Día 7 de junio

Hoy Jesús aprovechando que un escriba sensato y con una fe coherente le hace una pregunta, le responde en toda su extensión, con ello nos deja claro qué mandamientos son los principales. El escriba ya lo sabía, pero quería la confirmación de Jesús para obtener de una pregunta dos respuestas. Jesús a través de su contestación dejó claro que estaba en sintonía con Dios, lo cual podía significar que era el Mesías anunciado; y la otra respuesta que obtuvo fue la confirmación de que su fe y conocimiento en relación a los Mandamientos era lo acertado. Ahora queda ponerlo al descubierto y en práctica por nuestra parte, aunque es algo de dominio público.

El mandamiento principal de la Ley de Dios es amar a Dios sobre todas las cosas, sobre todo lo creado y amarle con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma y con todo el ser. Y al prójimo como a uno mismo. No hay mandamiento mayor que estos. En pocas palabras, nos ha dicho Cristo, Hijo de Dios, lo más importante en nuestra vida. En ello se resume toda nuestra acción. Si obramos así, hemos entendido el mensaje de Jesús, el Evangelio, si no obramos así, tendremos dificultades para superar los baches propios de la vida.

Es necesario que reflexionemos al efecto para saber si lo estamos haciendo bien o no. Ser amoroso y comedido con nuestro entorno, nos evitará muchos sinsabores y nos hará entrar en la dinámica de la verdad. Esa verdad y disposición por nuestra parte, atraerá a Dios hacia nosotros, y hará brotar en nuestra vida signos de acercamiento y claridad con el prójimo. El amor genera todo lo bueno: amistad, confianza, ternura, comprensión… Y todo se hace recíproco. Basta ponerse en manos del Señor para que todo fluya sin sobresaltos. Confiemos que Dios todo lo hace por amor y tratemos de imitarle Marcos 12, 28b-34

Reflexión: