Día 10 de septiembre

Buenos días, Señor Jesús. Hoy no es domingo, pero tú me hablas del precepto del domingo, que independientemente de que sea un día dedicado a Dios (celebrar cultos con alabanzas, cánticos y gracias en su nombre), no debemos limitar nuestras obras solo a esto, si a lo largo de todo el día se nos presenta la oportunidad de hacer el bien salvando una vida, ayudando al prójimo, o creando lazos de amistad o hermanamiento cristiano, no debemos cohibirnos rehuyendo a ello, aunque fuera con el pretexto de que es domingo y es un día dedicado al Señor. En la época de Jesús si se actuaba así, las leyes humanas impedían hacer bien en sábado, si eso representaba una ayuda o un esfuerzo a favor de alguien o algo, ya podía ser a un vecino, un paisano o una oveja; eso a Cristo le sacaba de sus casillas y no le importaba curar aunque supusiera romper las normas o preceptos humanos.

En el caso que nos atañe hoy, curó a un paralítico delante de los fariseos, soportando todo tipo de críticas, pues le presentaban ante la sociedad como un trasgresor de las normas establecidas. Todos estos roces que tuvo Jesús con los escribas y fariseos, constituyeron para éstos últimos una provocación que nunca aceptaron, y les llevaron a la determinación de impedirle el contacto con el pueblo, ante el temor de que se derrumbaran sus estamentos y su falso montaje en cuanto a su relación con Dios, pues nadie más que Cristo pudo descubrir su hipocresía.

De haberlo sabido alguien, nunca se hubieran atrevido a hacerla pública; sólo Jesús fue capaz de llevar a cabo tales denuncias durante tres años; en ninguna ocasión en este tiempo, se atrevieron a detenerle, siempre temieron una revuelta del pueblo. Aprendamos la lección de Jesús y contribuyamos con Él a hacer un mundo más humano y más verdadero, si no podemos curar como Él, aliviemos el dolor por otras vías. La amistad, el consuelo y el amor curan las heridas del corazón Lucas 6, 6-11

Reflexión: