Día 31 de octubre

Jesús como siempre no dejaba de enseñar. Todos hemos necesitado de enseñanzas en las que cimentar nuestra vida. Las enseñanzas de Jesús son fundamentales porque alargan la vida; Jesús es el Maestro por antonomasia, es el único que enseña verdades eternas. Un día le preguntaron, ¿serán pocos los que se salven? A lo que contestó: qué nos esforzáramos por entrar por la puerta estrecha. ¿Cuál es esa puerta? La que pocos quieren: la austeridad, la sencillez, la entrega, la humildad, la sinceridad, la fraternidad, la comprensión, la disculpa o el perdón, el respeto a la fe, la justicia, la sabiduría, la paciencia… Actitudes que te estrechan el camino y te hacen pequeña la puerta, pero que te conducen a ella inexorablemente y pasarás con paso franco. Esta puerta estrecha viene a ser parecida a la criba con un tamiz milimétrico por donde solo pasa lo fino, lo valioso, y luego tenemos el barandón (palabra extremeña), con un tamiz mayor por donde pasa otra parte que iría al purgatorio, y las excepciones, lo que no pasa por el barandón, que estaría sujeto a la misericordia de Dios. Y esto solo lo digo para ilustrar la puerta estrecha, porque la realidad es que de momento lo dejamos en el misterio.

¿Quiénes querrán entrar y no podrán? Los que esperen demasiado envueltos en sus cosas y quehaceres mundanos y que cuando descubran casualmente la famosa puerta, sea demasiado tarde y no les dejen entrar por ella. En ese momento, final de un modelo y principio de otro, no reconocerán a los que vivieron alejados del camino estrecho. Como aquel que pasa por la puerta de unos salones de boda y pretende entrar camuflándose con los invitados. Los que no están invitados no pueden entrar: no vale decir que han comido y bebido con el novio: la picaresca de este mundo puede que te ayude a confundirte con los invitados, pero allí será distinto, el engaño y la mentira no tendrán cabida.

Los amigos verdaderos del novio sí están invitados. A los que pasen por allí o vayan a sus labores no se les permitirá ser oportunistas y mezclarse con los demás invitados y en el caso de que lo hicieran, habrá alguien que les echen fuera, porque serán fácilmente reconocibles al no llevar el traje de fiesta; no se les entregará en las manos un bien por el que no han luchado, e incluso en otros casos han rechazado. Digamos que muchos son los llamados pero pocos los elegidos (Mateo 20:16), y pocos los que responden a la llamada.

Algo así como lo que sigue parece inaudito. “Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” (Mateo 20:16). Esto va dirigido a aquellos que estuvieron alejados de Dios por motivos varios o porque no dedicaron tiempo a conocerle y amarle como Él nos ama,  y que todavía están a tiempo; el arrepentimiento y la vuelta al Padre puede llevarles a los primeros puestos. Lo que vale es la aceptación de Jesús como guía y Salvador. Estamos aún a tiempo para intuir si la sangre del cordero lavó nuestras túnicas y nuestras nuevas obras podrán confirmar el cambio.

Con la túnica blanqueada reencontraremos el camino que nunca habíamos conocido o un día abandonamos. Al tiempo, otros, tristemente añorarán los primeros puestos a los que quisieran llegar, pero por no sacrificar un ápice en esta vida, malinterpretando el mensaje, solamente habrán de conformarse con lo que Dios tenga a bien concederles. Dios que penetra en todos los corazones es el único que puede dar a cada uno el lugar merecido, sobre todo según el amor con que trató a sus semejantes. Confiemos que la justicia de Dios y su misericordia pongan a cada uno en su sitio.

La palabra de Dios que es el mismo Dios hablándonos hoy, nos dice, que hay dientes que rechinan y ojos que lloran, cuando ven lo que han perdido por falta de tiempo, falta de interés en conocerle y falta de amor a su entorno, o más significativamente, a la obra de Dios. No olvidemos que el hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26), es su criatura predilecta y que nos hemos de tratar casi con reverencia y cuanto más pobre más reverencia, es en los pobres donde más reside Dios, en espera de que éstos sean rescatados de su pobreza. El hombre y su naturaleza son templo del Espíritu Santo (1Corintios 6:19. Sólo por ello merece nuestra más grande consideración. “Amarás a Dios con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27) Lucas 13, 22-30

Reflexión:

Día 30 de octubre

Jesús se preguntaba un día: ¿A qué se parece el reino de Dios? Y Él mismo se contestó: A un grano de mostaza. Hoy vemos que la respuesta es Cristo y su Iglesia. Un grupo de hombres hicieron germinar la palabra de Dios y multiplicarla en todo el mundo, a través de lo que se conoce como Iglesia Católica. El reino de Dios son los cristianos agrupados, que pueden ser cobijo para todas las  personas, especialmente para aquellas que están desorientadas, a los que los vaivenes de la vida les han desviado de su ruta, que aun sin conocimientos intuían que era la acertada. El fundamento de la Iglesia es Cristo y en Él está la verdad. La respuesta a la soledad, enfermedad, bajada de ánimos y otros estados carenciales… para todo ello Jesús y su Iglesia es la respuesta.

El reino de los cielos, antesala de lo que nos espera a todos al final de nuestros días. Seamos fermento que multiplique la fe y el abrazo (unión) de todos los habitantes de la tierra, empezando por nuestro barrio y nuestro pueblo. Lo sencillo, lo humilde, lo pequeño se hace grande en las manos de Dios. Es maravilloso ver a personas que de la nada han evolucionado y hoy son grandes científicos, grandes deportistas, grandes predicadores…  y todo su progreso se lo atribuyen a Dios. Ciertamente todos estamos en manos de Dios y muchos, a lo largo de la historia, han recibido grandes dones, razón más que sobrada para ser agradecidos a Dios todos los días de la vida. Todo lo que es impulsado por Dios crece y crece, lo que está apoyado en la soberbia y en la presunción que son cimientos de barro no gozará de larga vida Lucas 13, 18-21

Reflexión:

Día 29 de octubre

Jesús sigue haciendo el bien por donde pasa; vio a una mujer con joroba desde hacía dieciocho años y la puso derecha. “Enderezar los caminos que el Señor va a pasar”. A Dios no le gusta lo que está torcido y menos ver víctimas del mal  sin capacidad para liberarse  pero sí con deseos de hacerlo; tantas vidas que abandonan el camino recto, que se adentran en caminos tenebrosos y oscuros, donde nunca o casi nunca se ve la salida; un camino con poca luz  lleva a otro con menos y termina uno mismo huyendo de la luz para no ser descubierto. Si además de esta indiferencia o atonía, no sabemos interpretar la voluntad de Dios, la urgencia porque el hombre conozca el plan de Dios, seríamos nosotros igualmente responsables en conciencia de la caída de otros hermanos. Es hoy y no mañana cuando debemos ponernos en marcha para evitar que hermanos nuestros se precipiten por el abismo. No hay que buscar la estrategia, es una necesidad vital de compartir, de llevar la felicidad al otro, de hablar del tesoro que nosotros hemos descubierto No importa que sea domingo o lunes, tenemos que trabajar para que el mundo cambie, hay mucho por hacer, hay mucha conducta torcida que podemos enderezar con nuestro ejemplo, con la palabra de Dios y además con su ayuda.

Dice Jesús: si en cualquier momento podemos coger la burra o la vaca y llevarla al abrevadero sin pensar que es domingo o lunes, ¿por qué no empezamos ya a curar a tanta gente que hay necesitada de ayuda y sanación, y no solo de males físicos, sino también de problemas mentales? Decimos que la puerta del templo está abierta, pero eso no lo es todo, tenemos que abrir los brazos y acoger con alegría a todo el que quiera entrar en esta gran familia. Hay gente desesperada que no acierta a ver el camino que le saque de su amarga existencia. Llevémosle a casa la oportunidad  de saber que Cristo comparte su dolor y quiere mostrarle el camino. El camino que sin lugar a dudas es Jesús Lucas 13, 10-17

Reflexión:

Día 28 de octubre

El Señor conoce la tierra y quien la gobierna; sabe que en ella habitan todos sus hijos, criaturas hechas por voluntad de Él. Sabe que muchas de esas criaturas abominan de Él y abominan de Dios; viven en un desprecio sin límites hacia las cosas sagradas; darían su vida por destruir la obra de Dios, ¿qué se puede esperar de ellos? Ya sabemos que todos somos pecadores, pero de ahí a aceptar el mal como filosofía de vida, como base para construir una fuerza destructora de todo bien, va un abismo.

Reconociendo las fuerzas del mal, tenemos que evitar ser arrastrados por ellas y unirnos más que nunca para aclamar y vitorear la grandeza de nuestro Dios. Saber que en Él está la fuerza y el poder y que la victoria siempre está de su lado. Nuestra debilidad no debe ser motivo de desconfianza; no debe atemorizarnos en la lucha diaria contra el mundo explotador y que tanto margina a los deficientes físico-mentales, incluyendo a los pobres. El Señor un día reunirá a todos los que en Él confían, entre ellos pobres, ciegos, mancos cojos, sordos, enfermos, esclavos, marginados, presos por creer, deficientes, viudas, huérfanos, niños y todo lo peor, considerado inútil por el mundo; los ignorantes y extraviados también tendrán cabida si vuelven su cara a Dios Jeremías 31, 7-9

Los sacerdotes y pastores están en la obligación de buscar a la oveja descarriada; a tantos y tantos que, como decía Jesús “no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Ellos que conocen sus propias faltas, saben cómo corregir a los que se desvían del camino.

Hoy Dios nos revela quien es el sacerdote eterno, centro de todo sacerdocio. Y dice más: Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy Hebreos 5, 1-6

Hoy también puede ser el día en el que pongamos nuestra confianza en el Señor Jesús. Comprendamos de una vez, que cuando dio la vista al ciego de Bartimeo quiere darnos a todos la vista que necesitamos, quiere que miremos y veamos con los ojos de la fe, porque si no es así, estamos más ciegos que el mismo ciego de Bartimeo. Si este ciego cuando recobró la vista seguía a Jesús por el camino, los que no le siguen, tristemente están ciegos, eso es lo que nos dice Jesús Marcos 10, 46-52

Reflexión:

Día 27 de octubre

Jesús hoy nos vuelve a insistir sobre la conversión. En el mundo en que vivimos y a estas alturas del calendario, el hablarnos  los curas de castigo o de infierno parece que suena a querer intranquilizarnos y atormentarnos de manera gratuita; pues eso pertenece a otra época, pensamos nosotros, y sin embargo Cristo hablaba de ello con la mayor naturalidad y en cualquier circunstancia. ¿No será que Cristo por el amor que nos tiene, nos lo suelta con frecuencia para advertirnos de los peligros que nos acechan viviendo de espaldas a Dios?

Así estamos cuando se vive sin prestar el mínimo respeto e interés a las cosas de Dios. Las frases a las que me refiero son estas: “Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Como vemos, Jesús no quiere pasar de puntillas en su prédica por Galilea y nos dice por activa y por pasiva que nos convirtamos y no vivamos como si nada hubiera pasado y nada fuera a pasar. Está en juego nuestra salvación y por tanto nuestra eternidad. Todos somos pecadores,  el único bueno es Dios. No pensemos erróneamente que la condenación es cosa de los demás y que nosotros como no matamos ni robamos, no tenemos nada que temer.

Se dice que la higuera que no da fruto lo suyo es cortarla. ¿Y nosotros, damos fruto? Dios es muy paciente, espera y espera. Pero… ese tiempo que se alarga sin que demos fruto, ¿nos acerca más a Dios o nos enfría cada día más?, yo creo que lo último. Porque la vida se esfuma y las oportunidades son pocas, hasta el punto de que si no las aprovechamos, nunca seremos útiles, ni daremos ese fruto que el mundo necesita para cambiar.

Meditémoslo una vez más. El que los curas no hablen del infierno ni del castigo no quiere decir que no esté sobre nuestras cabezas. Huyamos de estas  palabras malditas y busquemos ambientes de amor, ambientes de confraternidad; aprendamos a dar gracias a Dios y a nuestros hermanos y demos cabida al resurgimiento en nosotros de nuevos sentimientos. La conversión es aceptar cambiar lo viejo que hay en nosotros por algo nuevo que empieza a nacer. Esos nuevos tallos serán los que den el fruto que el Señor espera de nosotros Lucas 13, 1-9

Reflexión:

Día 26 de octubre

Jesús hoy continúa con el mismo pensamiento que ayer y busca la manera de hacernos comprender que vivimos en un error y que aún estamos a tiempo de hacer las paces con nuestro hermano y con el mismo Dios. Se lo dice a los de su tiempo y hoy nos lo dice a nosotros. No comprende lo listos que somos para algunas cosas y lo torpes que somos para otras. Nos pone ejemplos de cómo por aquel entonces los hombres del campo (agricultores y ganaderos), sabían según los vientos o los signos del cielo, como sería el tiempo en los siguientes días. Si viniera hoy se sorprendería más viendo lo que saben los hombres del tiempo, también los hombres del campo, aunque lo habitual es recurrir a la radio o la TV. Hoy se sorprendería más aún, porque a medida que nos vamos acercando a Marte, nos vamos separando de quien lo creó. Nos cuesta aceptar por más signos que veamos, de que hay una Inteligencia superior a nosotros, a la cual debemos adoración y respeto, además de, amor y gratitud.

Jesús se esfuerza en hacernos comprender que hay otra forma de vida mejor que esta (amándonos unos a otros) y, que somos algo más que cuerpo; que tenemos un espíritu que seguirá vivo después de la muerte corporal  y, que su gozo o tormento, dependerá de lo que hayamos hecho en esta vida; lo que hayamos amado o hayamos despreciado. Jesús que lee el futuro nos habla de él, y quiere que estemos atentos a las cosas de Dios, que son el camino del gozo y la libertad. Nos pone un ejemplo en el encuentro de hoy que, aunque en la actualidad no tiene la vigencia de otros años, sí sigue vigente lo que quiere decirnos.

La humanidad entera y tú, querido lector, y yo también, todos estamos a tiempo de arrepentirnos de aquello que hayamos hecho vulnerando la Ley de Dios. Cualquier cosa que hayamos hecho, lesiva para los intereses del prójimo, de nuestro hermano o de nuestra propia familia, buscando nuestro propio beneficio, es impuro ante los ojos de Dios. El mismo Dios nos da una oportunidad de pedir perdón y cambiar en la relación con nuestros semejantes, sobre todo si hemos sido injustos y algo egoístas. Dios nos apremia a que la reconciliación la hagamos antes del juicio, una vez llegado este, nuestras mismas acciones nos juzgarán y condenarán o salvarán Lucas 12, 54-59

Reflexión:

Día 25 de octubre

Jesús hoy nos dice algo muy fuerte, casi para echarnos a temblar, si pensáramos que el sentido de sus palabras es literal. Con el Evangelio mal entendido puede ser real. Y con el Evangelio llevado al extremo en su práctica, también. Dice Jesús que ha venido a pegar fuego al mundo y que ojalá ya estuviera ardiendo. Más adelante nos dice, que no ha venido a traer la paz a las familias sino la guerra, que habrá mucha discordia por su parte y muchas divisiones.

En el segundo caso sería auténticamente cierto, si la fe en Jesús y su Evangelio impactara en nuestros corazones y transformara realmente nuestras vidas, seguro que tendría muchos opositores, sobre todo aquellos que desconocieran esa otra realidad, la realidad del amor, la justicia y la pasión por la verdad y las cosas sagradas. Pero nuestra realidad es que vivimos una fe tibia –los que tenemos fe-. Llegará un día en que nos olvidaremos de la palabra “salvación”, pero qué bien lo íbamos a pasar sin un compromiso moral. No pensar que lo digo en serio, me embarga una gran tristeza.

El católico, por estar inmerso en un sinfín de normas Iglesia-mundo, no vive una pura realidad cristiana, no centra su vida en el Evangelio, no tiene como referente en el día a día, el amor de Dios y el amor al hombre, “amar al prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). Vivimos familiarizados con la mentira, el rencor, la envidia, el juicio rápido, la indiferencia y el olvido, el egoísmo y la ambición, la crítica, la falta de compromiso social y comunitario…

Hay un montón de lacras que nos persiguen a lo largo de nuestra vida que no somos capaces de rechazar y nos rendimos ante sus aparentes beneficios. Hemos perdido la ilusión en el espíritu, y es triste, porque es lo que perdura y nos acompañará siempre; no tenemos un proyecto espiritual; se está perdiendo la bonita costumbre de educar a los hijos en la fe. La vida está centrada en el materialismo, que debería ser un aspecto secundario de nuestra vida y nunca dejar de lado nuestra moralidad y espiritualidad. Como dice Cristo: “No solo de pan vive el hombre” (Mateo 4:4). Va a llegar el día en que todo lo centremos en el pan, en el tener.

Esta vida bacía de la humanidad es lo que lleva a Jesús a decir esas palabras tan fuertes del principio. Jesús no quiere adormecimiento, tibieza, inmoralidad, ni adoración de ídolos. Jesús pasó por un bautismo trágico asumiendo nuestros pecados y aceptando una muerte en cruz y una humillación inmerecida, y ve con tristeza que el mundo no reconoce su entrega. El mundo prefiere vivir en tinieblas y así no descubrirse sus fechorías. La luz incomoda, trae las discordias que mencionaba al principio, la guerra entre la familia cuando algunos defienden la luz y la verdad, terminarían desheredados y que se conformaran con el premio que les va a dar Jesús cuando mueran; eso piensan los ciegos que no quieren ver.

El mundo no solo no le reconoció en su día, sino que vuelve hoy a olvidarse del patrono (de la parábola) que se va, y como tarda mucho en volver, es posible que no vuelva, se piensa, y lo mejor es vivir como si fuéramos nosotros los dueños del cortijo; errónea reflexión, porque el Señor, ¡volverá!

Señor, no permitas nunca que tu ira caiga sobre nosotros y busca, Señor, alguna solución para que volvamos a ti y lleguemos a una Nueva Reconciliación, un nuevo Pacto, en el que te reconozcamos como nuestro dueño, Señor y Salvador Lucas 12, 49-53

Reflexión:

Día 24 de octubre

La reprimenda pende sobre nuestras cabezas porque no sabemos cuándo vendrá el Señor, y nos dormimos en los laureles. Por eso se sigue robando, porque no se sabe cuándo viene el ladrón, si se supiera se le  estaría esperando y se impediría la consumación del hecho. Ya dije ayer sobre los beneficios que obtiene un criado solícito y fiel que hace crecer la hacienda de su señor y la defiende como un bien propio. Actuando así se pondrá en él toda la confianza y se le pondrá al frente de todos los bienes, por el contrario, cuando se recibe la confianza y el criado se aprovecha de ella para abusar de la servidumbre y se desentiende de las propiedades, abandonando las labores del campo, del ganado, y tratando desconsideradamente a los empleados, el señor que volverá un día le hará pagar cara esa actitud de falta de responsabilidad y compromiso. Al que mucho se le dio mucho se le exigirá y al que mucho se le confió más se le exigirá.

Muchos habrán sufrido represalias por ignorancia, pero nosotros, ya no podemos alegar tanta ignorancia, tiempo y oportunidades hemos tenido de conocer al Señor de señores.

Nuestra querida y amada Iglesia no sé yo si no estará un tanto sumida en la rutina y la idea de que puede volver Jesús  en el momento más inesperado no la tenga en el orden del día. El plan de Dios es tan inescrutable que ni por asomo podemos prever lo que va a suceder mañana, recordemos el señor que tuvo una gran cosecha (Lucas 12, 16-21). Saco a colación este pasaje porque la muerte es como el fin del sistema del que fallece, y las previsiones por parte de todos nosotros deberían ser casi las mismas.

Humildemente creo que deberíamos revisar las lámparas y saber si contamos con el aceite suficiente para otro periodo de espera, pensando también que la venida de Jesús puede ser mañana Lucas  12, 39-48

Reflexión:

Día 23 de Octubre

El dinero da poder y uno se convierte en señor y por tanto necesitado de criados que te ayuden a preservar el patrimonio, incluso a hacerlo crecer. Pero ojo, no caigamos en la tentación de aprovecharnos de ellos haciéndoles trabajar mucho y pagándoles poco. Ni tampoco a la inversa. A unos el destino les lleva a servir a un señor y a otros a servir a otro señor.

No se deben eludir responsabilidades cuando hay un compromiso para conseguir objetivos. Todos debemos tener claro lo que queremos ser de mayores, lo que queremos conseguir en esta vida y qué hacer para mantener una relación de confianza con nuestro señor o jefe. Si tu señor te confía una misión y te deja de responsable, lo más natural es que espere encontrarte a su vuelta al frente de la misión encomendada, y además teniendo todo bien atendido. Y no solo eso, sino atento a su llegada. Tu señor querrá que le atiendas con prontitud, le abras la puerta, y le procures su descanso por lo fatigoso del viaje. Dichoso el criado al que su señor lo encuentra despierto y en disposición de servirle. En ese criado se confiará y pondrá bajo su control grandes bienes o propiedades. Eso mismo ocurrirá cuando nuestro Señor, Jesús, vuelva, dichoso aquel que tenga su lámpara encendida y permanezca en vela esperándole, será compensado generosamente y se pondrá en él toda la confianza.

No es un Señor normal el que nos ha encontrado despiertos y esperándole, se trata del Señor de señores, verdaderamente es motivo de alegría y regocijo; ha valido la pena haber vivido según lo establecido por Dios y no haber bajado la guardia hasta el último día, dirán los elegidos. Es por eso por lo que debemos interesarnos en conocer a fondo nuestra misión, aquello que debemos hacer para ganarnos la confianza de nuestro amo, si lo tenemos, y ante todo, de nuestro Señor, Dios.

Es mucho en lo que puede mejorar nuestra relación con nuestros semejantes y mucho lo que se puede hacer por nuestro planeta. Pensándolo bien es un vergel en el que cabemos todos y todos deberíamos tener libertad para movernos por él. No digamos sobre la abundancia de alimentos; con lo que sobra de comida en unas zonas, habría para alimentar otras, aquellas que por alteraciones de la climatología producen menos alimentos, pero que gracias a Dios, con una buena redistribución de la riqueza del planeta, habría de sobra para todos; basta cambiar el concepto de nuestra existencia, en lugar de servirse de los demás, servir a los demás, como quiere Cristo que hagamos Lucas 12, 35-38

Reflexión:

22 de octubre 2019

Jesús también nos habla del comportamiento a seguir ante unas particiones de herencia o ante un golpe de suerte que pueda hacer crecer extraordinariamente nuestro patrimonio. Es de sentido común plantearnos cómo emplear el dinero o bienes que hemos recibido de forma inesperada, pero nada debemos hacer de espaldas a Dios y con gran avaricia. Todo lo que ocurre es porque Dios lo permite y es un enriquecimiento para el bien; en nuestros planes debemos incluir la mano de Dios para que sea Él quien nos ilumine y nos ayude a emplearlo de la mejor manera. ¡Cuántas familias rotas por una herencia! ¡Cómo se le dará más valor a algo material y heredado que a la relación de amor entre la familia, que en definitiva esos lazos de amor son el sustento de la familia y a lo que uno se puede agarrar en momentos de problemas financieros! ¡A quién recurrir mejor que a la familia y a quien ayudar mejor que a la familia, cuando hay necesidad!

Qué triste para unos padres si ven que al final de sus días sus hijos se enfadan por no aceptar un reparto justo y equitativo; y si el reparto no es justo la ruptura de lazos amorosos entre los hermanos es más que evidente. A veces sucede, cuando no te toca la parte que tú quisieras, porque la consideras mejor y no dices nada antes del sorteo esperando que te toque. ¡Qué no te toca, montas el pollo para que se vuelva a hacer el sorteo de nuevo! Esa actitud siempre es vergonzosa para los padres, máxime si se han privado de cosas para engordar el patrimonio y favorecer así a los hijos, pensando que el regalo de la herencia los haría más felices y los uniría más.

Y en lo referido a un golpe de suerte, hay que llevarlo con prudencia  y moderación, atendiendo siempre a valores de caridad, pensando cómo ayudar a otros más necesitados y dándoles un donativo. Sería un chasco que nos dijeran  como al personaje de la Biblia: “No hagas planes para tu vida futura porque esta misma noche van a venir a quitártela”. Dios, dueño de la vida, quiere compartir con nosotros nuestra felicidad y solidaridad, no le demos la espalda, puede haber sido Él el causante de nuestro golpe de suerte. Lo verdaderamente importante es acumular riquezas en el cielo; la materia se corrompe y puede corromper los buenos sentimientos. ¡Que no nos ciegue el tener! Lucas 12, 13-21

Reflexión: