Día 31 de julio

Ante tan contundente descripción (parábola) no valen simples interpretaciones; como decimos en España: “al pan pan y al vino vino”. La cizaña es una planta poco menos que extinguida, pero sí sabemos el fruto que da, ninguno; su fruto es algo así como ceniza negra. Da terror verlo; parece que ha ardido interiormente la planta. Es la imagen que tengo en la retina desde niño. Su función no sé cuál es, pero lo que sí hace es debilitar a las otras plantas productivas que crecen al lado: el trigo, por ejemplo.

Para que entendamos esta enseñanza, Jesús nos dice que la cizaña son los partidarios del Maligno o diablo, como más te guste; el trigo es la gran familia cristiana y los amantes de Dios. El sembrador del trigo es Jesús. El sembrador de la cizaña el diablo. El campo el mundo. Y los segadores los ángeles enviados por Jesús. Al final del tiempo los ángeles del Señor apartarán el trigo de la cizaña. Los que hayan obrado con amor quedarán en el Reino de Dios y los que hayan obrado odiando, maldiciendo y obrando mal, en suma, irán al fuego eterno.

Dice Jesús: Todos los corruptores y malvados serán arrojados al horno encendido. Y finalmente los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. Son palabras muy duras que no parecen venidas de Dios, porque su misericordia, bondad, ternura y comprensión está operando en el mundo, pero yo creo que por ahora, el último día, el día de la selección, cuando Él elija a sus hombres y mujeres de confianza para vivir eternamente a su lado, será un momento delicado, en el cual imperará la justicia; sobre todo primarán los valores de aquellas personas que hayan vivido con buenos deseos, buenos sentimientos, y que tengan sobre todo deseos de ir a Dios; entre estos, si no todos, deben estar los elegidos. Porque los que no quieran estar con Dios irremisiblemente ellos solos se han condenado.

Dios podía quitar hoy la cizaña del mundo, pero es una oportunidad la que da al mismo mundo para convertirse; no hay razón para pensar que el pueblo de Dios en este plazo de tiempo en el que toca esperar, se va a convertir en cizaña, como el trigo tampoco se puede convertir en cizaña. El problema es que la cizaña merma la cosecha de trigo; de la misma manera, los entes cizaña dificultan el desarrollo y la extensión de la obra de Dios. La paciencia de Dios es innegable y debemos pensar que si Él no actúa será por nuestro bien; para que crezcamos en el conocimiento del bien y aborrezcamos sin paliativos el mal. Indicamos, que el enseñar con parábolas facilita la comprensión del que quiere comprender Mateo 13, 36-43

Reflexión:

Día 30 de julio

Me dice Jesús que el Reino de los Cielos se parece a la semilla de mostaza y a la levadura. Seguramente Jesús quiere destacar lo pequeño que son en origen, tanto la semilla de mostaza como la levadura y lo que aumenta de tamaño en su proceso de fermentación o desarrollo. Dios lo humilde y sencillo lo hace fuerte y lo pequeño lo hace grande. Así es la cristiandad, empezó con un grupo de hombres, pescadores y hombres rudos la mayoría, y hoy dos mil años después, son millones y millones los cristianos repartidos por el mundo.

Que poder tan extraordinario de crecimiento ha representado la gran familia cristiana, el Evangelio es pura levadura, pura semilla de paz y de amor que se extiende por el mundo como una mancha de aceite. La Palabra de Dios generalmente penetra en los corazones y los transforma; los modela y los hace instrumentos al servicio del bien. Cuán grande no será el Evangelio, que tiene poder para obrar prodigios, basta creer en él, asumirlo y practicarlo. ¿Adónde radica su importancia? En las revelaciones hechas por Jesús. Dichas revelaciones son secretos jamás revelados desde el principio del mundo.

¿Por qué no pensar que el Reino de los Cielos está establecido en la tierra y desde la tierra se gobernaría el Universo? No debe preocuparnos la pequeñez de la tierra con respecto al Universo. Dios ensalza y engrandece lo pequeño, y empequeñece lo grande. Veamos la semilla de mostaza en que se transforma. Son tantos los secretos revelados por Jesús que no cabrían en este libro; iremos desgranando algunos a lo largo de los días. Gran poder ejercen los secretos revelados, son el alma del Evangelio. La divinidad hecha carne y la carne palabra: Jesús. La universalidad de la Iglesia. Jesús, Hijo de Dios Mateo 13, 31-35

Reflexión:

Día 29 de julio

El Señor en su infinita generosidad nos da de comer y sobra. Pueden surgir pequeños inconvenientes en nuestro caminar hacia el Señor, pero todo quedará en pequeñas anécdotas y terminará olvidado, el gozo será inmenso.

Bonito gesto el de un paisano que trae pan de los mejores granos, de las primicias, y lo trae con gusto para regalar a un hombre de Dios, para el profeta Eliseo, y este, inundado de generosidad, en otro gesto que le distingue, le dice al donante: repártelo entre la gente para que coma. El donante replica: ¿Qué hago yo con esto para cien personas? Y Eliseo insiste: repártelo a la gente para que coma. Porque esto dice el Señor: “Comerán y sobrará”. El criado lo repartió a la gente; comieron y sobró como había dicho el Señor (2Reyes 4, 42-44).

San Pablo nos habla del Espíritu que debe mover al cristiano: amabilidad, humildad, cariño, comprensión. Unidos entre todos por el vínculo de la paz. Aceptarnos y sobrellevarnos con paciencia, y con esperanza de alcanzar la unidad con el Señor. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una es la meta a la que somos convocados. Un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. Y un solo Dios Padre de todo, que lo trasciende todo, lo penetra todo, lo invade todo, está en todo.  Son unas palabras tan sencillas, tan de sentido común, que la relación entre cristianos se consterna al oírlas pero nadie se detiene a analizar si lo que él hace en esta relación es lo adecuado y si está en línea con lo que nos dice san Pablo.

Los grupos creados en las parroquias deben estar vigilantes para evitar cerrarse y que nadie más pueda entrar, o a ser un tanto selectivos; puede haber personas que tengan interés en incorporarse a estos grupos. De existir esta actitud aunque solo sea en algunos miembros, puede ser humillante para esas personas venidas de fuera y que quieran participar más de cerca en la vida cristiana del pueblo, manifestada en la parroquia. Es doloroso observar que quieres entrar y algunos del grupo se cierran más para que no entres. Cuando se da este caso se ha perdido la perspectiva de los valores cristianos. Seguramente entran deseos de abandonar la parroquia. Hay que tener una fe muy consolidada para no reaccionar huyendo de esos comportamientos.

Creo que no hay que llegar al extremo de exigir una solicitud por escrito para aceptar a aquel o aquellos que quieran participar en una actividad parroquial. Eso no sería cristiano. El espíritu de acogida tan necesario en cuestiones de fe brillaría por su ausencia. Estas actitudes de rechazo empiezan en unos y terminan en todos, sobre todo cuando el grupo ya es un tanto numeroso. Pero, es tan opuesto este comportamiento a lo que recomienda san Pablo, que nos lo teníamos que hacer mirar si se diera en nuestra parroquia; no es suficiente razón, que por estar llenos de entusiasmo los componentes, solo miren la cohesión de su grupo y se cuiden mucho de evitar que una persona ajena pueda entrar con el consiguiente riesgo de distraer o romper la dinámica existente.

No se puede culpar a nadie en concreto, porque todos los componentes o miembros piensan que lo que hacen es lo correcto; nadie se daría por aludido y mucho menos cambiaría su modo de actuar cuando se acerca un extraño, dado que algunos lo considerarían poco menos que un intruso si piensan que su aportación podría ser negativa. Y la paradoja es que en lugar de recibirlo con los brazos abiertos, lo que se abraza es el grupo mirando hacia dentro para que el extraño no pueda entrar. A simple vista y sin profundizar más en ello, la apariencia es de normalidad y todo fluye sin que se observe ese rechazo al que yo hago alusión. Creo que en la Iglesia tenemos que corregir algunos vicios para que los que están no se vayan y los que no están vuelvan. Y el primer signo de querer ampliar la comunidad y la actividad de los grupos es “con brazos abiertos al que llega”. Es posible que este comportamiento indeseable tenga su origen en la sociedad no creyente, pero entre cristianos es impropio y es donde más daño se hace al que llega y quiere integrarse en alguna de las actividades  (Efesios 4, 1-6).

La fiesta de los judíos estaba cercana, había mucha gente y estaban enfervorizados con Jesús por los signos que hacía, curaba todos los enfermos y daba respuesta a toda necesidad. Cristo veía a la gente como un poco desorientada en el sentido de que habían perdido la noción del tiempo y teniendo hambre no pensaban en ello; entonces Jesús ante el temor de que se desmallasen, se desvanecieran por el camino, pensó darles de comer. Y dijo a sus discípulos: buscad comida. Dice el evangelista que  había cinco mil hombres sin contar mujeres y niños. Encontraron unos peces y unos panes; Jesús a través de sus discípulos mandó que se sentaran por grupos y después de bendecir con la acción de gracias, Jesús les dijo que fueran repartiendo panes y peces a todos. Una vez que comieron todos, mandó recoger las sobras para que no se desperdiciase lo sobrante, y recogieron doce banastas en trozos de panes y peces. La gente al ver este signo se decían: Jesús es el profeta que había de venir al mundo.

En este signo Jesús quiso representar la comunión de la Eucaristía, en la que todos los hombres comemos el cuerpo de Jesús y quedamos saciados. Como su nombre indica es una comunión con Jesús. Es la aceptación de Jesús, y comerle como una necesidad de vivir junto a Él, comprendiendo que sin Él no somos nada y nada podemos hacer. Sobre todo para aquellos que creen en su proyecto, en la vida desde el amor, para vivirla en plenitud junto a Él. Lo que Dios quiso desde el principio, establecer su reino en la tierra, para que el hombre y todos los seres vivos vivamos eternamente bajo la influencia del amor de Dios y su protección. Y que todos vivan en óptimas condiciones, dejando atrás los condicionantes de la tierra: clima, enfermedad, hambre, sed, frío Juan 6, 1-15

Reflexión:

Día 28 de julio

Hoy aparece en escena un personaje que no se conforma con poner los placeres de perdición en el mundo, sino que los pone en la puerta de nuestra casa, nos los sirve en bandeja de plata y nos dice que los disfrutemos en esta vida, que eso es lo que nos vamos a llevar; tristemente en muchas personas ha calado el mensaje. Cizaña pueden ser algunos que no se dan cuenta, hacen la vida imposible a los de alrededor y el sufridor o víctimas no les queda otra que esperar a la siega. No puede uno abandonar a la primera incomodidad que se le presente en la vida. Hay que aguantar lo que se pueda en espera de la justicia de Dios. Las huestes de dicho personaje nos hacen creer que aquellos que entregan su vida a los demás pierden el tiempo. Que la vida está llena de placeres que nunca más volveremos a tener la oportunidad de gozar de ellos.

Los placeres del mundo son muy atrayentes y la vida cómoda también, pero cuando los sentimientos se hacen presentes no debemos huir de ellos y, ¿por qué no comprometernos en la búsqueda de un mundo más justo y más humano? Este mundo se transformaría en un infierno si los que viven pensando y haciendo el bien dejaran de hacerlo. Recordemos las miles de personas que tienen hijos apadrinados, los que colaboran con ONGs, Cáritas, Mensajeros de la Paz, Cruz Roja, y en tantos otros que diariamente entregan su vida a los demás. ¿Por qué lo hacen? Sobre todo por amor y también movidos por una fuerte esperanza de poder abrazar un día al guía supremo, precursor de todas las buenas acciones, en Él se miran y a Él siguen, a Jesús nuestro Señor.

Que al hambriento, al sediento y al desnudo, les den morcillas y que la vida son cuatro días que hay que aprovechar “el muerto al hoyo, el vivo al bollo”. Eso anuncia el mundo con todo su descaro. ¿Qué debemos decir? Que todo esto es una mentira sucia contra la que debemos luchar.

Dios nos espera con los brazos abiertos, como el padre del Hijo Pródigo esperaba a su hijo que afortunadamente volvió  (Lucas 15, 11-32). Dios nos dotó de un corazón y una conciencia que nos alerta sobre la necesidad de ayuda en nuestro entorno y ese corazón que despierta sentimientos y esa conciencia que no nos permite estar tranquilos sabiendo que podemos mitigar algo de sufrimiento, allí que vas y ofreces tu ayuda desinteresada.

Si a muchos personajes de la escena no les preocupa el dolor ajeno, a ti y a mí sí nos preocupa. Dios a pesar de nuestro desmerecimiento (porque no hacemos lo que debiéramos), nos quiere acoger como hijos, basta buscarle yendo hacia Él. Él sabe que somos pecadores, pero debemos decirle que no nos gozamos en el pecado, que confiamos en Él y no en la mentira del mundo. Nuestra lección en este día es: “no ser cizaña, ser trigo que alimenta y se almacena para hoy y posterior necesidad”. A la cizaña se le separa del trigo y se la quema Mateo 13, 24-30

Reflexión:

Día 27 de julio

La palabra de Dios tiene un efecto multiplicador como la semilla de trigo. Desde hace miles de años una simple semilla se ha ido multiplicando alimentando a toda la humanidad. Como todos sabemos el pan es la base de la alimentación. Pero para una extraordinaria multiplicación, la semilla ha de caer en tierra fértil y ser bien cuidada una vez germinada. La que cae en el camino, entre piedras y entre zarzas, la multiplicación es más que dudosa. Lo mismo ocurre con la palabra de Dios; no dará fruto si los corazones que la reciben no están en disposición de aceptarla y cuidarla, o incluso aunque la acepten, con  su poco arraigo en cuatro días abandonarán la palabra; lo mismo sucede con la semilla, llega a germinar pero la poca profundidad de la tierra y las zarzas la ahogan y se seca. ¿Qué debo hacer yo, un simple cristiano, que dije sí creo, a Jesús, hace años?

Sencillamente pensar que nuestras cercanías con Dios en el pasado no estaban equivocadas, y mucho menos nuestros padres en sus recomendaciones no estaban equivocados, por eso nuestro recuerdo nos debe llevar a creer en ella antes de recibirla de nuevo, ablandar un poquito el corazón para que penetre, germine y eche raíces, y quitar las piedras que me vaya poniendo la vida en el camino: duro trabajo, enfermedad, dificultades económicas, relaciones personales; quitando la zarza y cizaña que pueden nacer con ella con intención de ahogarla (mundo), o también puede crecer a su alrededor desaforadamente con la misma intención de ahogarla después: desamor, insolidaridad, odio, venganzas, guerras, vicio, juego, pornografía, adulterio, riquezas y placeres en general.

Pero el que quiere conocer a Jesús a fondo no debe desalentarse, menos aún si cree y creyó desde niño que en Jesús está la respuesta. Una vez cuidada la palabra, crecida y fortalecida, hay que abrir caminos entre la zarza y las piedras para dar o repartir los frutos que ha producido en nosotros, teniendo cuidado de que dichos frutos no caigan en el camino, no caigan en personas insensibles, personas insolentes con la Iglesia. El proceso es lento y largo pero es así como yo lo veo.

Y el que esté enfermo, lleno de dudas, debe curar su enfermedad, de lo contrario sus frutos también estarán enfermos o habrá algunos frutos enfermos mezclados (desconocimiento, incoherencias, fe débil). Una buena cura es la lectura del Evangelio de forma pausada y reflexiva, pensando que estas palabras las dijo Jesús sabiendo que un día llegarían a nosotros y nos sacarían de esas dudas abriéndonos un camino de luz. Por eso los frutos de la palabra han llegado a nosotros dos mil años después de ser anunciada por Jesús, en está parábola siguen vigentes y vigentes seguirán, aunque muchos se dejen ahogar por el mundo. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”, dice Jesús (Mateo 24:35). Esto nos lleva a otra conclusión: “La mentira puede destruir el mundo o parte, pero la verdad, que es la palabra de Dios, jamás podrá ser destruida” Mateo 13, 18-23

Reflexión:

Día 26 de julio

Los encuentros con el Maestro tienen por objeto hacer más entendible la palabra de Jesús para ampliar nuestra respuesta. Como vemos, Jesús dedicaba unos días a la curación y otros a la predicación.

Lo que a Jesús le desagrada sobremanera es que después de mucho predicar, de mucho curar e incluso después de alimentar por un día a cinco mil personas sin incluir a mujeres y niños, que después de todo este esfuerzo ingente, muchas personas seguían sin creer. Por eso Jesús dice: al que tiene se le dará y al que tiene poco se le quitará hasta lo que tiene. Esto que a simple vista no perece lo correcto, si se analiza bien se ve más razonable. Por ejemplo: uno tiene fe y ya contento con eso actúa en línea con la voluntad de Dios y del Evangelio, Dios que lo ve le premia con más fe, haciéndole ver más claro el significado de la palabra y de todos los hechos narrados en el Evangelio. Y al que tiene poquita fe y no lucha por tener más, Dios lo considera un insensato,  por el poco interés que pone en conocer la verdad que anuncia Jesús; a éste no lo considera merecedor ni de la poca fe que tiene. Si Dios te da unas facultades debes potenciarlas y hacer que crezcan para beneficio propio y de la sociedad, si te dio poco y tú no arriesgas intentando que crezca te pueden quitar hasta ese poco que te dieron.

Se dice en este encuentro que hay gente que tiene ojos y no ve y oídos y no oye, y eso es porque tiene el corazón embotado y no entiende lo que ve, no es sensible a ello y no se preocupa ni de las cosas de Dios y mucho menos del prójimo. A estas personas llega un día en que Dios se harta y les echa una reprimenda, metafóricamente hablando, le duele que sean tan tibios y caminen hacia la perdición, máxime si tienen oportunidades y tiempo y no hacen caso. El no querer oír ni ver nada sobre Cristo,  porque saben que lo que se ve y se oye les puede llevar a  convertirse y a aceptar a Cristo con toda la responsabilidad que ello conlleva, debería dar vergüenza. No querer ser cristiano, si se reconoce la existencia de un Dios de amor, por temor a convertirse en  orgulloso creyente y útil instrumento en manos de Dios para el bien, eso es un error. Ese cambio interior importante, que incluso se ve externamente, y que  viene como consecuencia de la fe, el mismo genera más fe; esta transformación se debería buscar y no rechazar.

Somos tan obtusos que incluso viendo nos cuesta creer. Por eso en cierto momento dijo Jesús a sus discípulos: dichosos los que tienen oídos para oír y ojos para ver, porque muchos profetas quisieron ver y oír lo mismo que vosotros y no tuvieron esa suerte.

-Vuelvo a decir lo que dije un día: los textos bíblicos son palabra de Dios, son los deseos de Dios expresados en palabras y esas palabras han sido escritas para que tú y yo las leamos y las conozcamos con un corazón de niño, con un corazón tierno y nos planteemos esta reflexión: si esto es verdad, yo tengo que cambiar algunos parámetros de mi vida, no debo seguir pensando que el sol, el agua y el aire un día pasaron por aquí y se quedaron, y así un montón de cosas; -hasta tu misma novia o mujer, alguien la ha puesto aquí para que tú seas feliz y trabajes para la felicidad de otros, y quiere que seas agradecido a ese Dios que todo lo ha dispuesto para nuestro bien, nuestro gozo y nuestro disfrute.

Como todo está en movimiento y casi todo está vivo, hay encontronazos que tenemos que suavizar y disculparnos unos a otros; eso es la vida en la tierra, vivir para hacernos felices unos a otros, hoy por mí mañana por ti. No endurezcamos nuestro corazón para que no nos volvamos ni ciegos, ni sordos ante las necesidades del mundo.

Dichosos los discípulos de Jesús porque oyeron y vieron lo que profetas y justos no vieron ni oyeron, pero qué triste aquel que tiene cerrado su corazón a la palabra y a las bendiciones que vienen del Señor. Ya podían oír y ver lo que ven y oyen. Su corazón se ha hecho piedra y rechazan el bien. Ven que el fuego de la palabra puede derretir su malicia y creen que eso es debilidad. “Al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”, dice el Señor.

Jesús quiere curar a todos, pero si la palabra no penetra en el enfermo a través de la fe, la curación no es posible. Dios espera nuestro cambio para poder recibirle en conciencia. El abrazo místico de la palabra y la fe es lo que produce el milagro; crea disposición y apertura, ya todo es posible Mateo 13 10-17

Reflexión:

Día 25 de julio – 2012 – SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL, PATRÓN DE ESPAÑA

Es bueno vivir en santidad, ser autor de nobles hazañas a favor del bien, se puede entregar la vida por amor a tus semejantes… Todo eso y más que se haga no da ningún derecho a merecer, a poder elegir alargar la vida, solo Dios tiene la máxima potestad de premiar con su gracia. La vida eterna no se paga con nada, es un regalo del amor de Dios. A poquito que analicemos, veremos claramente que el espíritu del Evangelio es de servicio y de entrega a los demás.

El que entra en la dinámica de la fe adquiere el compromiso de servir. En este momento uno deja de pensar en sí mismo y solo piensa en el bien común, en el bien del otro,  en el bien del prójimo… Ya dejas de ser tú y pasas a ser instrumento del Señor. La humildad y la debilidad puesta al servicio de los demás es la fuerza del cristiano. Las palabras de Jesús son ilustrativas para hacernos comprender que Dios cuenta con nosotros para ayudar en el desarrollo de su obra.

Dice Jesús: yo no he venido para que me sirvan, sino a servir; incluso a entregar mi vida en rescate de muchos. Otras palabras que invitan a servir son las que dicen: “la mies es mucha y los obreros pocos” “Señor manda obreros a tu mies” Mateo: 9: 37-38

En definitiva: si uno quiere ser importante en la familia cristiana, ha de cambiar ciertos conceptos. Por ejemplo: para ser el primero tiene que ser el último; hacer lo que nadie quiere; estar en el sitio que nadie ve, solo Dios. ¿Y por qué lo ve Dios? Porque Dios está después del último. Dios no quiere que el último esté solo, Él está con él. Ejemplo de humildad y servicio “la Madre Teresa de Calcuta”

Por eso, aquello que nos pide Dios que hagamos que puede significar para muchos un gran esfuerzo, para el cristiano debe ser motivo de alegría anteponiendo el agradar a Dios, porque Dios participa más con el último que con el primero. Dios siempre está con aquellos que más le necesitan en su debilidad Mateo 20, 20-28

Reflexión:

Día 24 de julio

El encuentro de hoy es a priori un tanto extraño si nos atenemos a nuestras relaciones familiares y a nuestro comportamiento con nuestras respectivas familias.

Sin embargo, en el contexto que se produjo esto, considerando la personalidad de Jesús y que se reveló a sus discípulos como Hijo de Dios y Dios mismo, “el que me ve a mí ha visto al Padre” (Juan 14:9), dijo un día. Pensemos que Jesús con treinta años abandona el hogar paterno para irse a predicar, sin alforjas, sin dinero, sin protección ni recursos, incluso decía: “las zorras tienen madriguera y el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza” (Mateo 8: 20). Jesús tenía muy metido en el entrecejo que Dios era su Padre y su misión era anunciar la voluntad de su Padre. El asunto no es baladí.

En la tierra estamos acostumbrados a emprender una misión, y si nos vienen mal dadas donde dije digo, digo Diego y  eso está a la orden del día y no es criticable, cada uno hace lo que cree que debe hacer, pero en pocos casos se tiene la determinación de Jesús en las condiciones que Él actuó. Los que creemos en el Evangelio, partimos de que todo lo que envuelve a Jesús es una verdad auténtica e irrefutable. Es una verdad que aunque tiene mucho de material o parte física, también tiene de espiritual o mística, pero que sigue siendo verdad porque toda ella nos conduce a Dios, a la salvación y a la eternidad.

Por supuesto que la última palabra la tendrá Dios, pero Dios, según mi criterio, jamás cerrará las puertas a nadie que haya vivido bajo la premisa del amor. El que cree en  Jesús no será condenado, porque ha creído en el Hijo de Dios (Juan 3:18). Aquella persona que busca la paz, la justicia, la armonía, la igualdad, deseando que se nivelen los desequilibrios sociales y mira a su prójimo con amor, esta tiene las puertas abiertas, si además son amorosos y respetuosos con Dios y todo lo relacionado con la Iglesia, con Jesús su Hijo, los cristianos, esos también tendrán el camino libre, ¿por qué? Porque Dios es amor y Dios es el que más sabe de amor y buenos sentimientos, como también de obras de caridad; la consideración del hermano, Dios lo valora mucho, todos somos hermanos, pero sobre todo los que cumplen con la voluntad del Padre, conociendo sus mandatos y poniéndolos en práctica. Todas estas conductas son básicas para alcanzar el cielo, máxime si están dentro de lo que Dios recomienda, pero ante todo debemos apelar a su misericordia, dado que es el que tiene la última palabra. Recordemos que seguimos siendo pecadores. Y el cielo es muy exigente.

Estando Jesús reunido con sus discípulos en una casa, le dicen: Maestro, en la puerta unas personas dicen que son tus hermanas, una mujer dice, que es tu madre, a lo que Jesús responde, y dirigiéndose a sus discípulos dice: Mirad, todos estos que cumplen fielmente con la voluntad de mi Padre que está en el cielo, es mi hermano, mi hermana y mi madre. Es importante que tomemos con claridad esta lección: la relación con Dios está por encima de la familiar. Recordemos el primer Mandamiento: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu fuerza, con todo tu cuerpo, con toda tu alma y al prójimo como a ti mismo (Mateo 22:37)

Hoy Jesús me vuelve a recordar que yo puedo ser su hermano, basta que confíe en la palabra del Padre y la lleve a la práctica ¿Hay algo más sublime? Jesús se hace hermano mío y me llama a vivir con Él la eternidad. Cada día en sus expresiones descubrimos un amor profundo a la humanidad, sin condiciones Mateo 12, 46-50

Reflexión:

Día 23 de julio – 2012 – FIESTA DE SANTA BRÍGIDA, PATRONA DE EUROPA

Día 23 de julio – 2012 – FIESTA DE SANTA BRÍGIDA, PATRONA DE EUROPA

No se puede describir mejor la relación de Cristo con los cristianos que con la parábola de la vid y los sarmientos.

Dios que nos crea libres pero con unas responsabilidades, algo así como con una tendencia o sentimiento, para seguir una evolución o crecimiento en línea con el Creador: seguir creando y conservando lo creado y, por encima de todo amando al Creador y a nuestros congéneres. En definitiva manteniendo una noble actitud con respecto a la creación. Pero los años y la evolución del hombre solo han constatado incredulidad y guerras. El enfrentamiento entre Caín y Abel (Génesis 4:8) solo ha servido de modelo a imitar y las guerras se han sucedido en el mundo, a veces multiplicándose.

Al mundo le ha costado y le sigue costando entender el sentido de nuestra existencia. Es tal el odio, el desamor, la injusticia en el mundo, que Dios nos mandó a su Hijo, Maestro de todo bien y plena sabiduría para encauzar nuestras vidas. A este divino Maestro se le asemeja con la vid, planta que cada año le brotan nuevos sarmientos, y que son los que dan el fruto, pero si están unidos a vid; si no, se secan y son quemados por inútiles e improductivos.

Los sarmientos se asemejan  a los cristianos, a los que creen en Jesús, a los que tienen fe en que Jesús es el Hijo de Dios y que ha sido enviado por el Padre como Maestro, al que debemos imitar permaneciendo en Él, y con nuestras acciones reconocidas como fruto al que alude Jesús. Difícilmente  podríamos hacerlo si no conocemos su Evangelio y no lo llevamos a la práctica. Solo unidos al Maestro daremos los frutos esperados Juan 15, 1-8

Reflexión: