Día 31 de octubre

Jesús como siempre no dejaba de enseñar. Todos hemos necesitado de enseñanzas en las que cimentar nuestra vida. Las enseñanzas de Jesús son fundamentales porque alargan la vida; Jesús es el Maestro por antonomasia, es el único que enseña verdades eternas. Un día le preguntaron, ¿serán pocos los que se salven? A lo que contestó: qué nos esforzáramos por entrar por la puerta estrecha. ¿Cuál es esa puerta? La que pocos quieren: la austeridad, la sencillez, la entrega, la humildad, la sinceridad, la fraternidad, la comprensión, la disculpa o el perdón, el respeto a la fe, la justicia, la sabiduría, la paciencia… Actitudes que te estrechan el camino y te hacen pequeña la puerta, pero que te conducen a ella inexorablemente y pasarás con paso franco. Esta puerta estrecha viene a ser parecida a la criba con un tamiz milimétrico por donde solo pasa lo fino, lo valioso, y luego tenemos el barandón (palabra extremeña), con un tamiz mayor por donde pasa otra parte que iría al purgatorio, y las excepciones, lo que no pasa por el barandón, que estaría sujeto a la misericordia de Dios. Y esto solo lo digo para ilustrar la puerta estrecha, porque la realidad es que de momento lo dejamos en el misterio.

¿Quiénes querrán entrar y no podrán? Los que esperen demasiado envueltos en sus cosas y quehaceres mundanos y que cuando descubran casualmente la famosa puerta, sea demasiado tarde y no les dejen entrar por ella. En ese momento, final de un modelo y principio de otro, no reconocerán a los que vivieron alejados del camino estrecho. Como aquel que pasa por la puerta de unos salones de boda y pretende entrar camuflándose con los invitados. Los que no están invitados no pueden entrar: no vale decir que han comido y bebido con el novio: la picaresca de este mundo puede que te ayude a confundirte con los invitados, pero allí será distinto, el engaño y la mentira no tendrán cabida.

Los amigos verdaderos del novio sí están invitados. A los que pasen por allí o vayan a sus labores no se les permitirá ser oportunistas y mezclarse con los demás invitados y en el caso de que lo hicieran, habrá alguien que les echen fuera, porque serán fácilmente reconocibles al no llevar el traje de fiesta; no se les entregará en las manos un bien por el que no han luchado, e incluso en otros casos han rechazado. Digamos que muchos son los llamados pero pocos los elegidos (Mateo 20:16), y pocos los que responden a la llamada.

Algo así como lo que sigue parece inaudito. “Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” (Mateo 20:16). Esto va dirigido a aquellos que estuvieron alejados de Dios por motivos varios o porque no dedicaron tiempo a conocerle y amarle como Él nos ama,  y que todavía están a tiempo; el arrepentimiento y la vuelta al Padre puede llevarles a los primeros puestos. Lo que vale es la aceptación de Jesús como guía y Salvador. Estamos aún a tiempo para intuir si la sangre del cordero lavó nuestras túnicas y nuestras nuevas obras podrán confirmar el cambio.

Con la túnica blanqueada reencontraremos el camino que nunca habíamos conocido o un día abandonamos. Al tiempo, otros, tristemente añorarán los primeros puestos a los que quisieran llegar, pero por no sacrificar un ápice en esta vida, malinterpretando el mensaje, solamente habrán de conformarse con lo que Dios tenga a bien concederles. Dios que penetra en todos los corazones es el único que puede dar a cada uno el lugar merecido, sobre todo según el amor con que trató a sus semejantes. Confiemos que la justicia de Dios y su misericordia pongan a cada uno en su sitio.

La palabra de Dios que es el mismo Dios hablándonos hoy, nos dice, que hay dientes que rechinan y ojos que lloran, cuando ven lo que han perdido por falta de tiempo, falta de interés en conocerle y falta de amor a su entorno, o más significativamente, a la obra de Dios. No olvidemos que el hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26), es su criatura predilecta y que nos hemos de tratar casi con reverencia y cuanto más pobre más reverencia, es en los pobres donde más reside Dios, en espera de que éstos sean rescatados de su pobreza. El hombre y su naturaleza son templo del Espíritu Santo (1Corintios 6:19. Sólo por ello merece nuestra más grande consideración. “Amarás a Dios con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27) Lucas 13, 22-30

Reflexión: