Día 1 de julio

A veces se nos va el pensamiento por senderos inciertos y acusamos a Dios del hambre, la enfermedad, y hasta de la muerte prematura, y precisamente Dios es contrario a estas tres desgracias que nos ha tocado padecer. Dios creó al hombre para la inmortalidad, pero la envidia del demonio y nuestra ambición, ambas se juntaron y caímos en desolación. Siendo ese un gran problema, perdemos el norte de nuevo, y el mundo emprende una carrera en solitario dando la espalda al creador de la vida. Dice Dios: que los de su partido, refiriéndose a Satanás, pasarán por ella y yo creo que Dios se refiere a la muerte; lo cual debería llevarnos  a una reflexión y pensar: de parte de quien estamos. Sabemos que la alegría de las fiestas, los colores y los cubatas (la bebida), nos atraen, pero este tiempo pasa volando, y los colores se vuelven grises cuando vemos que las canas y las arrugas hacen acto de presencia, por el contrario, aquellos que han esperado con paciencia los colores del cielo, cuando ven las canas y las arrugas, solo ven que están llegando a la puerta del reino donde les espera el banquete Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-25

A Dios le gustaría que los que tienen mucho repartieran nivelando las estrecheces de otros: siendo generosos con los que no tienen. Cristo se hizo pobre para que nosotros nos hiciéramos ricos. ¿Ricos, dónde? En el cielo. En la actualidad nuestra abundancia puede ayudar en las carencias de otros y otro día la abundancia de estos puede ayudarnos a nosotros en nuestra falta. Eso es lo que Dios quiere, que haya nivelación.

Jesús antepone la fe a todas nuestras acciones, quiere que nuestra vida esté cimentada en la fe. Puede ocurrir que tengamos fe y confiando en las palabras que nos dice Jesús, le pidamos al Padre cosas en su nombre y no nos las conceda; pensemos también de los posibles peligros que nos libra. ¿Debemos desconfiar en el Señor? Nunca. ¿Por qué? Porque si no nos concede todo lo que le pedimos, algo más grande e infinitamente mejor nos aguarda en el cielo. Por eso nunca perdamos la fe en el Señor. Dice la Escritura: “Al que recogía mucho no le sobraba, y al que recogía poco no le faltaba” 2Corintios 8:15

Como la vida sigue y Jesús no cesa en su labor de predicación, le viene el jefe de una sinagoga llamado Jairo y echándose a sus pies le dice: mi hija está muy grave. Dice Jesús: ahora vamos a tu casa. Y según van de camino vienen familiares y vecinos que dicen a Jairo: No molestemos al Maestro, tu hija ha muerto. El interés de Jesús en ir a su casa no decrece y le dice a Jairo: no te preocupes, basta que tengas fe.

Fijémonos sobre la importancia de la fe. Llegan a la casa y dice: Todo el mundo a la calle que no ha pasado nada, la niña no ha muerto solo está dormida. La gente se reía de él. Entra en la habitación con los padres de la niña, con Pedro,  Santiago y Juan y dice a la niña: “Talita rumi” (que significa: Contigo hablo, niña, levántate). La niña se levantó, e inmediatamente empezó a andar. Todos se quedaron viendo visiones ante este hecho portentoso. Y les dijo a todos que no dijeran nada y a sus padres que dieran de comer a la niña. Como vemos en Jesús está el poder con mayúsculas para dar vida, sólo nos pide fe.

Tu poder y tu bondad me empequeñecen  y me asombran a la vez. Yo no puedo ocultar tus buenas obras; el mundo debe saber que eres el dueño de la vida.

Aun así debemos tener presente  que Jesús con su venida nos ha traído la salvación, ¿qué es la salvación? La vida eterna en el reino de Dios, poder ver a Jesús cara a cara. Para Jesús lo más importante es la otra vida, porque es infinita. Para nosotros, para el común de los mortales, lo más importante es esta vida. Por ello, para estos, todo sacrificio, toda pérdida económica, todo darse, toda pérdida de tiempo para conocer a Dios y ponerse en sus manos para que nos utilice se considera una “pérdida” en su expresión más amplia. He hecho esta reflexión, para que nos demos cuenta de lo lejos que está nuestro pensamiento del de Jesús.

Para Jesús las curaciones del cuerpo y estas devoluciones a la vida, del cuerpo, tenían una importancia relativa. Claro, para Jesús era difícil pasar ante el dolor y no hacerle frente a la causa, pasar ante personas atormentadas y no librarles de la causa del tormento. Jesús se compadecía del enfermo y de las personas próximas que amaban al enfermo y por la fe que les animaba a hacerlo. Pero Jesús lo que buscaba era la cura del alma; esta cura hace un mundo más feliz y más humano. Y esta cura es el pasaporte para la vida con mayúsculas. Esta vida en la tierra es un viaje corto. Pensemos en la otra y daremos menos importancias a las carencias. Y una forma segura de pensar más en la otra, es pedirle a Dios que nos aumente la fe. La fe es el salvoconducto para recuperar todo, incluso la vida Marcos 5, 21-43

Reflexión: