Día 8 de septiembre – 2012 – FIESTA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA

Hoy es un día grande para la humanidad. Se conmemora el nacimiento de la Madre de Jesús, que a estas alturas ha significado como una segunda madre nuestra. A la que recurrimos en los casos difíciles, en momentos de desamparo. La Madre de Jesús ha sido y es en muchos casos, intercesora para llegar a Jesús.

Una madre todos sabemos lo que es: la que se queda velando hasta que viene el último de los hijos, la que está pensando siempre como lo estarán pasando sus hijos en el extranjero, la que sufre las faltas por muerte con mayor intensidad, la que lleva en la cabeza o por escrito las fechas de cumpleaños, onomásticas, fallecimientos, aniversarios y todo aquello que requiere una felicitación. La madre está siempre pendiente de todo. Así era la virgen María, pero elevado a la séptima potencia, por eso fue elegida por Dios. Además de, por su gracia, sencillez y humildad y profunda fe en nuestro Padre Dios y creador nuestro. Fue la única mujer en el mundo y en el pueblo de Dios, elegida por Él, para traer al mundo a su amado Hijo; nadie más mereció esta distinción, nadie más hubiera dado la respuesta que dio la Virgen al ángel San Gabriel cuando este le dijo que había sido elegida. Fueron las palabras más bellas dichas por una mujer (Magníficat) (Lucas 1 46-55). Dios se regocijo en su elección.

Hoy sabemos que todo el mundo admira a la Virgen, y aunque hay muchas advocaciones, todo el mundo sabe que todas ellas representan a María, a la Madre de Dios. Y obra milagros porque Dios la ha hecho grande y la ha dotado de poder. La humildad y el amor en la tierra, en el cielo se transforma en poder; por eso la virgen María es un ser influyente, al que podemos recurrir, siempre nos escuchará y obrará según nos convenga. La Santísima Virgen es el prototipo de santidad. Dios necesitaba de una mujer, ya no solo para que naciera su Hijo con la humanidad que tenía, sino porque una mujer de esa templanza, y respeto a las cosas sagradas, y amor a la humanidad, tiene tirón para evitar que muchos se pierdan en las banalidades del mundo.

Dios es creador nuestro y nosotros somos hijos adoptivos de Él, pero la virgen es también nuestra madre adoptiva, por el amor que nos tiene. Abrahán, es el padre de la fe, pero yo diría que la Virgen también es madre de la fe. Es tanto el amor que tiene a la humanidad, que Dios le permite que llegue a nosotros su mensaje de advertencia. En todas las  apariciones marianas podemos observar una constante en sus mensajes: Dios nos ama, el mundo nos confunde y divide, reconozcamos a Dios y seremos salvos. Y también nos dice frecuentemente, que con ciertas actitudes nos acarrearemos grandes desgracias.

La Virgen en cierto modo ya ha dejado de estar pendiente de su Hijo, Jesús ya se ha hecho grande; incluso desde pequeño ya se ocupaba de las cosas de su Padre Dios (Lucas 2:49). La Virgen María hoy se ocupa de nosotros, sabe que somos pequeños y frágiles; no tenemos la personalidad arrolladora de su Hijo, que desde niño ya conocía su camino y su destino. Soportó las maniobras sutiles del diablo, y se encaró con los poderosos de su pueblo en defensa de la verdad y denunciando la injusticia y el engaño.

La Virgen sabe que el verdadero poder está en el cielo, y no quiere que vivamos ajenos a esta realidad. José, como era un hombre justo creyó en el anunció del ángel, cuando le dijo que la criatura que iba a nacer venía del Espíritu Santo y optó por no denunciar a su mujer, la virgen María. Un hombre obediente, cualidad extraordinaria, cuando se trata de obedecer a Dios. Seguro que Dios habrá pagado con creces a San José por esa generosidad extrema, sacrificando su vida a favor del plan. Dios cuando ve en uno cualidades de obediencia, humanidad y justicia, y le mira, su vida da un giro de ciento ochenta grados; eso le pasó a José. Tu plan de vida se trunca, pero pasas a ser instrumento de Dios. ¿Hay algo mejor que ser un instrumento vivo y útil del Señor?

El final de esta vivencia y por tanto, de este encuentro, fueron las palabras del ángel, recordando las palabras de profeta: “una virgen dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa Dios-con-nosotros”. Esto último es lo verdaderamente importante, y por eso el plan de Dios se empezó a anunciar años antes, a sabiendas de que el hombre pondría todos los obstáculos para que no se llegara a cumplir. Afortunadamente una decisión de Dios es imparable y no hay nada ni nadie en este mundo que pueda evitarla o anularla Mateo 1, 1-2.15-16.18-23

Reflexión: