Día 24 de octubre

La reprimenda pende sobre nuestras cabezas porque no sabemos cuándo vendrá el Señor, y nos dormimos en los laureles. Por eso se sigue robando, porque no se sabe cuándo viene el ladrón, si se supiera se le  estaría esperando y se impediría la consumación del hecho. Ya dije ayer sobre los beneficios que obtiene un criado solícito y fiel que hace crecer la hacienda de su señor y la defiende como un bien propio. Actuando así se pondrá en él toda la confianza y se le pondrá al frente de todos los bienes, por el contrario, cuando se recibe la confianza y el criado se aprovecha de ella para abusar de la servidumbre y se desentiende de las propiedades, abandonando las labores del campo, del ganado, y tratando desconsideradamente a los empleados, el señor que volverá un día le hará pagar cara esa actitud de falta de responsabilidad y compromiso. Al que mucho se le dio mucho se le exigirá y al que mucho se le confió más se le exigirá.

Muchos habrán sufrido represalias por ignorancia, pero nosotros, ya no podemos alegar tanta ignorancia, tiempo y oportunidades hemos tenido de conocer al Señor de señores.

Nuestra querida y amada Iglesia no sé yo si no estará un tanto sumida en la rutina y la idea de que puede volver Jesús  en el momento más inesperado no la tenga en el orden del día. El plan de Dios es tan inescrutable que ni por asomo podemos prever lo que va a suceder mañana, recordemos el señor que tuvo una gran cosecha (Lucas 12, 16-21). Saco a colación este pasaje porque la muerte es como el fin del sistema del que fallece, y las previsiones por parte de todos nosotros deberían ser casi las mismas.

Humildemente creo que deberíamos revisar las lámparas y saber si contamos con el aceite suficiente para otro periodo de espera, pensando también que la venida de Jesús puede ser mañana Lucas  12, 39-48

Reflexión: