Día 29 de junio – 2012 – SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO, APÓSTOLES

Jesús seguramente tenía otros medios de saber que decían de Él, pero lo quería conocer por boca de sus discípulos. Y les preguntó: ¿quién dice la gente que soy yo? Le dijeron: unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías y otros que uno de los profetas. Entonces Jesús quiso pillarlos fuera de juego y les dijo: ¿Y vosotros quien decís que soy yo? Pero Jesús se llevó una grata sorpresa cuando Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo. Es tan bello este texto que no tengo por menos que escribirlo casi entero. Jesús respondió: ¡Dichoso tú Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso sino mi Padre que está en el cielo! Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. Con estas palabras terminó de hablar Jesús a su discípulo.

Pero hoy Jesús nos interpela a nosotros: ¿Quién decimos nosotros que es el Jesús de nuestro tiempo? Para salir del paso podemos decir lo que dijo San Pedro: (Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo), pero Jesús hoy, además de querer que creamos eso que dijo Pedro,  quiere saber si esa fe es suficiente para modelar nuestro comportamiento; por eso nos pregunta de nuevo personalmente a cada uno, ¿qué soy yo para ti? Para mí en particular, querido lector/a, Jesús es la principal razón de mi vida.

Pensemos… ¿y para mí, que me dice a mí que estoy leyendo este diario?, ¿qué representa Jesús en mi vida?, ¿le tengo presente al levantarte y comenzar la jornada?, ¿le doy gracias por el día que pone ante mis ojos y por la oportunidad que me ofrece de respirar a pleno pulmón,  y de disfrutar ante la obra de Dios?, ¿le doy gracias por el alimento que me da en el desayuno, cuando otros no tienen para comer?, ¿le amo con toda la fuerza de mi corazón, soy agradecido con Él?, ¿imagino a Dios en mi compañía en el día a día? ¿Qué me dice el Señor, hoy?

¿Siento cuando me dice…, sabes lo que me gusta que hicieras? No me digas nada, en el fondo sabes lo que me agrada: que saludes, que cedas el paso y el asiento a personas mayores y discapacitados, que no te pases los semáforos en rojo, ni pases los pasos de cebra con el muñeco en rojo, ni cruces la calle por lugares que no hay paso de cebra, y así todo, que vivas con el deseo bien despierto de ser útil en momentos de necesidad. Y la caridad tan necesaria que no la olvidemos.

Si tenemos a Jesús en nuestro corazón, Él nos irá indicando siempre como debemos actuar. Le preocupa mucho a Jesús si los tres años que estuvo predicando han valido de algo. Si las curaciones y los milagros hemos sabido interpretarlos. Quiere saber si hemos captado el amor que nos tiene y que nos acepta como somos. Y para terminar, decir que Jesús quiere que no nos afanemos tanto por el futuro y por tener, que pensemos más en ser y en compartir. Crecer en buenos sentimientos y ser un poco más solidarios Mateo 16, 13-19

Reflexión: