Día 8 de junio

Jesús siempre dio lecciones de sabiduría y conocimiento, conocía el A.T., y como es natural sabía interpretarlo. Los escribas creían tener patente de corso y opinaban sin que nadie les contradijera; gracias a Dios, Jesús, que sabe todo y quiere desvelar la verdad, los corrigió en su apreciación. ¿Cómo decís que el Mesías es hijo de David? ¿No recordáis cuando David inspirado por el Espíritu Santo, dijo? Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies. Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?  Está claro que David cuando hizo esta declaración se refería a Jesús: …dijo el Señor (Dios Padre) a mi “Señor” (Jesús). Lo que pretende Jesús, una y mil veces, es aclarar entuertos y algunas de esas veces confirmar su identidad; en otras ocasiones no le interesaba, pero la verdad solo tiene un camino, y la gente corría la voz de que un gran profeta había sido enviado por Dios.

Los escribas quizá sabían quién era Jesús y por eso lo mataron, pero se hacían los locos para no asumir responsabilidades. No tenían prisa en que se supiera lo anunciado y esperaron a que se cumpliera todo como estaba previsto, aunque les corroía el odio por sus venas en todos los movimientos de Jesús. Nosotros hoy, dos mil años después, todos estos detalles que aclaran sobre la personalidad de Jesús, máxime si son dichos por Él, debemos guardarlos en el corazón para alentar nuestra fe y potenciar nuestra confianza en el Señor. A medida que se nos confirman los datos principales, lo demás o secundario lo damos por verídico, y ya no vale la timidez que nos impide anunciar a Cristo como Señor y Salvador Marcos 12, 35-37

Reflexión: