Día 12 de junio

Muchos cristianos se quedan sorprendidos pero con cara de gratitud, como si el Señor dijera esto como un cumplido. “Vosotros sois la sal de la tierra”. ¿Y cómo me dice Jesús que yo soy la sal de la tierra con lo soso que soy? ¿Qué me querrá decir? ¿O me lo dirá como un halago para que me ponga contento? Se trata de una frase que encierra mucho. La sal es lo que hace a la comida sabrosa, apetitosa.

El cristiano debe ayudar a que la amistad con él, con Jesús, sea agradable y sea gustosa. De lo contrario dice Jesús: si la sal se vuelve sosa, ¿para qué sirve? La tirarán y la pisarán. La sal es equivalente a la luz por sus efectos, y la luz no se ha inventado para ponerla debajo del celemín. ¿Qué es la luz en los cristianos? ¿No serán sus buenas obras? Pues sí, la luz son las buenas obras y sus buenos modales que son imagen viva de Jesús. Sería como si se tratara de muchos cristos en la tierra, y si uno hizo lo que hizo, imaginemos miles o millones de cristianos lo que podrán hacer si se lo creyesen; debemos creer que somos luz y sal para aderezar la relación con los creyentes y el resto de no creyentes en Jesús, sin olvidar las buenas obras para ser imitados y reconocidos como verdaderos hombres de Dios; por lo salados que son los conoceréis.

Deja entrever el Evangelio, que los cristianos no han nacido de unión carnal sino del Espíritu. El problema es que no se lo creen. Si lo dijéramos los cristianos de nosotros las cosas que nos dice Jesús, sería de presuntuosos, pero no lo decimos nosotros, lo dice el mismo Hijo de Dios. ¿No estará insinuando Jesús que el mundo se debería tomar más en serio la predicación de los cristianos y de la Iglesia?  Mateo 5, 13-16

Reflexión: