Día 28 de junio

Hoy nuestro Señor Jesús, nos dice, como responderá a esos falsos profetas el último día. Es posible que a alguno de nosotros o a muchos les engañen con bonitas palabras y apariencia de gente educada y correcta, (nunca vendrían con cuernos, pues eso se nota mucho) pero, a quien no pueden engañar es a Jesús, que lo intentarán. Jesús en este momento les llama “malvados”: nunca os he conocido “malvados”, apartaos de mí. No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Jesús en el párrafo de arriba se está refiriendo a los farsantes, a los que se hacen pasar por creyentes, porque son conocedores de la Palabra, pero luego sus acciones son contrarias a la voluntad de Dios. De esos también los hay. Pensemos que creer no es extremadamente difícil, lo difícil es ser coherente con la fe. Parece ser, según Jesús, que hay algunos que creen, pero a la hora de cumplir ya se lo piensan, que por eso en el encuentro de ayer decíamos que aunque algunos se hacen pasar por corderos, por dentro son lobos rapaces que lo que quieren es exprimir y devorar a los cándidos como ovejas. Por eso, es mejor descubrirlos por sus frutos, antes de que nos devoren.

Sí consiguen confundir a gente inocente e ignorante, una vez conducidos hacia el mal camino, si además lo aceptan, en esa fase es muy difícil el retorno. ¿Qué no hará en la tierra, el que intenta engañar al Señor, para intentar perpetrar sus fechorías en el cielo? Por eso Dios es tan exigente exigente para permitir entrar. Ojalá entrásemos casi todos, pero será muy difícil. Dios que conoce los más ocultos pensamientos, sabe de la intencionalidad de todas las personas y aunque le digan, Señor, Señor, Jesús sabe que lo que pretenden es engañar para destruir el plan de Dios.

Ese día del que nos habla Jesús, será un día terrible para los enemigos de Dios y de la Iglesia. Los que han tenido multitud de oportunidades de obrar en consonancia con la ley de Dios y lo han hecho, esos irán serenos y confiados al encuentro con Jesús, y los gritos de angustia y de temor que puedan escuchar en otros no alterarán su paz interior, sin embargo, aquellos que aterrados vean el fin que les espera, sí gritarán y buscarán de nuevo el engaño al que han estado acostumbrados; con la diferencia de que las caras de pavor y dolor en esta vida las ponían sus víctimas y ahora las ponen ellos por temor a lo que se les avecina y contra lo que nada pueden; es una diatriba entre ellos y el Rey, el Todopoderoso, el Juez, el Maestro incorruptible, al que nadie puede burlar como hacen en la tierra.

Cristo lo traspasa todo. Recordemos cuando dijo a los Doce en la última cena: “uno de vosotros me va a entregar”, Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido (Mateo 26, 21-24). Es decir, que toda esta farsa del mundo en que vivimos un día cercano se acaba y empiezan los temblores para algunos. Reconciliémonos con Dios y devolvamos amor a los que nos hacen mal, solo así nos salvaremos. Con las enseñanzas de Jesús, hagamos como aquel que construyó su casa sobre una roca, siempre permaneció seguro, no como aquel que la construyó sobre arena, enseguida se la llevó el agua. Ya hemos visto lo que le puede pasar al que no construye su vida con la Palabra de Dios Mateo 7, 21-29

Reflexión: