Día 1 de marzo

Hoy Jesús nos dice que pidamos y recibiremos y que tratemos a los demás como queremos que nos traten a nosotros. Yo creo que cualquiera de las dos aseveraciones de Jesús son más que ciertas. Si tenemos en cuenta que la Iglesia es el cuerpo de Cristo, y le pedimos, es como si le pidiéramos a Cristo, y si le pedimos a un cristiano igual. Todos sabemos que la Iglesia (Cáritas) en nombre de Dios, da anualmente miles y miles de kilos de alimentos y también a través de comedores; la Iglesia da de comer a miles de personas que muchas de ellas dan la espalda en lugar de dar gracias a Dios.

La Iglesia que sabe de amor, ama sin pedir nada a cambio, da, da y da todo lo que puede y más. La acción de Dios no es tan visible, pero dado su generosidad ¡cuánto tendremos que agradecer cuando nos enteremos de lo que hace por nosotros! Lo más importante que nos puede dar Dios es la fe, pidámosla y la tendremos; la fe no es la entrada para el cielo y la vida eterna, pero sí dice con quién nos vamos a encontrar en la puerta; de momento es la orientación para encontrar el camino. Y quien orienta, es Cristo a través de su Evangelio y su Iglesia.

Llama a la Iglesia y te abrirán, pide y te darán, busca y encontrarás; si crees que ya lo sabes todo, si subestimas la fe y el servicio de Dios a través de la Iglesia y los cristianos, será porque no tienes muchas necesidades materiales; y las espirituales no las relegues demasiado, la vida es corta aquí y todos necesitamos de ellas, sobre todo para pasar al otro lado, es la identidad del cristiano “el bautismo” y los sacramentos; los cristianos también responden a la llamada de auxilio: abriendo cuando llaman a su puerta y dando cuando les piden.

La segunda parte es algo elemental, a todos nos gustaría que nos tratasen bien en todos los casos, pues nosotros que somos conscientes de ello empecemos a actuar así y creemos esa conciencia de reciprocidad en el amor. Yo amo porque me aman y me  aman porque amo. Esto traducido a todo tipo de ayudas incluso al saludo; recuperemos la buena educación, dando los buenos días en todas partes donde lleguemos: banco, correos, hacienda, mercado, vecinos, tienda… y ayudando en la calle cuando veamos una necesidad. Tratar a los demás como quieres que te traten, dice Cristo. Considerar a esa persona que está a tu lado o que se cruza contigo un ser importante, también es hijo/a de Dios como tú Mateo 7, 7-12

Reflexión:

Día 29 de febrero

Reflexión para leer en los años bisiestos

Nuestro amado Jesús nos dice hoy: esta generación es perversa y pide un signo, y no se le dará, para signo yo. ¿Qué podemos entender de estas palabras? Pues que lo que quieren los incrédulos irrespetuosos es diversión y tomarse a choteo la venida del Hijo de Dios. Nada menos que el mayor y más sublime regalo que Dios nos puede dar, como es a su Hijo, que además es Palabra y Verbo encarnado; es pensamiento vivo de Dios transmitido por su Hijo, y este tipo de personajes sin reparo, no tiene bastante con ver a Jesús, oírle y verle curar según qué momento, que quieren un signo el día que más le place a ellos, el día que se les antoja bajar del templo a retar a Jesús. Además tienen el descaro de decirle que no creerían en Él mientras no les hiciera un signo y que demostrara con ello su poder sobrenatural. Esperpéntico el reto en relación a la humildad de Jesús y a su obediencia, Él, que sólo busca ajustar su acción literalmente a los planes de Dios. Pero, basta que quieran alterar este plan, nada menos que de Dios, con la ejecución en manos de su Hijo, para no complacerles, ello sería entrar en ese juego de burla y descrédito de su persona y de sus enseñanzas.

Dice Jesús: lo que yo hago no lo hago por voluntad propia, sino que es mi Padre quien lo hace que está en mí. ¿Cómo se va a prestar a los caprichos de unos listillos, que tienen subyugado y engañado al pueblo en aras a su posición política y religiosa? Jesús que no los temía, obraba con la máxima rectitud, con la misma que ellos exigían, pero no con las exigencias de hombres (leyes impuestas por ellos), sino con las exigencias de Dios.

Hoy ocurre lo mismo, basta ver la manifestación contraria a la religión, para ver como tratan a la Iglesia, y tantos y tantos poderes mundanos, que si piden un signo es para burlarse de los que quedaran impresionados y dando gloria a Dios. La ignorancia es muy osada, demasiado atrevida e inconsciente para valorar las cosas religiosas, siempre reacciona de manera despectiva y burlesca en lo relativo a las cosas de Dios. Dice Jesús: desde los confines de la tierra ha venido la Reina de Saba para conocer la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón Lucas 11, 29-32

Reflexión para leer en los años bisiestos:

Día 28 de febrero

Padre Nuestro, Padre de todos. Todos somos hijos adoptivos si creemos en Jesús, Hijo de Dios. Hoy el encuentro trata del Padre Nuestro, y no quisiera con mi relato interpretativo provocar espanto en los lectores, solo busco profundizar en la literalidad de las palabras, esperando que el lector saque el máximo partido como yo he sacado. Dios es mi creador y yo poco menos que polvo seré, por ser barro de dónde vengo; sin embargo, os haré participes de algo que en una de mis reflexiones y mis encuentros con el Señor he descubierto. Cuando hayáis leído este escrito quizá alguno prefiera no haberlo leído. Sobre todo, si le ha producido un poco de confusión  un relato tan extenso. A pesar de eso, si yo supiera que mi opinión es compartida por varios lectores rebosaría de gozo, aunque me llamaran pesado otros por insistir en la necesidad de interpretación sobre algo de dominio público como es el Padre Nuestro.

Todo el mundo está convencido de que el empleo de esta oración es para ese momento personal de intimidad con Dios, y sin embargo, la misma está llena ruegos colectivos que no debemos restarle importancia. El Padre Nuestro, seguramente es la oración más ofrecida al Señor. Cristo nos dijo: cuando ores, cuando desees tener una comunicación con Dios, no es necesario que vayas al Templo (Jerusalén), ni a la Catedral de la Almudena, -digo yo-, si vives en Madrid, basta con que entres en tu habitación, y en silencio, sin ruidos, ni demasiada iluminación, te concentres y tengas la absoluta certeza de que Dios te escucha, -esto lo dice Jesús- no necesitas hablar mucho, ni con palabras grandilocuentes, Dios valora la sencillez y sabe lo que tú necesitas, pero le agrada que se lo pidas con tus labios y con todo tu corazón.

Cristo, que sabe de nuestra timidez, de nuestra vergüenza y torpeza para articular palabras, para crear una oración bonita y sincera a los oídos de Dios, nos ofreció esta posibilidad de agradarle rezando sólo el Padre Nuestro. Esta oración es pura, llena de amor, ternura, reconocimiento y verdad. Con ella ponemos de manifiesto un triángulo de amor: Dios, mundo y orante. Aunque nuestra relación es personal con Dios, cuanto más amemos a Dios más tenemos que servir de puente para las necesidades del mundo. Esa parte del mundo que está en sus quehaceres, necesita de alguien que se acuerde de ellos y que le pida a Dios haga llegar su gracia a buenos y malos (a todos ellos, manda Dios la lluvia, a justos e injustos) (Mateo 5:45); por ello, nosotros que le hemos conocido por la fe que desde niños recibimos, y que ha despertado en nuestros corazones, ya un poco mayores pero a tiempo, ese deseo de que comparta Dios su gracia,  por ello, pidámosle por estas personas que no han tenido nuestra misma suerte. Si estamos en esa sintonía con Dios y con nuestros semejantes, no tendremos mucha dificultad para comprender a fondo la intención que conlleva el rezo de esta oración.

Padre Nuestro: Ya el nombre de la oración se hace extensivo a todo el mundo, quiere decir Padre de todos, no solo de nuestra mujer/marido, hijos, familia, comunidad. Dios es padre de todos los hombres, hechos por Él a su imagen y semejanza. Todos somos hijos de Dios y por tanto podemos ser hijos adoptivos y herederos, siendo por ello natural que trabajemos en la hacienda hasta el final de nuestros días; si abandonamos, la herencia será para los que se queden.

Que estás en el cielo: Es evidente que está en el cielo, allí tiene su trono y desde allí vendrá su Hijo a juzgar a vivos y muertos. Su reino no es de este mundo. Su reino está en el cielo y Él está sentado a la derecha del Padre.

Santificado sea tu nombre: Reconocimiento por todo el mundo de que su nombre es Santo, haciendo honor a esa santidad.

Venga a nosotros tu reino: Señor, este mundo que tú nos has regalado es hermoso, atractivo y gozoso en los placeres de la carne, pero también es un mundo injusto, la falta de amor y de justicia hace que impere el crimen, la droga, la prostitución, la explotación del hombre por el hombre, el hambre que no desaparece, la enfermedad y el dolor que lleva aparejado, campa por sus fueros. Con tu reino establecido en la tierra, en la que tú serías nuestro único Rey, todo este mal existente desaparecería y todo sería un clamor de agradecimiento a nuestro Dios, a ti, Señor.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo: Mi Dios querido, mi poca inteligencia me lleva a pensar que en el cielo se hace tu voluntad, lo extraño sería lo contrario. El que te conoce, incluso en la tierra, se somete a ti por amor, por amor recíproco, porque tú eres el primero que nos has amado y nos amas. Te presiento Señor, entronizado, con tu Santo Hijo a tu derecha, millones de ángeles, y millones de almas y espíritus de origen humano, alabándote y, esperando y deseando ver un gesto tuyo para servirte y obrar según tu voluntad. Estamos ansiosos de que tu santa voluntad se ejerza en la tierra, que sea el bien el que nos domine, y que seas tú, mi Señor, el que nos gobierne.

Danos hoy el pan de cada día: Señor, que no nos falte el pan a nadie, pero especialmente a aquellos que tienen la marca del hambre. A nosotros que vivimos en la abundancia, nos puedes dejar un poco para atender a tus hijos desfavorecidos; se generoso con ellos y dales prosperidad que bien se lo merecen, por la historia de crímenes, guerras y hambre que han pasado. Apiádate de ellos lo primero. A tu pueblo le distes el maná y éstos, sin ser tu pueblo, igualmente son tus hijos y merecen el pan de cada día, hoy también.

Perdona nuestras ofensas: Todos, Señor, cargamos cada día con el peso de nuestro pecado, fruto de nuestras desviaciones, ambiciones, instintos carnales, falta de fe, pero tú sabes que mucho de ello está originado por nuestra fragilidad, debilidad mental e ignorancia, y nuestro egocentrismo; tú sabes de nuestros miedos, de nuestra falta de amor y falta de fe, porque nadie nos habló de ti, y porque hemos estado ciegos por las luces del mundo de lo que nos sentimos presos.

Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden: Estamos afirmando que perdonamos a nuestros deudores y a los que nos hicieron algún mal, yo acabo de hacer una reflexión y se me ha venido a la mente gente que me debe dinero y les tengo un cierto rencor, recuerdo también a otros que tiempo atrás me hicieron daño, nunca se me había ocurrido perdonarlos, hoy reflexionando con la oración del Padre Nuestro que nos enseñó tu Santo Hijo, Jesús, me veo entre la espada y pared y no sé qué hacer, aunque pensándolo bien creo que no vale la pena vivir con odio o rencor en el corazón; vivir en apariencia una amistad contigo es una farsa indigna, hablarte con la confianza que un hijo habla a su padre y pretender ocultarte mis desavenencias con miembros de mi familia, con amigos que dejaron de serlo, con personas que en mi etapa laboral tuvimos roces significativos, y con varios vecinos que me caen fatal. Hoy Señor, me has llegado al corazón y quiero estar limpio cuando me dirija a ti de nuevo ofreciéndote esta profunda oración. Hoy perdono a todos los que me hicieron mal a lo largo de mi vida y te pido Señor por ellos para que los colmes de bendiciones y prosperidad. Todo lo bueno que deseo para mí que les venga antes a ellos. Señor yo los perdono, te pido que los perdones tú también.

No nos dejes caer en la tentación: Si yo te pido, mi Señor, que me disculpes porque fui tentado y caí, también pido que nos libres a mis hermanos y a mí de caer en tentación. Por supuesto que hoy soy más fuerte que ayer y habrá otros que también lo sean, pero aun así necesitamos tu ayuda, Señor, con ella lo superaremos todo, aunque lo más fácil y mejor es, que apartes las tentaciones de nuestro camino. Tú sabes mejor que nadie lo débiles que somos y que podemos caer; aparta lo malo para no traicionar tu confianza, para no separarnos de ti ni un instante, para no ser motivo de tropiezo para otros, apártanos de la tentación y, si hemos caído, ayúdanos a salir de ella inmediatamente. No queremos dejarte nunca más.

Y líbranos del mal: Líbranos de las garras del maligno y déjanos vivir bajo tu protección. La paz está en ti, no queremos violencia. La verdad está en ti, no queremos mentira. El gozo está en ti, no queremos tormento. Queremos ser súbditos tuyos, la rebeldía no es nuestra aliada. Acéptanos Señor, como servidores tuyos. Cuando hacemos estos ruegos a Dios Padre en el Padre Nuestro, casi siempre lo hacemos movidos por necesidades personales, deberíamos hacer la petición extensiva a otros hermanos nuestros que se encuentran en nuestra misma situación, al menos para aquellos que tienen la misma necesidad.

No debemos rezar el Padre Nuestro si guardamos rencor a alguien, si estamos enemistados con alguien, si nos cae mal alguien; hay que superarlo y buscar la reconciliación. Dios lo está esperando. Seguro que nos recompensará abundantemente este cambio de actitud. Ya puedo pedir y ofrecer cualquier cosa al Señor sin temor a que me ponga la cara colorada.

Ya le puedo decir, que el amor que Él me da ha fructificado en mi corazón y estos son los primeros frutos. Es posible que muchos no piensen como yo sobre el Padre Nuestro, pero sería conveniente, a mi modo de ver, que todos los ruegos que se hacen cuando se reza, se hicieran extensivos a todos los hombres de la tierra Mateo 6, 7-15

Reflexión:

Día 27 de febrero

En el encuentro de ayer parece que se deja entrever la urgencia o necesidad de una renovación en nuestra vida, viendo el encuentro de hoy doy por bueno y oportuno el comentario de ayer. Estamos tan acostumbrados y abstraídos en nuestra vida, que no vemos las tremendas diferencias sociales cada vez más marcadas y distanciadas entre los pobres y los ricos, no nos damos cuenta del daño que causamos sobre todo porque hemos renunciado al auxilio de estas clases desfavorecidas. Hemos perdido la esperanza de cambio; pensamos que nuestra actitud es la correcta y aceptamos este disparate creyendo que tiene que ser así.

Todos los días los católicos rezamos el Padre Nuestro, una o más veces, y uno de los ruegos que lleva incorporado es: “venga a nosotros tu reino”. Hoy en este encuentro Cristo nos dice: que vendrá, que cuando venga como rey sucederán estas cosas que relato a continuación: Vendrá con todo su poder y gloria y todos sus ángeles. Y sentado en su trono reunirá a todas las naciones ante Él. Nadie podrá evadir este requerimiento, que será como presentarse a un juicio. Se valorará mucho el amor con el que hemos tratado a los pobres de la tierra, empezando a revisar en nuestro pasado desde la relación con nuestros vecinos y con todo el pueblo o ciudad, seguido de nuestro país y de aquellos a los que hemos podido encontrar a lo largo de nuestros viajes de negocios y turísticos o de ocio. Nuestro Señor Jesús, y sus ángeles informadores, le harán conocer con todo detalle con cuanto amor hemos tratado a los que pasan hambre, pasan frío, viven en soledad, pasan sed, están en la cárcel o enfermos, o simplemente están tristes y lloran. ¿Hemos sido y somos sensibles ante estas necesidades?

Ahora no me voy a referir  al mundo, sino a las personas cercanas; ¿hemos visto en ese pobre harapiento al Señor? En ese enfermo que nadie le visita, ¿hemos visto a Jesús? Jesús les llama mis humildes hermanos. Creo que esta forma da a entender que Él está en ellos, en los desamparados; será con el deseo de que viendo su rostro en ellos seamos incapaces de pasar de largo y nos remuerda la conciencia si no auxiliamos a esta pobre gente, tan necesitada de ayuda, consuelo y cariño.

Pues todos aquellos que a lo largo de sus vidas manifiesten amor por los seres humanos, pero en especial por los más necesitados, serán llamados por Cristo, nuestro Dios y Señor, “benditos”, y les dirá: “venid a mí, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, “Porque sabiendo a quien se lo hacíais o ignorándolo, con vuestra acción habéis dado muestra de generosidad y amor y hoy os digo: es a mí a quien se lo hacíais”. Si fue la fe lo que os llevó a actuar así, bienvenida la fe, si fue vuestro amor y vuestro corazón humanitario lo que os impulsó a entregaros sin condiciones, siempre con el deseo de mitigar dolor, dar esperanza, dar sentido a la vida, bienvenido vuestro amor.

Toda la ayuda es válida si genera amor e ilusión por la vida. Todos los llamados y colocados a la derecha eran bendecidos y llevados al reino de Dios. Es doloroso, pero hay que decirlo: Cristo nos ama y nos llama, pero en su entorno divino no cabe nada pecaminoso, no cabe el mal.

Pensemos si estamos en una dinámica de injusticia, en algo ilícito, si estamos haciendo algo dañino para nuestros semejantes, debemos cortar radicalmente con ese comportamiento, en el reino de Dios tenemos que entrar limpios, absolutamente renovados y transformados con rebrotes de amor a nuestro Dios y a nuestros hermanos, sin pizca de rencor y menos de odio, libres de todo resentimiento y de críticas; comprendamos que no ganamos nada odiando, vengándonos, el perdón trae la paz a nuestra mente y corazón, es la mejor alternativa. Lo contrario sería colocarnos nosotros mismos a la izquierda de Jesús, obligándole a que nos llame “malditos”: “Apartaos de mí malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”. Porque tuve grandes necesidades y no tuvisteis compasión de mí. Se oirán algunas reclamaciones como estas: ¿cuándo Señor, te vimos y no te ayudamos? A lo que contestará Jesús: “Cuando no lo hicisteis con estos mis humildes hermanos, conmigo no lo hicisteis” Cuando ellos clamaban ayuda y pocos les hacían caso. Sigue diciendo Jesús: estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna.

Me gustaría pensar que esto no va a suceder de forma tan dramática a como se relata, pero la justicia de Cristo Dios es eterna y su palabra infalible. Solo queda apelar a su misericordia que es infinita Mateo 25, 31-46

Reflexión:

Día 26 de febrero

Cuando termine este encuentro alguien puede pensar que ha sido otro sermón. Tan normal puede ser un sermón para unos, como una acertada recomendación para otros; mi deseo sería lo mejor para todos. Pero debemos tener presente que lo verdaderamente significativo es que Dios es el que ha escrito el guion, el guion de los mensajes y el guion que debemos representar cada uno: el guion de nuestra propia vida. Lo triste es que a veces actuamos con los papeles cambiados y casi siempre, cuando se nos pilla in fraganti, nos sentimos avergonzados y enseguida nos ponemos a dar excusas, que si yo no sabía, que me engañó fulano, yo nunca pensé que fuera tan grave, y así tres mil excusas más. Siempre intentamos justificar lo injustificable. Todos estamos convencidos de que lo que hacemos es lo que debemos hacer.

En cierto modo intentamos demostrar, que lo que hacemos a nuestro prójimo o familia y a todos en general, es porque ellos lo merecen, que nosotros no tenemos ese corazón tan duro que se nos imputa; que si los demás fueran de otra manera: más comprensivos, más generosos, más cariñosos, no hubiéramos tenido esa reacción aparentemente tan desconsiderada o violenta con ellos.

En definitiva, a una parte de la sociedad le cuesta asumir sus culpas, estando involucrados todos en errores y faltas, unos más y otros menos. Por supuesto no todo el mundo infringe las mismas reglas, unos somos dados a un tipo de ruptura o adulteración y otros a otras, pero la verdad es que somos bastante trastos y casi siempre estamos creando algún perjuicio; lo más leve y común es la crítica, algo que nos acompaña desde que nos levantamos y ya sabemos el daño que hace: ver la mota en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro es lo más normal (Lucas 6:42).

Pues bien, nosotros somos así de cucos y podremos intentar engañarnos unos a otros, evitando que nos descubran o sin importarnos nuestra actitud, incluso regodeándonos de nuestra habilidad un tanto malévola, pero a Dios no le podemos engañar ni convencer. Esta actitud a que me refiero, especialmente es la de aquellos que quieren vivir sin Dios, haciendo creer que Dios no existe, y entre los que vivimos con Dios también los hay, siendo todos ellos los que algún día lo lamentarán o lamentaremos. No reconocerán que Dios llama a todos y a ellos también, e intentarán justificar su actitud diciendo: que los creyentes pertenecían a cuatro clubes privados y tenían a Dios como secuestrado solo para ellos. Y eso no es así, Dios es de todos y quiere a todos por igual, solo pide que le den la cara y no la espalda.

Así actúa una parte considerable del mundo, así vive y así se define y defiende; así se libran de pagar su culpa en un sin fin de casos, permaneciendo de por vida (los que son así) con un espíritu indómito, sin piedad, sin remordimientos.

A menudo se olvida, que este mundo no solo está regido por Obama, Merkel, Cámeron, Putin, Dimitri, Li Keqiang, Manmohan Singh. Estos gobernantes y sus homónimos, son pequeños reyezuelos en relación al todo poderoso y gran Rey, Jesucristo, que está en el cielo a la derecha del Padre Dios. Nada se mueve si Dios no lo permite, que hasta los pelos de la cabeza están contados (Lucas 21:18).

El mundo debería recordar una gran devastación de seres vivos (Diluvio Universal)  habida hace miles de años. Ocurrió sobre el planeta y no todos los descendientes de Noé hemos aprendido la lección. Sucedió aquello y después ha habido otras pequeñas destrucciones, dejando entrever que la paciencia de Dios tiene un límite. No se puede estar permanentemente amenazando a las personas de fe que ponen la otra mejilla y olvidándose de los países pobres y de los desheredados de la tierra y esquilmando a la propia tierra Génesis 9, 8-15

Sería bueno que estos valientes e inhumanos, que mataron y siguen matando a los que ponen la otra mejilla, sepan, que todo aquel que muere por el Evangelio, por la verdad y por Jesús, no muere (Jesús fue el primero devuelto a la vida) y como premio tendrán vida en abundancia con Dios en el cielo. A Jesús le mataron y a muchos de sus seguidores: hoy sus espíritus siguen vivos. Y lo sorprendente es que la historia empezó con uno y hoy son mil millones de cristianos repartidos por el mundo.

El plan de Dios está escrito y nadie de este mundo lo va a cambiar, ni sabe lo que nos aguarda. Es necesario pensar, que a Ese que mataron, le han hecho Rey de cielos y tierra y está sentado a la derecha de Dios Padre 1Pedro 3, 18-22

Para saber de Cristo solo tenemos que conocer las respuestas que dio a Satanás cuando fue tentado en el desierto. Le ofreció poder y riquezas si le adoraba, a Ese que según el mundo era un hombre normal; y lo que contestó a Satanás, y a todos nosotros de manera indirecta fue: que solo a Dios debemos adorar y que nuestro tesoro debe estar en el cielo. Jesús siempre con su afán de que nos convirtamos y lleguemos a la fe.

Vale la pena hacer una pequeña reflexión sobre el papel que estamos jugando en la vida y en aquello que pueda estar por venir, que siempre será la consecuencia de nuestro presente. Nota: En el mundo, los pintores, escultores y artistas en general, tiene derecho sobre su obra incluso una vez vendida, Dios que es el autor de esta obra universal, tiene iguales derechos, sobre su obra en general y sobre la humanidad en particular. Si su acción siempre está basada en el amor y la justicia, es muy dueño de actuar cuando y como lo estime conveniente Marcos 1, 12-15

Reflexión

 Día 25 de febrero

Jesús, el buen pastor, necesitaba de ayudantes para el cuidado de su rebaño. Hoy eligió a otro más, llamado “Leví”. Era publicano y trabajaba en la recaudación de impuestos. Nada más llamarlo Jesús, Leví se levantó y lo siguió. Quizá pudo pensar ser persona non grata, pero basta que Jesús le hubiera elegido, se alegró y celebró una fiesta en su honor, en su casa.

Tampoco faltaron las críticas de los escribas y fariseos que asistieron a la fiesta, en todos sitios estaban, no sé si les invitaban o se invitaban ellos mismos. Ellos solo veían que la doctrina de Jesús era opuesta a la establecida, y que para más faltar a la tradición se rodeaba de publicanos y pecadores. Afortunadamente Jesús tenía respuesta para todo y les expuso sus razones. Los sanos no necesitan médico, los enfermos sí, y para eso he venido, para curar a los enfermos y redimir a los pecadores.

Verdaderamente su grupo de discípulos era un tanto variopinto, pero así es el mundo; todos tenemos cabida en el reino de Dios, y por el mismo derecho, todos somos llamados. Es posible, que en origen, la clase intelectual no tuviera mucha presencia en las filas de Jesús, la razón está a la vista; en aquel entonces, los escribas y letrados eran los más críticos, no tenía sentido poner zorras a guardar gallinas. Independientemente de que en otro pasaje bíblico, Jesús nos diga que a Dios Padre le había parecido mejor revelar ciertos secretos de la divinidad a la gente sencilla y no a los sabios y engreídos (Lucas 10:21).

Parte de la ciencia mantiene una lucha encarnizada con la Iglesia, argumentando poco menos que somos unos farsantes y embaucadores; que la verdad solo está en aquello que se puede probar, ver y tocar. Menos mal que como ellos, muchos asuntos los tienen en fase experimental, algún día se demostrará que hay otras muchas cosas que no se ven y son verdad, como por ejemplo, el aire. Y volviendo a la esencia del encuentro, es sorprendente que Cristo tuviera este método de elección de los primeros discípulos, que a fin y a la postre iban a ser sus hombres de confianza.

Ve a un cobrador de impuestos que está en plena actividad, y sin pensarlo dos veces le dice: sígueme. El cobrador se levanta, coge la chaqueta de la percha y le dice al jefe: me voy, no sé si volveré hoy. Quizá el jefe pudiera ser él, en este caso solo bastaba con cerrar la puerta. El hecho es que lo dejó todo y se fue con Jesús. Aunque lo más significativo no es lo que ocurrió o como ocurrió, lo verdaderamente importante es que tuvo la dicha de ser elegido por Jesús: maestro, sabio, enigmático donde los haya, doctor que cura sin tener carrera, un hombre que ofrece libertad a aquellos que están bajo el yugo romano, un hombre que perdona al pecador empedernido, que da sentido a la miserable vida que hayas llevado, que ofrece vida eterna para todos y un reino de justicia, amor y paz.

Todo aquello de lo que se carecía en aquel tiempo y hoy poco más o menos, Jesús lo ofrecía y otras cosas desvelaba: abuso con el pobre, hipocresía y violencia. Como digo la sabiduría innata de Jesús y el resultado de sus oraciones a Dios Padre, le trajo todos los aciertos en la elección de sus discípulos y en especial de los doce Apóstoles, con la excepción de la oveja negra que era Judas, pero ello formaba parte del plan de Dios, aunque de forma directa o indirecta refleja la traición y deslealtad que en el mundo impera por sus fueros, llegando algunos incluso a vender al amigo o traicionar a su padre.

El hombre pobre, que eran la gran mayoría, no valía nada, las mujeres menos. Ante este panorama, Jesús era la luz verdadera, porque entre sus primeras exigencias estaba la restauración de la dignidad de la persona, tanto hombre como mujer. Y como es natural, su mayor esfuerzo iba dirigido a los más pobres, enfermos y disminuidos, viudas y huérfanos, y para todos los desamparados. Eso es lo que enseñaba, y eso es lo que nos han dejado escrito los evangelistas. Erradicar la marginación y el hambre de la tierra. Fuera racismo y fuera esclavitud del hombre por el hombre.

Pidamos hoy por aquellos que no han sido elegidos por Dios y no tuvieron la suerte de “Levi“ y tantos otros; a éstos, más les va a costar acudir por voluntad propia, al no ser creyentes, para dar el paso a la fe. Recordemos lo que nos quiere dar a entender Cristo: el no creyente es ciego y necesita ver. La Iglesia, que somos todos los cristianos, debemos ir a buscar al enfermo y tratar de curarlo Lucas 5, 27-32

Reflexión:

Día 24 de febrero

Los fariseos como siempre, seguían metiendo chinitas en los zapatos. Esta vez le dijeron a Jesús: estamos en época de ayuno y tus discípulos no ayunan; ¿cómo no les dices que ayunen como nosotros? Contestó Jesús: ¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Ya llegará el día en que se lleven al novio y entonces ayunarán. La vida del cristiano a pesar de todos los sin sabores propios y ajenos, debe ser alegre.

El cristiano se tiene que hacer la idea que desde su bautismo ha sido invitado a una boda y el novio es Cristo. ¿Quién no sabe lo que representa una boda? Todos hemos asistido a alguna; y siempre lo hemos pasado muy bien. Se conoce gente diferente, se comentan vivencias, se bebe vino y de todo (si no hay que conducir), se come opíparamente, se cuentan chistes, hay risas, y mucha alegría; en el tiempo que dura la boda no se habla de problemas, los problemas se han dejado en casa; la vida del cristiano ha de ser parecida, máxime si se trata de Cristo como novio.

No se puede sentir mayor alegría que saberse invitado por el Hijo de Dios; el banquete definitivo puede tardar en llegar,  ahora estamos en la fase previa, en el aperitivo y los momentos son de gozo, aunque haya tiempo para la reflexión y la oración. En resumen, sin descuidar las obligaciones, el cristiano debe ser alegre y divertido, siempre busca motivos de fiesta y pone la amistad y la relación entre las  personas en alto valor, considerando la relación familiar como lo prioritario, pero en general, la actitud ha de ser la misma, de gozo y agradecimiento al Señor, que nos ha dado esta oportunidad de hacer el bien y contribuir a que todo el mundo vea la vida con optimismo, aunque solo sea por el mero hecho de vivir, que ya es bastante. Si conoces a Cristo y has sido bautizado, ya es la repera Mateo 9, 14-15

Reflexión:

Día 23 de febrero

Hay dos o tres cosas que deberíamos destacar en el encuentro de hoy. Cristo sabía lo que harían con Él y quienes lo harían; se lo contaba a sus discípulos. No puedo dejar de reconocer públicamente el amor que nos tiene Cristo, no vaciló un instante en su decisión de entregar su vida para rescatar la nuestra. Nosotros que estábamos angustiados y abrumados por la culpa de nuestro pecado, tristes y sin esperanza de una nueva reconciliación con Dios, viene Jesús y nos dice que nos arrepintamos y que nos bauticemos, que el bautismo blanqueará nuestro corazón y seremos criaturas nuevas como si acabáramos de nacer, ¿se puede recibir mayor regalo?

Ese poder de perdonar lo demuestra Cristo en la escena del paralítico (Lucas 5, 17-26). ¿Qué sería más fácil para cualquiera, perdonar o curar? Sin lugar a duda perdonar. Jesús para demostrar su autoridad y la capacidad de perdonar, curó al paralítico y además le perdonó los pecados seguidamente. Este es el gran regalo que nos hace el Señor, Jesús, nos entrega su vida, pero no en un instante, nos entrega su vida derramando gota a gota su sangre. ¿Quién no conoce la Pasión? Este misterio insondable para el hombre, pero real para Dios, lo padeció Jesús declarando que lo hacía por amor a nosotros y como no puede ser de otra forma, porque coherente como era, no renunciaría a su propia identidad; si Él se sabe Hijo de Dios, no va a decir que es hijo de José, el noble carpintero.

Su reino no es de este mundo (Juan 18:36), así lo declara. Los pelos se le pondrían de punta cuando imaginaba lo que le iba a suceder por hablar así, no podía evitar el saberlo, como Dios que era y Dios que es. Lo siguiente es que necesitaba seguidores para continuar el plan proyectado, de lo que Él iba indicando, las bases para comprenderlo y ejecutarlo; llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra, anunciando que el reino de Dios está cerca.

Prometía a sus seguidores dos cosas, una mala y otra buena: la mala (por pesada) coger la cruz día a día y dejarlo todo por el Evangelio; haciendo dos advertencias: la zorra tiene madriguera pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza (Mateo 8:20). Esta era bastante reconfortante, sobre todo para los que no estaban muy convencidos. Y la otra advertencia, que pensasen como aquel que se pone a construir una casa, si va a tener dinero para terminarla o no (Lucas 14:28). ¿Qué quiere decir?: que si no se sentían con mucha fuerza para seguirle, que lo dejaran. Un voluntario en seguirle le dijo: Maestro, permíteme  ir a enterrar a mi padre, a lo que contestó, Jesús: deja a los muertos que entierren a sus muertos (Lucas 9:60). Lo cual es muy alentador y muy convincente, saber que los que estaban alrededor del muerto también estaban muertos. El joven no se sabe si lo siguió o no, pero seguro que esa noche no pegó un ojo. Y ahora viene la buena noticia mezclada con un poco de tinte amargo, por su incomprensión. El que intente guardar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la recuperará. Es de suponer que lo bueno es la segunda parte. Y dijo además: ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si al final pierde el alma?

Menos mal que ofrecía a los discípulos que al final de trayecto tendrían vida en abundancia. Hoy sabemos algo más que entonces y creemos que el cielo se puede ganar yendo a misa los domingos, pero en aquellos momentos había que tener agallas para seguir a Jesús y además de agallas creer en el amor, la justicia y la verdad, que son los pilares del Evangelio. Jesús no quiere tibiezas, o sí o no… Casi como hoy Lucas 9, 22-25

Reflexión:

Día 22 de febrero – 2012 – TIEMPO DE CUARESMA

Entramos en un tiempo de austeridad y privaciones. Tiempo de recogimiento y acercamiento a los deseos del Señor. Seamos caritativos con nuestros hermanos los más necesitados, en ningún caso alardeemos de nuestra generosidad. Hagamos sacrificios que nos ayuden a una íntima concentración espiritual y descorramos el velo que nos separa de nuestro Señor Jesús,  hablémosle cara a cara y con franqueza; digámosle que necesitamos su ayuda, para que nuestros problemas dejen de ser un obstáculo que condicionan nuestra felicidad; que al margen de nuestras privaciones, sacrificios, pesar por nuestros tropiezos, dolor de corazón por nuestra sequedad de fe, a pesar de todo, queremos ser felices y alegres, y que nuestro mayor deseo es transmitir la alegría de ser cristianos y de haber tenido la dicha de conocerle.

Todos tenemos mucho de qué arrepentirnos, pero no debemos permitir que se note en nuestra cara. Nuestro semblante ha de ser de esperanza, de una vida nueva que comienza, de un nuevo retoñecer. Lo seco e improductivo se arranca y se echa al fuego. Nosotros hemos tenido suerte, ha renacido un vigoroso brote que volverá a dar fruto y volverá a la senda que nunca debió dejar. Va también para los bautizados que abandonaron la Iglesia.

Sincerémonos a nuestro Padre Dios, en nuestra misma casa, en la intimidad de nuestra habitación Dios nos está esperando; nos quiere ver de cara: sin temor, sin indiferencia. La presencia de Dios en nuestra casa, nos debe reconfortar y poder así recibir el ánimo que necesitamos para sentir que estamos en lo acertado, en la verdad plena. Los ruidos de la calle distraen y a veces hay que dejarlos para mirarnos por dentro, y en compañía de Dios quitarnos todo aquello que ha dañado nuestro corazón y podemos dañar a nuestro prójimo en lugar de ayudarle. De las maldad del corazón habla la boca (Lucas 6:45).

Aprendamos a limpiar nuestro corazón en estos encuentros periódicos, en lo más íntimo de nuestra casa, en lo más íntimo de nosotros mismos, y siempre ante la presencia de Dios. Salgamos de nuestras casas renovados y alegres, que nadie sepa nuestros problemas, nuestro sacrificio económico, nuestro remordimiento por el mal que nos hayan causado, lo que vale es la nueva actitud y la disposición para el tiempo que viene.

Nuestra alegría será total porque compartimos con el Señor sus deseos, y confiamos en la fortaleza que nos transmite para asumir su plan; habrá momentos buenos y menos buenos, pero siempre con la ilusión esperanzada en el amor y en su generosidad. Siempre confiemos en lo bueno que nos espera, Dios conoce nuestro interior y nunca dejará de cumplir sus promesas, nunca nos abandonará Mateo 6, 1.3-4.6.16-18

Reflexión:

Día 21 de febrero

Hoy, en este encuentro, Jesús vuelve a recordar a sus discípulos lo que será su prendimiento, su muerte y que al tercer día resucitará. En estos días estuvo instruyéndoles, cruzaron Galilea y fueron a Cafarnaúm. Los discípulos no entendían el episodio que se avecinaba: prendimiento y muerte. Se quedaron un poco desconcertados y temerosos, por esta razón no le querían preguntar a Cristo, aunque por el camino hablaban de temas bastante trascendentes: sobre quién era el más importante del grupo y qué habría de hacerse para ser de los primeros, esto en relación a ganarse el cielo. En ningún caso esta actitud egoísta es bien vista a los ojos de Dios.

Entonces, cuando llegaron a casa, seguramente la de algún discípulo, se sentaron para comentar las incidencias del viaje, en esto que Jesús les preguntó: ¿de qué veníais discutiendo tan acaloradamente por el camino? Y como no querían decírselo por temor, Él les dijo: entre vosotros, el que quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos. Y también cogió a un niño, lo puso en medio como prueba de fragilidad e inocencia, y dijo: el que acoge a un niño como éste, me acoge a mí, y el que me acoge a mí, no me acoge a mí sino a quien me ha enviado. Con estas palabras nos pone de relieve lo equivocados que estamos los que queremos pertenecer al reino de Dios, y a la vez seguir en el orden de valores que el mundo nos ha enseñado, valores por los que él se rige. Eso choca frontalmente con el Evangelio, y chirría, en tanto no aceptemos de lleno la doctrina de Cristo.

Nosotros los cristianos tenemos que ser frágiles como el niño, sin importarnos que este mundo violento y descreído, descargue sobre nosotros sus improperios, pero también debemos ser los más fuertes, para ayudar si llega el caso, a bien morir en su lecho a esos que antes nos han pisado y despreciado.

El cristiano, aun teniendo enemigos no debe tratarlos como tales, les ha de poner su mejor cara. El mundo solo se mueve por dinero, y sus estructuras han sido creadas para generar riqueza económica. A través de sus instituciones enseña –cobrando- como ganar dinero y prácticamente nada se hace si no es cobrando; estamos todos tan inmersos en ese modo de vida que incluso ciertas parroquias en algún aspecto también obran así: por ejemplo: vendiendo lotería en Navidad (todos buscamos dinero desaforadamente). ¿Adónde nos lleva esta actitud? a considerar que nadie quiere hacer nada si no cobra, pero tampoco agrada que cobren los que no rinden. En este caso el rendimiento sacerdotal es muy diferente e incluso yo diría que más valioso, hace despertar en el individuo los valores del espíritu y nos aporta una formación imprescindible según recomienda la Sagrada Biblia y establece la Iglesia.

Vemos que para el mantenimiento de la Iglesia, (edificio), se requiere de especialistas y en el aspecto espiritual, de personal cualificado, debemos asumirlo y correr con los gastos de forma regular, bien sea a través de cuotas mensuales y con aportaciones esporádicas pero frecuentes. Esto, si queremos que prevalezca la doctrina de Cristo a la cultura de la droga, al consumo exacerbado, y a la ambición de poder y tener de ciertos políticos, banqueros y patronales, respectivamente.

Mientras exista esta parte de la sociedad abusona y explotadora del pueblo, el cristiano le hace el juego, pues es un fiel servidor y no protesta, aunque por otro lado contrarresta estas actitudes algo incívicas que infravaloran la vida humana. Las instituciones cristianas como la Iglesia y otras que dependen de ella, quitan el hambre a millones de personas y las quitan de la calle. Para estos tres benefactores (en apariencia) que indico arriba, estas personas son despojos humanos -legión de mendigos-,  y no reconocen que ellos mismos son los que los van creando.

Totalmente de acuerdo con Cristo: el cristiano para ser el primero tiene que ser en el mundo el último; para llegar a eso, este mundo costará cambiarlo, los creyentes somos su caldo de cultivo; si no denunciamos, los abusos seguirán cometiéndose; por eso es tan difícil ser buen cristiano, defendemos el espíritu que no se ve y mientras tanto ayudamos a enriquecerse a los que no creen en el espíritu y sí en los lingotes de oro.

Aun viendo las cosas así, hay que soportar la presión del mundo y mostrar permanentemente que la actitud del cristiano es de servicio, no cabe entrar en disquisiciones pretendiendo justificar nuestra cultura. Sepamos que la pureza del Evangelio rompe todos los cánones.

Nada tiene parangón con las reglas impuestas por Dios, no valen las medias tintas que solo caben en la tibieza, en los que no se mojan, en los que miran para otro lado cuando llega la hora de hacer frente al compromiso. Cristo lo deja muy claro, la verdad exige un modelo de comportamiento y este modelo se asume mejor si hay amor hacia los demás; en una circunstancia o momento de prestar ayuda es cuando aparece el signo de humildad, el que hace olvidar quien eres, y dar preferencia al otro, pones tu necesidad al servicio del otro, tu tiempo al servicio del otro, además de tus conocimientos y tus mejores deseos; estás viendo en la persona necesitada de ayuda al Cristo suplicante camino del Calvario, que aunque no pedía ayuda, era un clamor de necesidad su imagen. Eso debemos ver en el prójimo, la voz quebrada o muda pero, que pide mentalmente la ayuda de Dios.

Los cristianos, instrumentos y servidores de ese Dios verdadero y benefactor, estamos obligados a responder en todas las situaciones. Aviso a navegantes: Nuestro mundo está regido por cinco poderes: Político, Prensa, Banca, Justicia, Patronal. Estos cinco poderes no basan su acción en la Biblia; al parecer según el mundo, lo que estos poderes representan, deben obrar al margen de Dios, como si éste no existiera; intentan hacernos creer que todo sería más barato.

Ahora viene la visión apocalíptica: Si la Iglesia y el resto de las instituciones benéficas, escucharan al mundo y se convencieran de que no hay Dios y acto seguido cerraran sus puertas a los necesitados… Primer pronóstico: Un mendigo cada diez metros en la calle. (Legiones de pobres clamando ayuda) Segundo: Imagen dantesca en España, igual a la de la India, pero en la India viven en esa cultura, España es otra cosa. Tercero: Me aterra pensarlo. La revolución silenciosa del hambre. El que viene del hambre lo asume, al que ha andado en cierta abundancia le costaría asumirlo.

Este panorama tan desolador lo tenemos a la puerta si los pocos hombres de fe que hay en España dejaran de creer. Todas las instituciones benéficas cerrarían sus puertas. Pidamos a Dios que esto no ocurra, pero que se vayan atando las “majoleras” estos cinco poderes. Están a tiempo de rectificar, aunque del hombre se puede esperar cualquier cosa: matamos a Jesús, no vimos la crisis del 2007 y si no sucede esta catástrofe que anuncio será porque Dios no lo quiera, no porque la sabiduría mundana lo remedie. Estas palabras nacen por la presión que está recibiendo la Iglesia en la actualidad Marcos 9, 30-36

Reflexión: