Día 4 de septiembre

Hoy la luz se ha vuelto blanca y resplandeciente, encontramos a personas más receptivas, más esperanzados en las bondades de la vida y reciben al Maestro Jesús, profeta, con más ánimo. Ahí tenemos la enseñanza positiva, y la enseñanza de ayer negativa en la actitud de los paisanos: gente falta de fe, llenos de negatividad y poco reflexivos. Hoy por el contrario encontramos gente que saludan la Buena Nueva con fe y con agrado y esa actitud les premia con milagros a la vez que les refuerza la fe. Aprendamos a ver en la diferencia.

Cuando hoy el maligno nos hace creer que no hay Dios, hace dos mil años este relato nos explica una preciosa vivencia de Jesús; el maligno que tenía poseída a una persona, reconoció a Jesús como el Santo de Dios, e intuyó que Cristo ha venido entre otras cosas para acabar con el mal y con ellos. Públicamente dijo el maligno: Sé, quien, eres: el Santo de Dios. Jesús con una autoridad inquebrantable solamente tuvo que decir: cierra la boca y sal. El demonio salió sin hacer daño a la persona, demostrando a los ojos de los testigos la superioridad de la luz procedente del Hijo de Dios, ante la inferioridad de las huestes de las tinieblas. Y de otra cosa nos alerta este encuentro, que no debemos permitir que entre el mal en nuestra casa, una vez que le damos alojamiento y le aceptamos como compañero de viaje nos costará mucho echarle de nuestro lado, Jesús si le echó, pero nosotros no tenemos la autoridad de Jesús.

Al paso de Jesús el mal siente pavor y se aparta y la vida se transforma, queda el impacto de la humanidad y de la divinidad. Todos nos quedamos con la boca abierta cuando habla Jesús. Cuando Jesús actúa su autoridad se pone de manifiesto y sus enseñanzas nos tocan el corazón. En aquel tiempo Jesús quiso potenciar la palabra con los signos y sentar precedente de lo que Dios quiere y espera de nosotros. Haciendo ver al mundo que todo está bajo su potestad y a Él solo debemos pleitesía y rendir culto Lucas 4, 31-37

Reflexión: