22 de octubre 2019

Jesús también nos habla del comportamiento a seguir ante unas particiones de herencia o ante un golpe de suerte que pueda hacer crecer extraordinariamente nuestro patrimonio. Es de sentido común plantearnos cómo emplear el dinero o bienes que hemos recibido de forma inesperada, pero nada debemos hacer de espaldas a Dios y con gran avaricia. Todo lo que ocurre es porque Dios lo permite y es un enriquecimiento para el bien; en nuestros planes debemos incluir la mano de Dios para que sea Él quien nos ilumine y nos ayude a emplearlo de la mejor manera. ¡Cuántas familias rotas por una herencia! ¡Cómo se le dará más valor a algo material y heredado que a la relación de amor entre la familia, que en definitiva esos lazos de amor son el sustento de la familia y a lo que uno se puede agarrar en momentos de problemas financieros! ¡A quién recurrir mejor que a la familia y a quien ayudar mejor que a la familia, cuando hay necesidad!

Qué triste para unos padres si ven que al final de sus días sus hijos se enfadan por no aceptar un reparto justo y equitativo; y si el reparto no es justo la ruptura de lazos amorosos entre los hermanos es más que evidente. A veces sucede, cuando no te toca la parte que tú quisieras, porque la consideras mejor y no dices nada antes del sorteo esperando que te toque. ¡Qué no te toca, montas el pollo para que se vuelva a hacer el sorteo de nuevo! Esa actitud siempre es vergonzosa para los padres, máxime si se han privado de cosas para engordar el patrimonio y favorecer así a los hijos, pensando que el regalo de la herencia los haría más felices y los uniría más.

Y en lo referido a un golpe de suerte, hay que llevarlo con prudencia  y moderación, atendiendo siempre a valores de caridad, pensando cómo ayudar a otros más necesitados y dándoles un donativo. Sería un chasco que nos dijeran  como al personaje de la Biblia: “No hagas planes para tu vida futura porque esta misma noche van a venir a quitártela”. Dios, dueño de la vida, quiere compartir con nosotros nuestra felicidad y solidaridad, no le demos la espalda, puede haber sido Él el causante de nuestro golpe de suerte. Lo verdaderamente importante es acumular riquezas en el cielo; la materia se corrompe y puede corromper los buenos sentimientos. ¡Que no nos ciegue el tener! Lucas 12, 13-21

Reflexión: