Día 6 de septiembre

Hoy, el encuentro, lo tiene Simón Pedro, que admirado e impactado por el poder de Jesús, cayó de bruces a sus pies, pidiéndole que no confiara en él porque era un pecador y poco ejemplo podía dar. Jesús ve que un hombre grande y de carácter, toma una actitud de invalidez y creyéndose poca cosa se lo hace saber a Jesús: yo no valgo para esto, le dice. Precisamente el reconocimiento de nuestra debilidad es lo que hace que Dios ponga su confianza en nosotros, y a pesar de nuestra pequeñez nos haga grandes.

Como Dios sabe que el sueldo que va a pagar es pequeño, más bien nada, no quiere tratar con gente soberbia, con aquellos que creen que lo merecen todo. También quedó reflejado con esta postura su merecimiento del cargo que tendría después. No necesita del médico el sano sino el enfermo (Lucas 5:31) y la venida de Jesús está justificada; en primer lugar porque nos hace ver que somos pecadores y nos libra del pecado, al tiempo que nos enseña a perdonar con su ejemplo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Y estaban asesinando al Hijo de Dios.

Cuando Pedro ve que en toda la noche no pescaron casi nada, siendo profesionales como eran, haciendo caso a Jesús echa la red Pedro, y la llena hasta casi romperla, lo que le obligó a pedir ayuda para moverla; asombrado por el hecho le invade la generosidad dándole la mitad a los de la otra barca. Eso nos tiene que hacer pensar, Jesús no era una persona normal. Aunque nos parezca ciencia ficción, no lo es, hay testigos. El hecho nos da idea de su fuerza, de su poder, la naturaleza le obedece, su simple voluntad es creativa, es transformadora.

Cuando pensamos en un Dios creador, no podemos olvidar al Hijo, ni al Espíritu Santo. Son tres entes con una fuerza impredecible. No debemos olvidar nuestra flaqueza: sin Dios no podemos nada y con Dios lo podemos todo (a veces hay que esperar). Es inimaginable lo que Dios nos tiene preparado. Si de la nada saca una tonelada de peces, es bueno que no perdamos de vista la personalidad de Jesús.

En estos encuentros Jesús se revela como es, aunque Él no lo quiera decir, es el único y verdadero sabio y el único y verdadero Todopoderoso, en comunión con el Padre y el Espíritu Santo. Jesús alterna la Palabra con los signos. La Palabra se ve reforzada y los signos multiplicados con la Palabra. Es decir, la palabra se hace creíble en toda su extensión y los signos, aunque solo se viera uno, se podían imaginar mil, pues todos serían posibles.

Le dice Jesús a Pedro; “te haré pescador de hombres”. Esta frase de Jesús me trae a la memoria lo que me dejó escrito en el libro que me regaló un misionero en uno de los tres Ejercicios Espirituales que hice: “el mundo te necesita”, lo recuerdo hoy y me llena de ilusión cuando veo que he vuelto al Padre como el hijo prodigo (yo también tuve una enorme laguna en mi vida, desde los 16 a los 28 años. Dios estaba a mi lado pero yo no me daba mucha cuenta).

El resultado final de este encuentro es también muy significativo, sobre todo cuando dice: “lo dejaron todo y le siguieron”. ¡Qué poder tan enigmático tendría Jesús, que solo diciendo: “sígueme” lo seguían! De no haber sido por Internet estos comentarios míos no hubieran salido de mi despacho, sin embargo, después he tomado la decisión de publicar todos estos encuentros en un libro que se llamará “Encuentros con el Maestro”. Y volviendo a  la dedicatoria que me hicieron, pienso que nadie me necesita, salvo mi esposa, pero que sí nos necesitamos todos mutuamente Lucas 5, 1-11

Reflexión: