Día 9 de junio

Este encuentro nos pone de manifiesto la hipocresía, la soberbia enmascarada y la falta de generosidad. Nos pregunta de qué lado estamos, si con Dios o con el mundo. Y nos hace sentirnos lo que somos, como figuras de cera, con apariencia poderosa, pero que si nos ponen sobre un trono de oro y lo calientan por la base, en poco tiempo se nos caería todo y perderíamos hasta la forma. Eso somos nosotros, “barro”, y vamos por la vida dando la apariencia de estar por encima del bien y del mal. La humanidad tiene esta tendencia innata. Es un modo de vivir en este mundo sin esperar a que nadie nos ponga en el escalafón, nosotros nos colocamos y decimos a los que nos ven “aquí estoy yo”; como ves, por lo que haga me da el derecho a que me trates de manera diferente a como tratas a los que no tienen nada o tienen menos que yo. Es triste, pero somos muy vanidosos.

El piso, la casa, el coche, la ropa, el reloj, las gafas para guardar distancias, el ambiente en que nos movemos, todo ello habla por nosotros y así queremos que nos vean. Si pensáramos de otra manera, en algo tendríamos que cambiar, aunque solo fueran las gafas.

Si uno no es cristiano, hasta cierto punto es comprensible que se comporte así, pero siendo cristiano, esto ya no sería razonable. Los que obramos así nos estamos equivocando; el rey de reyes, el que puede presumir del mayor de los tesoros y riquezas, el que puede transformar el agua en vino de la mejor cosecha y las piedra en diamantes, nos dice: sed más sencillos, más humildes, más asequibles a la gente llana, con menos altanería, ni aun siendo verdad nuestro poderío no deberíamos comportarnos así, sencillamente porque Jesús, nuestro Maestro, nos lo pide, porque Él siendo Dios, renunció a ese estatus propio de reyes, para ser uno más entre los obreros asalariados, incluso igual a los pobres, no tenía nada, se fue de su casa sin nada.

Dice Jesús que hay gente que da buenos donativos, pero es dinero que les sobra, sin embargo hay personas que dando menos, dan de lo que les hace falta. Todo ese reajuste podemos hacer en nuestra vida; si habitualmente cometemos excesos en compras, pensemos en aquellos que no tienen nada. No alardeemos de tener para obtener honores. Si somos generosos y más naturales, Dios nos premiará mejor que el mundo. Y en cuanto a los primeros puestos en los banquetes, se come lo mismo colocándose un poco más atrás, y Dios que todo lo ve, también sabrá cómo compensarnos. Esa actitud pretenciosa Dios la detesta. Si en lo que hacemos esperamos obtener honores o algún beneficio del mundo, con esto ya estaríamos pagados, lo dice Jesús Marcos 12, 38-44

Reflexión: