Día 15 de junio – 2012 – SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

Hoy un paso más en la consumación del hecho más atroz de la historia de la humanidad. Asesinar vil y miserablemente, después de haberlo torturado, al Hijo de Dios. Si no fuera porque las cosas de Dios siempre tienen un final feliz, esto hubiera sido para morir de pena, pero gracias a Dios y a su poder nada ni nadie puede con Él. El que se enfrenta a Dios sale chamuscado. Se podían enumerar varios casos, pero es mejor seguir con este que es el más importante, el desafío mayor, la mayor ofensa, el mayor ultraje.

Lo que pasó es que Jesús es mucho Jesús. Atreverse a pasar por este trago amando a sus verdugos, para eso hay que tener clase; para aguantar los insultos y salivazos, más todavía; para soportar la serie de latigazos y la incrustación de la corona de espinas en la cabeza, hay que tener fortaleza física y mental a prueba de bomba para poderlo aguantar sin desmayarse. Seguro que llegó a un punto en que fue tanto el dolor que ya no duele, pero poca gente o nadie podría soportar el llegar a este punto sin emitir alaridos o gritos de espanto por lo que estaba ocurriendo. Seguramente lo entenderemos cuando sepamos como ama Jesús a los hombres, que grado de compasión tiene a los más pecadores, sobre todo a los pecadores ignorantes, que somos el pueblo llano. Cuando sepamos como ama Dios, comprenderemos todo lo que es capaz de hacer Dios por nosotros.

Y volviendo al hilo, Jesús lleva la cruz, y la gente como si de un espectáculo de fuerza se tratara, vociferaba para que no decayera la marcha; solo unas mujeres lloraban al verlo, y sensatamente Cristo les dice: “no lloréis por mí, llorad por vosotras” (Lucas 23, 27-31). Porque es triste a la espiral de violencia que habían llegado, matando a los profetas y hoy matando al Hijo de Dios, deberían haberlo sabido porque las Escrituras han dado pruebas suficientes para que lo sepáis. Esto último lo digo yo

Una vez que ya lo habían matado, no satisfechos con ello le traspasaron el pecho con una lanza por si aún vivía. Y así se cumplía la Escritura cuando dice: “Me traspasaron el pecho” y “Mirarán al que traspasaron”. Con esto se prueba que el vaticinio de Jesús se cumplió, una demostración más de que Dios y nadie más sabe lo que pasa después; Él es el único que ve el futuro y puede contarlo antes de que suceda, pero no sucede porque esté contado con anterioridad, sino por la crueldad del hombre, como en este caso. Esto está relatado así porque un testigo presencial es quien lo relata y da testimonio (Juan), para que creamos que Jesús es el Hijo de Dios Juan 19, 31-37

Reflexión: