Día 28 de octubre

El Señor conoce la tierra y quien la gobierna; sabe que en ella habitan todos sus hijos, criaturas hechas por voluntad de Él. Sabe que muchas de esas criaturas abominan de Él y abominan de Dios; viven en un desprecio sin límites hacia las cosas sagradas; darían su vida por destruir la obra de Dios, ¿qué se puede esperar de ellos? Ya sabemos que todos somos pecadores, pero de ahí a aceptar el mal como filosofía de vida, como base para construir una fuerza destructora de todo bien, va un abismo.

Reconociendo las fuerzas del mal, tenemos que evitar ser arrastrados por ellas y unirnos más que nunca para aclamar y vitorear la grandeza de nuestro Dios. Saber que en Él está la fuerza y el poder y que la victoria siempre está de su lado. Nuestra debilidad no debe ser motivo de desconfianza; no debe atemorizarnos en la lucha diaria contra el mundo explotador y que tanto margina a los deficientes físico-mentales, incluyendo a los pobres. El Señor un día reunirá a todos los que en Él confían, entre ellos pobres, ciegos, mancos cojos, sordos, enfermos, esclavos, marginados, presos por creer, deficientes, viudas, huérfanos, niños y todo lo peor, considerado inútil por el mundo; los ignorantes y extraviados también tendrán cabida si vuelven su cara a Dios Jeremías 31, 7-9

Los sacerdotes y pastores están en la obligación de buscar a la oveja descarriada; a tantos y tantos que, como decía Jesús “no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Ellos que conocen sus propias faltas, saben cómo corregir a los que se desvían del camino.

Hoy Dios nos revela quien es el sacerdote eterno, centro de todo sacerdocio. Y dice más: Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy Hebreos 5, 1-6

Hoy también puede ser el día en el que pongamos nuestra confianza en el Señor Jesús. Comprendamos de una vez, que cuando dio la vista al ciego de Bartimeo quiere darnos a todos la vista que necesitamos, quiere que miremos y veamos con los ojos de la fe, porque si no es así, estamos más ciegos que el mismo ciego de Bartimeo. Si este ciego cuando recobró la vista seguía a Jesús por el camino, los que no le siguen, tristemente están ciegos, eso es lo que nos dice Jesús Marcos 10, 46-52

Reflexión: