Prólogo

Así empieza para mí el año 2012: A través de unos encuentros diarios, Dios nos va a hablar al corazón, pero, como no todo va a ser espiritualidad y trascendencia, la mente deberá sopesar la parte de realismo asumible y practicable en el día a día de la Palabra de Dios escrita en la Biblia.

Vivimos queriendo tocar el cielo y con los pies en la tierra, debemos interesarnos en conocer a Dios, pero también al hombre, que es con el que Dios vive en permanente litigio, valga el símil, en definitiva, el hombre es el motivo u origen del proyecto Evangélico. Dios quiere llegar a nosotros y hay algunos (Patriarcas y personas elegidas) que han tenido el privilegio de adelantarse a nosotros y ser enlaces entre Dios y los hombres, es en ellos en quienes debemos mirarnos: Noé, Abrahán, Isaac, Jacob, Moisés, David, Salomón, Profetas y, Juan el Bautista,   Pablo, Pedro, Santiago, y los cuatro Evangelistas, en una época más cercana a nosotros. Sería recomendable que reforzáramos la lectura de estas páginas con la lectura del Evangelio del día, así valoraríamos en su justa medida las enseñanzas de Jesús.

Dios nos ha ido dando facilidades para que nos encontremos de una u otra manera personalmente con Él, y es en esta circunstancia cuando nos medimos, cuando medimos nuestras fuerzas y nuestro pensamiento, y es cuando descubrimos lo frágiles que somos, el servicio que queremos ofrecer a la sociedad y a donde queremos llegar al final de nuestros días en cuestiones de fe.

A lo largo de este año (presente), Dios va a hablarnos y nosotros vamos a querer hablar a Dios. Cuando le hayamos conocido un poco más a través de su palabra escrita, estaremos en disposición de poder tener encuentros más íntimos con Él. Será entonces cuando se establezca una relación personal, es entonces cuando nosotros percibimos que, aunque seguimos perteneciendo al rebaño, Dios se ha fijado en nosotros y nosotros lo sabemos. Dios se ha fijado desde antes de que naciéramos, pero digo, que es cuando nosotros nos damos cuenta de que Dios está a nuestro lado y nosotros lo percibimos. También podemos decirle algo al Señor en el espacio dejado para la “Reflexión” de cada día.

Este conjunto de encuentros, van a representar los valores de una relación personal, entendiendo como valores principales el amor reinante en cada encuentro y la confianza plena que ha de haber en las dos partes, Dios y el hombre íntimo; la voluntad de Dios es innegable, al menos los que conocen a Dios así lo relatan. Uno se debe abrir al conocimiento de Dios pero, en un clima de amor, sinceridad y absoluta confianza, reconociendo en Él nuestra entera dependencia y así poder cumplir la misión encomendada.

Es bueno hacer un alto en el camino y plantearnos a quien  queremos llevar de compañero de viaje a nuestro lado en nuestra vida. La relación con Dios es gozosa y meditativa, no exenta de alegrías y momentos de zozobra, solo que Dios quiere que contemos con Él en todos los momentos. Aun así, aquellos que no hayan conocido a Dios a lo largo de sus vidas, están a tiempo; a un padre solo basta mirarle a la cara, pedirle perdón y darle un abrazo, el perdón se consigue en el acto, y con el abrazo ya no te suelta más, en ese momento empieza la auténtica relación padre e hijo. Lo mismo se puede hacer con Dios. Lo podemos considerar perfectamente nuestro Padre y nosotros sentirnos sus hijos.