Anhelos de servicio

No quiero que sirva esto de reproche a ningún católico, solamente lo digo con el ánimo de que busquemos nuestra perfección en los anhelos de servicio que podamos tener, para que no nos encorsetemos en la rutina y se nos olvide el espíritu de servicio y aquello que nos debe mover a actuar.

Si el hecho está desprovisto de amor, ya podemos entregar nuestra fortuna a una Ong, que si no lo hacemos con amor no sería agradable a los ojos de Dios. Esto lo dice san Pablo. A menudo se nos olvida a los católicos que en la cara del necesitado tenemos que ver la cara de Dios, y ello nos ayudará a mirarle con ternura y sentir amor hacia él.

Ese corazón contrito con el mal ajeno que nos impulsa a obrar, es señal inequívoca de buen corazón y buenos deseos de reequilibrar las desigualdades sociales crónicas existentes y las situaciones de emergencia en los casos de extrema necesidad en nuestro entorno social; además de la disposición para ayudar, si llegase el caso, a ese prójimo que encontramos en nuestro caminar cotidiano.