Día 26 de julio

Los encuentros con el Maestro tienen por objeto hacer más entendible la palabra de Jesús para ampliar nuestra respuesta. Como vemos, Jesús dedicaba unos días a la curación y otros a la predicación.

Lo que a Jesús le desagrada sobremanera es que después de mucho predicar, de mucho curar e incluso después de alimentar por un día a cinco mil personas sin incluir a mujeres y niños, que después de todo este esfuerzo ingente, muchas personas seguían sin creer. Por eso Jesús dice: al que tiene se le dará y al que tiene poco se le quitará hasta lo que tiene. Esto que a simple vista no perece lo correcto, si se analiza bien se ve más razonable. Por ejemplo: uno tiene fe y ya contento con eso actúa en línea con la voluntad de Dios y del Evangelio, Dios que lo ve le premia con más fe, haciéndole ver más claro el significado de la palabra y de todos los hechos narrados en el Evangelio. Y al que tiene poquita fe y no lucha por tener más, Dios lo considera un insensato,  por el poco interés que pone en conocer la verdad que anuncia Jesús; a éste no lo considera merecedor ni de la poca fe que tiene. Si Dios te da unas facultades debes potenciarlas y hacer que crezcan para beneficio propio y de la sociedad, si te dio poco y tú no arriesgas intentando que crezca te pueden quitar hasta ese poco que te dieron.

Se dice en este encuentro que hay gente que tiene ojos y no ve y oídos y no oye, y eso es porque tiene el corazón embotado y no entiende lo que ve, no es sensible a ello y no se preocupa ni de las cosas de Dios y mucho menos del prójimo. A estas personas llega un día en que Dios se harta y les echa una reprimenda, metafóricamente hablando, le duele que sean tan tibios y caminen hacia la perdición, máxime si tienen oportunidades y tiempo y no hacen caso. El no querer oír ni ver nada sobre Cristo,  porque saben que lo que se ve y se oye les puede llevar a  convertirse y a aceptar a Cristo con toda la responsabilidad que ello conlleva, debería dar vergüenza. No querer ser cristiano, si se reconoce la existencia de un Dios de amor, por temor a convertirse en  orgulloso creyente y útil instrumento en manos de Dios para el bien, eso es un error. Ese cambio interior importante, que incluso se ve externamente, y que  viene como consecuencia de la fe, el mismo genera más fe; esta transformación se debería buscar y no rechazar.

Somos tan obtusos que incluso viendo nos cuesta creer. Por eso en cierto momento dijo Jesús a sus discípulos: dichosos los que tienen oídos para oír y ojos para ver, porque muchos profetas quisieron ver y oír lo mismo que vosotros y no tuvieron esa suerte.

-Vuelvo a decir lo que dije un día: los textos bíblicos son palabra de Dios, son los deseos de Dios expresados en palabras y esas palabras han sido escritas para que tú y yo las leamos y las conozcamos con un corazón de niño, con un corazón tierno y nos planteemos esta reflexión: si esto es verdad, yo tengo que cambiar algunos parámetros de mi vida, no debo seguir pensando que el sol, el agua y el aire un día pasaron por aquí y se quedaron, y así un montón de cosas; -hasta tu misma novia o mujer, alguien la ha puesto aquí para que tú seas feliz y trabajes para la felicidad de otros, y quiere que seas agradecido a ese Dios que todo lo ha dispuesto para nuestro bien, nuestro gozo y nuestro disfrute.

Como todo está en movimiento y casi todo está vivo, hay encontronazos que tenemos que suavizar y disculparnos unos a otros; eso es la vida en la tierra, vivir para hacernos felices unos a otros, hoy por mí mañana por ti. No endurezcamos nuestro corazón para que no nos volvamos ni ciegos, ni sordos ante las necesidades del mundo.

Dichosos los discípulos de Jesús porque oyeron y vieron lo que profetas y justos no vieron ni oyeron, pero qué triste aquel que tiene cerrado su corazón a la palabra y a las bendiciones que vienen del Señor. Ya podían oír y ver lo que ven y oyen. Su corazón se ha hecho piedra y rechazan el bien. Ven que el fuego de la palabra puede derretir su malicia y creen que eso es debilidad. “Al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”, dice el Señor.

Jesús quiere curar a todos, pero si la palabra no penetra en el enfermo a través de la fe, la curación no es posible. Dios espera nuestro cambio para poder recibirle en conciencia. El abrazo místico de la palabra y la fe es lo que produce el milagro; crea disposición y apertura, ya todo es posible Mateo 13 10-17

Reflexión: