Día 27 de octubre

Jesús hoy nos vuelve a insistir sobre la conversión. En el mundo en que vivimos y a estas alturas del calendario, el hablarnos  los curas de castigo o de infierno parece que suena a querer intranquilizarnos y atormentarnos de manera gratuita; pues eso pertenece a otra época, pensamos nosotros, y sin embargo Cristo hablaba de ello con la mayor naturalidad y en cualquier circunstancia. ¿No será que Cristo por el amor que nos tiene, nos lo suelta con frecuencia para advertirnos de los peligros que nos acechan viviendo de espaldas a Dios?

Así estamos cuando se vive sin prestar el mínimo respeto e interés a las cosas de Dios. Las frases a las que me refiero son estas: “Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Como vemos, Jesús no quiere pasar de puntillas en su prédica por Galilea y nos dice por activa y por pasiva que nos convirtamos y no vivamos como si nada hubiera pasado y nada fuera a pasar. Está en juego nuestra salvación y por tanto nuestra eternidad. Todos somos pecadores,  el único bueno es Dios. No pensemos erróneamente que la condenación es cosa de los demás y que nosotros como no matamos ni robamos, no tenemos nada que temer.

Se dice que la higuera que no da fruto lo suyo es cortarla. ¿Y nosotros, damos fruto? Dios es muy paciente, espera y espera. Pero… ese tiempo que se alarga sin que demos fruto, ¿nos acerca más a Dios o nos enfría cada día más?, yo creo que lo último. Porque la vida se esfuma y las oportunidades son pocas, hasta el punto de que si no las aprovechamos, nunca seremos útiles, ni daremos ese fruto que el mundo necesita para cambiar.

Meditémoslo una vez más. El que los curas no hablen del infierno ni del castigo no quiere decir que no esté sobre nuestras cabezas. Huyamos de estas  palabras malditas y busquemos ambientes de amor, ambientes de confraternidad; aprendamos a dar gracias a Dios y a nuestros hermanos y demos cabida al resurgimiento en nosotros de nuevos sentimientos. La conversión es aceptar cambiar lo viejo que hay en nosotros por algo nuevo que empieza a nacer. Esos nuevos tallos serán los que den el fruto que el Señor espera de nosotros Lucas 13, 1-9

Reflexión: