Día 22 de junio

Nos dice el Señor que no atesoremos riquezas en la tierra, donde la polilla los puede destruir y los ladrones robar. Cristo se va a los extremos para que nos demos cuenta de lo inútil que representa vivir rodeado de riqueza, y que cuando llegue la hora de abandonar este mundo nos vamos sin nada, y peor aún, sí esas riquezas nos han hecho olvidarnos de Dios y de nuestro prójimo necesitado; cuando lleguemos allí nos dirán y recordarán el poco caso que hemos hecho a las Bienaventuranzas, pero eso no es lo grave, será peor que nos amarguen  los primeros días con el recuerdo de nuestra indiferencia, que podíamos haber ayudado mucho quitando hambre y dolor de este mundo y que dimos la espalda a los casos de necesidad; pero, posiblemente no se quede todo en este mal trago, nuestra vida dedicada a acumular riquezas, puede significar la exclusión del reino de Dios; Dios quiera que esto no pase; pero ojo, allí no quieren gente egoísta, usurera, ambiciosa, deseosa de poder… Allí quieren gente sencilla, humilde, de buen corazón, solidaria, que se le parta el alma cuando ven una injusticia o una carencia de alimento y ropa de abrigo. Esta es la gente que quieren, aquella de la que se puedan fiar. Gente que se ha quitado de placeres en beneficio de otros. Es de sentido común. Huyamos de usar la ley del embudo: lo ancho para nosotros y lo estrecho para los demás, porque la ley que usemos la usarán también con nosotros.

Volviendo al hilo, solo se nos pide que seamos moderados en el consumo, que no derrochemos, y que no acumulemos en exceso, en su lugar seamos caritativos con aquellos que no tienen nada, siempre tendremos oportunidad de hacer el bien; a los hijos, educarlos en este sentido, haciéndoles ver que no es necesario tener tantas cosas; viviendo con austeridad nos hacemos más sensibles y más receptivos y valoramos más otras cosas de carácter espiritual y sentimental. Sabemos que todo cuesta, pero hay detalles insignificantes que producen más emoción que un regalo caro. En resumen, si pensáramos más en el cielo y en Jesús, llenaríamos más nuestro corazón de buenos deseos y sentimientos solidarios, en lugar de espacios dedicados al tener y a la ambición de aparentar; no suele ser más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Muchos hemos pasado por esta fase, pero finalmente uno se da cuenta que las cosas no llenan el corazón.

Lo que importa es la unidad familiar, el cariño entre todos; los amigos, el respeto a la persona y al medio ambiente, y si conoces a Cristo ya es el no va más, esto sí que te llena de esperanza ante toda adversidad, pues ¡ánimo! y como dice Hazte Oír ¡Descubre Valores! Jesús nos hace esta recomendación porque sabe que donde está nuestra riqueza allí está nuestro corazón, y nadie puede servir a dos señores, al dinero y a Dios (Mateo 6, 24)  Mateo 6, 19-23

Reflexión: