Día 9 de octubre

Jesús un día fue invitado por dos hermanas de una familia amiga, y a poco de estar sentado con sus discípulos en casa y hablarles a todos con la sabiduría que en Él era habitual, la hermana que les servía dijo: ¿Señor, no te importa que mi hermana me ayude? Cristo le contestó: Marta, Marta, estás inquieta y nerviosa con tantas cosas y sólo una es necesaria. Tu hermana ha escogido la mejor y no se la quitarán. La respuesta de Jesús parece contraria al sentido común; es como si Jesús premiara a la holgazana y reprendiera a la servicial, pues no es así.

Pensemos en el espíritu de Jesús, su identidad, su misión, la reacción que Él espera y desea en los demás, en la que Él pueda ver el fruto de su labor. Jesús es el hijo de Dios: quiere que todo el mundo lo intuya o lo sepa. El espíritu de Jesús, su deseo, su voluntad, es transmitir la palabra de Dios, el Evangelio de Dios. Jesús no ha venido a otra cosa, y dispone de poco tiempo para estar perdiéndolo. En resumen: todo lo que dice es muy importante y a la vez muy necesario para nuestros oídos.

Su misión: El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14). Se hizo hombre para hacernos llegar de la manera más natural la palabra de Dios, lo que es igual, su santa voluntad. Darnos a conocer quiénes somos, quien es Él, por qué estamos aquí, qué debemos hacer, y que el Espíritu Santo, Señor y dador de vida (Credo de Nicea), quiere darnos vida en abundancia, que se concreta en vida eterna. Para ello Cristo nos pone unos simples ejercicios de amor y fe y nos pide que confiemos en la infinita misericordia de Dios. Reacción que Él espera de los demás: Que aquel que solo intuyera que estaba frente a Jesús (el Mesías) poco menos que se quedara inmóvil, boquiabierto escuchándole, y se sintiera una persona afortunada, privilegiada. Era una oportunidad única en la vida, que no se debía desaprovechar bajo ningún concepto. Nada había en el mundo que valiera más que ese momento. Afortunadamente hoy todos los cristianos sabemos que eso era así, y ha llegado hasta nuestros días con la misma vigencia y veracidad su aplicación.

Todo lo que representa Jesús es sagrado: la Sagrada Forma, el Templo, su Imagen, la Palabra, el hombre (Templo del Espíritu Santo) hecho a su imagen y semejanza (Génesis 1:26). Con todo esto nos damos cuenta de que Jesús vio que María había acertado con su actitud y que Marta se preocupaba de las cosas mundanas y estaba en un error.

Recordemos: “No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca del Señor” (Mateo 4:4); “Deja que los muertos entierren a sus muertos y sígueme” (Lucas 9:60). “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lucas 8:21). “Vende todo y entrégalo a los pobres y sígueme” (Mateo 19:21) y muchas más ocasiones en las que Jesús deja patente que lo importante es la Palabra. Aunque llegó a decir: “Si no creéis en mí, al menos creed a las obras” (Juan 10:38).

Otro aspecto que potencia lo enunciado es la verdad de la Palabra. En el mundo está instalada la mentira, en Dios está instalada la verdad: el que vive en la verdad irá irremediablemente a Dios, porque la fuente de la verdad que es Dios atrae a toda la verdad esparcida por el mundo. Jesús nos hace este relato sobre el que escucha y el que no escucha la Palabra, porque es lo que hay en el mundo, en él queda de manifiesto quien está en lo cierto y quién no Lucas 10, 38-42

Reflexión: