Día 25 de julio – 2012 – SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL, PATRÓN DE ESPAÑA

Es bueno vivir en santidad, ser autor de nobles hazañas a favor del bien, se puede entregar la vida por amor a tus semejantes… Todo eso y más que se haga no da ningún derecho a merecer, a poder elegir alargar la vida, solo Dios tiene la máxima potestad de premiar con su gracia. La vida eterna no se paga con nada, es un regalo del amor de Dios. A poquito que analicemos, veremos claramente que el espíritu del Evangelio es de servicio y de entrega a los demás.

El que entra en la dinámica de la fe adquiere el compromiso de servir. En este momento uno deja de pensar en sí mismo y solo piensa en el bien común, en el bien del otro,  en el bien del prójimo… Ya dejas de ser tú y pasas a ser instrumento del Señor. La humildad y la debilidad puesta al servicio de los demás es la fuerza del cristiano. Las palabras de Jesús son ilustrativas para hacernos comprender que Dios cuenta con nosotros para ayudar en el desarrollo de su obra.

Dice Jesús: yo no he venido para que me sirvan, sino a servir; incluso a entregar mi vida en rescate de muchos. Otras palabras que invitan a servir son las que dicen: “la mies es mucha y los obreros pocos” “Señor manda obreros a tu mies” Mateo: 9: 37-38

En definitiva: si uno quiere ser importante en la familia cristiana, ha de cambiar ciertos conceptos. Por ejemplo: para ser el primero tiene que ser el último; hacer lo que nadie quiere; estar en el sitio que nadie ve, solo Dios. ¿Y por qué lo ve Dios? Porque Dios está después del último. Dios no quiere que el último esté solo, Él está con él. Ejemplo de humildad y servicio “la Madre Teresa de Calcuta”

Por eso, aquello que nos pide Dios que hagamos que puede significar para muchos un gran esfuerzo, para el cristiano debe ser motivo de alegría anteponiendo el agradar a Dios, porque Dios participa más con el último que con el primero. Dios siempre está con aquellos que más le necesitan en su debilidad Mateo 20, 20-28

Reflexión: