Día 27 de julio

La palabra de Dios tiene un efecto multiplicador como la semilla de trigo. Desde hace miles de años una simple semilla se ha ido multiplicando alimentando a toda la humanidad. Como todos sabemos el pan es la base de la alimentación. Pero para una extraordinaria multiplicación, la semilla ha de caer en tierra fértil y ser bien cuidada una vez germinada. La que cae en el camino, entre piedras y entre zarzas, la multiplicación es más que dudosa. Lo mismo ocurre con la palabra de Dios; no dará fruto si los corazones que la reciben no están en disposición de aceptarla y cuidarla, o incluso aunque la acepten, con  su poco arraigo en cuatro días abandonarán la palabra; lo mismo sucede con la semilla, llega a germinar pero la poca profundidad de la tierra y las zarzas la ahogan y se seca. ¿Qué debo hacer yo, un simple cristiano, que dije sí creo, a Jesús, hace años?

Sencillamente pensar que nuestras cercanías con Dios en el pasado no estaban equivocadas, y mucho menos nuestros padres en sus recomendaciones no estaban equivocados, por eso nuestro recuerdo nos debe llevar a creer en ella antes de recibirla de nuevo, ablandar un poquito el corazón para que penetre, germine y eche raíces, y quitar las piedras que me vaya poniendo la vida en el camino: duro trabajo, enfermedad, dificultades económicas, relaciones personales; quitando la zarza y cizaña que pueden nacer con ella con intención de ahogarla (mundo), o también puede crecer a su alrededor desaforadamente con la misma intención de ahogarla después: desamor, insolidaridad, odio, venganzas, guerras, vicio, juego, pornografía, adulterio, riquezas y placeres en general.

Pero el que quiere conocer a Jesús a fondo no debe desalentarse, menos aún si cree y creyó desde niño que en Jesús está la respuesta. Una vez cuidada la palabra, crecida y fortalecida, hay que abrir caminos entre la zarza y las piedras para dar o repartir los frutos que ha producido en nosotros, teniendo cuidado de que dichos frutos no caigan en el camino, no caigan en personas insensibles, personas insolentes con la Iglesia. El proceso es lento y largo pero es así como yo lo veo.

Y el que esté enfermo, lleno de dudas, debe curar su enfermedad, de lo contrario sus frutos también estarán enfermos o habrá algunos frutos enfermos mezclados (desconocimiento, incoherencias, fe débil). Una buena cura es la lectura del Evangelio de forma pausada y reflexiva, pensando que estas palabras las dijo Jesús sabiendo que un día llegarían a nosotros y nos sacarían de esas dudas abriéndonos un camino de luz. Por eso los frutos de la palabra han llegado a nosotros dos mil años después de ser anunciada por Jesús, en está parábola siguen vigentes y vigentes seguirán, aunque muchos se dejen ahogar por el mundo. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”, dice Jesús (Mateo 24:35). Esto nos lleva a otra conclusión: “La mentira puede destruir el mundo o parte, pero la verdad, que es la palabra de Dios, jamás podrá ser destruida” Mateo 13, 18-23

Reflexión: