Día 30 de julio

Me dice Jesús que el Reino de los Cielos se parece a la semilla de mostaza y a la levadura. Seguramente Jesús quiere destacar lo pequeño que son en origen, tanto la semilla de mostaza como la levadura y lo que aumenta de tamaño en su proceso de fermentación o desarrollo. Dios lo humilde y sencillo lo hace fuerte y lo pequeño lo hace grande. Así es la cristiandad, empezó con un grupo de hombres, pescadores y hombres rudos la mayoría, y hoy dos mil años después, son millones y millones los cristianos repartidos por el mundo.

Que poder tan extraordinario de crecimiento ha representado la gran familia cristiana, el Evangelio es pura levadura, pura semilla de paz y de amor que se extiende por el mundo como una mancha de aceite. La Palabra de Dios generalmente penetra en los corazones y los transforma; los modela y los hace instrumentos al servicio del bien. Cuán grande no será el Evangelio, que tiene poder para obrar prodigios, basta creer en él, asumirlo y practicarlo. ¿Adónde radica su importancia? En las revelaciones hechas por Jesús. Dichas revelaciones son secretos jamás revelados desde el principio del mundo.

¿Por qué no pensar que el Reino de los Cielos está establecido en la tierra y desde la tierra se gobernaría el Universo? No debe preocuparnos la pequeñez de la tierra con respecto al Universo. Dios ensalza y engrandece lo pequeño, y empequeñece lo grande. Veamos la semilla de mostaza en que se transforma. Son tantos los secretos revelados por Jesús que no cabrían en este libro; iremos desgranando algunos a lo largo de los días. Gran poder ejercen los secretos revelados, son el alma del Evangelio. La divinidad hecha carne y la carne palabra: Jesús. La universalidad de la Iglesia. Jesús, Hijo de Dios Mateo 13, 31-35

Reflexión: