Día 17 de junio

Dice Dios que del alto cedro arrancó una rama y la plantó en el pico de la montaña más alta. Desde allí hace palidecer a los árboles que nunca podrían llegar a ser más grandes y por el contrario da vigor y fuerza a los pequeños arbustos que crecen y crecen de manera sorprendente.

La Iglesia Católica y cristiana es un brote del pueblo judío, pueblo que fue elegido como depositario de los dones del Altísimo y anunciador por todo el mundo del pensamiento de Dios. Y como ellos quizá no captaran el verdadero deseo de Dios, todo se ha quedado en un penar indefinido, injusto por otra parte, y excesivamente largo en el tiempo. Sin querer y sin merecerlo ellos se lo han buscado.

El pueblo judío con una superioridad intelectual y científica por encima de la media, es el pueblo elegido por Dios, casi desde el principio  de la humanidad racional; hecho que se hizo patente en la liberación de Egipto, siendo acaudillado durante cuarenta años por el gran hombre y amante de Dios, conocido como Moisés. El Señor humillará a los árboles altos y lozanos y ensalzará a los árboles humildes. Y para confirmar su voluntad dijo: Lo he dicho y lo haré Ezequiel 17, 22-24

La familia cristiana es equivalente a la rama que plantó Dios en la cima de la montaña. Hoy, dos mil años después, sigue siendo amante y temerosa de Dios, enamorada de su Hijo Jesús a quien debe su nacimiento. Tropezando y cayendo, con aciertos y fracasos, sigue caminando sin desfallecer hacia la casa del Padre, donde su Hijo, suponemos que estará preparando las moradas para todos los que saben de amor, todos los que saben de sencillez y humildad.

A esta Iglesia le ha tocado hacer la misión que podía estar haciendo conjuntamente con los hermanos judíos, porque cierto es que si queremos entender y obedecer a Dios, no queda otra que perdonar y olvidar el daño que hicieron al Maestro, al hombre más grande y pequeño a la vez que ha dado la historia; ya es hora que nosotros les perdonemos y nos unamos a ellos para continuar en esta misión, de dar a conocer el Evangelio por todos los rincones del mundo. Ellos también deben mover ficha en este sentido y los aceptarnos como hermanos e hijos del mismo Dios.

Hoy este encuentro nos habla del destierro, cosa que nuestros hermanos judíos conocen bastante. Las circunstancias de la vida les ha llevado a vivir a muchos fuera de su país y no se puede decir que por voluntad propia, pues se trata de gente con mucho arraigo familiar y tradicional y sus orígenes todo el mundo sabe dónde están y ellos mejor que nadie. Hay otra forma de entender el destierro y todos estamos desterrados porque queremos estar con el Señor y estamos en lo que respecta al cuerpo, lejos, pero en espíritu y mente cerca de Él.

La fe es lo que nos lleva a permanecer en esta esperanza de vivir junto al Señor y conocer el misterio que nos tiene obnubilados, mucho menos de lo que la fe y el amor provoca. Los cristianos se esfuerzan en agradar a Dios pues saben que tendrán que comparecer ante Cristo para recibir premio o castigo por lo que hicieron cuando tenían cuerpo 2Corintios 5, 6-10

Digamos que el haber plantado esa rama, es para conocer el proceso que ha seguido la Iglesia desde la siembra de Cristo y ahora ya le llamaríamos reino de Dios; a este proceso, con Cristo ha llegado el reino a nosotros, y a través de la aceptación mediante la fe, ese reino de Dios ha entrado en nosotros; y por medio de nosotros continúa multiplicándose y desarrollándose; es igual al misterio de la semilla, un grano de mostaza cae en tierra y produce un árbol tan grande que las aves pueden anidar en él.

Así ha crecido la familia cristiana, recibió la palabra en su corazón bien dispuesto y ha germinado, crecido y dado frutos, lo mismo que la semilla que cae en tierra mullida germina crece y da fruto sin saber cómo; de igual forma el cristianismo ha echado sus raíces por todo el mundo y en todas partes ha nacido una nueva forma de creer y de amar, una nueva forma de relacionarse teniendo a Jesús como Maestro y modelo de comportamiento y moderación. No importa la raza o la actitud, el hombre es sensible a las buenas acciones y se deja contagiar sobre todo cuando se descubre que todo parte de un Dios creador y amoroso, lo que le lleva a preocuparse por su creación para que nada se pierda.

Esperemos que un día el mundo entero reconozca la divinidad de Jesús y todo el mundo lo adore. Los que ya han recibido la gracia de la fe, que es simiente con el deber de producir frutos y nuevos retoños para la viña del Señor, un día no muy lejano nos veremos cara a cara con Él y tendremos mucho de qué hablar. Vayámonos limpiando por dentro para estar resplandecientes en ese momento. Será más fácil reconocernos si hemos aceptado su luz Marcos 4, 26-34

Reflexión: