Día 8 de octubre

Hoy tenemos ante nosotros lo que para muchos es un secreto ¿Qué hacer para conseguir la vida eterna? Hoy se nos desvela; Jesús nos dice con pocas palabras la solución a esta duda que llena los corazones de gran parte de la humanidad, en respuesta a: ¿qué hacer para no morir? Mucha gente vive acongojada pensando que aquí se acaba todo. Que nada se puede hacer para ganarse la vida eterna. En esto tienen parte de razón o toda la razón. Pero lo último es vivir en esa incertidumbre ante algo que tiene solución.

Lo que pasa es que el hombre es animal de costumbres, se dice, y el que está en esta fe no se sale de ella y el que está fuera no entra, y no entra porque está en otras cosas y le cuesta salir de ellas. Aun así hay mucha gente que a lo largo de la vida ha tenido muchos momentos para pensar, ¿qué hacemos aquí? ¿Qué objeto tiene nuestra existencia? Y lo otro que da un valor infinitesimal a nuestra existencia, que aquí se acaba todo, o qué podemos hacer de importante para que ello tenga un valor trascendental. Saber en qué medida puede repercutir lo que hagamos para que nuestra vida tenga otro aliciente, un estímulo permanente, un reconocimiento a nuestra pequeñez, un apoyo a nuestra debilidad.

Si todo el mundo supiera que hay una solución que cambia vidas, y genera un entusiasmo desbordante por la vida, si la gente lo supiera, ya la vida sería más rica, más fácil y satisfactoria. Para el que tiene la solución ya lo es, ya su vida no la cambia por las mieles que el mundo ofrece, mieles que amargan al día siguiente.

Jesús sabe la solución, un día le pidieron que por favor les dijese lo que deberían hacer para no morir o morir y volver a nacer, y Jesús les dijo: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Si uno supiera qué representa el amor entre los hombres y el amor a Dios se llevaría una agradable sorpresa en dos sentidos: el que ama y obra por amor es como brazo ejecutor de Dios, es instrumento de Dios a través del cual conoce el mundo su voluntad. Lo diré más claro: el hombre que ama y todo lo que hace lo hace por amor, podía considerarse un instrumento al servicio de Dios.

El amor es lo mismo en todos los casos y Dios es amor. El hombre que dice que ama debe estar dispuesto a dar la vida. Tomemos el ejemplo de Cristo y en Él sabremos cuanto amó al hombre, lo que es lo mismo, cuanto nos amó. Y en segundo lugar, el amor está en Dios, sale de Dios y vuelve a Dios. No hay lugar a dudas de que el que vive amando a Dios y al hombre, tiene la vida eterna asegurada, seguro que vuelve a Dios. Ya lo dijo Jesús. Como último recurso tendría como aval la misericordia de Dios por su comprensión hacia nuestra flaqueza y limitaciones. Dios sólo quiere que pongamos voluntad, y que le aceptemos como Padre Guía y Salvador.

Este encuentro de hoy nos pone de manifiesto cual debe ser la disposición del cristiano ante la necesidad del prójimo al cual podemos socorrer Lucas 10, 25-37

Reflexión: