Día 26 de octubre

Jesús hoy continúa con el mismo pensamiento que ayer y busca la manera de hacernos comprender que vivimos en un error y que aún estamos a tiempo de hacer las paces con nuestro hermano y con el mismo Dios. Se lo dice a los de su tiempo y hoy nos lo dice a nosotros. No comprende lo listos que somos para algunas cosas y lo torpes que somos para otras. Nos pone ejemplos de cómo por aquel entonces los hombres del campo (agricultores y ganaderos), sabían según los vientos o los signos del cielo, como sería el tiempo en los siguientes días. Si viniera hoy se sorprendería más viendo lo que saben los hombres del tiempo, también los hombres del campo, aunque lo habitual es recurrir a la radio o la TV. Hoy se sorprendería más aún, porque a medida que nos vamos acercando a Marte, nos vamos separando de quien lo creó. Nos cuesta aceptar por más signos que veamos, de que hay una Inteligencia superior a nosotros, a la cual debemos adoración y respeto, además de, amor y gratitud.

Jesús se esfuerza en hacernos comprender que hay otra forma de vida mejor que esta (amándonos unos a otros) y, que somos algo más que cuerpo; que tenemos un espíritu que seguirá vivo después de la muerte corporal  y, que su gozo o tormento, dependerá de lo que hayamos hecho en esta vida; lo que hayamos amado o hayamos despreciado. Jesús que lee el futuro nos habla de él, y quiere que estemos atentos a las cosas de Dios, que son el camino del gozo y la libertad. Nos pone un ejemplo en el encuentro de hoy que, aunque en la actualidad no tiene la vigencia de otros años, sí sigue vigente lo que quiere decirnos.

La humanidad entera y tú, querido lector, y yo también, todos estamos a tiempo de arrepentirnos de aquello que hayamos hecho vulnerando la Ley de Dios. Cualquier cosa que hayamos hecho, lesiva para los intereses del prójimo, de nuestro hermano o de nuestra propia familia, buscando nuestro propio beneficio, es impuro ante los ojos de Dios. El mismo Dios nos da una oportunidad de pedir perdón y cambiar en la relación con nuestros semejantes, sobre todo si hemos sido injustos y algo egoístas. Dios nos apremia a que la reconciliación la hagamos antes del juicio, una vez llegado este, nuestras mismas acciones nos juzgarán y condenarán o salvarán Lucas 12, 54-59

Reflexión: