Día 28 de julio

Hoy aparece en escena un personaje que no se conforma con poner los placeres de perdición en el mundo, sino que los pone en la puerta de nuestra casa, nos los sirve en bandeja de plata y nos dice que los disfrutemos en esta vida, que eso es lo que nos vamos a llevar; tristemente en muchas personas ha calado el mensaje. Cizaña pueden ser algunos que no se dan cuenta, hacen la vida imposible a los de alrededor y el sufridor o víctimas no les queda otra que esperar a la siega. No puede uno abandonar a la primera incomodidad que se le presente en la vida. Hay que aguantar lo que se pueda en espera de la justicia de Dios. Las huestes de dicho personaje nos hacen creer que aquellos que entregan su vida a los demás pierden el tiempo. Que la vida está llena de placeres que nunca más volveremos a tener la oportunidad de gozar de ellos.

Los placeres del mundo son muy atrayentes y la vida cómoda también, pero cuando los sentimientos se hacen presentes no debemos huir de ellos y, ¿por qué no comprometernos en la búsqueda de un mundo más justo y más humano? Este mundo se transformaría en un infierno si los que viven pensando y haciendo el bien dejaran de hacerlo. Recordemos las miles de personas que tienen hijos apadrinados, los que colaboran con ONGs, Cáritas, Mensajeros de la Paz, Cruz Roja, y en tantos otros que diariamente entregan su vida a los demás. ¿Por qué lo hacen? Sobre todo por amor y también movidos por una fuerte esperanza de poder abrazar un día al guía supremo, precursor de todas las buenas acciones, en Él se miran y a Él siguen, a Jesús nuestro Señor.

Que al hambriento, al sediento y al desnudo, les den morcillas y que la vida son cuatro días que hay que aprovechar “el muerto al hoyo, el vivo al bollo”. Eso anuncia el mundo con todo su descaro. ¿Qué debemos decir? Que todo esto es una mentira sucia contra la que debemos luchar.

Dios nos espera con los brazos abiertos, como el padre del Hijo Pródigo esperaba a su hijo que afortunadamente volvió  (Lucas 15, 11-32). Dios nos dotó de un corazón y una conciencia que nos alerta sobre la necesidad de ayuda en nuestro entorno y ese corazón que despierta sentimientos y esa conciencia que no nos permite estar tranquilos sabiendo que podemos mitigar algo de sufrimiento, allí que vas y ofreces tu ayuda desinteresada.

Si a muchos personajes de la escena no les preocupa el dolor ajeno, a ti y a mí sí nos preocupa. Dios a pesar de nuestro desmerecimiento (porque no hacemos lo que debiéramos), nos quiere acoger como hijos, basta buscarle yendo hacia Él. Él sabe que somos pecadores, pero debemos decirle que no nos gozamos en el pecado, que confiamos en Él y no en la mentira del mundo. Nuestra lección en este día es: “no ser cizaña, ser trigo que alimenta y se almacena para hoy y posterior necesidad”. A la cizaña se le separa del trigo y se la quema Mateo 13, 24-30

Reflexión: