Día 11 de junio – 2012 – San Bernabé, Apóstol 

El Señor hoy nos pide que abramos nuestro corazón a todos aquellos que no han tenido la suerte de nosotros, suerte de conocer a Jesús, el Dios de la vida. Eso es maravilloso, agranda el corazón para aceptar a todo el mundo piense como piense y sea como sea. Esa gracia que concede Dios a la fe te hace ver al prójimo como un hermano y te anima, no solo a llevarle la palabra de Dios (Evangelio), sino a algo más, ofrecerle tu ayuda incondicional en otros aspectos. Es como sentirte más atento y solícito a las necesidades de los demás. No se puede haber recibido lo que consideramos un tesoro y además gratis, y quedarnos absurdamente ocultándolo. Una cosa que se nos ha ido dando a lo largo de los años a través de padres, Iglesia… y ahora que nos sentimos llenos y gozosos de conocer a Cristo, no poner interés en trasmitirlo a todo el mundo, eso raya el egoísmo.

Cristo nos invita a que salgamos de nuestro ambiente, cada uno de la forma que considere más adecuada y dé su testimonio; sobre todo si te sientes contento del tesoro que tienes en tu corazón que significa creer en un Reino de Justicia y de Paz; ese Reino lo ofrece Jesús y tú puedes anunciarlo así, que nadie quedará defraudado. El que no conozca a Jesús que lea el Evangelio, y crea desde el principio que Dios le está hablando. Que Dios le ama y cuenta con él, pero antes, que descubra el corazón de Dios, lo que ha hecho por todos nosotros y lo que quiere darnos. Y tú, sabiendo eso, ya cambias tu vida aquí en la tierra, ya te liberas de todas las ataduras que son los muchos errores de pensamiento, los muchos recuerdos que nos entristecen; la fe aporta alegría, seguridad e ilusión. La fe también aporta fuerza para luchar contra la mentira; la verdad aparece ante ti como una luz. Luz que da sentido a tu vida, porque te hace amigo de Jesús. Y a partir de ahora, si te caes, que volverás a caer, no te importe, pídele ayuda a Jesús y Él te volverá a levantar y te ofrecerá de nuevo su brazo amigo.

Jesús pidió a sus Apóstoles que fuesen a predicar a todo el mundo. Con la intención de dar al mundo el conocimiento adquirido, las experiencias vividas, la fe pletórica que tenían. Y que este valiosísimo mensaje lo dieran gratis, pues lo habían recibido gratis. Que buscasen una casa sensible a las cosas de Dios. Y que todo obrero bien merece su sustento. Que iban como obreros del conocimiento religioso, con la obligación de trasmitir lo que Dios les había enseñado: con la necesidad de cumplir una misión: dar a conocer a todo el mundo que Dios tiene un Hijo que se llama Jesucristo, que ha nacido en Belén y que a los treinta y tres años lo han crucificado en Jerusalén. Y que Jesús, asombrosamente, al tercer día resucitó y, asombrosamente diez minutos antes de morir, perdonó a sus verdugos. ¿Y nosotros, qué respuesta damos a estas enseñanzas?  Mateo 10, 7-13

Reflexión: