Día 19 de septiembre

Jesús, fiel notario de su tiempo, nos describe con todo detalle el pensamiento de su generación o más bien de su época. Independientemente del anuncio del Evangelio, en varias ocasiones pone de relieve el modo de actuar de unos y otros, incluso, también destaca los pensamientos mezquinos que los corroe y su verdadera hipocresía, cuando dicen una cosa y hacen otra. Es este caso, el Señor nos dice: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación? Y Él contesta: Se parecen a unos niños que en la plaza dicen a otros: tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis, vino Juan, el Bautista, que ni comía ni bebía y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “mirad que comilón y que borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Sin embargo los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.

En una palabra, Jesús nos pide coherencia, sinceridad, comprensión, reflexión. Hay pasajes que son suficientemente ilustrativos de un pensamiento y una actitud hipócrita que llega hasta nuestros días: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” (Juan 8: 7) Vemos la mota en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro” (Lucas 6:41 ) “Queremos amistad con Dios y tenemos enemistad con nuestro hermano y estamos complacidos”.

Otra actitud despreciable “la crítica” el hablar mal del vecino con ánimo de desprestigiar, levantar falsos testimonios, hacer acusaciones infundadas con deseo de dañar una reputación. Todos los pensamientos del hombre, Jesús los puso encima de la mesa, ahora falta saber si ha valido para algo.

Seguimos cometiendo los mismos excesos y la justicia no siempre está claramente a favor de la verdad y del débil. Esperemos que Dios nos ayude a cambiar rompiendo fronteras y enemistades. Una relación sana y sincera con nuestros semejantes es de un gran valor en la vida. A la crítica de que comía con pecadores, Jesús contesta: “No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos” (Mateo 9: 12) Lucas 7, 31-35

Reflexión:

Día 18 de septiembre

En más de una ocasión oímos decir a personas, incluso a teólogos, que los milagros no existieron como tales, que tenían otro significado, incluso que no sucedieron como se describen. Hoy el evangelista Lucas nos habla de algo cotidiano, como es la muerte de un joven. Recordemos los que hoy tenemos entre sesenta y noventa años, todos tenemos mucho que contar al respecto.

Desde primeros de siglo pasado, hasta muy avanzado este, la muerte de los jóvenes y niños era de lo más común. Pocos matrimonios nacidos en esta época, a primeros del siglo XX hay, que no se le haya muerto un hijo al nacer, de niño, o de joven. Y no por ser frecuente era menos doloroso, el sentimiento de un padre o una madre ante la muerte de un hijo es desgarrador. Pero había casos aún más dramáticos, cuando ese hijo era único y la madre era viuda. En estos casos la viuda queda absolutamente sola, desprotegida, y con problemas de subsistencia; de ahí que a las viudas, en la época de Jesús y mucho antes, los mandatarios religiosos las tenían presentes en sus ruegos, porque era Dios el que reclamaba ayuda para ellas.

El relato de hoy acontece en la ciudad de Naín; al entrar Jesús en la ciudad, con sus discípulos y un numeroso grupo de personas que le seguían, vio salir de la ciudad un entierro, y preguntando quien era el que había muerto, le dijeron: ha sido un joven, el hijo de una viuda. Se detuvo la comitiva porque Cristo tocó el ataúd. Y viendo el desconsuelo de la madre sintió lástima y le dijo a la viuda: No llores, y al joven le dijo: ¡muchacho, a ti te lo digo, levántate!. El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.

La caridad del Señor queda manifiesta, jamás pasó indiferente ante la injusticia y la necesidad de auxilio, su humanidad en extremo nos debe conmover y llevarnos a seguirle como modelo de vida. En esta preciosa historia todos quedaron sobrecogidos cuando vieron la cercanía y el poder de Dios, y se decían: un profeta ha surgido entre nosotros y daban gloria a Dios. La noticia se divulgó por toda Judea Lucas 7, 11-17

Reflexión:

Día 17 de septiembre

Jesús a lo largo de sus tres años de predicación vivió circunstancias muy especiales, pero quizá ninguna tan especial como esta, pues se llenó de admiración hacia un personaje, y lo sorprendente es que dicho personaje era romano. Fue tan impactante el hecho, que la Iglesia lo ha cogido como modelo de fe. Como vemos, en este día la fe no se midió por las obras que la acompañaban, bastó unas palabras, y dichas oportunamente, para demostrar una extraordinaria fe en la personalidad de nuestro Señor Jesús.

Se trata de un centurión romano que, teniendo un criado muy enfermo, fue a buscar a Jesús para que lo curara. Una vez que encuentra a Jesús, le ruega que curase a su criado, Jesús le dice: Tu ruego va a ser atendido, vamos a tu casa. A lo que contesta el centurión: Yo vivo en un régimen bajo disciplina de mando y obediencia. Cuando digo a un soldado: ven, viene; ve, y va. También sé que tú desde aquí puedes curar a mi criado, dilo de palabra y curará. Yo no soy digno de que entres en mi casa. Porque era romano invasor y se sentía pecador. Jesús se quedó maravillado y mirando a la gente que lo seguía le dijo: Yo no he visto a nadie en Israel con una fe tan grande como este hombre. Jesús no solo vio fe en este hombre sino que vio cariño por la forma en que se había involucrado en las creencias judías y la piedad que demostró por su criado.

Como vemos en este hecho hay muchas formas de creer y sobre todo estas formas están en el corazón de las personas, cada uno lo demuestra en su momento. Lo sorprendente es que Cristo llega a todos los corazones, hablen español, inglés, árabe, chino o ruso. Todos los hombres en lo fundamental son iguales. Las barreras que existen son fácilmente sustituibles por lazos de amistad y comprensión.

Está visto que cuando hay necesidad no importa quién es el que ofrece la ayuda y todos los hombres necesitamos unos de otros; mejor estaría el mundo si tomásemos el ejemplo del centurión y le dijéramos a Jesús que no somos dignos de que habite en nuestro corazón, pero que por nuestra parte le damos la bienvenida y libertad para que lo haga. Cristo es el único que puede traernos la paz que necesitamos Lucas 7, 1-10

Reflexión:

Día 16 de septiembre

En el relato de hoy Isaías nos enseña a superar la maldad, no enfrentándose a ella, sino entregándose a ella como lo hace el cordero cuando lo llevan al matadero. A esta actitud mal entendida se le llama masoquismo, sin embargo, los verdaderos motivos que mueven a poner la otra mejilla o poner la espalda a que te muelan a palos y no esconder la cara a insultos y salivazos, son motivos nobles; en principio llenos de amor, después llenos de sabiduría, y también confianza en el Señor. ¿Cómo se traduce cada una de estas razones que llevan a poner la cara para que te abofeteen?

Amor.- Cuando se conoce la verdad que se anuncia y se sabe que es una verdad llena de amor no se puede enseñar a palos ni con la espada en la mano; la verdad se anuncia contándola simplemente y sin jurar para que te crean. Si se anuncia buscando el bien para los demás, sería contradictorio rechazar por nuestra parte el mal que pueda surgir; si lo entienden como una provocación habría que asumirlo, solo así podrían creernos, de lo contrario si respondemos con mal, jamás nos creerían. Conclusión: no rehuir nunca a la acción violenta de aquel que no cree en lo que se le dice. Esa es al menos la respuesta que dio Cristo a los que le prendieron.

Sabiduría.- ¿Por qué hemos de pensar que esa actitud de ponerte a disposición para lo que quieran hacer contigo es sabia? Porque es nada más y nada menos Dios el que aconseja que actuemos así. Dios tiene sobrado poder para neutralizar a los enemigos de la verdad, pero vuelvo a decir, que la única forma de convencer es a través del amor. Dios sabe que no hay otro método tan valioso. Isaías 50, 5-9a

Confianza.- La tercera razón es la confianza, que pertenecen más mis palabras al evangelio de Marcos 8, 27-35. Si Dios nos ha dado la vida, pretender preservarla por temor a perderla por no defender al creador de la vida, puede ser una equivocación. Ya lo dice Jesús más adelante. El que quiera salvar su vida, la perderá y el que la pierda por mí y por el Evangelio, la ganará. Finalmente, el que camina en la protección del Señor y de su Evangelio, no debe temer a nada: El Señor siempre vence y jamás defrauda Isaías 50, 5-9a. Observemos esta frase dulcísima del salmo 114 1-9 “Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida”.

Algo muy válido con respecto a la fe: Es bueno tener fe pero es mejor acompañarla con obras; sin obras es una fe muerta. Las obras prueban la fe, la fe no prueba nada. Mucha atención a aquellas oportunidades que prueben nuestra prudencia; no desaprovechemos  ninguna de ellas de hacer el bien Santiago 2, 14-18

La gente se preguntaba quién era Jesús, y Jesús dijo a sus discípulos: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro dijo: “Tú eres el Mesías” y Jesús le prohibió decirlo públicamente. Jesús de manera directa y sin titubeos se enfrentó a Pedro llamándole Satanás y le dijo además: “Quítate de mí vista que me haces tropezar”. Volvemos al principio de este relato. Jesús modelo de valentía, coherencia, amor y confianza, le contó a sus discípulos lo que le esperaba en Jerusalén: que le detendrían y padecería mucho; le juzgarían los senadores, sumos sacerdotes y letrados y le condenarían; fue entonces cuando Pedro se puso delante increpándole para que no fuera a Jerusalén, y Jesús le contestó lo que acabamos de leer. Le dijo además: “Tú piensas como los hombres no como Dios”. Los discípulos se llenaron de miedo e indecisión, a lo que Cristo les dijo: El que quiera venir conmigo se niegue así mismo, cargue con su cruz y me siga. Y es aquí cuando les dice de nuevo: El que quiera salvar su vida…

Jesús tuvo una visión de lo que acontecería y eso no lo iba a cambiar Pedro, ni por miedo ni por compasión. La Pasión, aceptada por Jesús, no va a ser esquivada. Este duro trance vivido por Jesús ha traído grandes frutos a la humanidad, para tiempo pasado, presente y para tiempo futuro. Y ya para concluir, es así como quiere Jesús que actuemos: sin titubeo y con determinación, lo contrario ya sabes de quien viene Marcos 8, 27-35

Reflexión:

Día 15 de septiembre – 2012 – Nuestra Señora la Virgen de los Dolores

¡Qué imagen más triste, Señor, ver a tu amado Hijo crucificado en la cruz, al lado de dos ladrones, crucificados con Él; y al pie de la cruz su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, María, la Magdalena y su querido amigo, Juan.

Anochecía y amenazaba tormenta. Estas santas mujeres, en esta situación dantesca, tenían roto el corazón. Era impensable que un verdadero Santo estuviera allí, en la cruz, traspasado de dolor por la maldad del hombre y el abandono de sus amigos. Además de eso, otra pena le embargaba, las gentes que habían pedido su crucifixión, eran su mismo pueblo, “vino a su pueblo, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).

Que soledad siente mi corazón, que ahogo tan grande tengo que no me deja articular palabra, pensaba la Santísima Virgen, la Madre de Cristo. Que desesperanza tan grande tendría María, la Magdalena, viendo a su Maestro colgado de un madero, en el que había puesto toda su confianza, del que estaba enamorada espiritualmente y llena de gratitud por haberla renovado, -haberle reparado su dignidad mancillada-. Y la hermana de la Virgen, desolada igualmente, viendo a su sobrino ultrajado, abandonado por todos, e impotentes los cinco sin poder ni saber qué decir.

Pensaba Jesús lo que hicieron con Él: “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas” (Zacarías 13:7). -Vosotros que tanto os quiero no dispersaos, acogeos mutuamente que Dios ya proveerá. Dice Jesús: “Mujer ahí tienes a tu hijo”; dijo al discípulo: “ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el amigo amado la recibió en su casa.

Imaginemos la escena: el Hijo de Dios en la cruz, las piadosas mujeres preguntándose: ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?; los romanos a unos metros calentándose en una hoguera y riendo con los chascarrillos de un desalmado; los judíos, a lo lejos en la algarabía de la fiesta, y el cielo amenazando tormenta: nubarrones negros y relámpagos en lo alto del monte. Desgarrador ¿verdad? Ante tanta crueldad ¿qué respuesta se espera del Padre? ¿Fuego, lluvia torrencial, granizo, rayos mortíferos? Nada de esto. El mal con el bien se paga. A una escena de muerte aterradora, el Padre responde con vida: la vida para el mundo y la vida de Jesús para sorpresa y alegría de sus discípulos.

Solo fueron cuarenta veces las que se apareció después de muerto; sin llamar a la puerta atravesaba muros y se ponía en medio de sus discípulos trayéndoles la paz. Respuesta para aquellos que no creen que Jesús viva en muchos corazones. Si atraviesa muros, ¿cómo no va a poder penetrar en un corazón abierto?, mejor aún. Abramos nuestro corazón y demos a Jesús el calor que no tuvo aquella noche. Hagámosle pensar que valió la pena pasar por ese trance. No seamos nunca turba. Reflexionemos y escribamos en la hoja que sigue los sentimientos que se han despertado en nosotros. Cristo está vivo a nuestro lado, apostemos por la vida. A todos nos espera lo mismo que a Jesús: muerte y vida. Pidámosle a Dios que nuestra muerte esté envuelta en la paz que Cristo nos da, y la vida, que nos sea abundante según su grado de misericordia Juan 19, 25-27

Reflexión: esta página va casi toda en blanco para que el lector/a amplíe su comentario si lo tiene a bien.

Día 14 de septiembre – 2012 – FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

Hoy celebramos la exaltación de la Santa Cruz. Parece algo contradictorio amar a la Cruz, como si los familiares del ahorcado debiesen recordar la soga en la que se ahorcó. Creo que es algo muy distinto. El concepto de cruz Jesús quiere que lo tomemos como “entrega por amor” “morir por amor y con deseo de salvar” ¿Salvar de qué? De la muerte. ¿Y la muerte, qué es? Dejar de existir como tales, para convertirnos en polvo de dónde venimos. Eso es lo que creen muchos, sin embargo, para los cristianos, la muerte es un paso de esta vida a otra vida temporalmente espiritual, para unirse después y seguir viviendo espíritu y cuerpo juntos.

La cruz es el símbolo que conduce a esa vida plena ¿símbolo de qué? De entrega, de privaciones, de sacrificios, de amor, de espera, de confianza, de fe en unas promesas de unos hombres, ¡con lo que mienten los hombres! ¿Por qué he de creer en estos hombres que me ofrecen otra vida después de esta? ¿Por qué no solo tengo que creer sino además llegado el caso, pasar por la cruz que pasó Jesús y que pasó San Pedro? ¿Y si todo eso de las promesas son solo mentiras? A eso se le llama fe, a creer en esas promesas: de Abrahán, de Moisés, de los profetas, de Jesús, de los discípulos, de los evangelistas, y hoy, de la Iglesia. Todos ellos nos vienen anunciando desde hace miles de años que la vida en la tierra puede terminar en muerte o en una vida más plena. “Ojo” una vida, que aunque inmerecida por lo placentera y larga (eterna) que se nos ofrece, pero, que basta tener fe en el Hijo de Dios y obrar en consecuencia para recibirla como regalo del Altísimo.

Dios es bueno y por amor al mundo mandó a su Hijo Jesús para que el mundo se salve por Él y para que nadie perezca. Aceptemos nuestra cruz y la cruz de Jesús, ello es camino de perfección y santidad. La cruz es una interpelación para el cristianismo. Cristo clavado en ella nos dice: el proyecto de Dios es que el hombre viva en la tierra en paz y en amor: mírame y verás lo que ese hombre ha hecho conmigo, con su salvador.

¡Qué torpeza más grande, Dios mío! Se desvela el mayor misterio y aparece de nuevo Jesús, diciendo: Sígueme y anuncia que el reino de Dios está cerca, para que el hombre deje a un lado su maldad y confíe en la promesa. Si la cruz de la vida representa lo que dije ayer, no entiendo por qué el mundo se opone a que haya gente así de generosa, ni tampoco el que nos hayan quitado la cruz de los espacios públicos, si lo que representa es eso “entrega por amor” Juan 3, 13-17

Reflexión:

Día 13 de septiembre

Ante el mucho dolor con la injusticia del mundo y el gozo por la espera en que el Señor enjugará toda lágrima, de nuevo nos enseña y nos abre otra puerta al gozo por el amor.

Dios quiere que seamos felices incluso en este mundo, y nos dice qué hemos de hacer para conseguirlo. Dios sabe de nuestra imperfección, pues Él nos hizo, y Él sabe también que si nos perdonamos nuestras debilidades o errores, muchas veces involuntarios, el que perdona se siente bien y el que es perdonado mejor. El problema radica en que el que debe perdonar no imagina el gozo que va a sentir después y lo relajado que va quedar, de saberlo lo haría sin perder un instante.

Yo no me fío de mí, o lo que es igual, no sé cuándo cometeré el siguiente error, pero del Señor me fío plenamente, y aunque me pida algo que parezca imposible de llevar a cabo, si me lo pide el Señor es posible hacerlo; aunque sea muy difícil y aparentemente contra natura; debemos  poner la confianza en Él sin titubear y obrar según nos dice. Seguramente nos pide eso tan difícil porque Él tiene visión de futuro y sabe que a través de ese comportamiento se alcanzaría la paz entre todos, aunque hubiéramos de sufrir unos para que consigan la paz otros.

Sufrimos la humillación y nos revelamos contra el opresor venciéndolo, pero luego viene la represalia. Y así continúan los enfrentamientos indefinidamente. Nosotros, como no tenemos esa visión que tiene Dios, contra atacamos y vuelta a empezar. Esto lo he puesto como ejemplo de lo que sucede a veces.

El martirio a los cristianos de hoy no puede quedar impune. Dice Jesús: cuando os insulten, os excluyan y proscriban vuestro nombre como infame por causa del Hijo del hombre, saltad de gozo y alegraos ese día, vuestra recompensa será grande en el cielo. ¿Qué recompensa dará Dios hoy a aquellos cristianos que han sido quemados vivos, torturados y asesinados otros; hoy que el hombre ha puesto máquinas en la órbita de Marte? ¿Cómo es posible que haya personas queriendo matar a los que no piensan como ellos? Jesús da esta respuesta a aquellos que siguen anclados en el hombre de Cromañón. Quiere que despierten de una vez aquellos que el odio no les deja ver el derecho inalienable a la libertad de todo ser humano.

Todo el Evangelio está lleno de gozo y de vida, pero, en las Bienaventuranzas, Jesús da un mensaje a los desheredados del mundo, y a los que por una u otra causa son unos desgraciados, les dice: que no se arrepientan de haber nacido, que esta vida es un soplo y ya recibirán su premio, y que de ellos será el reino de los cielos.

Reitero que Jesús no pide imposibles, ni tampoco nos aconseja hacer aquello que sea baldío. Jesús sabe que si llegásemos a actuar así, transformaríamos el mundo en poco tiempo. Muchos quedarían desconcertados y desarmados al vernos indefensos y no corresponder a la acción violenta; se les quitaría el deseo de hacernos mal, o lo que es  más importante, sería un mérito para nosotros el actuar bajo el mandato de nuestro Señor Jesús.

Analicemos con todo detalle este encuentro, Si solamente obramos bien con nuestros amigos y familiares no tiene ningún valor nuestro obrar, porque esperamos ser pagados por ellos. La grandeza está cuando se da, se presta, o se ayuda a sabiendas de que no vamos a recibir nada, solo lo que el Señor nos quiera dar en la otra vida.

Los malvados y pecadores se ayudan entre sí, y se prestan porque saben que les ayudarán y les devolverán lo prestado. Nos sigue diciendo Jesús que los malvados también aman a los suyos, si hacemos nosotros lo mismo no tiene ningún mérito. Por eso nos dice: que si nos piden la capa, que demos también la túnica; si nos piden dinero, que demos; si nos piden que acompañemos un Km. que acompañemos dos; al que nos robe algo que no se lo reclamemos.

Así que amemos a nuestros enemigos y a los que nos odian; bendigamos a los que nos maldicen; que oremos por los que nos injurian. Si actuamos así seremos hijos del Altísimo, dice Jesús. Todo esto se resume en el segundo Mandamiento: tratemos a los demás como queremos que ellos nos traten a nosotros. Debemos ser compasivos como compasivo es Dios; perdonemos y seremos perdonados; no critiquemos, no condenemos y no seremos condenados; con la medida que juzguemos, con la misma seremos juzgados.

El Señor Jesús hoy nos hace una advertencia: si el amor no prende en nuestros corazones no podremos actuar así; y una de las cosas que nos pedirán a la entrada de la otra vida es saber con cuanto amor hemos tratado a nuestros semejantes.

Amigo/a lector/a, yo creo que lo tenemos muy difícil, es casi imposible hacer lo que se nos pide, pero no abandonemos, intentémoslo, Dios puede ayudarnos, seguro que haremos un mundo más humano. Y seguro que la misericordia de Dios nos abrirá las puertas del cielo Lucas 6, 27-38

Reflexión:

Día 12 de septiembre

Jesús me dice hoy algo extraordinario, me dice que el hombre no pierda jamás la esperanza en un cielo nuevo y en una tierra nueva. Jesús dice que llegará un día en que no habrá lágrimas, ni frío, ni hambre, ni dolor, ni envidia, ni rencor, ni odio… Todo eso pasará y un gozo inmenso invadirá los corazones, solo se pensará en alabar al Señor por esa generosidad suprema con aquellos que han sido unos desdichados en este mundo; con aquellos a los que  les han usurpado los derechos más elementales como son el alimento, el vestido y la libertad. ¡Ay de aquellos que consciente y voluntariamente privan de estos derechos a los más débiles de la tierra, a los que no tienen voz, a los que el grito de justicia se les ahogó antes de salir de su garganta! Ese grito resuena en las conciencias de algunos, pero hacen oídos sordos dando a entender que no va con ellos.

Cuando el mundo dice que es inútil la esperanza, que Dios, si algún día existió, hoy nos ha abandonado, para qué seguir practicando sus preceptos, que comamos y bebamos antes de que al cuerpo se lo coman los gusanos; y que nos dejemos de historias de otra vida después de esta, pues nadie ha venido a contarlo. Son muy chistosos los que desprecian el Evangelio. Saben que sin Dios el hombre sería esclavizado hasta cotas insospechadas. Cuando el hombre vive en la desesperanza más absoluta, viene Dios y nos trae el consuelo que necesitamos, la esperanza que evita el tormento, la alegría que habíamos perdido y nos renueva la fe que nos querían arrebatar; todo se transforma en gratitud hacia nuestro Dios, nuestro creador y protector, nuestro sabio Maestro que nos vivifica y nos transforma.

Gracias a Dios Occidente es una tierra rica y abundante en todo, y son pocos los que conocen el hambre, pero estamos a punto de conocerla, aun así todavía hay muchos sobrantes que se podían canalizar mejor para que llegara a los pobres de la tierra. Y además de los sobrantes, deberíamos ser más solidarios desprendiéndonos de algo más para ayudar a esta gente. Las Bienaventuranzas son un vivo ejemplo del amor que Dios nos tiene y pretenden corregir los desajustes de la economía mundial que cada vez tienen más los que más tienen. Dios dará multiplicado a los pobres de la tierra todo aquello que otros derrocharon, toda aquella protección que no tuvieron, el abandono de la sociedad de que fueron objeto y la justicia que no tuvieron cuando les despojaron de vivienda y patrimonio Lucas 6, 20-26

Reflexión:

Día 11 de septiembre

En la época de Jesús, tradicionalmente se vivía en la creencia de que Dios estaba en lo más alto, (ejemplo: Sinaí, donde Dios entregó a Moisés las Tablas de la Ley), y Jesús siguiendo la tradición subió a la montaña para orar. Hoy sabemos que Dios lo penetra todo, y está en todos sitios; se puede orar en cualquier lugar, pero en lo alto de la montaña es cierto que el ambiente lo requiere, se está más aislado de los ruidos de la ciudad: provocados por máquinas, fábricas, talleres, automóviles…

En aquel entonces los ruidos y circunstancias serían otras, pero siempre habría más interrupciones por causas diversas en pueblos y ciudades que en pleno campo. Y como contrapartida la montaña aporta ruidos naturales de la vegetación movida por el viento, lo cual te acerca más a la obra de Dios. Aunque Jesús dice que el requisito fundamental para orar es un lugar silencioso, en una habitación con poca luz, hoy libre de móviles,  y mucha concentración.

La realidad es que Jesús subió a la montaña y estuvo orando toda la noche. No nos dice lo que habló con Dios, ni lo que Dios habló con Él, sí sabemos, que al venir el día reunió a sus discípulos y eligió a doce y los llamó Apóstoles, seguramente con la intención de enviarlos a predicar el Evangelio y continuar su obra. ¿Qué sentido amplio tiene esta elección? Pues yo creo que a tenor de los hechos podemos considerar que fue en este momento cuando se empezó a configurar la Iglesia. No cabe decisión mejor que aquella que anuncia un nuevo proyecto de vida.

El Evangelio es una renovación del hombre viejo por uno nuevo, es una limpieza de hábitos perniciosos para el cuerpo y el alma, por otros que dan al hombre un sentido trascendental de la existencia. El hombre, con este nuevo conocimiento, no teme empequeñecer, porque sabe que un día esa pequeñez le hará grande. Y la construcción de ese nuevo modelo de vida habría de cimentarlo en unos buenos pilares, esos pilares fueron los doce Apóstoles que siguieron la proyección de las doce tribus de Israel; pero como digo una proyección renovadora.

Jesús elige a sus doce hombres de confianza (aunque uno resultó ser un traidor) y comenzó a instruirlos. La misión que habría de encomendarles es la misma o parecida a la que tuvo Él, salvando las distancias, “anunciar que el reino de Dios estaba cerca”. Y es así como empezó la Iglesia.

Una vez que Jesús les asignó un nombre a cada uno de ellos y les indicó a grandes rasgos la misión que habían de cumplir, bajaron de la montaña y se juntaron con otro grupo más numeroso de discípulos y gente de otros pueblos procedentes de Judea, Jerusalén, Tiro y Sidón. Mucha de esta gente venía en busca de curación. Algunos de ellos poseídos por espíritus inmundos; venían a Jesús a sabiendas de que Él era el único que podía liberarlos de esa opresión y tormento. Todo el mundo trataba de tocar a Jesús; era conocido por todos que salía de Él una fuerza que los curaba a todos Lucas 6, 12-19

Reflexión:

Día 10 de septiembre

Buenos días, Señor Jesús. Hoy no es domingo, pero tú me hablas del precepto del domingo, que independientemente de que sea un día dedicado a Dios (celebrar cultos con alabanzas, cánticos y gracias en su nombre), no debemos limitar nuestras obras solo a esto, si a lo largo de todo el día se nos presenta la oportunidad de hacer el bien salvando una vida, ayudando al prójimo, o creando lazos de amistad o hermanamiento cristiano, no debemos cohibirnos rehuyendo a ello, aunque fuera con el pretexto de que es domingo y es un día dedicado al Señor. En la época de Jesús si se actuaba así, las leyes humanas impedían hacer bien en sábado, si eso representaba una ayuda o un esfuerzo a favor de alguien o algo, ya podía ser a un vecino, un paisano o una oveja; eso a Cristo le sacaba de sus casillas y no le importaba curar aunque supusiera romper las normas o preceptos humanos.

En el caso que nos atañe hoy, curó a un paralítico delante de los fariseos, soportando todo tipo de críticas, pues le presentaban ante la sociedad como un trasgresor de las normas establecidas. Todos estos roces que tuvo Jesús con los escribas y fariseos, constituyeron para éstos últimos una provocación que nunca aceptaron, y les llevaron a la determinación de impedirle el contacto con el pueblo, ante el temor de que se derrumbaran sus estamentos y su falso montaje en cuanto a su relación con Dios, pues nadie más que Cristo pudo descubrir su hipocresía.

De haberlo sabido alguien, nunca se hubieran atrevido a hacerla pública; sólo Jesús fue capaz de llevar a cabo tales denuncias durante tres años; en ninguna ocasión en este tiempo, se atrevieron a detenerle, siempre temieron una revuelta del pueblo. Aprendamos la lección de Jesús y contribuyamos con Él a hacer un mundo más humano y más verdadero, si no podemos curar como Él, aliviemos el dolor por otras vías. La amistad, el consuelo y el amor curan las heridas del corazón Lucas 6, 6-11

Reflexión: