Día 2 de noviembre – 2012 – CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

Ciertamente es difícil llegar a la santidad. Ayer tocó hablar de los santos, hoy lo vamos a hacer de las personas normales, que manteniendo la fe firme, nos pasamos la vida entregados al servicio de la sociedad; tenemos la vocación de servir con nuestro trabajo, nuestra profesión. Sí es verdad que no debemos olvidar ciertas aseveraciones de Jesús a sus discípulos, siempre son extrapolables a todas las familias cristianas y a los no cristianos, también hizo otras de carácter general.

Hoy estuve en el cementerio recordando a mis seres queridos ya fallecidos, y a decir verdad es un ambiente algo triste; recuerdas a tu gente querida y su ausencia también entristece; no podemos negar la evidencia. Pero el creyente en estas situaciones se debe sobreponer y debe recuperar la esperanza de que todos nuestros amigos y familiares están con Dios en el cielo gozando de su gloria, tiempo han tenido para congraciarse con Dios si iban un poco verdes. La gente normal, que no buena, porque bueno solo es Dios, estoy convencido de que Jesús les hace sitio en su reino, aunque para ello tuvieran que hacer un curso de restauración. Algo que se hace mucho y se debe hacer en este día, en el cementerio, es rezar por todos los fallecidos, familiares y no familiares, amigos y no amigos, ello por si acaso hubiera alguien que por no tener nadie que le rece, lo tenga Dios por días interminables en el purgatorio. Seamos generosos incluso con aquellos que vivieron haciendo mal, por fin ya lo dejaron y Dios siempre buscará un motivo para perdonarles  y facilitarles el abrazo con sus antepasados. El motivo puede ser nuestros rezos por ellos.

Tenemos la costumbre cuando un amigo nos cuenta algo, unas veces creerle y otras veces no, y esto conduce a discusiones fuertes. Yo pienso que se debe a que solemos mentir bastante o a que creemos que los demás a veces mienten, pero nosotros no. Si un amigo, en concreto, nunca nos ha mentido ¿por qué dudar cuando nos dice algo por extraño que esto parezca? Quiero ir a parar a Jesús, a su sinceridad; además, Él es el Camino, y la Verdad y la Vida. Si Jesús, que no miente, nos dice muchas cosas en las que creemos firmemente, ¿por qué no creer en todas? Y si creemos en casi todas, ¿por qué tanta duda ante la mínima adversidad en el día a día? ¿Por qué tanto pensar que con la muerte se acaba todo? Hay muchas evidencias de que no es así, pero aunque no las hubiera ¿por qué no creer a ciegas en el mejor de los amigos que es Jesús? Si tanto de lo que nos dijo fue acertado y se conserva hasta hoy dos mil años después como un verdadero tesoro, ¿qué iba a ganar Él tomándonos el pelo, diciéndonos algo que no fuera cierto? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Con qué propósito?

Cuando uno cree, todo el corazón se ensancha y se muestra más dispuesto a colaborar con Jesús en las recomendaciones que nos hace. Aflora el sentimiento de gratitud y de correspondencia. Uno empieza a verse más digno, más cercano y a sentirse amigo de Jesús; Él, ya lo es nuestro, pero a nosotros nos cuesta dar el paso, nos cuesta comprometernos. En realidad no es tan difícil y no es tan incomprensible la amistad con Jesús. El que tiene un amigo lo comprenderá mejor. La amistad con Jesús es igual que con otro amigo: defensa, no traición, ayuda, confianza, fidelidad…

Las cosas que dijo a sus discípulos fueron para derretirse de amor y ternura hacia Él: Que no tiemble vuestro corazón. “Creed en Dios y creed también en mí”. “En la casa de mi Padre hay muchas estancias”, si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? “Cuando me vaya os prepararé sitio, porque donde yo estoy quiero que estéis también vosotros”. Y adonde yo voy ya sabéis el camino. A lo que responde Tomás; si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino? Contesta Jesús: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Se podrá decir diferente pero no con esta autoridad y con este amor.

Unas recomendaciones más del Creador a nosotros que no debemos desatender. Cristo, fiel trasmisor de la palabra de Dios, espera que creamos en Él Juan 14, 1-6

Reflexión:

Día 1 de noviembre – 2012 – SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

La realidad del cielo está por conocer, sin embargo, en el curso de la historia y siempre a través de personas cercanas al pensamiento de Dios, nos han llegado pinceladas de cómo puede ser su grandeza. Son flashes los que conocemos para saber que el cielo es otro mundo o realidad bien distinta a esta. Para empezar diré, a mi corto entender, que en el cielo pueden haber entre los salvados personas de todas las razas y todas las naciones. En el segundo aspecto de la visión, personas con vestiduras limpias. Si para los occidentales el blanco es sinónimo de limpio, ellos las verían con vestiduras blancas. Y en el tercer aspecto, también fundamental, personas con una pureza interior a prueba de fuego. ¿Qué nos ponen de relieve estos tres aspectos? Que la gran mayoría de los mortales estamos bastante lejos de estos valores. Al menos para poder verlos externamente a simple vista. Ojalá Dios pudiera decir lo contrario. ¿A qué conclusión nos lleva? A lo que decía Cristo: Que si para nosotros es imposible ganarnos el cielo, para Dios que todo lo puede, sí es posible (Mateo 19, 25-26). No obstante dentro de la dificultad, pero combinándolo con la misericordia de Dios y los miles de años de historia del hombre e incursiones de Dios en la misma a través de hombres justos y profetas, podríamos considerar que aunque sea en espíritu, Dios disfruta de la compañía de muchos justos y santos, que confiaron en Él y hoy viven alabándole permanentemente. No en vano nuestro Dios no es un Dios de muertos sino de vivos. Así lo atestigua el pasaje de la zarza ardiendo y la transfiguración de Jesús (Lc. 20, 37-38; Mc. 12, 26-27; Mt. 17, 1-8). Digamos que esto fue un anticipo de la gloria de Dios Apocalipsis 7, 9-10.13-14

Nos podrá parecer extraño que hombres como nosotros gocen hoy de la presencia de Dios, pero Dios que premia la voluntad y el amor y no castiga la debilidad y la flaqueza, ha justificado el éxito de la creación. El hombre nacido para amar (Madre Teresa de Calcuta…), ha dado pasos inequívocos en este sentido. Han sido miles las personas reconocidas por la Iglesia, las que han entregado su vida por amor a Cristo y en defensa de la paz. Por éstas, y otras  personas anónimas, la Iglesia, el primero de noviembre, celebra el Día de los Santos. En este día se pone como modelo a imitar la vida de innumerables hermanos nuestros, que vivieron entregados al Evangelio sin desfallecer y Dios les ha concedido la gracia de llamarles hijos, así como a los que permanecen en la esperanza por amor, de poder contemplar un día su gloria, también los llama hijos.

No se cuentan las caídas, sino las veces que hay que levantarse y continuar la marcha sin importar las piedras en el camino que impiden el paso,  ni la zarza que te intenta retener, nada tiene que ser motivo de abandono, máxime si uno camina en la verdad y va hacia la verdad absoluta, que es Jesús. La santidad es posible y Jesús nos anima a ello. “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5:48), nos dice. En este encuentro Jesús nos habla también de Bienaventuranzas, en ellas queda reflejada la sensibilidad de nuestro Dios y de nuestro maestro Jesús, y su ternura; cómo Dios tiene presente a aquellos que han sufrido carencias y dificultades por ser débiles, pobres y/o cristianos; y a los que gozan de virtudes humanas que quieren defender ante toda adversidad y se encuentran con la indiferencia y la frialdad del mundo. A todos ellos les ofrece un sustancioso premio en compensación a su sacrificio Mateo 5, 1-12a

Reflexión:

Día 31 de octubre

Jesús como siempre no dejaba de enseñar. Todos hemos necesitado de enseñanzas en las que cimentar nuestra vida. Las enseñanzas de Jesús son fundamentales porque alargan la vida; Jesús es el Maestro por antonomasia, es el único que enseña verdades eternas. Un día le preguntaron, ¿serán pocos los que se salven? A lo que contestó: qué nos esforzáramos por entrar por la puerta estrecha. ¿Cuál es esa puerta? La que pocos quieren: la austeridad, la sencillez, la entrega, la humildad, la sinceridad, la fraternidad, la comprensión, la disculpa o el perdón, el respeto a la fe, la justicia, la sabiduría, la paciencia… Actitudes que te estrechan el camino y te hacen pequeña la puerta, pero que te conducen a ella inexorablemente y pasarás con paso franco. Esta puerta estrecha viene a ser parecida a la criba con un tamiz milimétrico por donde solo pasa lo fino, lo valioso, y luego tenemos el barandón (palabra extremeña), con un tamiz mayor por donde pasa otra parte que iría al purgatorio, y las excepciones, lo que no pasa por el barandón, que estaría sujeto a la misericordia de Dios. Y esto solo lo digo para ilustrar la puerta estrecha, porque la realidad es que de momento lo dejamos en el misterio.

¿Quiénes querrán entrar y no podrán? Los que esperen demasiado envueltos en sus cosas y quehaceres mundanos y que cuando descubran casualmente la famosa puerta, sea demasiado tarde y no les dejen entrar por ella. En ese momento, final de un modelo y principio de otro, no reconocerán a los que vivieron alejados del camino estrecho. Como aquel que pasa por la puerta de unos salones de boda y pretende entrar camuflándose con los invitados. Los que no están invitados no pueden entrar: no vale decir que han comido y bebido con el novio: la picaresca de este mundo puede que te ayude a confundirte con los invitados, pero allí será distinto, el engaño y la mentira no tendrán cabida.

Los amigos verdaderos del novio sí están invitados. A los que pasen por allí o vayan a sus labores no se les permitirá ser oportunistas y mezclarse con los demás invitados y en el caso de que lo hicieran, habrá alguien que les echen fuera, porque serán fácilmente reconocibles al no llevar el traje de fiesta; no se les entregará en las manos un bien por el que no han luchado, e incluso en otros casos han rechazado. Digamos que muchos son los llamados pero pocos los elegidos (Mateo 20:16), y pocos los que responden a la llamada.

Algo así como lo que sigue parece inaudito. “Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” (Mateo 20:16). Esto va dirigido a aquellos que estuvieron alejados de Dios por motivos varios o porque no dedicaron tiempo a conocerle y amarle como Él nos ama,  y que todavía están a tiempo; el arrepentimiento y la vuelta al Padre puede llevarles a los primeros puestos. Lo que vale es la aceptación de Jesús como guía y Salvador. Estamos aún a tiempo para intuir si la sangre del cordero lavó nuestras túnicas y nuestras nuevas obras podrán confirmar el cambio.

Con la túnica blanqueada reencontraremos el camino que nunca habíamos conocido o un día abandonamos. Al tiempo, otros, tristemente añorarán los primeros puestos a los que quisieran llegar, pero por no sacrificar un ápice en esta vida, malinterpretando el mensaje, solamente habrán de conformarse con lo que Dios tenga a bien concederles. Dios que penetra en todos los corazones es el único que puede dar a cada uno el lugar merecido, sobre todo según el amor con que trató a sus semejantes. Confiemos que la justicia de Dios y su misericordia pongan a cada uno en su sitio.

La palabra de Dios que es el mismo Dios hablándonos hoy, nos dice, que hay dientes que rechinan y ojos que lloran, cuando ven lo que han perdido por falta de tiempo, falta de interés en conocerle y falta de amor a su entorno, o más significativamente, a la obra de Dios. No olvidemos que el hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26), es su criatura predilecta y que nos hemos de tratar casi con reverencia y cuanto más pobre más reverencia, es en los pobres donde más reside Dios, en espera de que éstos sean rescatados de su pobreza. El hombre y su naturaleza son templo del Espíritu Santo (1Corintios 6:19. Sólo por ello merece nuestra más grande consideración. “Amarás a Dios con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27) Lucas 13, 22-30

Reflexión:

Día 30 de octubre

Jesús se preguntaba un día: ¿A qué se parece el reino de Dios? Y Él mismo se contestó: A un grano de mostaza. Hoy vemos que la respuesta es Cristo y su Iglesia. Un grupo de hombres hicieron germinar la palabra de Dios y multiplicarla en todo el mundo, a través de lo que se conoce como Iglesia Católica. El reino de Dios son los cristianos agrupados, que pueden ser cobijo para todas las  personas, especialmente para aquellas que están desorientadas, a los que los vaivenes de la vida les han desviado de su ruta, que aun sin conocimientos intuían que era la acertada. El fundamento de la Iglesia es Cristo y en Él está la verdad. La respuesta a la soledad, enfermedad, bajada de ánimos y otros estados carenciales… para todo ello Jesús y su Iglesia es la respuesta.

El reino de los cielos, antesala de lo que nos espera a todos al final de nuestros días. Seamos fermento que multiplique la fe y el abrazo (unión) de todos los habitantes de la tierra, empezando por nuestro barrio y nuestro pueblo. Lo sencillo, lo humilde, lo pequeño se hace grande en las manos de Dios. Es maravilloso ver a personas que de la nada han evolucionado y hoy son grandes científicos, grandes deportistas, grandes predicadores…  y todo su progreso se lo atribuyen a Dios. Ciertamente todos estamos en manos de Dios y muchos, a lo largo de la historia, han recibido grandes dones, razón más que sobrada para ser agradecidos a Dios todos los días de la vida. Todo lo que es impulsado por Dios crece y crece, lo que está apoyado en la soberbia y en la presunción que son cimientos de barro no gozará de larga vida Lucas 13, 18-21

Reflexión:

Día 29 de octubre

Jesús sigue haciendo el bien por donde pasa; vio a una mujer con joroba desde hacía dieciocho años y la puso derecha. “Enderezar los caminos que el Señor va a pasar”. A Dios no le gusta lo que está torcido y menos ver víctimas del mal  sin capacidad para liberarse  pero sí con deseos de hacerlo; tantas vidas que abandonan el camino recto, que se adentran en caminos tenebrosos y oscuros, donde nunca o casi nunca se ve la salida; un camino con poca luz  lleva a otro con menos y termina uno mismo huyendo de la luz para no ser descubierto. Si además de esta indiferencia o atonía, no sabemos interpretar la voluntad de Dios, la urgencia porque el hombre conozca el plan de Dios, seríamos nosotros igualmente responsables en conciencia de la caída de otros hermanos. Es hoy y no mañana cuando debemos ponernos en marcha para evitar que hermanos nuestros se precipiten por el abismo. No hay que buscar la estrategia, es una necesidad vital de compartir, de llevar la felicidad al otro, de hablar del tesoro que nosotros hemos descubierto No importa que sea domingo o lunes, tenemos que trabajar para que el mundo cambie, hay mucho por hacer, hay mucha conducta torcida que podemos enderezar con nuestro ejemplo, con la palabra de Dios y además con su ayuda.

Dice Jesús: si en cualquier momento podemos coger la burra o la vaca y llevarla al abrevadero sin pensar que es domingo o lunes, ¿por qué no empezamos ya a curar a tanta gente que hay necesitada de ayuda y sanación, y no solo de males físicos, sino también de problemas mentales? Decimos que la puerta del templo está abierta, pero eso no lo es todo, tenemos que abrir los brazos y acoger con alegría a todo el que quiera entrar en esta gran familia. Hay gente desesperada que no acierta a ver el camino que le saque de su amarga existencia. Llevémosle a casa la oportunidad  de saber que Cristo comparte su dolor y quiere mostrarle el camino. El camino que sin lugar a dudas es Jesús Lucas 13, 10-17

Reflexión:

Día 28 de octubre

El Señor conoce la tierra y quien la gobierna; sabe que en ella habitan todos sus hijos, criaturas hechas por voluntad de Él. Sabe que muchas de esas criaturas abominan de Él y abominan de Dios; viven en un desprecio sin límites hacia las cosas sagradas; darían su vida por destruir la obra de Dios, ¿qué se puede esperar de ellos? Ya sabemos que todos somos pecadores, pero de ahí a aceptar el mal como filosofía de vida, como base para construir una fuerza destructora de todo bien, va un abismo.

Reconociendo las fuerzas del mal, tenemos que evitar ser arrastrados por ellas y unirnos más que nunca para aclamar y vitorear la grandeza de nuestro Dios. Saber que en Él está la fuerza y el poder y que la victoria siempre está de su lado. Nuestra debilidad no debe ser motivo de desconfianza; no debe atemorizarnos en la lucha diaria contra el mundo explotador y que tanto margina a los deficientes físico-mentales, incluyendo a los pobres. El Señor un día reunirá a todos los que en Él confían, entre ellos pobres, ciegos, mancos cojos, sordos, enfermos, esclavos, marginados, presos por creer, deficientes, viudas, huérfanos, niños y todo lo peor, considerado inútil por el mundo; los ignorantes y extraviados también tendrán cabida si vuelven su cara a Dios Jeremías 31, 7-9

Los sacerdotes y pastores están en la obligación de buscar a la oveja descarriada; a tantos y tantos que, como decía Jesús “no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Ellos que conocen sus propias faltas, saben cómo corregir a los que se desvían del camino.

Hoy Dios nos revela quien es el sacerdote eterno, centro de todo sacerdocio. Y dice más: Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy Hebreos 5, 1-6

Hoy también puede ser el día en el que pongamos nuestra confianza en el Señor Jesús. Comprendamos de una vez, que cuando dio la vista al ciego de Bartimeo quiere darnos a todos la vista que necesitamos, quiere que miremos y veamos con los ojos de la fe, porque si no es así, estamos más ciegos que el mismo ciego de Bartimeo. Si este ciego cuando recobró la vista seguía a Jesús por el camino, los que no le siguen, tristemente están ciegos, eso es lo que nos dice Jesús Marcos 10, 46-52

Reflexión:

Día 27 de octubre

Jesús hoy nos vuelve a insistir sobre la conversión. En el mundo en que vivimos y a estas alturas del calendario, el hablarnos  los curas de castigo o de infierno parece que suena a querer intranquilizarnos y atormentarnos de manera gratuita; pues eso pertenece a otra época, pensamos nosotros, y sin embargo Cristo hablaba de ello con la mayor naturalidad y en cualquier circunstancia. ¿No será que Cristo por el amor que nos tiene, nos lo suelta con frecuencia para advertirnos de los peligros que nos acechan viviendo de espaldas a Dios?

Así estamos cuando se vive sin prestar el mínimo respeto e interés a las cosas de Dios. Las frases a las que me refiero son estas: “Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Como vemos, Jesús no quiere pasar de puntillas en su prédica por Galilea y nos dice por activa y por pasiva que nos convirtamos y no vivamos como si nada hubiera pasado y nada fuera a pasar. Está en juego nuestra salvación y por tanto nuestra eternidad. Todos somos pecadores,  el único bueno es Dios. No pensemos erróneamente que la condenación es cosa de los demás y que nosotros como no matamos ni robamos, no tenemos nada que temer.

Se dice que la higuera que no da fruto lo suyo es cortarla. ¿Y nosotros, damos fruto? Dios es muy paciente, espera y espera. Pero… ese tiempo que se alarga sin que demos fruto, ¿nos acerca más a Dios o nos enfría cada día más?, yo creo que lo último. Porque la vida se esfuma y las oportunidades son pocas, hasta el punto de que si no las aprovechamos, nunca seremos útiles, ni daremos ese fruto que el mundo necesita para cambiar.

Meditémoslo una vez más. El que los curas no hablen del infierno ni del castigo no quiere decir que no esté sobre nuestras cabezas. Huyamos de estas  palabras malditas y busquemos ambientes de amor, ambientes de confraternidad; aprendamos a dar gracias a Dios y a nuestros hermanos y demos cabida al resurgimiento en nosotros de nuevos sentimientos. La conversión es aceptar cambiar lo viejo que hay en nosotros por algo nuevo que empieza a nacer. Esos nuevos tallos serán los que den el fruto que el Señor espera de nosotros Lucas 13, 1-9

Reflexión:

Día 26 de octubre

Jesús hoy continúa con el mismo pensamiento que ayer y busca la manera de hacernos comprender que vivimos en un error y que aún estamos a tiempo de hacer las paces con nuestro hermano y con el mismo Dios. Se lo dice a los de su tiempo y hoy nos lo dice a nosotros. No comprende lo listos que somos para algunas cosas y lo torpes que somos para otras. Nos pone ejemplos de cómo por aquel entonces los hombres del campo (agricultores y ganaderos), sabían según los vientos o los signos del cielo, como sería el tiempo en los siguientes días. Si viniera hoy se sorprendería más viendo lo que saben los hombres del tiempo, también los hombres del campo, aunque lo habitual es recurrir a la radio o la TV. Hoy se sorprendería más aún, porque a medida que nos vamos acercando a Marte, nos vamos separando de quien lo creó. Nos cuesta aceptar por más signos que veamos, de que hay una Inteligencia superior a nosotros, a la cual debemos adoración y respeto, además de, amor y gratitud.

Jesús se esfuerza en hacernos comprender que hay otra forma de vida mejor que esta (amándonos unos a otros) y, que somos algo más que cuerpo; que tenemos un espíritu que seguirá vivo después de la muerte corporal  y, que su gozo o tormento, dependerá de lo que hayamos hecho en esta vida; lo que hayamos amado o hayamos despreciado. Jesús que lee el futuro nos habla de él, y quiere que estemos atentos a las cosas de Dios, que son el camino del gozo y la libertad. Nos pone un ejemplo en el encuentro de hoy que, aunque en la actualidad no tiene la vigencia de otros años, sí sigue vigente lo que quiere decirnos.

La humanidad entera y tú, querido lector, y yo también, todos estamos a tiempo de arrepentirnos de aquello que hayamos hecho vulnerando la Ley de Dios. Cualquier cosa que hayamos hecho, lesiva para los intereses del prójimo, de nuestro hermano o de nuestra propia familia, buscando nuestro propio beneficio, es impuro ante los ojos de Dios. El mismo Dios nos da una oportunidad de pedir perdón y cambiar en la relación con nuestros semejantes, sobre todo si hemos sido injustos y algo egoístas. Dios nos apremia a que la reconciliación la hagamos antes del juicio, una vez llegado este, nuestras mismas acciones nos juzgarán y condenarán o salvarán Lucas 12, 54-59

Reflexión:

Día 25 de octubre

Jesús hoy nos dice algo muy fuerte, casi para echarnos a temblar, si pensáramos que el sentido de sus palabras es literal. Con el Evangelio mal entendido puede ser real. Y con el Evangelio llevado al extremo en su práctica, también. Dice Jesús que ha venido a pegar fuego al mundo y que ojalá ya estuviera ardiendo. Más adelante nos dice, que no ha venido a traer la paz a las familias sino la guerra, que habrá mucha discordia por su parte y muchas divisiones.

En el segundo caso sería auténticamente cierto, si la fe en Jesús y su Evangelio impactara en nuestros corazones y transformara realmente nuestras vidas, seguro que tendría muchos opositores, sobre todo aquellos que desconocieran esa otra realidad, la realidad del amor, la justicia y la pasión por la verdad y las cosas sagradas. Pero nuestra realidad es que vivimos una fe tibia –los que tenemos fe-. Llegará un día en que nos olvidaremos de la palabra “salvación”, pero qué bien lo íbamos a pasar sin un compromiso moral. No pensar que lo digo en serio, me embarga una gran tristeza.

El católico, por estar inmerso en un sinfín de normas Iglesia-mundo, no vive una pura realidad cristiana, no centra su vida en el Evangelio, no tiene como referente en el día a día, el amor de Dios y el amor al hombre, “amar al prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). Vivimos familiarizados con la mentira, el rencor, la envidia, el juicio rápido, la indiferencia y el olvido, el egoísmo y la ambición, la crítica, la falta de compromiso social y comunitario…

Hay un montón de lacras que nos persiguen a lo largo de nuestra vida que no somos capaces de rechazar y nos rendimos ante sus aparentes beneficios. Hemos perdido la ilusión en el espíritu, y es triste, porque es lo que perdura y nos acompañará siempre; no tenemos un proyecto espiritual; se está perdiendo la bonita costumbre de educar a los hijos en la fe. La vida está centrada en el materialismo, que debería ser un aspecto secundario de nuestra vida y nunca dejar de lado nuestra moralidad y espiritualidad. Como dice Cristo: “No solo de pan vive el hombre” (Mateo 4:4). Va a llegar el día en que todo lo centremos en el pan, en el tener.

Esta vida bacía de la humanidad es lo que lleva a Jesús a decir esas palabras tan fuertes del principio. Jesús no quiere adormecimiento, tibieza, inmoralidad, ni adoración de ídolos. Jesús pasó por un bautismo trágico asumiendo nuestros pecados y aceptando una muerte en cruz y una humillación inmerecida, y ve con tristeza que el mundo no reconoce su entrega. El mundo prefiere vivir en tinieblas y así no descubrirse sus fechorías. La luz incomoda, trae las discordias que mencionaba al principio, la guerra entre la familia cuando algunos defienden la luz y la verdad, terminarían desheredados y que se conformaran con el premio que les va a dar Jesús cuando mueran; eso piensan los ciegos que no quieren ver.

El mundo no solo no le reconoció en su día, sino que vuelve hoy a olvidarse del patrono (de la parábola) que se va, y como tarda mucho en volver, es posible que no vuelva, se piensa, y lo mejor es vivir como si fuéramos nosotros los dueños del cortijo; errónea reflexión, porque el Señor, ¡volverá!

Señor, no permitas nunca que tu ira caiga sobre nosotros y busca, Señor, alguna solución para que volvamos a ti y lleguemos a una Nueva Reconciliación, un nuevo Pacto, en el que te reconozcamos como nuestro dueño, Señor y Salvador Lucas 12, 49-53

Reflexión:

Día 24 de octubre

La reprimenda pende sobre nuestras cabezas porque no sabemos cuándo vendrá el Señor, y nos dormimos en los laureles. Por eso se sigue robando, porque no se sabe cuándo viene el ladrón, si se supiera se le  estaría esperando y se impediría la consumación del hecho. Ya dije ayer sobre los beneficios que obtiene un criado solícito y fiel que hace crecer la hacienda de su señor y la defiende como un bien propio. Actuando así se pondrá en él toda la confianza y se le pondrá al frente de todos los bienes, por el contrario, cuando se recibe la confianza y el criado se aprovecha de ella para abusar de la servidumbre y se desentiende de las propiedades, abandonando las labores del campo, del ganado, y tratando desconsideradamente a los empleados, el señor que volverá un día le hará pagar cara esa actitud de falta de responsabilidad y compromiso. Al que mucho se le dio mucho se le exigirá y al que mucho se le confió más se le exigirá.

Muchos habrán sufrido represalias por ignorancia, pero nosotros, ya no podemos alegar tanta ignorancia, tiempo y oportunidades hemos tenido de conocer al Señor de señores.

Nuestra querida y amada Iglesia no sé yo si no estará un tanto sumida en la rutina y la idea de que puede volver Jesús  en el momento más inesperado no la tenga en el orden del día. El plan de Dios es tan inescrutable que ni por asomo podemos prever lo que va a suceder mañana, recordemos el señor que tuvo una gran cosecha (Lucas 12, 16-21). Saco a colación este pasaje porque la muerte es como el fin del sistema del que fallece, y las previsiones por parte de todos nosotros deberían ser casi las mismas.

Humildemente creo que deberíamos revisar las lámparas y saber si contamos con el aceite suficiente para otro periodo de espera, pensando también que la venida de Jesús puede ser mañana Lucas  12, 39-48

Reflexión: