Introducción

La escritura de este libro tiene por objeto trasmitir al lector las múltiples sensaciones experimentadas en la lectura del Evangelio, lo que me ha llevado a una profunda reflexión y a una posterior interpretación en ciertos aspectos para adaptarla a nuestro tiempo, aunque la esencia es conocer cómo sucedió con el mayor realismo. Si tú quieres vivir una experiencia similar te invito a que lo leas, sobre todo, si tus inquietudes te llevan a interesarte por los fundamentos de nuestra existencia en el aspecto cristiano. Aquí puedes ver como un humilde cristiano se enfrenta a la vida, intentando sortear y/o resolver los problemas desde las bases que aporta el mismo Evangelio: Amor, humildad, perdón…

En uno de mis comunicados digo: que si quieres conocer a Dios y al hombre es conveniente leer la Biblia; y creo que es acertado, porque en la misma, se revela la magnánima grandeza de Dios, su poder, su bondad y a la vez su amor y ternura; lo que ejerce una potente atracción para que parte de la humanidad tienda a fundirse en un abrazo con el mismo Dios.

Por el contrario, aunque el hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios, y en él se pueden esperar las más dignas acciones, recordemos, que cuando pierde el control y el temor a Dios, se puede transformar en una terrible bestia. Demos un repaso por la historia de la humanidad y veremos acciones de verdadera crueldad.

El hombre que no cree en Dios y deja que su ambición de poder domine su pensamiento, está ciego y puede caer en más que dudosos instintos. Es capaz de pensar, que mediante planes bien urdidos, estrategias y complots, se puede apartar a Dios de la vida social. Como las fuerzas del mal ayudan al malhechor, él sigue errando una y otra vez, y piensa que algo hecho con exquisita sutileza puede hurtar la mirada de Dios, no hay nada más falso y trasnochado.

El padre es el que mejor conoce al hijo. Ningún hijo puede engañar a su padre si su padre no se deja. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse, nos dice el Señor, (Mateo 10:26). El Evangelio, si es importante entre otras cosas, es porque dota al hombre de una libertad total. Ya nada se puede contra un creyente unido al Evangelio. El ejemplo lo tenemos en Jesús: le mataron, pero al tercer día estaba vivo para vergüenza de sus esbirros.

Muchas de estas batallas se dan en la Biblia, y cuando se conoce a fondo, se conoce también al hombre; razón para protegerse de él y razón para tenerle compasión casi siempre. Tomemos ejemplo de Cristo cuando dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34)”, la ignorancia nos ciega.

Y respecto al fundamento de nuestra existencia, hemos sido creados -en origen- por Dios y hemos sido dotados de unos resortes para no frustrar nuestro crecimiento hasta el pleno desarrollo. Si se cumple este proceso, todos los seres vivos llegarían a la plenitud en su desarrollo. El hombre más que ningún otro por ser la criatura predilecta del Creador; conseguiría su plenitud en planos superiores, que solamente se alcanzan si pasamos a la vida eterna, hecho sujeto a la misericordia del Altísimo.

Cuando pasamos de la no existencia a la existencia, eso conlleva un cierto riesgo: nacer, crecer y llegado al máximo desarrollo decrecer y morir. Al margen de todas las vicisitudes por las que pasamos en nuestro peregrinar en este calvario, para algunos el Edén.

Cuando digo morir me refiero al aspecto físico, a la materia, a nuestro cuerpo. En lo espiritual estamos tocados por Dios. Somos hechos a su imagen y semejanza; y seres creados con ese don, Dios ha considerado que no debemos morir eternamente y sí vivir eternamente.

En cuanto a la vida física, vivir no siempre es difícil, ya viven los pájaros y son seres inferiores a nosotros.

Vivir es fácil, porque nuestra propia composición ya nos anima a ello, “cómo vivir ya es otro cantar”. No olvidemos que estamos compuestos por un gran número de grupos de seres vivos (células) y a la vez cada grupo tiene  una serie de funciones y entre ellas está la función de avisarnos para comer, a lo que se llama hambre, y si no queremos hacer caso al hambre, la razón o el instinto nos dice que hemos de comer porque nuestro cuerpo tiene necesidad de ello, y así las demás funciones fisiológicas.

Cuando tomamos conciencia de que hemos nacido y que estamos creciendo, queremos hacer lo que hacen los que son como nosotros, los mayores. Desde muy niños queremos imitarlos y después a nuestros amigos. Más adelante queremos destacar y nos salimos del grupo para reagruparnos nuevamente en otros niveles de aprendizaje o en otros ámbitos laborales.

A poquito que nos establecemos profesionalmente, entramos en otro círculo como el inicial, pero ahora nosotros como protagonistas y tratando de establecer nuestro proyecto de vida. Sin dejar de atender nuestra profesión, consideramos el deseo y la necesidad de traer hijos al mundo, por la misma razón que nos trajeron a nosotros.

Seguimos creciendo física e intelectualmente y familiarmente. Ya somos una familia al completo (dos, tres hijos), y con toda la ilusión del mundo los educamos como a nosotros nos educaron nuestros padres; con la excepción de que si un niño dice hoy que no hace la primera comunión, no la hace, y si la hace y luego dice que no va a misa, tampoco va. La verdad es que la educación de los hijos es muy difícil “cómo educar sin haber sido educados para educar”. Extremadamente difícil y extremadamente deficitarios los resultados en mucho casos.

Los niños se hicieron mayores, encontraron su pareja y sin dudarlo mucho se fueron a vivir con ella. Si no hicieron la primera comunión y no quieren casarse por la Iglesia ni por el juzgado poco vale la opinión de los padres. La tercera generación seguramente que no será ni bautizada, máxime si la crisis arrecia.

Y hasta aquí en un vivir casi mimético, bastante rutinario. Chocando de cara con los problemas del día y a veces sin saber darles una respuesta sensata, alargándose algún problema en el tiempo y enquistándose durante años.

Los hijos se han ido, la soledad del matrimonio trae desavenencias, y a veces con los hijos también, y viene la separación, pero sin traumas, se pueden ver a los hijos, el cónyuge que no se queda con la custodia. En una palabra, vuelta a empezar, se vuelve a vivir como en los primeros años antes de encontrar pareja; solo o sola, con un proyecto de vida frustrado, con una ilusión rota, con una familia desecha. Con una incapacidad total para arreglar el problema uniéndose de nuevo a otra persona, y tratando de vivir con la apariencia de ser feliz; que a veces se consigue (rehacer la vida), pero teniendo siempre a la vista y sintiendo en el corazón los efectos del drama vivido.

Y entonces yo me pregunto, si todo el mundo cree hacer las cosas bien, cree llevar razón en casi todo  y cree estar en posesión de la verdad, aunque a veces no se sabe que es la verdad, incluso se miente y creemos que estamos obligados a ello y se piensa que no tiene importancia, es más, que se debe mentir, si no que se lo digan a las mutuas y compañías de seguros. ¿Por qué está el mundo lleno de problemas y cada día hay más? ¿No será que el mundo no sabe, que es fácil equivocarse y que no somos comprensivos y compasivos con nuestro hermano y prójimo que se equivoca diariamente como nosotros nos equivocamos? ¿No será que aunque vivimos en un mundo con Dios, parte de ese mundo le ha dado la espalda y cree que puede vivir sin sus consejos y sus recomendaciones?

Hay otro modo de vivir en el cual se reconoce los errores y se perdonan. Esta nueva forma de vida yo no la aprendí en la calle, algo sí en casa, pero como de joven hacía poco caso a mis padres que sí intentaron educarme cristianamente, pero al vivir obsesionado por estar con los amigos, que es como a los jóvenes les gusta vivir, siempre con los amigos, que preferimos equivocarnos nosotros para rectificar, que hacer caso a los padres. Nada más venir de trabajar me iba corriendo con ellos.

Mas yo he sido una persona afortunada porque siempre estuvo el Maestro a mi lado, y yo sin saberlo, de la misma manera que está el Señor con todos los seres humanos; de forma personal e individual. El Señor quiere establecer contigo un dialogo, quiere hacerte saber que es tu guía y tu protector y que le harías muy feliz si lo aceptaras como consejero; tú serías también muy feliz y tu familia recogería los frutos de este encuentro con Él. Aunque no lo sepas, el Señor está a la puerta, y entra en todo aquel corazón que le invita a pasar. De manera recíproca Él te invitará a su fiesta el último día.

Un día me encontré con el Maestro y me hizo conocer su Verdad, no la verdad del mundo. Desde este día no le he dado la espalda y a diario me cuenta casi lo mismo que contó en sus años de predicación al pueblo hebreo, en especial a los más pobres. Que no nos tenga que decir a nosotros “vine al mundo y el mundo no me reconoció (Juan 1:11), habiéndose anunciado con anterioridad mi venida.…

Estos encuentros que vienen a continuación, me motivan para escribir desde la fe, desde el amor, desde un planteamiento que quiero que sea cristiano, y que pueda ser edificante para aquél que busque la Verdad.

Soy el primero consciente de que todos somos pecadores, también los cristianos católicos, de que todos nos equivocamos mil veces, pero debemos corregirnos en lo posible, y como dije antes, aceptarnos y perdonarnos.

No quiero alargar más el sermón, pero si el mundo camina hacia la autodestrucción ¿no será mejor cambiar el chip y buscar otros objetivos que nos traigan más paz y felicidad y nos quiten tanto dolor y sufrimiento?

La solución a muchos problemas de la sociedad, de la gente sencilla está en la Biblia, en ella encontraremos respuestas a todo, siempre que creamos que es verdad la respuesta que nos da; siempre que creamos que es Dios el que nos habla.

Todo cambia si somos compasivos con el débil, con el necesitado, con el enfermo, con todos aquellos que consideramos inferiores a nosotros.

Todo cambia cuando se cuenta con el amor de Dios.

Todo cambia cuando se apuesta por la verdad, sabiendo que esta te lleva a la vida eterna en paz y sin remordimientos.

Todo cambia si vivimos en el amor, dando amor incluso a los desconocidos, a los extranjeros, a los enemigos, a todos.

Todo cambia si basamos nuestra vida fundamentalmente en la justicia de Dios.

Todos conocemos la importancia de estos valores, actitudes y comportamientos. Todos sabemos lo difícil que es llevarlos a la práctica, pero si conocemos las ventajas en su aplicación y sabemos a los desastres que nos conduce su no aplicación y su olvido, luchemos por recuperarlos y tenerlos presentes en el día a día. Esto nos ayudará a encontrarnos con el Maestro y a tener una relación personal con Él.

Amor: Vivir en un sin vivir pensando en el bienestar de los demás; dándonos a los demás haciendo más placentera su vida.

Compasión: Ayuda al necesitado, todos tenemos necesidad de ayuda un día u otro.

Fe: Vivir amando, confiando en la palabra del Hijo de Dios, en Jesús.

Verdad: Es todo aquello que conduce a un desprendimiento de lo material. Aceptación de nuestra miseria, de nuestra frágil naturaleza, de nuestra debilidad.

Justicia: No infringir ni pretender hacer daño a los demás, no hacer ni pretender usar los bienes ajenos, y no abusar de la bondad de los demás en beneficio propio.

El autor                                                                                                                               2012