Día 30 de septiembre

En este encuentro tocamos otro tema quedando evidente que nosotros mismos tenemos celos de Dios. No queremos que Dios sea bueno también con otros, y si es más bueno que con nosotros nos sienta peor aún. Recordemos a los obreros de aquella parábola que exigían más salario a su señor porque este pagaba lo mismo a aquellos que habían trabajado una hora que a los que habían trabajado todo el día (Mateo 20:15). Tenemos celos de que otros sean profetas como nosotros, sin ser de nuestro grupo Números 11, 25-29

Jesús hoy nos habla de la riqueza por boca de Santiago. Las riquezas si no se ponen, en cierto modo, al servicio de la comunidad, más que dones son desgracias para la vida futura, basta mirar el pasaje de Lázaro y el rico Epulón (Lucas 16, 19-31). El apego al dinero distrae de otras obligaciones y de otros sentimientos y uno vive para sí egoístamente con la obsesiva idea de multiplicar las riquezas y asegurarlas para no correr ningún riesgo de tener pérdidas. También nos dice el Señor que no se puede servir a Dios y a las riquezas (Mateo 6:24), porque amarás a uno y aborrecerás a otro.

El problema surge porque nos olvidamos de Dios y de sus recomendaciones. En el fondo dejamos que pase, porque al tratarse de algo espiritual que no vemos, pierde fuerza respecto a lo material que sí vemos: el dinero. Y no digamos la plata o el oro. Estos metales brillan mucho y los reflejos ciegan al más pintado. De ahí que los ricos han de mantenerse vigilantes en la relación con el pobre y el necesitado; lo mismo con sus empleados u obreros, la esclavitud nunca tuvo carácter humanitario y menos en los tiempos que corren. No se pueden amontonar riquezas a costa de bajos salarios de los empleados o fraudes al estado y a la sociedad.

El último día todo quedará al descubierto y nuestras vergüenzas serán tenidas en cuenta y estaremos obligados a confesarlas. Así como la historia ni se puede borrar ni cambiar, nuestros recuerdos nos acompañarán siempre. Estamos a tiempo de corregir nuestra ambición y nuestro desapego a las clases desfavorecidas, seamos solidarios y no permitamos nunca que las riquezas nos desvíen del camino que conduce a la confraternidad. Luchemos contra las desigualdades y las tropelías que se cometen, por estar bajo las leyes hechas por ricos, estas traen perdición para unos y amargura para otros.

Los desahucios son buena muestra de ello. Los perros son tratados con más consideración y benevolencia. ¿Dónde está la humanidad de algunas personas que necesitan suicidios y/o sangre para actuar? Es triste que un Estado no disponga de recursos para poder albergar dignamente a esas personas que se quedan sin hogar. Al perro se lo llevan a la perrera y al dueño lo multan cuando este en vacaciones abandona al animal, pero al que no paga la hipoteca de su casa lo echan a la calle funcionarios judiciales, incluso protegidos por la misma policía (ella cumpliendo órdenes), y lo dejan tirado en la calle sin interesarse si va a tener a alguien que lo auxilie. Bienaventurado el ultrajado por estas conductas de la riqueza y el poder, cuando el Estado mira para otro lado. El desprecio e insolidaridad que se tiene con el  individuo desahuciado no tiene nombre Santiago 5, 1-6

Como de aquellos que echaban demonios sin ser discípulos de Jesús; Moisés y Jesús respectivamente, tuvieron que reprender e instar a la aceptación de que Dios tiene libertad absoluta para conceder dones a aquellos que estime conveniente. Jesús insiste en que todo aquel que facilite el trabajo de predicación de un cristiano sea o no de la Iglesia, no quedará sin recompensa. Así como el que escandalice a un pequeño no quedará sin castigo.

Todo lo que impida obrar bien en uno mismo hay que deshacerse de ello, o como mínimo neutralizarlo para que no obstaculice nuestro plan a favor de la obra del Señor. Dios desea y espera nuestra colaboración en la difusión de su proyecto. El hombre crece y crece porque Dios le ha dotado de inteligencia para crecer y eso es bueno, y Dios lo acepta. Cuanto más crece el hombre más grande es su obra y por tanto la obra de Dios.

Por eso nos pone el ejemplo de deshacernos de un ojo, una mano, un miembro, si este impide nuestro desarrollo como persona en la fe en el Señor; que antes de cometer esa locura vale más abandonar el hábito. Dios quiere que todo ese crecimiento lo valoremos pero, bajo la observancia de sus preceptos; y nunca le demos la espalda pensando que somos nosotros mismos los dueños de nuestra existencia. No es bueno llevar la contraria a Dios, su palabra revelada hará justicia, y nuestros hechos nos denunciarán ante la infalible verdad de su palabra Marcos 9, 38-43.45.47-48

Reflexión: