Día 11 de septiembre

En la época de Jesús, tradicionalmente se vivía en la creencia de que Dios estaba en lo más alto, (ejemplo: Sinaí, donde Dios entregó a Moisés las Tablas de la Ley), y Jesús siguiendo la tradición subió a la montaña para orar. Hoy sabemos que Dios lo penetra todo, y está en todos sitios; se puede orar en cualquier lugar, pero en lo alto de la montaña es cierto que el ambiente lo requiere, se está más aislado de los ruidos de la ciudad: provocados por máquinas, fábricas, talleres, automóviles…

En aquel entonces los ruidos y circunstancias serían otras, pero siempre habría más interrupciones por causas diversas en pueblos y ciudades que en pleno campo. Y como contrapartida la montaña aporta ruidos naturales de la vegetación movida por el viento, lo cual te acerca más a la obra de Dios. Aunque Jesús dice que el requisito fundamental para orar es un lugar silencioso, en una habitación con poca luz, hoy libre de móviles,  y mucha concentración.

La realidad es que Jesús subió a la montaña y estuvo orando toda la noche. No nos dice lo que habló con Dios, ni lo que Dios habló con Él, sí sabemos, que al venir el día reunió a sus discípulos y eligió a doce y los llamó Apóstoles, seguramente con la intención de enviarlos a predicar el Evangelio y continuar su obra. ¿Qué sentido amplio tiene esta elección? Pues yo creo que a tenor de los hechos podemos considerar que fue en este momento cuando se empezó a configurar la Iglesia. No cabe decisión mejor que aquella que anuncia un nuevo proyecto de vida.

El Evangelio es una renovación del hombre viejo por uno nuevo, es una limpieza de hábitos perniciosos para el cuerpo y el alma, por otros que dan al hombre un sentido trascendental de la existencia. El hombre, con este nuevo conocimiento, no teme empequeñecer, porque sabe que un día esa pequeñez le hará grande. Y la construcción de ese nuevo modelo de vida habría de cimentarlo en unos buenos pilares, esos pilares fueron los doce Apóstoles que siguieron la proyección de las doce tribus de Israel; pero como digo una proyección renovadora.

Jesús elige a sus doce hombres de confianza (aunque uno resultó ser un traidor) y comenzó a instruirlos. La misión que habría de encomendarles es la misma o parecida a la que tuvo Él, salvando las distancias, “anunciar que el reino de Dios estaba cerca”. Y es así como empezó la Iglesia.

Una vez que Jesús les asignó un nombre a cada uno de ellos y les indicó a grandes rasgos la misión que habían de cumplir, bajaron de la montaña y se juntaron con otro grupo más numeroso de discípulos y gente de otros pueblos procedentes de Judea, Jerusalén, Tiro y Sidón. Mucha de esta gente venía en busca de curación. Algunos de ellos poseídos por espíritus inmundos; venían a Jesús a sabiendas de que Él era el único que podía liberarlos de esa opresión y tormento. Todo el mundo trataba de tocar a Jesús; era conocido por todos que salía de Él una fuerza que los curaba a todos Lucas 6, 12-19

Reflexión: