Día 12 de septiembre

Jesús me dice hoy algo extraordinario, me dice que el hombre no pierda jamás la esperanza en un cielo nuevo y en una tierra nueva. Jesús dice que llegará un día en que no habrá lágrimas, ni frío, ni hambre, ni dolor, ni envidia, ni rencor, ni odio… Todo eso pasará y un gozo inmenso invadirá los corazones, solo se pensará en alabar al Señor por esa generosidad suprema con aquellos que han sido unos desdichados en este mundo; con aquellos a los que  les han usurpado los derechos más elementales como son el alimento, el vestido y la libertad. ¡Ay de aquellos que consciente y voluntariamente privan de estos derechos a los más débiles de la tierra, a los que no tienen voz, a los que el grito de justicia se les ahogó antes de salir de su garganta! Ese grito resuena en las conciencias de algunos, pero hacen oídos sordos dando a entender que no va con ellos.

Cuando el mundo dice que es inútil la esperanza, que Dios, si algún día existió, hoy nos ha abandonado, para qué seguir practicando sus preceptos, que comamos y bebamos antes de que al cuerpo se lo coman los gusanos; y que nos dejemos de historias de otra vida después de esta, pues nadie ha venido a contarlo. Son muy chistosos los que desprecian el Evangelio. Saben que sin Dios el hombre sería esclavizado hasta cotas insospechadas. Cuando el hombre vive en la desesperanza más absoluta, viene Dios y nos trae el consuelo que necesitamos, la esperanza que evita el tormento, la alegría que habíamos perdido y nos renueva la fe que nos querían arrebatar; todo se transforma en gratitud hacia nuestro Dios, nuestro creador y protector, nuestro sabio Maestro que nos vivifica y nos transforma.

Gracias a Dios Occidente es una tierra rica y abundante en todo, y son pocos los que conocen el hambre, pero estamos a punto de conocerla, aun así todavía hay muchos sobrantes que se podían canalizar mejor para que llegara a los pobres de la tierra. Y además de los sobrantes, deberíamos ser más solidarios desprendiéndonos de algo más para ayudar a esta gente. Las Bienaventuranzas son un vivo ejemplo del amor que Dios nos tiene y pretenden corregir los desajustes de la economía mundial que cada vez tienen más los que más tienen. Dios dará multiplicado a los pobres de la tierra todo aquello que otros derrocharon, toda aquella protección que no tuvieron, el abandono de la sociedad de que fueron objeto y la justicia que no tuvieron cuando les despojaron de vivienda y patrimonio Lucas 6, 20-26

Reflexión: