Día 2 de enero

Hoy encontramos a Juan el Bautista en plena actividad, su misión era esa y la cumplió con valentía. El mundo rechaza las recomendaciones, las reprimendas, los avisos, y aún más si vienen de la Iglesia; se quiere condenar en la ignorancia, no quiere saber de Dios, su responsabilidad será aún mayor. Juan, da testimonio de la venida y advierte sobre la presencia del Mesías. En un derroche de humildad dice que no es profeta, estando catalogado como el mayor de los profetas. Se arroga un aparente protagonismo, lo que motivó que los poderes del Templo quisieran saber quién era y por qué bautizaba. Les dice que no es el Mesías, y que no es Elías y advierte a levitas y sacerdotes que el Mesías está entre ellos y que él no es digno de desatar la correa de su sandalia. Los sacerdotes y levitas esperaban la venida del Mesías, dado que venía siendo muy anunciado por los profetas y en especial por Elías. Y cuando Juan anuncia su llegada, en lugar de recibirlo con todos los honores, los jefes israelitas todos sabemos el plan que prepararon, detenerlo y condenarlo a muerte por blasfemo. Si Cristo es el Hijo de Dios y Juan lo sabía, ¿qué querían que dijera, que tenía otra identidad? Juan dice: yo soy la voz que clama en el desierto: allanad el camino, enderezad el sendero.

El Señor venía y no era bueno que los encontrara a todos con el corazón lleno de maldad, empecatados hasta los ojos; y el Señor aunque es inmune al mal no merece ese recibimiento. Juan clama en el desierto, grita a oídos sordos, a gentes que están en sus quehaceres diarios, como hoy, y no prestan atención a las cosas divinas, es mejor desviar dinero público de la contabilidad oficial y hacer crecer los patrimonios personales de muchos desaprensivos, que conformarse con los sueldos. Y por otro lado, los entes privados, sobornando al poder establecido y así poder ser adjudicatarios de grandes obras… El mundo siempre estuvo un poco sordo a la llamada de Dios. Juan, que conocía el poder de Dios y su merecimiento, instaba a todo el mundo al arrepentimiento, para poder presentarlos ante Jesús con un mínimo de decoro interior, con el corazón limpio y la mente clara, y así poder estar en mejor disposición de captar su mensaje. Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán.

Señor, creo en ti porque creo en aquellos que te anuncian y que propagan tu existencia y la verdad. Tu mayor testigo me tiene fascinado por su entereza, valentía y austeridad. Es un hombre que comprendió claramente cuál era su misión; su corta vida la entregó  a ser tu primer testigo. Su fidelidad es digna de admiración y su muerte fue un ultraje más a la defensa de la verdad. Dios le haya premiado abundantemente y nos dote a todos nosotros de parecida valentía. Ahora que estamos a primeros de año y somos dados a establecer nuevos planes de cambio, busquemos de traer la paz a nuestro entono haciendo uso del perdón si fuera necesario; las guerras no solo existen entre estados, también las hay en la misma familia  Juan 1, 19-28

Reflexión: