Día 1 de octubre

En este encuentro con Jesús vemos una correlación de sus enseñanzas. A nosotros se nos va el tiempo discutiendo quien será el más importante en el cielo  de las personas aquí en la tierra, y Jesús cuando observaba a sus discípulos en estas disquisiciones triviales les sacaba de sus dudas y les quitaba las preocupaciones.

Una vez más les dijo: El más pequeño aquí será el más grande allí. ¿Veis este niño? Pues el que le acoge me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. Sigue diciendo: “El más pequeño entre vosotros es el más grande” Y como este encuentro se continúa con el del día anterior, Juan le dice: Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros. Y Jesús le contesta: no se lo impidáis, el que no está contra vosotros está a favor vuestro.

Como he dicho atrás en alguna ocasión, el que los discípulos de Jesús cayeran en estas banalidades es comprensible, en aquellos días todo era emergente, nuevo, desconocido para ellos, lo que no tiene tanta lógica, es que nos ocurra a nosotros lo mismo y que también nos veamos llenos de dudas los cristianos de este tiempo; esto da a entender que no ha servido de mucho las veces que hemos leído el Evangelio y lo hemos oído en misa. En nuestros análisis de conducta o deseos de bien obrar, si no van acompañados de mucha humildad y mucho amor estaríamos errando Lucas 9, 46-50

Reflexión:

Día 30 de septiembre

En este encuentro tocamos otro tema quedando evidente que nosotros mismos tenemos celos de Dios. No queremos que Dios sea bueno también con otros, y si es más bueno que con nosotros nos sienta peor aún. Recordemos a los obreros de aquella parábola que exigían más salario a su señor porque este pagaba lo mismo a aquellos que habían trabajado una hora que a los que habían trabajado todo el día (Mateo 20:15). Tenemos celos de que otros sean profetas como nosotros, sin ser de nuestro grupo Números 11, 25-29

Jesús hoy nos habla de la riqueza por boca de Santiago. Las riquezas si no se ponen, en cierto modo, al servicio de la comunidad, más que dones son desgracias para la vida futura, basta mirar el pasaje de Lázaro y el rico Epulón (Lucas 16, 19-31). El apego al dinero distrae de otras obligaciones y de otros sentimientos y uno vive para sí egoístamente con la obsesiva idea de multiplicar las riquezas y asegurarlas para no correr ningún riesgo de tener pérdidas. También nos dice el Señor que no se puede servir a Dios y a las riquezas (Mateo 6:24), porque amarás a uno y aborrecerás a otro.

El problema surge porque nos olvidamos de Dios y de sus recomendaciones. En el fondo dejamos que pase, porque al tratarse de algo espiritual que no vemos, pierde fuerza respecto a lo material que sí vemos: el dinero. Y no digamos la plata o el oro. Estos metales brillan mucho y los reflejos ciegan al más pintado. De ahí que los ricos han de mantenerse vigilantes en la relación con el pobre y el necesitado; lo mismo con sus empleados u obreros, la esclavitud nunca tuvo carácter humanitario y menos en los tiempos que corren. No se pueden amontonar riquezas a costa de bajos salarios de los empleados o fraudes al estado y a la sociedad.

El último día todo quedará al descubierto y nuestras vergüenzas serán tenidas en cuenta y estaremos obligados a confesarlas. Así como la historia ni se puede borrar ni cambiar, nuestros recuerdos nos acompañarán siempre. Estamos a tiempo de corregir nuestra ambición y nuestro desapego a las clases desfavorecidas, seamos solidarios y no permitamos nunca que las riquezas nos desvíen del camino que conduce a la confraternidad. Luchemos contra las desigualdades y las tropelías que se cometen, por estar bajo las leyes hechas por ricos, estas traen perdición para unos y amargura para otros.

Los desahucios son buena muestra de ello. Los perros son tratados con más consideración y benevolencia. ¿Dónde está la humanidad de algunas personas que necesitan suicidios y/o sangre para actuar? Es triste que un Estado no disponga de recursos para poder albergar dignamente a esas personas que se quedan sin hogar. Al perro se lo llevan a la perrera y al dueño lo multan cuando este en vacaciones abandona al animal, pero al que no paga la hipoteca de su casa lo echan a la calle funcionarios judiciales, incluso protegidos por la misma policía (ella cumpliendo órdenes), y lo dejan tirado en la calle sin interesarse si va a tener a alguien que lo auxilie. Bienaventurado el ultrajado por estas conductas de la riqueza y el poder, cuando el Estado mira para otro lado. El desprecio e insolidaridad que se tiene con el  individuo desahuciado no tiene nombre Santiago 5, 1-6

Como de aquellos que echaban demonios sin ser discípulos de Jesús; Moisés y Jesús respectivamente, tuvieron que reprender e instar a la aceptación de que Dios tiene libertad absoluta para conceder dones a aquellos que estime conveniente. Jesús insiste en que todo aquel que facilite el trabajo de predicación de un cristiano sea o no de la Iglesia, no quedará sin recompensa. Así como el que escandalice a un pequeño no quedará sin castigo.

Todo lo que impida obrar bien en uno mismo hay que deshacerse de ello, o como mínimo neutralizarlo para que no obstaculice nuestro plan a favor de la obra del Señor. Dios desea y espera nuestra colaboración en la difusión de su proyecto. El hombre crece y crece porque Dios le ha dotado de inteligencia para crecer y eso es bueno, y Dios lo acepta. Cuanto más crece el hombre más grande es su obra y por tanto la obra de Dios.

Por eso nos pone el ejemplo de deshacernos de un ojo, una mano, un miembro, si este impide nuestro desarrollo como persona en la fe en el Señor; que antes de cometer esa locura vale más abandonar el hábito. Dios quiere que todo ese crecimiento lo valoremos pero, bajo la observancia de sus preceptos; y nunca le demos la espalda pensando que somos nosotros mismos los dueños de nuestra existencia. No es bueno llevar la contraria a Dios, su palabra revelada hará justicia, y nuestros hechos nos denunciarán ante la infalible verdad de su palabra Marcos 9, 38-43.45.47-48

Reflexión:

Día 29 de septiembre – 2012 – FIESTA DE LOS SANTOS ARCÁNGELES MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL

Jesús se encuentra con Natanael; al parecer era amigo de alguno de sus discípulos; y cuando le dijeron que habían conocido a Jesús, al Mesías que se esperaba anunciado por los profetas, como era persona estudiada, enseguida respondió: ¿de Nazaret puede salir algo bueno? Jesús, que devuelve bien por mal, no le contestó con otro improperio, mucho menos sabiendo que lo había dicho de broma. Jesús dijo a sus discípulos sobre Natanael: que se trataba de un hombre de bien, de un hombre sincero. Natanael respondió con una afirmación que impactó a todos: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. A Jesús también sorprendió esta respuesta, pero ya metidos en harina, dijo: veréis cosas mayores. Os aseguro que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre. Jesús sabía que Natanael buscaba la verdad. Y Dios Padre le concedió la gracia de descubrirla. La verdad es y está en Jesús. Este es un encuentro más, que revela la identidad de Jesús y nos acerca más a Él. Son escenas aparentemente cotidianas pero que tienen un trasfondo trascendental, hoy, a la luz de la Resurrección; son detalles o eslabones que unidos todos conforman las razones para creer.

Jesús no fue un hombre normal y me explico. La relación con Jesús debió estar llena de emoción y sorpresas para los que le acompañaban diariamente. La gran mayoría de sus alocuciones eran inéditas, novedosas, impactantes, aparentemente subversivas, como si hubiera venido a derrocar el régimen político-religioso, nada más lejos. Y toda esta aparente revolución, no era otra cosa que implantar la filosofía del amor, digamos la obligatoriedad de amar para hacer un mundo más justo, más humano, y más pacífico; donde la alegría y el servicio fueran las señas de identidad del creyente en Dios.

Porque el afán de Jesús era que se creyera en Dios; aunque alguna vez llegó a decir que se creyera en Él y que Dios Padre y Él eran una misma cosa (Juan 10:30). Pero realmente el mensaje, el Evangelio, era de Dios Padre, y Jesús lo dejó entrever  y lo dijo en multitud de ocasiones. Y para instaurar este modo de vida o nuevo pensamiento, se necesitaba apertura de corazón, asumiendo errores y maldad, rechazando la mentira y la hipocresía, como también la soberbia y la ambición desmesurada de poder y de riqueza.

Hoy, después de esta bella experiencia, haber tenido en nuestra casa al Hijo de Dios, al Hijo del Amo del cortijo, nada más y nada menos que al Hijo del creador de cielos y tierra, seguimos dando cobijo a la mentira que es como una traición; un engaño a tu prójimo, lo que es igual, que si se pudiera hacerle más daño sin que Él se enterara se le haría. Es como la usurpación de algo indebidamente, porque nadie lo sabe nadie más que tú. Bajo la mentira se ocultan miles de acciones vergonzosas que no gusta que salgan a la luz. A lo que Dios da también respuesta diciendo: nada permanecerá oculto por siempre (Lucas 8:17). Pues ni por esas. El hombre sigue mintiendo y sigue sin amar incondicionalmente, y en los casos en que sí ama, la gran mayoría solo ama a los que le aman.

El proyecto de Jesús era transformar el mundo empezando por Israel y más o menos así ha sido, en todo el mundo se ha predicado el Evangelio, pero ya sabemos lo que es velar, que el sueño te vence, caes rendido y te duermes, eso nos ha pasado, que tenemos una fe adormecida. Jesús nos dice que velemos porque a la hora que menos esperemos viene el Novio (Mateo 24:44), y nosotros hemos perdido la fe en la venida del Novio. También nos pone otro ejemplo: el del ladrón cuando viene en la noche (Mateo 24:43). Si no velamos porque pueda venir el ladrón, ¿cómo velar por la venida del Novio? Así que llegará y nos pillará como en tiempos del Diluvio (Mateo 24:38). Cuando vuelva el Novio, dice Jesús: ¿hallará fe en la tierra? (Lucas 10:8) ¿Cómo nos habrá visto para pensar eso? Juan 1, 47-51

Reflexión:

Día 28 de septiembre

El pueblo no acababa de saber quién era Jesús y a Él llegaron los ecos de estos comentarios, por eso un día dijo a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? Los discípulos contestaron: Unos dicen que Juan, el Bautista, otros que Elías y otros que un antiguo profeta. Y entonces Jesús que quería conocer la opinión de ellos, les dijo. Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro conocedor de la identidad divina de Jesús le dijo: Tú eres el Mesías de Dios.

Jesús que seguramente había provocado esta revelación, les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y fue en estos momentos cuando volvió a decir, que próximamente iría a Jerusalén y que padecería mucho, que sería desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, que sería ejecutado y resucitaría al tercer día. Todos estos comentarios sucedieron para que los discípulos supieran con anterioridad quien era realmente Jesús y todo lo que le iba a suceder.

En este tipo de encuentros con Jesús, se clarifica y se dan algunas claves para saber a lo largo del tiempo hasta hoy y, por años interminables, quien es Jesús; sobre todo, como se vio meses después,  cuando aconteció lo que había anunciado Él mismo. Con esta revelación por parte de Pedro, hoy sabemos que a él se lo había revelado el Padre, porque nadie hasta entonces sabía quién era Jesús con exactitud. Puede parecer un juego pero no es así.

De lo que se trata es que los mismos hechos nos confirman la personalidad de Jesús, sólo así podemos creer que Jesús es el Hijo de Dios y estaremos casi obligados a seguirle: en principio por lo que podemos aprender y recibir de Él y en segundo lugar por gratitud en pago al amor que Él nos tiene a nosotros. Es admirable que el Hijo del Rey del universo se ponga a nuestra altura, salga de su reino, venga a nuestro hábitat, se despoje de su rango divino y se dedique a curar leprosos, ciegos, paralíticos, mancos; dé vida a muertos, saque demonios, y lo más importante, perdone nuestros pecados, nuestras tropelías, quitándonos esa losa pesada y tormentosa, a la vez que nos ofrece la posibilidad de vivir eternamente.

Toda esta demostración de fuerza y poder sobre la enfermedad y la muerte, en contraste con su humildad y sus enseñanzas llenas de paz, amor, libertad, y verdad, fue lo que le costó la vida, pero a cambio el mundo entero obtenía su redención. Este es Jesús, no pasemos de largo sin hacerle caso. Es nuestro asidero en los momentos de zozobra, nuestra referencia en los días de dudas, es nuestro salvador cuando la pena nos hunde, nuestro liberador cuando el pecado nos atenaza. Jesús lo es todo para el creyente. Y no solo porque es el mismo Dios, sino porque como humano ha pasado por múltiples vicisitudes, lo que le vale de experiencia propia.

Pensemos que Jesús no era una persona cualquiera. Jesús amaba a todos sus coetáneos como si fueran hermanos de sangre, padres o hijos; y el mal que veía en ellos lo sentía como en carne propia. Nosotros solo amamos a los que nos aman, cosa que Jesús nos recrimina y nos dice que no tiene mérito, que lo que debemos hacer es amar a los que nos odian (Lucas 6:32).

Cuando hablamos de Jesús siempre nos quedamos cortos. En todas sus acciones vemos un principio de nobleza, de abnegación para traer la paz y la alegría a las familias, también cuando se saltaba las trabas de no poder curar en sábado, ponía un ejemplo muy sencillo diciendo: si se te cae una oveja en un pozo ¿vas a esperar al lunes para sacarla y dejar que se ahogue? (Mateo 12:11). Es de sentido común. Pero los hombres tropezamos constantemente.

Tenemos mucho que aprender de Jesús. Él no da la espalda nunca al dolor. Lo acepta como condición de fragilidad humana; siempre piensa en el reino de Dios, en la armonía con el Padre. Se deja matar sin dar muestras de flaqueza. Nunca sintió debilidad. Recordemos las tentaciones (Mateo 4, 1-4). No se dejó cegar por el poder, ni las riquezas, ni la ostentación, que mira si podía haber hecho una demostración de poderío. Pero siempre mantuvo la templanza.

Otra escena de valentía es cuando le dijo a Pedro: “Apártate de mí, Satanás, que me haces tropezar” (Mateo 16, 21-23). Sabía lo que se le venía encima y caminaba hacia la cruz con serenidad y determinación. Pero hay más: cuando Pedro le corta una oreja a un soldado en el momento de prenderle (Juan 18:10): con un gesto de amor hacia el hermano herido, aunque fuera romano y uno de los que podían azotarlo, ponerle la corona de espinas, clavarle en la cruz o traspasarle con una lanza, para Jesús era como uno más de su familia, uno más de su mejor obra: el hombre, a quien ha querido parecerse físicamente.

No me extraña que Jesús sea piedra angular, todos podemos sostenernos en Él, cada palabra, gesto o acción, tiene una proyección trascendental, todo está asumido con naturalidad, aunque fue muy profundo y sorprendente todo lo que aconteció a su alrededor, porque todo tenía que valer como enseñanza para nuestra vida, ser la vía de escape para cualquier situación de angustia.

Nos dice en otra ocasión: “nunca perdáis la calma por no saber que decir en un juicio, el Espíritu Santo hablará por vosotros” (Mateo 10:20), basta estar en sintonía con Dios. Jesús es el mejor modelo a imitar. Sabemos que es difícil imitarle, pero Él quiere que lo sigamos. Ya dijo a uno: “carga con tu cruz y sígueme” (Mateo 16:24). Qué bonita aquella otra frase que dijo: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36). Nosotros también lo podíamos decir. Mi reino no es de este mundo. Yo sólo he venido a ayudar, a dar mi tiempo y mi vida en beneficio de los que me necesiten. Ya lo hacen muchos en la Iglesia Católica, dan su vida, que es lo mismo que dar su tiempo: para alimentar, curar y consolar a los que han perdido todo o nacieron sin nada, y a otros que aunque estén sanos y tengan para comer, no tienen a nadie.

Esta es otra forma de ayudar, llevar una palabra de aliento y esperanza al que ni tiene a nadie, ni cree en nadie. La Iglesia hace lo que puede en este sentido, y la debemos perdonar en sus ausencias y errores, porque también es pecadora. Dice Jesús a un israelita: ¿Por qué me llamas Maestro bueno? “Nadie es bueno salvo Dios” (Marcos 10, 17-18). -Todos somos pecadores, todos erramos todos los días varias veces, no por eso debemos renunciar a la mano tendida de Jesús. Seremos indignos, pero, agarrando la mano o el manto de Jesús, nuestra indignidad desaparece.

Jesús un día notó entre apretujones que alguien le había tocado porque salió de Él una fuerza curativa, y volviéndose dijo: ¿quién me ha tocado el manto? (Marcos 5, 25-31). Y a la segunda vez que lo dijo, una mujer temerosa de haber sido descubierta, respondió: Yo te he tocado, Maestro, y pensaba al tiempo para sí misma: necesitaba solo tocar su manto para ser curada. Jesús, viéndola asustada le dice: tu fe te ha curado, ya había sido curada.

Señor, muchos están tocando tu manto todos los días, muchos confían en que agarrados a ti hay menos tropiezo, hay más luz, hay más seguridad, hay más garantía de poder entrar a la fiesta. A los amigos del Novio siempre los dejarán entrar, piensan, pero si van con el Novio entrarán al son de trompetas. ¡Qué emoción, entrar con el Novio al banquete! ¡Todo el mundo aclamando al Novio y al Padre del Novio! ¡Todo el mundo vitoreando a su Rey y a su Príncipe! ¡Y tú allí! Sin importarte los primeros puestos, todos son primeros puestos, allí no hay lugares preferentes, todo el ambiente goza de la misma alegría, del mismo júbilo. El triunfo de la verdad ha alcanzado a todos los que confiaron en ella, el triunfo de la luz ha alcanzado a todos los que creyeron en Jesús, el triunfo del amor ha alcanzado a todos aquellos que solo anhelaban la felicidad de los demás.

Ahora viene lo tenebroso, la soledad sin consuelo, el dolor sin alivio, el pecado sin perdón, la duda sin respuesta, la vida sin esperanza, la muerte sin vida después de la muerte, ¡qué camino tan corto aquí! ¡Qué viaje sin recompensa final! Desolador. ¿Verdad? Imaginemos el día de nuestra muerte, que en un abrir y cerrar de ojos, en una especie de visión, una persona con aparente autoridad, nos dijera: Toda tu vida la has pasado con penas y alegrías, con dolores y momentos saludables, con más ganas de tener que de ser, y con bastante desgana a la hora de querer conocer a Jesús, persona de carne y hueso que fue, y que todo el mundo sabe lo que sufrió por amor, y lo que dijo para que se escribiese: El Evangelio.

Y tú, respecto a la vida eterna, nada de nada. Y que este personaje de autoridad, te dijera: ¿Te gustaría ver a alguno de tus familiares fallecidos? ¿Qué dirías? Seguramente “Si”. No sé si habría alguien que dijese que no. Y después de haber dicho “Si” te contestara: De momento no podrás verlos. ¡Qué sentimiento de confusión y de tristeza! ¿Para qué ha valido vivir de espaldas a Dios? Si ahora, que estoy a las puertas de la vida eterna, vida con mayúsculas, y no sé si me dejarán entrar. ¡Qué escalofrío siente mi corazón por la falta de amor a la vida de los demás, sólo he pensado y pienso en mí! Volviendo a la realidad me viene a la mente: no sé si existe Dios, pero me siento tan avergonzado de mi conducta que casi no me quedan fuerzas para pedir perdón, incluso creo que no lo merezco.

He vivido de espaldas a todo aquello que representaba la fe, y cuando me hablaban de Dios, casi me producía risa. Me pesa enormemente haber sido tan ciego y tan cretino, no sé ni que decir, si existe algo después o no, que Dios tenga piedad de mí.

Definitivamente el secreto está en Jesús y en sus enseñanzas. Cualquier situación de angustia, soledad o pérdida de ilusión por la vida, con bajada de estímulos para superar ausencias o desavenencias familiares, Cristo tiene la solución para ti, ello sin dejar de refugiarte, si eres madre, en tus hijos, si eres hijo, en tu madre; son resortes que se deben utilizar para buscar el equilibrio y la felicidad. No obstante, en ti está parte de la solución, con tu aporte y Jesús como piedra de toque, saldrás de cualquier situación por difícil que esta sea Lucas 9, 18-22

Reflexión:

Día 27 de septiembre

Herodes estaba interesado en conocer las cosas que se contaban de Jesús, pero el pueblo con sus habladurías y no tener claro quién era Jesús realmente, daba lugar a estos comentarios caricaturescos y ello le mantenía indeciso en espera de conocer algo más.                                                                                                                            Hoy imaginamos que el hecho de ser virrey le situaba ante una responsabilidad compleja en las cosas de la fe, y por tratarse de algo naciente, también pensaba que no le merecía concederle mucha importancia.                                                                    Refiriéndose a Jesús unos decían que era Juan que había vuelto, otros que era Elías, y otros que se trataba de un profeta anterior. Entonces Herodes decía: Si a Juan le mandé yo a cortar la cabeza ¿cómo va a volver? Y estas cuestiones le mantenían a la vez con interés e indecisión.                                                                                    Fijémonos en la preocupación de Herodes una vez habiendo decapitado a Juan Bautista. ¡Qué control tendrían sobre los súbditos de Israel, Herodes y las autoridades religiosas qué, mata a Juan Bautista y se queda tan fresco y, viene el Mesías, empieza a obrar según anunciaron los profetas (registrado en la Torá) y ni se inmuta! Sólo dice: me gustaría conocer a ese Jesús que tanto habla la gente de Él.                                Veo en Herodes una falta de consideración con la clase trabajadora que raya el desprecio (no digamos con los pobres, discapacitados  y enfermos). Precisamente la pobreza es el mal del mundo, la asignatura pendiente, aunque paradójicamente ha sido y será a la vez otro de sus objetivos, mantener las clases sociales para poderse distinguir las más superiores; esto, aunque  se deje entrever que a nadie le gusta el hambre, poco se intenta hacer para evitarla.                                                                  También da la impresión de tratarse de una maldición divina, pero en realidad es lo contrario, porque Dios quiere ayudar a los pobres de la tierra; permanentemente solicita su protección y pide a esas clases poderosas y creyentes (según ellos), que corrijan esta desigualdad para que todos seamos más iguales.                                      De nuevo esta situación de reyes, virreyes y pueblos, nos lleva a la revelación constatada de que nuestro Dios es un Dios de pobres, y los millones de creyentes (clase media-alta), no le hacen mucho caso, pues sigue habiendo casi los mismos pobres de siempre. Cuando hablamos de reyes, palacios, opulencias… por ello me ha venido a la memoria las clases trabajadoras y los desprotegidos de la tierra.                  Cristo, siendo Dios y Rey, se despojó de su rango, se puso con los pobres, con las clases más vulnerables y débiles y hoy dos mil años después casi todo sigue igual. El rechazo a los mendigos sigue siendo habitual y la no aceptación de las incapacidades siguen estando vigentes; se les compensa económicamente en algunos países pero a regañadientes. La prueba está en que no se quiere tener hijos con malformaciones y otras deficiencias, y a los enfermos crónicos mayores, se les quiere quitar de en medio. Cuando lo que se debería hacer es elevar el nivel de bienestar de todos los pobres y desvalidos del mundo Lucas 9, 7-9

Reflexión:

Día 26 de septiembre

En el encuentro de ayer conocimos la importancia de la palabra de Dios y su extraordinaria dimensión, hoy Jesús nos dice que la demos a conocer. Por aquel entonces Jesús ya había instruido a los Doce y los mandó que fueran por las ciudades de Israel para proclamar el reino de Dios. Les dio autoridad para curar enfermedades y echar demonios y les aconsejó que no llevasen nada; que no se saliesen de la primera casa que los recibiera y, que si no les recibían sacudieran el polvo de sus sandalias  al salir de aquel pueblo para probar su culpa.

Son dos aspectos importantes en este encuentro los que quiero destacar: El primero consiste en la obligación de todo cristiano de propagar el cristianismo, lo que hemos recibido gratis, darlo gratis, nos dice (Mateo 10:8). Pero hay algo más que eso: si la fe y el conocimiento de Dios, para nosotros representa un tesoro, no guardárnoslo para nosotros, no privar a otros de ese gozo; darlo a conocer en la mínima oportunidad que tengamos, incluso crear nosotros las oportunidades para compartir nuestros conocimientos y el amor que la fe ha traído a nuestra casa; hacerlo extensivo a personas que puedan estar necesitados de consuelo o de otro tipo de ayuda.

Hay gente enferma que se siente hundida, desesperada; el cristiano es el más indicado para traer paz a las almas que sufren. Este era el primer aspecto: acercar la palabra de Dios y nuestro apoyo solidario. Y el segundo es que se nos advierte de que fuimos llamados al orden en aquellas oportunidades que hemos tenido en nuestra vida de conocer lo que Dios quiere de nosotros y las hemos rechazado. Ha sido como rechazar la vida que se nos ofrece, el gozo de vivir en comunidad cristiana y el saber disfrutar de la naturaleza que Dios pone ante nuestros ojos. Dios no quiere ingratos, quiere personas sencillas y humildes de corazón que vivan en la paz y la concordia y vean en Jesús un amigo que quiere ayudarles, recibiendo su palabra con agrado y con ilusión Lucas 9, 1-6

Reflexión:

Día 25 de septiembre

Tiene tal consideración Jesús con aquel que escucha la palabra de Dios y la pone en práctica, que pasa a considerarle como de su familia, dando la impresión que por esta razón su propia familia queda relegada a un segundo plano, mientras dure la oratoria, que no es así, porque si su familia es creyente tendría la misma consideración. Lo que Jesús pretende hacernos ver es que cuando se da a conocer la palabra de Dios y alguien la escucha atentamente, se produce un momento tan sublime que no se debe interrumpir por nada; que apenas hay nada que justifique romper la predicación como si de una cosa mundana se tratara, máxime si el orador es el propio Jesús. No dudemos que nada más terminar iría a ver a su madre.

Recordemos el pasaje entre dos hermanas: Una de ellas llamada Marta y otra María. Marta estaba muy nerviosa atendiéndoles porque su otra hermana no la ayudaba y estaba embobada con la palabra de Jesús, Jesús respondió a Marta: Marta, Marta, te preocupas y turbas por muchas cosas. Bastan pocas cosas o una sola. María en verdad ha escogido la parte buena, que no se le ha de quitar (Lucas 10, 41-42).

Si además los iniciados al cristianismo somos hermanos en la fe e hijos adoptivos de Dios, posiblemente subamos a un plano superior respecto del plano consanguíneo. Quizá por eso Jesús no cortó la predicación de forma brusca aunque fueran su madre y sus primos los que estuvieran en la puerta.

Dios nos ha dado vida y nos ha situado en un inmenso planeta donde tenemos de todo: alimento en tal cantidad que bien repartido comeríamos todos y sobraría. Si además de esto, Dios un día, nos envió a su Hijo para enseñarnos un nuevo modo de vida y de convivencia, es para que saltemos de alegría y sobre todo para que le prestemos la máxima atención: Son palabras divinas que llegan a nosotros a través de Jesús, como una bendición del mismo Dios. Se trata de un inmenso regalo que no debemos despreciar y desaprovechar bajo ningún concepto infravalorando la Biblia, aunque se nos presente en un formato básico y normal (libro).

Recordemos cuando dijo Jesús: “Si estos callan gritarán las piedras” (Lucas, 19:40), pues lo mismo es de manera inversa: si hablan los cristianos, callarán hasta los pájaros. La palabra de Dios trae vida, trasciende todo lo creado, está por encima de todo, es irrebatible. Ya dijo Jesús: “El cielo y la tierra pasarán más mis palabras no pasarán” (Lucas 21:33).

La palabra de Dios constituye la mayor verdad jamás conocida, siempre estará vigente, siempre será utilísima. El responder con indiferencia a la palabra de Dios tiene un coste. Por el contrario, responder con interés y respeto supone una apertura al conocimiento y una forma de sintonía con aquellos que aman la vida y esperan en el Señor. Pensemos que la Palabra está llena de promesas y el Señor no promete nada en balde. Si llegamos a considerar la Palabra como anunciadora de otro reino, al que estamos invitados para gozar eternamente, comprenderemos cuando dijo Jesús: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

En la tierra parece ser que cuando se habla de conocimiento siempre es referido a los avances en la comunicación, tecnología, progreso económico, marketing y estrategias de venta, arte, literatura, antropología… Sin embargo, los conocimientos religiosos que llevan a la fe, estos quedan relegados a un segundo término, por no decir penúltimo.  Quiero destacar, que el acercamiento y conocimiento de Dios en sus aspectos más compresibles y más parecidos a los nuestros, aunque multiplicados, si no significa una  entrada garante al cielo y por tanto a la vida eterna, sí te eleva a candidato o aspirante, “ojo”, aspirante toda la vida del cristiano no el último día. Solo falta un poquito de la infinita misericordia de Dios para dejarnos la puerta franca.

Quiere decirse, que si tienes el pan resuelto por los conocimientos mundanos, no está de más este otro conocimiento que te lleva a distinguir la mentira de la verdad, el amor de la camaradería. Ya lo dijo Jesús: No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor (Mateo 4:4). Conclusión: el mundo sería más justo y más humano si se tuviera presente la palabra de Dios antes de actuar. El que ha perdido la voluntad de hacer el bien, jamás aceptará la fe en Dios, esto le supondría ponerse a merced de los que le pueden exigir un comportamiento honesto y coherente con su fe. No tienen fe, pueden hacer lo que les venga en gana. Nunca referido a la totalidad, siempre hay sus excepciones Lucas 8, 19-21

Reflexión:

Día 24 de septiembre

Este encuentro contiene algunas aseveraciones que, aunque dichas indirectamente, nos traen mucha tranquilidad y esperanza. Verdaderamente nadie enciende una vela para ponerla debajo del celemín, la vela ha de ponerse en el candelero para que alumbre toda la casa. La vela es luz que descubre la verdad y la verdad es luz que trae justicia. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse. La falta de fe e incredulidad viene porque no vemos a Dios y dudamos de su existencia. Tenemos su obra pero al Creador no le vemos, por eso algunos dudan de su existencia; en resumen, está oculto. Y entonces su Hijo nos dice “nada hay oculto que no llegue a descubrirse”: Un día veremos todos a Dios cara a cara.

Pero hay otro aspecto en la lectura: Dios es la luz suprema y sus hijos pequeñas antorchas. Si la antorcha no se pone debajo de celemín, ¿dónde ponerla? Seguramente en lo más alto para iluminar al mundo que permanece en tinieblas y sigue dando palos de ciego. No hay que tener vergüenza de ser católico y creyente; hay que llevar la fe con orgullo, y elevar la antorcha para que ilumine a otros y les traiga felicidad y alegría como tienen los creyentes. Hay que elevar la antorcha para descubrir la mentira, el fraude, la estafa, el abuso… Al que tiene y trabaje para tener más y crecer en la fe y en obras se le dará más y al que no tiene o tiene poco y no lo pone a producir, se le quitará hasta lo que tiene.

El cristiano está en la obligación de extender la fe en Jesús y el Evangelio, para que nadie pueda alegar ignorancia, Dios ayuda y pone la palabra oportuna en la boca del mensajero, para que sea más explícito y más convincente. Y si se hiciera de manera ordenada y organizada a través de las parroquias, más éxitos traería a la Iglesia y más almas se  salvarían. El cristiano es portador de fe y la fe trae el sosiego que no busca pero que necesita el mundo y no lo encuentra en sus cosas. La fe no solo trae esperanza de vida, sino que te libera de la angustia del tener, te hace conformista en lo económico y te saca de la ostentación y la hipocresía. La fe en Dios es la solución para los problemas del mundo Lucas 8, 16-18

Reflexión:

Día 23 de septiembre

Como vemos, a lo largo de la vida nos podemos encontrar en infinitas circunstancias en que se pone a prueba nuestra fe; unas veces fruto de la casualidad y otras provocadas, pero que en definitiva nos van a hacer retratarnos ante los ojos de Dios. El mal, permanentemente está maquinado contra el justo, al tiempo que dice: si es verdad que su Dios le protege en caso de necesidad: torturémosle y matémosle, él bastante nos reprende nuestras malas acciones; que venga su Dios a salvarlo. Si este pensamiento no viniese en el Libro de la Sabiduría  yo lo hubiera puesto; es una prueba más de la sabiduría de Dios, se anticipa como siempre al pensamiento malvado de los enemigos de la verdad.

Este es el dilema que han venido soportando los creyentes a lo largo de la historia. De ahí la importancia de crecer en fe y en número, se reduciría el enconamiento contra los cristianos y cualquier incidente sería una mera anécdota, si en lugar de ser un millón fuéramos tres millones,  por ejemplo  Sabiduría 2, 12.17-20

El Señor siempre sostiene nuestra vida. Todo el desorden y las guerras son fruto de la ambición y el desamor, seamos más conformistas y pidamos a Dios que satisfaga nuestras necesidades, mientras tanto tengamos paciencia y sepamos esperar. La sabiduría que viene de arriba trae paz, es comprensiva y está llena de misericordia. Las envidias y la lucha por tener no calman los deseos de nuestros corazones, y el clima que crea es de odio y venganza. La justicia corrige y disuade de cometer tropelías, pero somos así de incontrolados y somos así de opresores. El pueblo que viene durante siglos huyendo de guerras tiene una templanza a prueba de bomba y soporta como nunca la injusticia del poder, pero los excesos del capital un día se hacen intolerables y vuelven los enfrentamientos y las luchas y no es este el mejor camino para la concordia. Pedimos por la paz cuando vemos guerras cercanas, pero si las guerras son fruto de nuestra ambición, son guerras justas. El error es inherente a la persona Santiago 3, 16 – 4, 3

Jesús, no obstante, insiste en que seamos tolerantes, y el error está en el que quiere ser más importante y poderoso mediante la fuerza, ése, de entrar en el reino de los cielos sería el último, según el Espíritu de las Escrituras. El que quiera ser el primero que sea el último y el mayor servidor. Cero soberbia y cero altanería; candidez, espontaneidad, sinceridad, y vulnerabilidad, así son los niños. El que acoge a un niño en mi nombre me acoge a mí y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado, dice Jesús.

Otra vez vemos a Jesús en su predilección por el débil y frágil, exhortándonos a que tengamos mucha comprensión y cuidados con los niños. De nuevo anuncia a sus discípulos que le iban a entregar en manos de los hombres y, que le matarían, pero que al tercer día resucitará, de lo que sus discípulos no entendían nada. Puede parecer un ejemplo burdo el que voy a poner pero lo creo oportuno. En todos los grupos de chavales o mozalbetes siempre hay alguno más tímido o retraído al que todo el grupo margina un poco (cultura del pasado), poco se sabe que éstos son los preferidos de Dios: casi nadie lo tiene presente Marcos 9, 30-37

Reflexión:

Día 22 de septiembre

La buena semilla, todos sabemos que es la palabra de Dios y los sembradores a lo largo del tiempo han sido muchos, lo que tenemos que saber es qué tipo de tierra somos nosotros. Porque sería comprensible que nos cerrásemos a aquellos que nos invitan a ciertos placeres que terminan en vicios perniciosos para la salud y la familia, pero cuando la semilla es la palabra de Dios, la que llega a nosotros, y que viene cargada de entendimiento, libertad, alegría, esperanza… no entiendo cómo no damos un salto de alegría, abandonamos todo y nos ponemos al servicio de la verdad, que también es un valor del que está llena la palabra de Dios, porque ante todo es verdad.

El Evangelio no insta a dejar casa, padres y hermanos, se trata de saber si estamos haciendo un servicio a la sociedad, si estamos contribuyendo a que nuestro entorno sea más libre y feliz. Hemos de ser muy cautos ante la palabra de Dios y saber que somos tierra, y la tierra no siempre está en óptimas condiciones para poderse sembrar en ella con éxito; para que germine la semilla, nazca y crezca la planta con vigor y garantía de buena cosecha. La persona es lo mismo ante la Palabra, si no hay interés, plena convicción de que producirá buenos frutos en nosotros, y si no mantenemos una predisposición constante para que arraigue en nuestro corazón y nos empuje a actuar con toda naturalidad, si no adoptamos esa postura, no dará nunca el resultado esperado.

Es conveniente reflexionar la Palabra y considerarla como una oportunidad de renovación: de limpiar asperezas suavizando el carácter, reconociendo en el débil y el ignorante a Cristo. Jamás tratar con desprecio e indiferencia a estas personas ni a aquellas que consideramos inferiores a nosotros: todos tienen el mismo derecho que nosotros de disfrutar su existencia y el mismo derecho a cuidados y atenciones o más que nosotros, aunque solo sea por el mero hecho de su incapacidad para auto cuidarse y protegerse a sí mismos.

A esto se le llama en la parábola del sembrador tierra profunda y buena, que mullida y aireada es igual al corazón noble y generoso que escucha la palabra de Dios, la guarda y da fruto perseverando en ella. Si  nos avergüenza ser mala tierra, roturemos nuestro corazón para que nada bueno que nos llegue se desperdicie. Y que sepamos descifrar lo eterno de lo caduco.

Corremos un grave riesgo cuando en la parroquia no se nos exige nada. Uno va a misa cuando quiere y puede, o no va si no quiere o no puede, y el resto de feligreses no se ha enterado de nada. Si una persona no ha ido a misa porque está enferma, porque se ha caído, porque ha muerto un familiar o no ha ido porque cree que es lo mismo faltar un domingo, dos o tres que no faltar, nadie se entera de nada. Puede pensar que Dios es bueno y lo perdona todo. ¿Salimos todos llenos de emoción y de ternura después de oír la santa Misa? Y si alguno no sale lleno, ¿cuál es la causa?  Podemos conocer el Evangelio de p a pa, oír perfectamente la lectura del Evangelio y entenderlo en la Eucaristía del domingo, o no oírlo bien y mucho menos entenderlo, no pasa nada, eso es libre, es responsabilidad de cada uno entenderlo o no entenderlo, ir a misa o no ir a misa, obrar o no obrar.

Yo particularmente veo un tanto incompleta esta participación en ciertos actos litúrgicos, por lo que pueda significar de rutinaria, la rutina adormece y no estimula el conocimiento. Si perdemos el estímulo y la ilusión de lo que estamos haciendo, no podemos ser ejemplo ni luz para otros. ¿Somos tierra mullida y estamos en condiciones óptimas para sembrar en nosotros la Palabra cada domingo? ¿Esperamos el domingo con ardor para ponernos en sintonía con el Señor y poder beber en la fuente de la sabiduría, de la fe y del amor? Eucaristía: Dios-con-nosotros. Creo que nos lo debemos hacer mirar en más de una parroquia Lucas 8, 4-15

Reflexión: