Día 9 de julio

Llevamos muchos días en los que se van mezclando gestos, palabras y milagros y la gente, unos por una causa y otros por otra, se sienten impresionados de la personalidad de Jesús. No sé cómo hoy, dos mil años después, cuando pervive un cristianismo convencido y orgulloso de seguir a Jesús, a este hombre que dijo: “las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza” (Mateo 8: 20), a este hombre que no tenía tiempo ni para dormir porque le llenaban las casas de enfermos, incluso hasta por el tejado le dejaron caer un paralítico en una camilla (Mateo 9, 1-8), y Él muy gustoso le curó y le perdonó los pecados, algo que nadie en el mundo puede hacer, nada más que Jesús (no olvidemos que los sacerdotes perdonan en nombre de Jesús), los hay que conociendo todo esto, su humildad, su poder, su concentración con el Padre de vez en cuando, tienen el cinismo de atribuirle una novia, con la que se casó y tuvo hijos, y te dicen tan convencidos que, ¿por qué no podía hacerlo si era un hombre como los demás? De chiste. Ya cree el ladrón que todos son de su misma condición.

Era tanta la fe que tenían algunas personas, que pensaban como esta mujer, que tenía flujos de sangre desde hacía doce años y su fe le llevó a pensar que con solo tocar el manto de Jesús quedaría curada; así fue, le tocó y se curó, pero, advirtió Jesús que alguien le había tocado, por la fuerza que salió de Él y, mirando para atrás dijo: ¿Quién me ha tocado? Le dicen sus discípulos: Maestro, ¿cómo dices quien te ha tocado si son decenas los que te tocan? Ignoraban el trasfondo, cuando una mujer atemorizada dice: Maestro, he sido yo. Jesús con su gracia divina y su piedad infinita, le dijo: Tu fe te ha curado.

Esta fue su vida minuto a minuto: curar, enseñar, alentar; era mucho más consciente que nosotros de cómo utilizar su tiempo; nosotros viendo la tele, y Él denunciando la corrupción, curando, enseñando a todo un país de como relacionarse con sus vecinos: siendo comprensivos, generosos y perdonando, incluso enseñando a pescar, e invitando a comer pescado a una multitud, en dos ocasiones. Así era Jesús. Hoy vinieron a llamarle de que una niña estaba a punto de morir y dijo que iría a curarla; de camino le avisaron para que no fuera, que la niña ya había muerto, no por ello abandonó y se fue a tomar unos vinos; siguió, y cuando llegó a casa de la niña les dijo a todos: la niña no está muerta, está dormida, empezaron a reírse todos, y los echó a la calle. Pasó a la habitación y devolvió la vida a la niña: este es Jesús, el que más nos ama.

La fe no es solo desear la curación del cuerpo y la salvación del alma, es algo más, es confiar en las promesas del Señor y saber que Él es el único que puede cargar con nuestras enfermedades. Siempre habrá algo que no lo pueda curar el médico y sí la fe Mateo 9, 18-26

Reflexión:

Día 8 de julio

El Espíritu del Señor entró en mí y me dijo: el pueblo elegido es rebelde, se vuelve contra mí y poco caso me hace ni ellos ni sus hijos; son testarudos y obstinados le dice a Moisés, ve y díselo, te hagan caso o no, no importa, un día sabrán que hubo un profeta en medio de ellos Éxodo 2, 2-5

Le doy gracias al Señor porque me hizo débil solo así apreciaré la fuerza del Señor que está en mí. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones, y las dificultades sufridas por Cristo, porque cuando soy débil entonces soy fuerte 2Corintios 12, 7b-10

Eso mismo decían de Cristo ¿De dónde saca éste está sabiduría? ¿Pero éste no es el hijo del carpintero, y sus primos no son… estos y aquellos? En su pueblo no pudo hacer casi ningún milagro, no tenían fe y la gracia de Dios no caía sobre ellos. Jesús le dijo: en el único sitio en el que un profeta no es reconocido es en su pueblo y entre su familia, sólo curó a algún enfermo imponiéndoles las manos.

El que se le dé tanto énfasis a no creer, sobre todo en pueblos como Nazaret, Carazaín, Betsaida, Tiro, Sidón o los clásicos: Sodoma y Gomorra, esto sería porque creer tiene una gran trascendencia. No creo yo que si fuese lo mismo creer que no creer, Jesús se preocupara tanto. ¿Qué puede representar la trascendencia? Sencillamente, salvarse o condenarse. ¿Qué es esto? Lo voy a poner suave: Vivir en la presencia de Dios, en su Reino, o vivir fuera del Reino de Dios, fuera de su presencia: ni banquete, ni buenas vibraciones y lo peor, seguir las directrices de aquellos que gobernaron sus vidas en la tierra. Imaginemos que uno vende su alma al diablo por dinero, ese ya tiene una dependencia total, puede quejarse si no está contento, pero le dirían, ¿a dónde quieres ir sin alma? ¿Quién te va a querer? Me explico: uno que deja que su voluntad sea gobernada por la fuerza del mal, no puede esperar que le acepten en otro sitio, salvo que rectifique a tiempo.

Dios no mandó a Jesús a condenar al mundo, sino que el mundo se salve por Él (Juan 3, 13-17). Solución, leer el Evangelio y aceptarlo como una verdad absoluta. La Iglesia, cuerpo de Cristo, y fiel seguidora, te está esperando; al menos en ella encontrarás las pautas para llegar a Jesús, no lo dejes mucho, mañana puede ser demasiado tarde. Señor tu sabiduría me confunde. En el mundo nunca oí palabras con esa profundidad.

El mundo, ni aun siendo bueno alguien, siempre rechaza lo que no es suyo, lo que no ha sido generado por él. “nadie es profeta en su tierra”. Nadie acepta que otro sea diferente y promueva una nueva enseñanza; habría de ser frívola y superficial, en este caso sí. Este modo de pensar es regresivo, impide una apertura a lo nuevo, a lo espiritual. La falta de fe cierra la puerta a la sanación. La debilidad y confianza en el Señor hacen aflorar poderes ocultos sobrenaturales. La soberbia no ve la mano de Dios Marcos 6, 1-6

Reflexión:

Día 7 de julio

En este encuentro vemos como Jesús no se sentía demasiado atraído por la tradición, sobre todo por aquella que no repercute en el corazón y los buenos sentimientos del hombre. Los discípulos de Juan dijeron a Jesús que ellos y los fariseos ayunaban y, ¿por qué los suyos, los de Jesús no ayunaban? Jesús les contestó poniéndoles un ejemplo: No ayunan porque están con el novio, cuando el novio se vaya ya ayunarán. Lo que intentó decirles es que para ellos estar con Jesús era un tiempo extraordinario y limitado, y debían vivirlo con profunda intensidad, no necesitaban de ese sacrificio (el ayuno), para conseguir una cercanía con Dios. Ellos, esa cercanía ya la tenían y cualquier otra cosa que hicieran, más bien lo que podía hacer es distraerles de su cometido principal, empaparse de la Palabra, conocer los signos y el por qué y conocer una nueva forma de evangelizar, con nuevos conceptos y nuevas esperanzas.

La tradición no se puede mezclar con la Buena Nueva, se produce una mezcla explosiva que solo daría lugar a luchas fratricidas. La vida en Cristo es una ruptura con el pasado, es un renacer de nuevo, es un cambio tan radical que te separa por completo del mundo o al menos así tenía que ser. Un cristiano no ha nacido de amor carnal, ha nacido del Espíritu.

Un cristiano si se mueve en un ambiente mundano, solo tiene que ser con el propósito de rescatar gente para Cristo y para su salvación. Cuando vives lejos de tu ser más querido parte del día lo pasas pensando en tu amada y pidiendo a Dios que te conceda la dicha de poder encontrarte pronto con él o con ella. Un día vuelve y se produce el encuentro deseado. Ya no tiene sentido seguir pensando en el encuentro pidiéndole a Dios que se produzca, ya se ha producido y lo que es importante en este tiempo presente es sacar el máximo fruto a dicho encuentro. Tiempo vendrá en que se produzca una nueva separación y será entonces cuando dediquemos tiempo a desear un nuevo encuentro. Eso hacemos en la actualidad cuando rezando el Padrenuestro, le pedimos a Dios un nuevo encuentro: “Padre nuestro que estás en el cielo, venga a nosotros tu reino”. Prodúzcase de nuevo un encuentro con Dios y con su Hijo  (Mateo 6, 9-13) Mateo 9, 14-17

Reflexión:

Día 6 de julio

Hoy Jesús llama a Mateo, quizá porque era recaudador de impuestos y le sería útil en la cuestión administrativa, al tiempo que le recuperaba, porque un trabajo cercano al dios dinero hace caer al más fuerte y podía estar un poco alejado. Mateo, contento de haber sido elegido por el Maestro, celebró una fiesta en su casa en honor a Jesús. La casa se llenó de publicanos, sus discípulos y pecadores; fariseos que también había y que no pasan por alto nada de Jesús que no puedan criticar, en este caso su análisis fue negativo; ¿contra quién descargarían las tintas? Contra Jesús. Lo más bonito que pensaron de Él, que no sería muy profeta si no sabía con la gente que se reunía y si lo sabía, ¿qué clase de persona será cuando se reúne con publicanos y pecadores, pensaban?

Ya no podían permanecer callados y se lo espetaron a los discípulos de Jesús, ¿cómo vuestro Maestro se reúne con lo peor? Jesús que se dio cuenta de lo que estaban maquinando, les contestó: No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos. Aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios” que no he venido a llamar a justos sino a los pecadores. Ni les valió entonces ni en los dos mil años siguientes la sabiduría de Jesús; el orgullo y la vanidad no les dejan ver la espiritualidad y divinidad de Jesús y desechan toda respuesta sabia que les dio. ¡Cómo podrán sostener unas enseñanzas milenarias y no saber que de ellas se desprende el anuncio por parte de Dios del envío de su Hijo, el Mesías!

¿Cómo le esperaban? ¿Cómo triunfador, según los conceptos de triunfo del mundo? o ¿Cómo rey ganador de batallas, según fueron en el periodo de los Reyes, entre David y otros, hasta Joaquín? Misericordia quiero y no sacrificios. Nuestra vida debemos cimentarla en la comprensión, en el perdón, en la ayuda al débil, nuestra fragilidad es mucha y hay muchas personas que sufren. Como decía Jesús: los pecadores son los que más necesitan de Dios, quizá lo sean porque no le conocen.

Tengo fe y confío en Dios, pero también soy débil  y perezoso porque no busco a personas convencidas de que esto es lo que hay y no hay más. Yo sé que hay más y todos estamos invitados, pero no todos tienen el traje de fiesta. Y yo que sé cómo limpiarlo, no lo enseño por pereza. No salimos de nuestro círculo. Nos acomodamos y como nos cuesta tanto estar lo más parecido a un buen estado de revista,  lo que menos se nos ocurre es ayudar a otros a que también lo estén. El mundo que veo me parece que piensa así, aunque no estoy seguro del todo. Los enfermos son los que necesitan ayuda y no los sanos. Aunque nadie se reconoce como enfermo temiendo que huyan de él. Si en el mundo hubiera más caridad, más de uno pediría ayuda Mateo 9, 9-13

Reflexión:

Día 5 de julio

Hoy nos vamos a dar cuenta no solo del poder de Jesús transferido por su Padre, sino de una sabiduría supina de la que no hace gala. En el contexto mundano la frase se articula más o menos así, aunque Jesús quizá no haga gala de su saber, simplemente sabe y nada más. Cuando se marchó de la región de los gerasenos, cruzó el río en barca hasta la otra orilla y fue a su ciudad, que sí le recibió con cariño; a poco de llegar ya le trajeron enfermos para que los curara y entre ellos le trajeron un paralítico en una camilla. Jesús viendo la fe que tenían el paralítico y sus amigos, le dijo: ¡Ánimo hijo! Tus pecados están perdonados. ¡Qué fue a decir! Tus pecados están perdonados. La casa estaba llena de gente expectante ante la presencia de Jesús.

Allí sabían que Jesús era un gran profeta, con unos conocimientos fuera de lo común y con un poder extraordinario para curar. Entre la gente se encontraban algunos escribas, que como estaban a la que salta, siempre con el ánimo de desacreditar a Jesús, nada más oírle decir: Tus pecados están perdonados, dijeron: “Éste blasfema”, Jesús que todo lo sabe, (ahora es cuando viene un golpe fuerte de audacia para que los escribas no pudieran reprocharle nada), entonces sabiendo lo que pensaban dijo: ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: tus pecados están perdonados, o levántate y anda? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados, le dijo al paralítico: ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios que da a los hombres tal potestad. Esto Jesús lo hacía por compasión, caridad, lástima, tenía especial sensibilidad por los enfermos.

En el ámbito cristiano hay muchas personas que gozan ayudando a los enfermos, ya tenemos centros sanitarios regentados por monjas y frailes y son atendidos por ellos dándoles un trato exquisito. Luego están los particulares, que tienen que atender a familiares enfermos y lo hacen con un amor y una paciencia admirable. Los que tienen la ocasión de ayudar a personas disminuidas y a otros enfermos dicen, que es mayor el gozo que reciben que el esfuerzo que emplean en ayudarles. El deseo de Jesús era quitar el dolor a la gente, pero como sabía que Él no estaría aquí por mucho tiempo, nos habló que el enfermo debe tener paciencia y confiar en Dios, además, de visitar al médico.

Aunque había otra razón por la que Jesús hacia milagros y era para reforzar su palabra, para dar credibilidad a las recomendaciones que nos hacía. El verdadero milagro estaba en trasmitirnos el pensamiento de su Padre Dios. Pero el mundo en la Palabra divina no cree porque le condiciona la vida, pero cuando hay milagros se asustan y no les queda otra que creer, no todos, porque hay incrédulos que ni viendo creen, pero la mayoría si cree Mateo 9, 1-8

Reflexión;

Día 4 de julio

Llegó Jesús a la región de los grásenos y desde el cementerio vinieron dos endemoniados muy furiosos a increpar a Jesús. Eran tan violentos que nadie se atrevía a transitar por aquella zona. Le dijeron a Jesús estas palabras: ¿Qué quieres de nosotros Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo? Los demonios le rogaron a Jesús: Si nos echas mándanos a aquella piara de cerdos. Jesús les dijo: Id. Salieron, se metieron en los cerdos y se despeñaron por un acantilado y se ahogaron. Los porquerizos fueron corriendo a decir al pueblo lo que había pasado y vinieron a rogarle que se marchara.

Lo relato prácticamente integro al Evangelio, para que saquemos nuestras conclusiones, mejor si nos atenemos a los hechos. Los endemoniados eran tan violentos que, ni los más valientes del pueblo se atrevían a pasar por allí. Y Jesús pasó sin inmutarse. Los que tenían miedo eran los endemoniados, como veremos más adelante. Los endemoniados le dijeron: ¿Qué quieres de nosotros Hijo de Dios? En estas palabras apreciamos cierta preocupación al reconocer que Jesús era el Hijo de Dios. Esto para nosotros es muy clarificador, pues nos dice quién es Jesús. Ese personaje que llena de dudas y desconocimiento a casi todo el mundo, Jesús, para los demonios estaba clarísima su identidad.

Siguiente pregunta: ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo? Los demonios saben que el poder de Dios está por encima de su poder, y como reconocen a Jesús, Hijo de Dios, igual a Dios mismo, sólo les queda temblar de miedo. Tercera interpelación, más bien esto fue una súplica: le rogaron que si les echaba, les enviaran a meterse en los cerdos de una gran piara. Seguramente por dos razones: primera, porque conocían su poder, y sabían que lo haría; segunda, porque con este hecho, sabían que cogerían miedo a Jesús en el pueblo y le echarían, como así fue.

El mundo da más valor al concepto material que al concepto espiritual. Y antes de valorar que había devuelto la paz a los dos jóvenes, antes poseídos por demonios, y tratar de descubrir los valores de Jesús, sin prestarle un mínimo de atención le echaron del pueblo.

Así son los poderes del mundo, temen el poder de Jesús para transformar vidas, y como dichos poderes no quieren cambios, nada más que los suyos, aunque les guste entrar en una rutina diaria (periodos de rutina, periodos de adormecimiento), rechazan a Cristo con el mayor de los descaros. No quieren saber nada de Él. Le conocen de oídas pero intimidar con Él es peligroso; no ven el amor, la comprensión y el perdón que emana de Jesús, ven el cambio, que es precisamente lo que no quieren, o sea que los gerasenos aunque nos escandalice su actitud, es lo más parecido a la nuestra.

Reconocemos el poder de Jesús, pero tratamos de dar a entender con nuestro rechazo, que Jesús y su propuesta no tienen nada que ver con nosotros, cerrándole la puerta a toda posibilidad de entendimiento (esta actitud no podemos negar que está a la orden del día).

El temor que cogieron a Jesús entonces tenía su parte de lógica. Dirían: ¿quién será éste que tiene poder para expulsar los demonios de los dos jóvenes que tenían atemorizado al pueblo? Tuvo poder para enviar los demonios a la piara, lo que volvió locos a los cerdos y se tiraron por el acantilado, como digo. Si en este país no creían en Dios era porque no le conocían y no sabían que Dios y su Hijo se mueven por la Ley del Amor (craso error el suyo). Seguramente pensaron que era más peligroso que los dos endemoniados al ver lo que hizo.

En lo que tenemos que centrar la atención nosotros es en lo que pensaban los demonios de Jesús. Si aceptas que el mal dirija tus pasos, o te vuelves violento, o te tiras por un barranco, nunca tienes paz en tu interior. Quizá hoy el mal ha elegido un método más sutil para entrar en nuestros corazones, aunque también haya casos de extrema violencia, hoy su cara puede ser más engañosa, pero el objetivo siempre es el mismo, convencernos de que lo que interesa es el dinero, cambiar de mujer con frecuencia, no tener compromisos de por vida, buscar los vicios que te llevan a una vida irreal: de ensoñación; querer libertad de pensamiento para poder decir lo que se te antoje y no estar sometido a la ley, ir en contra de las religiones que ponen un poco de freno a estos desafueros, y muchas más cosas; ancha es Castilla. Y vamos, temor a Dios, lo mínimo.

Por aquel entonces, con Jesús aquí, hasta las fuerzas del mal conocían y temían al Hijo de Dios; nosotros, que le necesitamos y nos interesa ser amigos suyos, no creemos en Él. Si no le buscamos por amor busquémosle porque trae la paz; aprendamos a amar a su lado Mateo 8, 28-34

Reflexión

Día 3 de julio – 2012 – FIESTA DE SANTO TOMÁS APÓSTOL

Como el Evangelio tiene respuesta para todo, y para todos, hoy la respuesta es para los incrédulos; tenemos como ejemplo a Tomás: un Apóstol. Un día se apareció el Señor y no estaba Tomás, cuando vino se lo contaron y contestó: si no meto los dedos en los agujeros de los clavos y la mano en el agujero del costado, no lo creo. Así somos muchos de nosotros, queremos un milagrito particular, y eso no es bueno, es lo más parecido a construir la casa sobre arena (Mateo 7, 21.24-27). Lo que se consigue sin esfuerzo no se valora, cada uno tiene que poner algo de su parte cuando se pretende conseguir algo importante.

Son actitudes equivocadas si esperamos la fe caída del cielo, sin un mínimo de esfuerzo por nuestra parte, para conseguirla o para su aceptación; aun siendo la fe un don de Dios, si no la valoramos, la aceptamos y la alimentamos, es como nada. También puede ocurrir que no se valore ni un milagro en nuestra presencia; si nuestra actitud es de indiferencia, diríamos: muy interesante, pero, ¿qué tiene que ver conmigo? Lo bueno es considerar la fe como un bien necesario para traer estabilidad a la vida, como una forma de mejorar las relaciones humanas y ganar libertad; muchos miedos desaparecen y te llenas de esperanza en el porvenir. El que espera en el Señor no queda defraudado (Salmo 25). En todo se ve la razón del suceso, nada sucede a lo tonto, sin causa y Dios da sensatez para aceptar ciertas cosas.

Siempre está Dios en tu compañía y en todos los casos con el que se va y con el que se queda, basta tener fe. Jesús, viendo lo exigente que era Tomás, le dijo: tú has necesitado para creer ver los agujeros de los clavos, pues dichosos los que crean sin haber visto, sin ser tan exigentes. En Tomás podía ser natural su falta de fe, en mí, hoy, no sería tan natural, basta creer a los testigos. Si Tomás, que tuvo dudas, llamó a Jesús “Señor mío y Dios mío”, los que hemos tenido la suerte de ser educados en la fe de Cristo y hemos tenido todos los datos de los testigos a nuestro alcance, no tenemos por menos que creer y aceptar a Dios en nuestra vida.

Yo no querría a Dios, ni estaría de su parte aunque creyera en Él, si me gozara en el mal y aborreciera el bien, pero si Dios quiere que seamos buenos con nuestros hermanos y nos parece bien, si aceptamos a Dios como guía, como luz, y es nuestro descanso, la frase de Tomás nos debe reafirmar en nuestra fe. Reitero que hoy tenemos más datos de los que tenían entonces, aunque las dificultades para obrar según la Palabra sean las mismas. Por ello reconocer nuestra fragilidad y pedirle ayuda a Dios. Dichoso aquel que se conforme sólo con la palabra para creer Juan 20, 24-29

Reflexión:

Día 2 de julio

Cuando vemos a un orador con facilidad de palabra, si además es bien parecido, domina el tema, es algo enigmático en sus gestos, ejemplos y comparaciones y  tiene como objetivo enseñar algo valioso e importante, mucha gente queda admirada y enganchada: esta agradable imagen y actitudes benefactoras en este tipo de personas, provocan deseos de seguirles. Por eso, en estos personajes, enseguida se crea alrededor de ellos un grupo de incondicionales seguidores.

Una persona con gran derroche de sabiduría, anunciando algo en un gran salón, plaza del pueblo, parque o en alguna explanada a la entrada del pueblo, suele ser muy llamativo e intrigante; si además hace milagros ya ni te cuento. Así predicaba Jesús, con milagros y todo, por esta razón cada día le seguía más gente. Lo que Jesús anunciaba, aun siendo extraordinario por el modo y lo atrayente de su figura, en realidad muchas cosas no se comprendían a la primera de cambio, pero el mensaje era tan novedoso y tan rompedor con el establishment, que la gente se quedaba extasiada o boquiabierta, como diríamos en mi pueblo, y muchos se ofrecían a seguirle.

Ahora viene lo peor, Jesús no ofrecía nada estable, nada de bienestar, nada de artimañas para enriquecerse en el mínimo de tiempo. Sabía que muchos advenedizos enseguida se arriman buscando que les resuelvan la papeleta económica, que les resuelvan la vida. Y antes de que le siguieran tres días y al cuarto le abandonaran, a muchos les advertía con frases lapidarias: “las zorras tienen madriguera pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.

Los que buscaban riquezas y buena posición dirían: ¿Dónde voy yo con éste? Y no digamos al que le dijo: “Tú sígueme, y deja a los muertos que entierren a sus muertos”. Más de uno daría un rebotazo y no lo volverían a ver. Quizá, lo que más atraía de Jesús serían sus ademanes y palabras de compasión por los pobres, enfermos y disminuidos y su amor a los niños; quiero imaginar que su mirada tenía que ser atrayente y su timbre de voz también.  Una persona así arrasa y eso fue lo que hizo.

Como vemos, Jesús era muy difícil de comprender en ciertos aspectos, sobre todo en el primer encuentro; algunos no supieron realmente quien era hasta que resucitó. Hoy, que sabemos todo lo que pasó, podemos entenderlo mejor a la luz de la Resurrección. El Hijo del único Dios de todo el universo, se presenta en un minúsculo astro, que es la tierra, y nos habla de la salvación; entrar en el cielo si queremos vivir eternamente; que Él ha venido a enseñarnos el camino y que viene enviado por el Todopoderoso, y nos dice, que es su Padre.

Gracias que el Padre le dio poder para hacer milagros, aunque tuviera que contravenir las mismas leyes que Él había puesto en la naturaleza, pero como creador que es y dueño, tiene poder y derecho para ello. De no haber podido hacer milagros le hubieran tenido por más loco aún (algunos).

Los milagros sorprendían y llenaban de admiración a la concurrencia, alabando a Dios profusamente en muchos casos. Para la gente materialista y para la ciencia, lo que Cristo ofrece es humo en esta vida. Para una persona de fe lo que Cristo ofrece es vida después de la vida, y vida abundante con placer de los sentidos. Pero eso, para el que quiere resultados inmediatos no es nada. Imaginemos lo difícil que hubiera sido si no hace milagros y no resucita.

Por consiguiente, la fe y la Iglesia se sostienen en cierto modo en la Palabra, en los milagros y en la Resurrección. No digo que no hubiera habido otra vida de no haber hecho milagros, sino que hubiera costado mucho más creer en ello; con los milagros de entonces y a lo largo de toda la historia de la humanidad, ha quedado patente la existencia de Dios. Así cuesta menos creer, solo el deseo de fiarse de los testigos. He pretendido decir, que si ahora es difícil creer que está todo desmenuzado y explicitado, imaginemos antes de Cristo, y cuando vino Cristo lo difícil que sería: la predicación admirable, pero el entendimiento global cero.

Todo en Jesús tiene un sentido profundo y esperanzador. Todo lo que parece incomprensible en un primer momento, cuando descubrimos lo que nos quiere decir lo vemos con claridad meridiana y lo reconocemos valioso para nuestro intelecto y para nuestra vida. En su día quedará todo descubierto, incluso lo que hoy sigue representando un misterio.

Analizando la acción de Jesús en su contexto solo así podré entenderlo. Jesús nació para cumplir una misión, para que así se cumpliera lo escrito; ante la Buena Nueva todo lo demás quedaba relegado a un segundo plano, ciertos valores esgrimidos hasta entonces quedaron un tanto aparcados.

Con razón los primeros cristianos vendieron todo su patrimonio y dieron el dinero a los pobres, de esta forma quedaron libres para dedicarse de lleno al Evangelio: primero al aprendizaje y después a la predicación. Primordial: revelar el Evangelio transmitiendo la palabra de Dios. Seguidamente, reforzando la Palabra con los signos. ¡La naturaleza le obedece! ¡Las leyes naturales eran trasgredidas por Jesús con un poder asombroso! El que no tiene fe es como si estuviera muerto espiritualmente, al menos eso deja entrever Jesús Mateo 8, 18-22

Reflexión:

Día 1 de julio

A veces se nos va el pensamiento por senderos inciertos y acusamos a Dios del hambre, la enfermedad, y hasta de la muerte prematura, y precisamente Dios es contrario a estas tres desgracias que nos ha tocado padecer. Dios creó al hombre para la inmortalidad, pero la envidia del demonio y nuestra ambición, ambas se juntaron y caímos en desolación. Siendo ese un gran problema, perdemos el norte de nuevo, y el mundo emprende una carrera en solitario dando la espalda al creador de la vida. Dice Dios: que los de su partido, refiriéndose a Satanás, pasarán por ella y yo creo que Dios se refiere a la muerte; lo cual debería llevarnos  a una reflexión y pensar: de parte de quien estamos. Sabemos que la alegría de las fiestas, los colores y los cubatas (la bebida), nos atraen, pero este tiempo pasa volando, y los colores se vuelven grises cuando vemos que las canas y las arrugas hacen acto de presencia, por el contrario, aquellos que han esperado con paciencia los colores del cielo, cuando ven las canas y las arrugas, solo ven que están llegando a la puerta del reino donde les espera el banquete Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-25

A Dios le gustaría que los que tienen mucho repartieran nivelando las estrecheces de otros: siendo generosos con los que no tienen. Cristo se hizo pobre para que nosotros nos hiciéramos ricos. ¿Ricos, dónde? En el cielo. En la actualidad nuestra abundancia puede ayudar en las carencias de otros y otro día la abundancia de estos puede ayudarnos a nosotros en nuestra falta. Eso es lo que Dios quiere, que haya nivelación.

Jesús antepone la fe a todas nuestras acciones, quiere que nuestra vida esté cimentada en la fe. Puede ocurrir que tengamos fe y confiando en las palabras que nos dice Jesús, le pidamos al Padre cosas en su nombre y no nos las conceda; pensemos también de los posibles peligros que nos libra. ¿Debemos desconfiar en el Señor? Nunca. ¿Por qué? Porque si no nos concede todo lo que le pedimos, algo más grande e infinitamente mejor nos aguarda en el cielo. Por eso nunca perdamos la fe en el Señor. Dice la Escritura: “Al que recogía mucho no le sobraba, y al que recogía poco no le faltaba” 2Corintios 8:15

Como la vida sigue y Jesús no cesa en su labor de predicación, le viene el jefe de una sinagoga llamado Jairo y echándose a sus pies le dice: mi hija está muy grave. Dice Jesús: ahora vamos a tu casa. Y según van de camino vienen familiares y vecinos que dicen a Jairo: No molestemos al Maestro, tu hija ha muerto. El interés de Jesús en ir a su casa no decrece y le dice a Jairo: no te preocupes, basta que tengas fe.

Fijémonos sobre la importancia de la fe. Llegan a la casa y dice: Todo el mundo a la calle que no ha pasado nada, la niña no ha muerto solo está dormida. La gente se reía de él. Entra en la habitación con los padres de la niña, con Pedro,  Santiago y Juan y dice a la niña: “Talita rumi” (que significa: Contigo hablo, niña, levántate). La niña se levantó, e inmediatamente empezó a andar. Todos se quedaron viendo visiones ante este hecho portentoso. Y les dijo a todos que no dijeran nada y a sus padres que dieran de comer a la niña. Como vemos en Jesús está el poder con mayúsculas para dar vida, sólo nos pide fe.

Tu poder y tu bondad me empequeñecen  y me asombran a la vez. Yo no puedo ocultar tus buenas obras; el mundo debe saber que eres el dueño de la vida.

Aun así debemos tener presente  que Jesús con su venida nos ha traído la salvación, ¿qué es la salvación? La vida eterna en el reino de Dios, poder ver a Jesús cara a cara. Para Jesús lo más importante es la otra vida, porque es infinita. Para nosotros, para el común de los mortales, lo más importante es esta vida. Por ello, para estos, todo sacrificio, toda pérdida económica, todo darse, toda pérdida de tiempo para conocer a Dios y ponerse en sus manos para que nos utilice se considera una “pérdida” en su expresión más amplia. He hecho esta reflexión, para que nos demos cuenta de lo lejos que está nuestro pensamiento del de Jesús.

Para Jesús las curaciones del cuerpo y estas devoluciones a la vida, del cuerpo, tenían una importancia relativa. Claro, para Jesús era difícil pasar ante el dolor y no hacerle frente a la causa, pasar ante personas atormentadas y no librarles de la causa del tormento. Jesús se compadecía del enfermo y de las personas próximas que amaban al enfermo y por la fe que les animaba a hacerlo. Pero Jesús lo que buscaba era la cura del alma; esta cura hace un mundo más feliz y más humano. Y esta cura es el pasaporte para la vida con mayúsculas. Esta vida en la tierra es un viaje corto. Pensemos en la otra y daremos menos importancias a las carencias. Y una forma segura de pensar más en la otra, es pedirle a Dios que nos aumente la fe. La fe es el salvoconducto para recuperar todo, incluso la vida Marcos 5, 21-43

Reflexión:

Día 30 de junio

En la época de Jesús la zona de Israel estaba tomada por los romanos. Al entrar un día Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un Centurión rogándole, más o menos le dijo: Señor, tengo un problema, uno de mis criados está enfermo en mi casa, está muy grave y puede morir, quisiera que lo curaras. Jesús como siempre se mostró interesado en atender el ruego y le dijo: vayamos a tu casa y veré que puedo hacer. El Centurión enseguida contestó: Señor no soy digno de que entres en mi casa, solo con tu palabra mi criado quedará curado. Jesús se sorprendió gratamente al ver un romano con tanta fe, hasta el extremo de que antes de ese día no había encontrado a nadie con tanta fe en todo Israel.

El Centurión siguió diciendo: Yo también vivo bajo disciplina de mando, y cuando le digo a un soldado ven, viene y cuando le digo ve, va. Jesús no pudo contener su admiración y le dijo: vete y que se cumpla lo que has creído. Seguidamente dijo a sus discípulos: vendrán de oriente y occidente y se reunirán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, en cambio, a ciudadanos del reino los echarán fuera a las tinieblas; seguramente está pensando en muchas personas de Israel por las que Dios tanto se preocupó, y por carecer de fe dichas personas quedarán en segundo lugar, detrás del Centurión, y otras fuera; y lo digo suavemente.

El que no creyeran en el Hijo de Dios estando Él presente, a Cristo no le agradaba, llevándole a decir esas palabras: que serían echados fuera. Es posible que vaya por ahí, en ese sentido, el comentario de Jesús. Ahora, yo no me aventuro, si eso finalmente se hará o Dios en su infinita misericordia nos perdonará a todos, también a algunos de los que integran su pueblo elegido, el Israel actual. Ese mismo día curó Jesús a la suegra de Pedro y a varios enfermos más que le trajeron. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.

En este encuentro, Jesús nos hace saber, que la fe no es patrimonio de nadie en particular, la fe está al alcance de aquel que quiera creer, bien haciendo uso de documentos, acontecimientos, vivencias o encuentros con personas de fiar y puede perfectamente a partir de estas circunstancias emerger un brote de fe en su persona, que con el tiempo y la buena disposición va creciendo y reforzándose, haciéndose incluso necesaria. El centurión, pensando en su actividad, se sentía indigno de que un Maestro, enviado de Dios, entrara en su casa, y por eso dijo lo que dijo. Como serían de acertadas y trascendentes sus palabras, que hoy se siguen diciendo en la Eucaristía antes de comulgar Mateo 8, 5-17

Reflexión: