Día 3 de septiembre

Hoy es un día gris, Jesús visita su pueblo y se ve rechazado por él, hasta el punto de que intentan despeñarlo. Qué triste la actitud del hombre para con sus profetas. Nunca vayas a tu pueblo anunciando un cambio, un vaticinio, un pronóstico. Ya puedes tener datos y conocimiento para hacer esta advertencia, te criticarán, muchos no te creerán y hasta te insultarán.

Es probable que suceda esto en línea con lo que le sucedió a Cristo. Ya lo dijo Jesús: “Nadie es profeta en su pueblo”. Analicemos el hecho cuando Jesús dijo: “Hoy se cumple esta Escritura”. Estaba diciendo, que Isaías años atrás se había referido a Él y Él, casualmente, había leído lo que escribió sobre Él Isaías. Cuando esta extraordinaria coincidencia, debiera haber sido motivo de alegría y de fiesta celebrando que un paisano tuviese el don de ser enviado por Dios para instruir a su pueblo, hacen lo contrario, le quieren despeñar por blasfemo.

La fe en las promesas de Dios, anunciadas en el Antiguo Testamento, las tenían guardadas los judíos en el subconsciente. Y este les falló en el momento más oportuno. Nunca imaginaron que Dios pudiese haber mirado a ese minúsculo pueblo como era Nazaret, cuando dijeron en otro pasaje: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? (Juan 1, 45-51). La pena no quedó en el hecho, ni en el relato, la pena y el dolor quedó en el corazón de Jesús, el único hombre bueno, que tuvo que sufrir los improperios de gente ignorante, educados en la falsedad, teniendo a Jesús por un falso profeta y un vulgar impostor Lucas 4, 16-22.24-27.29-30

Reflexión: