosos de nuestro Dios, al que alabamos y damos gracias en todo momento por los bienes recibidos. Por eso hoy quiero cantar a Dios y decirle lo contento que estoy, porque a pesar de que muchas veces le dimos la espalda, cuando volvíamos a Él siempre nos escuchó, perdonó y animó a olvidar y a emprender una nueva vida en su compañía. Todo lo bueno y todo lo perfecto viene de Dios. En Dios no hay periodos de sombra como a veces nos invaden a nosotros Deuteronomio 4, 1-2. 6-8

Dios es la verdad suprema y en la verdad solo hay luz; su Palabra salva y quiere que la aceptemos y la implantemos en nuestros corazones, de esta forma la llevaremos a otros hermanos que están pasando por periodos de sombra. Dios espera que en la Iglesia o fuera, seamos íntegros, visitemos al necesitado de ayuda y de consuelo llevándole la Palabra, ánimo y esperanza. Y por nada, manchemos nuestra alma y nuestro corazón con las impurezas de este mundo. Jesús me aclara definitivamente, aquello que puede enfermar mi corazón y, enfermo yo, cómo puedo enfermar a otros Santiago 1, 17-18. 21b-22.27

A diario somos muy cuidadosos de no comer sin lavarnos las manos, creyendo que de no hacerlo podemos enfermar nuestro cuerpo. Y no nos preocupamos del daño que pueden hacer aquellas imágenes y palabras que vemos y oímos cuando entran por nuestros ojos y oídos yendo directamente al corazón; esto sí que puede enfermar nuestra alma y nos puede acarrear la muerte eterna. No es malo lo que entra por la boca porque ello va a la letrina, lo malo es lo que va al corazón y después sale por la boca, que además de dañarnos y condenarnos a nosotros, nosotros dañamos a otros y los condenamos a seguir nuestro camino.

A nuestro Dios le ofendemos cuando con la boca le honramos y alabamos y con los hechos lo crucificamos. Los preceptos humanos son buenos si están en sintonía con los Mandamientos. Dice Jesús: Lo que sale del corazón del hombre, mata al hombre, porque de dentro del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro Marcos 7, 1-8.14-15.21-23

Reflexión:

Día 1 de septiembre

La parábola de los talentos es relativa a los dones que el Señor concede, los cuales hemos de desarrollar y explotar con honestidad. Cuanto mayor sea el don más se debe compartir; es decir, aquel que tenga mucha fe, no es para vanagloriarse por ella, pues no deja de ser un regalo importante del Señor, la respuesta a esa fe firme e inmutable que el Señor da, ha de ser de entrega y coherencia, dando gratis lo que se ha recibido gratis.

Sabemos lo duro e incierto que es poner los dones a trabajar en espera de obtener un buen resultado: el beneficio de una buena obra en el que recibe la ayuda y el efecto multiplicador en el mismo por agradecimiento o por contagio. Estas parábolas en las que aparece el Señor y el asalariado, siempre parten de unos valores  y conducen a un mismo fin: autoridad, mando, y poder por parte del Señor; trabajo, honradez, y fidelidad por parte del asalariado. Todo ello obtiene como resultado satisfacción plena y felicidad. Si la respuesta es esa, el asalariado se ha ganado la confianza, y subirá en el escalafón, quedando al cargo de todo el negocio. Por el contrario, si se es un holgazán, ladrón e irrespetuoso, la relación laboral siempre será corta.

Los patronos en un noventa y nueve por ciento siempre actúan así y suelen ser agradecidos con el empleado fiel, trabajador y honrado. Lo mismo espera nuestro Señor de nosotros, que seamos fieles y no traicionemos su confianza. Que reconozcamos su obra y trabajemos para engrandecerla, nunca para deteriorarla; asumiendo que dado que el hombre es obra de Dios, todo lo que el hombre haga es también obra de Dios.

Todo, absolutamente todo, ha sido creado con un fin bueno. Por ello debemos trabajar desinteresadamente, pretendiendo en todas nuestras acciones el acercamiento de todos los hombres a la verdad que está en Dios y reside en Él como fuente de verdad. Eso debe ser una lucha constante, si queremos que otro día Dios se fíe de nosotros y nos ponga al cargo de riquezas inconmensurables, la confianza ha de ser mutua.

El Señor nos tiene guardado lo mejor y nosotros debemos anunciar a otros hermanos  que no han tenido nuestra suerte, que el Señor nos espera a todos; y pensemos en todo lo bueno que tenemos, todo se lo debemos a Él, así que es necesario intentar sacar provecho de aquello que represente un don manifiestamente obtenido Mateo 25, 14-30

Reflexión: