Día 1 de julio

A veces se nos va el pensamiento por senderos inciertos y acusamos a Dios del hambre, la enfermedad, y hasta de la muerte prematura, y precisamente Dios es contrario a estas tres desgracias que nos ha tocado padecer. Dios creó al hombre para la inmortalidad, pero la envidia del demonio y nuestra ambición, ambas se juntaron y caímos en desolación. Siendo ese un gran problema, perdemos el norte de nuevo, y el mundo emprende una carrera en solitario dando la espalda al creador de la vida. Dice Dios: que los de su partido, refiriéndose a Satanás, pasarán por ella y yo creo que Dios se refiere a la muerte; lo cual debería llevarnos  a una reflexión y pensar: de parte de quien estamos. Sabemos que la alegría de las fiestas, los colores y los cubatas (la bebida), nos atraen, pero este tiempo pasa volando, y los colores se vuelven grises cuando vemos que las canas y las arrugas hacen acto de presencia, por el contrario, aquellos que han esperado con paciencia los colores del cielo, cuando ven las canas y las arrugas, solo ven que están llegando a la puerta del reino donde les espera el banquete Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-25

A Dios le gustaría que los que tienen mucho repartieran nivelando las estrecheces de otros: siendo generosos con los que no tienen. Cristo se hizo pobre para que nosotros nos hiciéramos ricos. ¿Ricos, dónde? En el cielo. En la actualidad nuestra abundancia puede ayudar en las carencias de otros y otro día la abundancia de estos puede ayudarnos a nosotros en nuestra falta. Eso es lo que Dios quiere, que haya nivelación.

Jesús antepone la fe a todas nuestras acciones, quiere que nuestra vida esté cimentada en la fe. Puede ocurrir que tengamos fe y confiando en las palabras que nos dice Jesús, le pidamos al Padre cosas en su nombre y no nos las conceda; pensemos también de los posibles peligros que nos libra. ¿Debemos desconfiar en el Señor? Nunca. ¿Por qué? Porque si no nos concede todo lo que le pedimos, algo más grande e infinitamente mejor nos aguarda en el cielo. Por eso nunca perdamos la fe en el Señor. Dice la Escritura: “Al que recogía mucho no le sobraba, y al que recogía poco no le faltaba” 2Corintios 8:15

Como la vida sigue y Jesús no cesa en su labor de predicación, le viene el jefe de una sinagoga llamado Jairo y echándose a sus pies le dice: mi hija está muy grave. Dice Jesús: ahora vamos a tu casa. Y según van de camino vienen familiares y vecinos que dicen a Jairo: No molestemos al Maestro, tu hija ha muerto. El interés de Jesús en ir a su casa no decrece y le dice a Jairo: no te preocupes, basta que tengas fe.

Fijémonos sobre la importancia de la fe. Llegan a la casa y dice: Todo el mundo a la calle que no ha pasado nada, la niña no ha muerto solo está dormida. La gente se reía de él. Entra en la habitación con los padres de la niña, con Pedro,  Santiago y Juan y dice a la niña: “Talita rumi” (que significa: Contigo hablo, niña, levántate). La niña se levantó, e inmediatamente empezó a andar. Todos se quedaron viendo visiones ante este hecho portentoso. Y les dijo a todos que no dijeran nada y a sus padres que dieran de comer a la niña. Como vemos en Jesús está el poder con mayúsculas para dar vida, sólo nos pide fe.

Tu poder y tu bondad me empequeñecen  y me asombran a la vez. Yo no puedo ocultar tus buenas obras; el mundo debe saber que eres el dueño de la vida.

Aun así debemos tener presente  que Jesús con su venida nos ha traído la salvación, ¿qué es la salvación? La vida eterna en el reino de Dios, poder ver a Jesús cara a cara. Para Jesús lo más importante es la otra vida, porque es infinita. Para nosotros, para el común de los mortales, lo más importante es esta vida. Por ello, para estos, todo sacrificio, toda pérdida económica, todo darse, toda pérdida de tiempo para conocer a Dios y ponerse en sus manos para que nos utilice se considera una “pérdida” en su expresión más amplia. He hecho esta reflexión, para que nos demos cuenta de lo lejos que está nuestro pensamiento del de Jesús.

Para Jesús las curaciones del cuerpo y estas devoluciones a la vida, del cuerpo, tenían una importancia relativa. Claro, para Jesús era difícil pasar ante el dolor y no hacerle frente a la causa, pasar ante personas atormentadas y no librarles de la causa del tormento. Jesús se compadecía del enfermo y de las personas próximas que amaban al enfermo y por la fe que les animaba a hacerlo. Pero Jesús lo que buscaba era la cura del alma; esta cura hace un mundo más feliz y más humano. Y esta cura es el pasaporte para la vida con mayúsculas. Esta vida en la tierra es un viaje corto. Pensemos en la otra y daremos menos importancias a las carencias. Y una forma segura de pensar más en la otra, es pedirle a Dios que nos aumente la fe. La fe es el salvoconducto para recuperar todo, incluso la vida Marcos 5, 21-43

Reflexión:

Día 30 de junio

En la época de Jesús la zona de Israel estaba tomada por los romanos. Al entrar un día Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un Centurión rogándole, más o menos le dijo: Señor, tengo un problema, uno de mis criados está enfermo en mi casa, está muy grave y puede morir, quisiera que lo curaras. Jesús como siempre se mostró interesado en atender el ruego y le dijo: vayamos a tu casa y veré que puedo hacer. El Centurión enseguida contestó: Señor no soy digno de que entres en mi casa, solo con tu palabra mi criado quedará curado. Jesús se sorprendió gratamente al ver un romano con tanta fe, hasta el extremo de que antes de ese día no había encontrado a nadie con tanta fe en todo Israel.

El Centurión siguió diciendo: Yo también vivo bajo disciplina de mando, y cuando le digo a un soldado ven, viene y cuando le digo ve, va. Jesús no pudo contener su admiración y le dijo: vete y que se cumpla lo que has creído. Seguidamente dijo a sus discípulos: vendrán de oriente y occidente y se reunirán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, en cambio, a ciudadanos del reino los echarán fuera a las tinieblas; seguramente está pensando en muchas personas de Israel por las que Dios tanto se preocupó, y por carecer de fe dichas personas quedarán en segundo lugar, detrás del Centurión, y otras fuera; y lo digo suavemente.

El que no creyeran en el Hijo de Dios estando Él presente, a Cristo no le agradaba, llevándole a decir esas palabras: que serían echados fuera. Es posible que vaya por ahí, en ese sentido, el comentario de Jesús. Ahora, yo no me aventuro, si eso finalmente se hará o Dios en su infinita misericordia nos perdonará a todos, también a algunos de los que integran su pueblo elegido, el Israel actual. Ese mismo día curó Jesús a la suegra de Pedro y a varios enfermos más que le trajeron. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.

En este encuentro, Jesús nos hace saber, que la fe no es patrimonio de nadie en particular, la fe está al alcance de aquel que quiera creer, bien haciendo uso de documentos, acontecimientos, vivencias o encuentros con personas de fiar y puede perfectamente a partir de estas circunstancias emerger un brote de fe en su persona, que con el tiempo y la buena disposición va creciendo y reforzándose, haciéndose incluso necesaria. El centurión, pensando en su actividad, se sentía indigno de que un Maestro, enviado de Dios, entrara en su casa, y por eso dijo lo que dijo. Como serían de acertadas y trascendentes sus palabras, que hoy se siguen diciendo en la Eucaristía antes de comulgar Mateo 8, 5-17

Reflexión:

Día 29 de junio – 2012 – SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO, APÓSTOLES

Jesús seguramente tenía otros medios de saber que decían de Él, pero lo quería conocer por boca de sus discípulos. Y les preguntó: ¿quién dice la gente que soy yo? Le dijeron: unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías y otros que uno de los profetas. Entonces Jesús quiso pillarlos fuera de juego y les dijo: ¿Y vosotros quien decís que soy yo? Pero Jesús se llevó una grata sorpresa cuando Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo. Es tan bello este texto que no tengo por menos que escribirlo casi entero. Jesús respondió: ¡Dichoso tú Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso sino mi Padre que está en el cielo! Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. Con estas palabras terminó de hablar Jesús a su discípulo.

Pero hoy Jesús nos interpela a nosotros: ¿Quién decimos nosotros que es el Jesús de nuestro tiempo? Para salir del paso podemos decir lo que dijo San Pedro: (Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo), pero Jesús hoy, además de querer que creamos eso que dijo Pedro,  quiere saber si esa fe es suficiente para modelar nuestro comportamiento; por eso nos pregunta de nuevo personalmente a cada uno, ¿qué soy yo para ti? Para mí en particular, querido lector/a, Jesús es la principal razón de mi vida.

Pensemos… ¿y para mí, que me dice a mí que estoy leyendo este diario?, ¿qué representa Jesús en mi vida?, ¿le tengo presente al levantarte y comenzar la jornada?, ¿le doy gracias por el día que pone ante mis ojos y por la oportunidad que me ofrece de respirar a pleno pulmón,  y de disfrutar ante la obra de Dios?, ¿le doy gracias por el alimento que me da en el desayuno, cuando otros no tienen para comer?, ¿le amo con toda la fuerza de mi corazón, soy agradecido con Él?, ¿imagino a Dios en mi compañía en el día a día? ¿Qué me dice el Señor, hoy?

¿Siento cuando me dice…, sabes lo que me gusta que hicieras? No me digas nada, en el fondo sabes lo que me agrada: que saludes, que cedas el paso y el asiento a personas mayores y discapacitados, que no te pases los semáforos en rojo, ni pases los pasos de cebra con el muñeco en rojo, ni cruces la calle por lugares que no hay paso de cebra, y así todo, que vivas con el deseo bien despierto de ser útil en momentos de necesidad. Y la caridad tan necesaria que no la olvidemos.

Si tenemos a Jesús en nuestro corazón, Él nos irá indicando siempre como debemos actuar. Le preocupa mucho a Jesús si los tres años que estuvo predicando han valido de algo. Si las curaciones y los milagros hemos sabido interpretarlos. Quiere saber si hemos captado el amor que nos tiene y que nos acepta como somos. Y para terminar, decir que Jesús quiere que no nos afanemos tanto por el futuro y por tener, que pensemos más en ser y en compartir. Crecer en buenos sentimientos y ser un poco más solidarios Mateo 16, 13-19

Reflexión:

Día 28 de junio

Hoy nuestro Señor Jesús, nos dice, como responderá a esos falsos profetas el último día. Es posible que a alguno de nosotros o a muchos les engañen con bonitas palabras y apariencia de gente educada y correcta, (nunca vendrían con cuernos, pues eso se nota mucho) pero, a quien no pueden engañar es a Jesús, que lo intentarán. Jesús en este momento les llama “malvados”: nunca os he conocido “malvados”, apartaos de mí. No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Jesús en el párrafo de arriba se está refiriendo a los farsantes, a los que se hacen pasar por creyentes, porque son conocedores de la Palabra, pero luego sus acciones son contrarias a la voluntad de Dios. De esos también los hay. Pensemos que creer no es extremadamente difícil, lo difícil es ser coherente con la fe. Parece ser, según Jesús, que hay algunos que creen, pero a la hora de cumplir ya se lo piensan, que por eso en el encuentro de ayer decíamos que aunque algunos se hacen pasar por corderos, por dentro son lobos rapaces que lo que quieren es exprimir y devorar a los cándidos como ovejas. Por eso, es mejor descubrirlos por sus frutos, antes de que nos devoren.

Sí consiguen confundir a gente inocente e ignorante, una vez conducidos hacia el mal camino, si además lo aceptan, en esa fase es muy difícil el retorno. ¿Qué no hará en la tierra, el que intenta engañar al Señor, para intentar perpetrar sus fechorías en el cielo? Por eso Dios es tan exigente exigente para permitir entrar. Ojalá entrásemos casi todos, pero será muy difícil. Dios que conoce los más ocultos pensamientos, sabe de la intencionalidad de todas las personas y aunque le digan, Señor, Señor, Jesús sabe que lo que pretenden es engañar para destruir el plan de Dios.

Ese día del que nos habla Jesús, será un día terrible para los enemigos de Dios y de la Iglesia. Los que han tenido multitud de oportunidades de obrar en consonancia con la ley de Dios y lo han hecho, esos irán serenos y confiados al encuentro con Jesús, y los gritos de angustia y de temor que puedan escuchar en otros no alterarán su paz interior, sin embargo, aquellos que aterrados vean el fin que les espera, sí gritarán y buscarán de nuevo el engaño al que han estado acostumbrados; con la diferencia de que las caras de pavor y dolor en esta vida las ponían sus víctimas y ahora las ponen ellos por temor a lo que se les avecina y contra lo que nada pueden; es una diatriba entre ellos y el Rey, el Todopoderoso, el Juez, el Maestro incorruptible, al que nadie puede burlar como hacen en la tierra.

Cristo lo traspasa todo. Recordemos cuando dijo a los Doce en la última cena: “uno de vosotros me va a entregar”, Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido (Mateo 26, 21-24). Es decir, que toda esta farsa del mundo en que vivimos un día cercano se acaba y empiezan los temblores para algunos. Reconciliémonos con Dios y devolvamos amor a los que nos hacen mal, solo así nos salvaremos. Con las enseñanzas de Jesús, hagamos como aquel que construyó su casa sobre una roca, siempre permaneció seguro, no como aquel que la construyó sobre arena, enseguida se la llevó el agua. Ya hemos visto lo que le puede pasar al que no construye su vida con la Palabra de Dios Mateo 7, 21-29

Reflexión:

Día 27 de junio

Jesús nos dice que no nos fiemos de los falsos profetas. Esta advertencia es muy interesante, sobre todo si viene de Jesús, y nos debe poner en guardia en el sentido de que nos pueden engañar y hacer que vendamos nuestra alma si llega el caso. Si alguien se nos presenta con piel de cordero y por dentro es un  lobo, ojo, este lo que quiere es mi condenación. ¿Cómo intentará conseguirlo? Una vez que nos ha hecho creer que es un ángel de luz, nos haría creer que las cosas de Dios no son exactamente así como lo cuenta la Biblia, y nos haría creer que el cielo está regido por otras fuerzas y no por Dios. En resumidas cuentas, si conocemos a Dios y a su Hijo Jesús y sabemos que las fuerzas que rigen sus vidas son el amor y la justicia, todo lo que sea contrario a esto, no viene de Dios.

Todo lo que sea desviar el temor de Dios y el amor de Dios a otros seres que no sean Padre, Hijo y Espíritu Santo, sería falso, no vendría de Dios. O sea, las mil y una recomendaciones de Cristo, hechas a través del Nuevo Testamento: Evangelio, Cartas, Hechos y Apocalipsis de San Juan, no se pueden modificar ni un punto, ni una coma. Y es más, en todo prevalece una esencia, un espíritu, un deseo ferviente de Dios; conociendo todo esto no hay nada que temer, nadie podrá engañarnos si no nos dejamos. Lo primero, conocer bien el Evangelio y creer en él, lo segundo comprender a Jesús, sentir su voluntad como tuya propia y hacer que tu voluntad sea de él. No permitir ni un resquicio de duda, seguir a Jesús hasta el final.

Y respecto a los falsos profetas, lobos con piel de cordero, por los frutos los conoceréis; lo que dice Jesús: es imposible que un olivo produzca peras, ni un almendro ciruelas, ni un naranjo plátanos. El que intenta engañar, enseguida que te das la vuelta se quita la coraza y actúa como lo que es, un traidor a Dios y a la creación, empezando por sus hijos predilectos. De palabra todos somos muy buenos, pero lo que confirma la palabra son los hechos y a eso se refiere Jesús cuando nos habla, diciendo: por los frutos los conoceréis.

Aquellos que se han empeñado en desacreditar a la Iglesia y a los cristianos, si no pueden de una forma lo intentarán de otra. Nunca aceptarán que triunfe el bien, que triunfe el amor, pues esto es el arma del cristiano. Ellos tratarán de convencer de que hay otras formas más eficaces que los simples consejos de Dios. Ya decía Nietzsche: que los cristianos somos idiotas si cuando nos dan una bofetada ponemos la otra mejilla (Lucas 6:29). Confiemos siempre en la verdad anunciada por el Señor. Y una cosa para el final: aquel árbol que no da frutos buenos su final ya sabemos cuál es, cortado y arrojado al fuego Mateo 7, 15-20

Reflexión:

Día 26 de junio

La puerta ancha es aquella a la que se dirige el mundo: la parte que no es reflexiva y no se interesa en mejorar las desavenencias, sus desigualdades, el engaño, la hipocresía, el desamor, la indiferencia… El mundo por naturaleza es así, pero, para eso Dios, a través de ciertas personas, quiere ayudar a que nuestra vida sea más gozosa cambiando nuestras acciones y nuestras direcciones.

Dios quiere que nuestro corazón explote de amor cuando ayudamos a otro; bien pueda ser un familiar, un vecino, un emigrante o un desconocido. Sin embargo, hay un ser contrario a esto, este conoce y aborrece a Dios y quiere que la humanidad piense como él. Estos que piensan así, aunque sea sin saberlo, le están haciendo el juego, odian la verdad, aborrecen la compasión, se aprovechan de las debilidades del otro para vivir a su costa y les importa un pepino el sudor o las lágrimas derramadas por el otro: si pueden engañarlo, insultarlo, robarlo, lo hacen, en definitiva su objetivo es abusar del prójimo.

Observemos las dos actitudes: Unos van camino de la puerta ancha, cierto que muchos por ignorancia; y otros, siguen las indicaciones de la puerta estrecha. Puede parecer una tontería este pequeño relato. Es posible. Pero el que ríe el último ríe mejor. Y no solo esto, es cuestión de creer en el que más sabe de nosotros, en el que mejor nos conoce, en el que nos ha creado y conoce nuestra psicología y sabe que nos vuelve locos el lujo, el poder, el presumir, el tener más que nadie…

Dios lo sabe todo, por eso quiere que lo vivamos con moderación, sobre todo sin marginar al que no tiene nuestra inteligencia, audacia y fortaleza. Que al fin y al cabo son dones que nos da el mismo Dios para un mayor crecimiento, pero repito, sin olvidar a los que se van quedando atrás, que a estos no le falte el pan, el vestido, el consuelo, la esperanza, la ilusión; que no sean unos parias, que no sean los desheredados de la tierra, los olvidados y despreciados.

El mundo enseña a huir de los mendigos y en la época de Jesús hasta de los enfermos; hoy eso lo hemos corregido un poco, pero aún se vive de espaldas a la pobreza y eso tendrá su respuesta. Parémonos un momento y pensemos: ¿Cómo puedo yo continuar la obra de Dios? ¿Cómo puedo ayudar según su voluntad, a quitar dolor a este mundo? Yo creo que podemos empezar, conociendo lo que Dios quiere y después haciendo algo más. Pero por ahora, conocer el amor que Dios nos tiene y conocer su proyecto. Y si a alguien le cuesta entender esta verdad, se resume en pocas palabras: “Tratad a los demás como queréis que os traten a vosotros”, nos dice Jesús Mateo 7, 6.12-14

Reflexión:

Día 25 de junio

No juzgues a los demás porque con la medida que juzgues así serás juzgado. Tema profundo donde los haya: el pan de cada día: la crítica. En los pueblos, permanentemente estamos hablando de los demás, afortunadamente no siempre para juzgarlos en relación a la fe, pero sí les criticamos ciertos modos de ser o también sobre el aspecto físico y sobre la vestimenta. Que acertado estuvo Jesús cuando dijo: quítate la viga de tu ojo y así podrás ver la mota en el ojo de tu hermano. Está claro el sentido: es bueno hacer una reflexión antes de juzgar, con frecuencia nos daríamos cuenta que nosotros incurrimos en las mismas faltas o en otras parecidas. ¿No será que nuestra inferioridad e imperfección nos lleve a criticar a los demás para rebajar las cualidades que puedan tener y nosotros no? Seguramente con la crítica a otros, interiormente nosotros nos vanagloriamos. Rebajando al otro nos sentimos superiores.

La crítica en esencia es desacreditar al otro destacando sus errores o malas acciones, quizá con el trasfondo de que no agrada que otros sean mejores que uno mismo. Lo grave es que a veces se critica por oídas, sin estar seguro de que lo que se dice es cierto, en estos casos se hace mucho daño. Lo que se cuenta ya se ha inflado al pasar de boca en boca y por tanto nos llega transformado. No veo noble este mala costumbre, hablar de los demás en negativo, cuando todos somos igual de débiles y cometemos las mismas torpezas, unas veces por error y otras intencionadamente.

Si se trata simplemente de hablar de un vecino para comentar un hecho, eso no sería crítica y así es como debiéramos actuar. Aunque Cristo, cuando habla de crítica, es referido a la fe, a lo que tenga que ver con la formación cristiana, o sobre aquellas cosas que puedan afectar al buen concepto que se tenga de una persona en aspectos morales. Yo no paso a creer que la crítica sea siempre con intención de destruir o desacreditar a la otra persona, más bien es por costumbre y no se puede evitar, o digamos que se usa como tema de conversación para pasar el rato. Si es así lo veo completamente malintencionado.

Cosa totalmente injusta que seamos tan exigentes con el modo de obrar de los demás o de algún amigo o hermano, y no analicemos en nuestro comportamiento nuestras faltas, lo que podría ser motivo de críticas más severas que las que hacemos a otros. En resumidas cuentas, huyamos de hacer valoraciones sobre los demás, ni aun conociendo los hechos, no es la mejor forma de crear un ambiente de confianza y respeto. Seamos comprensivos y compasivos reconociendo la debilidad no solo en nosotros sino en los demás, y aceptémosla. Veamos en los demás las cosas buenas sobre todo, y aunque conozcamos también sus defectos asumámoslo, así la amistad tendrá razones para fortalecerse. La idea de creernos nosotros los únicos perfectos desterrémosla, es absolutamente falsa, todos tenemos cosas buenas y malas Mateo 7, 1-5

Reflexión:

Día 24 de Junio – 2012 – SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

Día 24 de Junio – 2012 – SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

Hoy me ha revelado el Señor la grandeza de Juan Bautista. Nacido para servir a Dios anunciando la Verdad. Como dice él: desde el vientre de mi madre ya fui elegido y me formó para anunciar a Jesús y para promover la conversión del pueblo de Dios. Se esperaba a Jesús y la gente debía recibirle con el corazón alegre y limpio. Hasta su nombre fue elegido por Dios. ¡Qué misión tan hermosa! Corta pero hermosa, solo superada por Jesús. Con esto no infravaloro la vida de Abrahán, Moisés, David, Salomón. Estos últimos tuvieron largas vidas: con pesares y gozos, momentos de enojo y momentos de disfrute, pero…

¿Y Juan, qué disfrutó? Recordemos de su vida lo que nos han contado: en el desierto sus años de juventud, vestido con pieles de camello, alimentándose de langostas del campo… ¡Cómo le modeló Dios para la misión!. Gracias a Dios disfrutó de un tiempo de predicación y creó un grupo de fieles discípulos que finalmente se irían con Jesús. ¡Con qué coraje urgía a la conversión!. Nada más y nada menos que esperaba al Hijo de su Señor, eso es fe, valor y sumisión.

Lo de Juan fue un servicio excepcional a Dios y a la venida de Jesús. La voluntad de Dios por encima de todas las cosas. Así fue la muerte que tuvo: decapitado por no renunciar a la moral y a la fe. Estas vidas austeras con voluntades férreas, son historias reveladoras de la existencia de Dios y de su magnífico plan en el que estaba y está todo diseñado, todos han tenido una misión, todos han sido y otros son ahora antorchas para indicar el camino de la salvación. Otra cosa es que no lo queramos ver, pero ahí están

¿Quién niega la existencia de Napoleón? ¿Quién niega la existencia de Cesar Augusto? Nadie. ¿Verdad? ¿Y por qué negamos a Cristo? ¿Por qué los que creen en Él no le siguen en su totalidad? No quieran ser todos iguales. No son todos los hombres iguales. Están los que creen y los que no creen; los que aman sin ser amados y los que no aman si no son amados. Tanto amó Juan Bautista al Señor que decía, que Él era su fuerza Isaías 49, 1-6

Una frase muy bonita de Pablo: Hermanos descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación. Se refería a la Buena Nueva. Y repitió además lo que Juan dijo: “Yo no soy el que pensáis, viene detrás de mí uno a quien no merezco desatarle las sandalias”. Dios nos espera, Cristo vino y nos anunció el camino, aprovechemos está oportunidad Hechos 13, 22-26

            La madre de Juan se llamaba Isabel y su padre Zacarías. Por Zacarías empezaron a llamar a Juan, hasta que dijo su madre que se llamaría Juan; los amigos insistentemente decían que no había ningún Juan en la familia, que no le llamaran así. Y le dijeron al padre que como se llamaría, a lo que contestó escribiendo en una tabla: Juan es su nombre. Zacarías no hablaba, un ángel del Señor le dejó sin habla por incrédulo; no podía imaginar que su esposa, que era estéril, pudiera tener un hijo; a partir de este momento, de indicar el nombre de su hijo escrito en una tabla (nueve meses después de la visita del ángel), se le soltó la boca y la lengua Lucas 1, 57-66.80

Reflexión:

Día 23 de junio

Ayer terminé hablando de que no se puede servir a dos señores y hoy es Jesús el que nos habla de ello. Por eso el comentario de hoy tratará en especial de este tema. Lo que Jesús nos dice es que siempre el que sirve a dos amos terminará teniendo preferencia por uno y como consecuencia se olvidará del otro; y esto lo dice Jesús en referencia a aquellos que amasan grandes fortunas, pensando desde el principio que Dios va a continuar regentando sus vidas y a medida que crece su fortuna decrece la relación con Dios. Hemos de confiar que si Jesús lo dice no es por capricho; la sabiduría de Jesús es innegable, pero podría resquebrajarse si nos afirma algo que pueda ser falso.

Cuando nos pone esta parábola es porque está completamente convencido de que el hombre en la mayoría de los casos actúa así, si no en todos. Si el común de los mortales (católicos), los domingos, día dedicado al Señor, va a misa y poco más, un súper millonario, lo fácil es, que se pase el domingo pensando en cómo aumentar su fortuna. Y lo que Dios quiere es que por nada del mundo dejemos de llevar una vida ordenada, solidaria, agradeciendo al Señor sus favores, y haciendo familia y comunidad.

Las normas establecidas en la Biblia, no vale saberlas, lo esencial está en cumplirlas. El interés desmedido por el dinero, el vestido, y el coche de lujo, le aparta a uno de los deseos espirituales, de qué nos pasará después de la muerte. Y este día va a llegar. El problema surgirá entonces cuando nos digan: usted en la tierra no se preocupó nunca de esto, así que no sé por qué ahora este interés por entrar en el cielo. No se puede estar a la sopa y a las tajadas. Nunca se preocupó del reino de Dios ni de su justicia. Siempre tuvo un gran afán por el mañana, en guardar y guardar, para asegurarlo y el mañana ya se ha acabado, empieza otra vida en un espacio en el que usted no tiene cabida, a usted solo le gustaba el dinero y aquí hay otros valores que usted desconoce.

Cada día que nos da nuestro Padre Dios, tiene suficientes horas para distribuirlas en función de los preparativos del viaje que queremos hacer, si queremos un viaje corto (hasta los ochenta) es natural que no pensemos otra cosa que sacarle el máximo provecho al día a día; si queremos hacer un viaje largo (digamos, eterno), el tiempo hasta los ochenta hay que vivirlo no como el viaje propiamente, sino como preparación para el viaje que emprenderemos a partir de los ochenta, que sería un viaje galáctico, para que se entienda un poco la dimensión.

También parte de este tiempo se puede dedicar a contactar con aquellos que van a hacer el mismo largo viaje con nosotros, e incluso animando a otras personas a que participen en esa travesía que se presume va a ser de ensueño. O sea, que la diferencia es esa: a qué dedica cada persona el tiempo de esta vida. Unos creen que es el viaje en sí, otros creen que es tiempo de preparación para el verdadero viaje que durará toda la eternidad.

Y respecto a lo que dice Jesús que ni Salomón vistió como visten los lirios del campo, yo le digo: que Dios Padre tenga piedad de nosotros y nos saque de la duda, ¿por qué en África y en la India llevan cientos de años pasando hambre? ¿Reconocen a Dios como Padre? Esto no concuerda al cien por cien con la aseveración de Jesús. Y yo particularmente no dudo de la voluntad de Dios Mateo 6, 24-34

Reflexión:

Día 22 de junio

Nos dice el Señor que no atesoremos riquezas en la tierra, donde la polilla los puede destruir y los ladrones robar. Cristo se va a los extremos para que nos demos cuenta de lo inútil que representa vivir rodeado de riqueza, y que cuando llegue la hora de abandonar este mundo nos vamos sin nada, y peor aún, sí esas riquezas nos han hecho olvidarnos de Dios y de nuestro prójimo necesitado; cuando lleguemos allí nos dirán y recordarán el poco caso que hemos hecho a las Bienaventuranzas, pero eso no es lo grave, será peor que nos amarguen  los primeros días con el recuerdo de nuestra indiferencia, que podíamos haber ayudado mucho quitando hambre y dolor de este mundo y que dimos la espalda a los casos de necesidad; pero, posiblemente no se quede todo en este mal trago, nuestra vida dedicada a acumular riquezas, puede significar la exclusión del reino de Dios; Dios quiera que esto no pase; pero ojo, allí no quieren gente egoísta, usurera, ambiciosa, deseosa de poder… Allí quieren gente sencilla, humilde, de buen corazón, solidaria, que se le parta el alma cuando ven una injusticia o una carencia de alimento y ropa de abrigo. Esta es la gente que quieren, aquella de la que se puedan fiar. Gente que se ha quitado de placeres en beneficio de otros. Es de sentido común. Huyamos de usar la ley del embudo: lo ancho para nosotros y lo estrecho para los demás, porque la ley que usemos la usarán también con nosotros.

Volviendo al hilo, solo se nos pide que seamos moderados en el consumo, que no derrochemos, y que no acumulemos en exceso, en su lugar seamos caritativos con aquellos que no tienen nada, siempre tendremos oportunidad de hacer el bien; a los hijos, educarlos en este sentido, haciéndoles ver que no es necesario tener tantas cosas; viviendo con austeridad nos hacemos más sensibles y más receptivos y valoramos más otras cosas de carácter espiritual y sentimental. Sabemos que todo cuesta, pero hay detalles insignificantes que producen más emoción que un regalo caro. En resumen, si pensáramos más en el cielo y en Jesús, llenaríamos más nuestro corazón de buenos deseos y sentimientos solidarios, en lugar de espacios dedicados al tener y a la ambición de aparentar; no suele ser más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Muchos hemos pasado por esta fase, pero finalmente uno se da cuenta que las cosas no llenan el corazón.

Lo que importa es la unidad familiar, el cariño entre todos; los amigos, el respeto a la persona y al medio ambiente, y si conoces a Cristo ya es el no va más, esto sí que te llena de esperanza ante toda adversidad, pues ¡ánimo! y como dice Hazte Oír ¡Descubre Valores! Jesús nos hace esta recomendación porque sabe que donde está nuestra riqueza allí está nuestro corazón, y nadie puede servir a dos señores, al dinero y a Dios (Mateo 6, 24)  Mateo 6, 19-23

Reflexión: