Día 31 de enero

Señor, la admiración que siento hacia ti me deja boquiabierto. No consigo imaginar qué gozas tú cuando la gente te vapulea por los apretujones; una mujer que te toca la túnica y sientes que la fuerza curativa que irradias, fuerza inteligente, que sabe a quién debe curar, cure a esta mujer que, confiada en solo tocarte, su enfermedad crónica desaparecería y quedaría limpia. Eres tan compasivo, Señor, que no puedes pasar indiferente ante un caso de amargura. Y en este caso vuelves a dar tiempo para que vengan a decirte, vecinos y familiares de Jairo: no molestemos ya al Maestro, tu hija ha muerto. Así pudiste dar gloria a Dios con una nueva resurrección. ¡Qué ternura la tuya! Que no soportas a un padre con el corazón roto por la muerte de su hija, y le dices: No te preocupes, “basta que tengas fe”. Vuelve a aparecer la milagrosa palabra de la “fe”.

¿Por qué hoy que tenemos todos los datos, hoy que conocemos todos los hechos, todo tu poder y piedad por la gente que sufre, por qué le cuesta al mundo tanto creer? ¿Por qué ese misterio de que nadie supiera quien eras? Toda tu vida es un misterio. Había tantas virtudes en ti que era muy difícil dimensionar tu personalidad. Fue tanto lo que hiciste y dijiste, que no se puede digerir en tan poco tiempo. Imagino lo difícil que sería en aquellos días, reconocerte Hijo de Dios, cuando decías que las zorras tienen madriguera y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza (Mt 8:20 )

Es un gran misterio, Señor, que tu santo Hijo tuviera que pasar por esto, vivir de la caridad. Nosotros sí merecemos que se nos bajen los humos y redomar nuestra soberbia, que a poquito que nos faltan saltamos, pero tu actitud fue envidiable, le digo al Señor Jesús; no cejaste ni por un instante en la pretensión de transformar los corazones, deseando y en muchos casos haciendo, que volvieran sus miradas a Dios: sin malicia ni rencores, ni hipocresía, con una mirada limpia y suplicante, reconociendo que en Dios reside su fortaleza. Ese deseo de transformar el mundo seguro que te quitaba el sueño.

Yo hoy sí que te digo: Señor, tu bondad ha calado en mí: no podré imitarte, pero sí seguirte; no podré dar gran cosa de mí, pero sí quererte; no podré convertir a muchos, pero a mí sí que me has convertido. Yo no le diré al olivo que se plante en el mar pero, permíteme Señor que crea en ti, que crea en tu poder, que crea en tu merecimiento. Yo no tengo a tu lado ningún merecimiento, pero confío en tu misericordia. Resucítame a mí también para que empiece a vivir en tu humildad y fortaleza Marcos 5, 22-25.27-30.33-38.40-43

Reflexión:

Día 30 de enero

Jesús avanza en su plan, esta vez va a la región de los gerasenos, allí se encuentra a otro endemoniado que vivía en el cementerio y era mucha su violencia y maldad, hasta el extremo de hacerse daño con piedras, los vecinos en más de una ocasión lo habían atado, incluso con cadenas, ataduras que siempre rompía con su inmensa fuerza. Nada más ver a Jesús se postró ante Él y le dijo que no le atormentara; Jesús le pregunta: ¿Cómo te llamas? La pregunta ya llevaba implícita para el interpelado un poder grande por parte de Jesús. En cualquier caso el endemoniado ya sabía la identidad de Jesús, pues se dirigió a Él, diciéndole: Jesús, Hijo de Dios Altísimo, por Dios te lo pido: No me atormentes. Cuando Jesús le pregunta cómo se llama, él contesta: Legión, que quiere decir muchos y mucho poder. Para Jesús es lo mismo, nada se puede poner a su altura. Jamás se vio en Él un atisbo de debilidad.

En esta región, al parecer, se practicaba la idolatría y no sería de extrañar episodios como este. Jesús se mantenía impertérrito ante el endemoniado, sin ningún temor. Debemos apreciar también en este episodio que, cuando se tiene fe, se va con la verdad y se tiene el respaldo de Dios, no hay nada que temer. A lo largo del Evangelio vemos escenas similares y, bien Cristo o aquel que se encuentra en la misma disposición, la violencia que puede reinar en la escena nunca es motivo de inquietud ni de temor. Siempre sucederá lo que Dios permita que suceda.

El demonio llamado Legión, intuía que un encuentro con Jesús siempre termina mal, y le pedía que no le enviase fuera de la región, imagino porque se encontraba bien entre gente pecaminosa. Los espíritus le rogaron que les permitiese entrar en los cerdos que estaban allí hozando al lado, lo que aceptó Jesús; se metieron en ellos y lo que podemos imaginar, se despeñaron cayendo por un acantilado, nada bueno se podía esperar. Los porquerizos dieron la noticia por toda la zona y le rogaban a Jesús que se fuera de su país. Es natural, perdieron toda la piara.

No sacaron la conclusión que debemos sacar nosotros: primero: liberar al joven de una tortura infernal. Segundo: manifestación de poder contra las fuerzas del mal. La luz venció a las tinieblas. El hecho lo presenciaron sus discípulos; la gente cuando lo conoció se quedó admirada. El joven que había sido liberado daba gloria a Dios agradeciendo a Jesús lo que había hecho por él. Lo anunciaba por toda la Decápolis. A veces, la instauración del orden supone destrucción. Los porqueros sintieron cierto temor de Jesús; no sabían nada sobre fe Marcos 5, 14.17-20

Reflexión:

Día 29 de enero

Todos sabemos que Moisés fue un guía con rango de caudillo, que representaba a su pueblo de Israel ante Dios. Condujo a su pueblo durante cuarenta años a la tierra prometida. ¿Por qué durante tanto tiempo? ¿Por dudar de la palabra de Dios? Dios jamás se equivoca. En este tiempo de Moisés (Éxodo), ya se empezó a considerar la necesidad de contar con un profeta que anticipara algo de lo que Dios haría en un futuro. Dios tenía un plan y a través de los profetas, personas elegidas por Él, iba anunciando el camino a seguir por su pueblo, y como digo, algo de lo que les tenía preparado para más adelante. Advirtiendo a los profetas que se limitaran a transmitir el mensaje o deseo de Dios estrictamente; y ay de aquel profeta que confundiera a su pueblo con mensajes de otros dioses: advertencia importante para que no dejasen en entredicho las promesas del Señor.

Es voluntad de Dios desde el  origen de los tiempos,  que sus deseos sean conocidos. Ya lo hizo a través de los patriarcas, Moisés, los profetas, Jesús su Hijo, Apóstoles y discípulos. En un principio se daba a conocer en ámbitos más cerrados, después a su pueblo elegido ubicado en Egipto, durante el Éxodo y una vez establecidos, en la tierra que Él les dio, y hasta nuestros días. El Evangelio, anunciado por Cristo a los pobres especialmente, pero que llegó a todo su pueblo, solo lo acogió una parte, llamados después cristianos, lo que significó ser la cuna de la evangelización en todo el mundo, que llega hasta nuestros días a través de los misioneros Deuteronomio 18, 15-20.

Hoy san Pablo nos dice, que las mujeres casadas y los hombres casados descuidan las obligaciones con el Señor, por los quehaceres de la casa y las preocupaciones en las cosas del mundo; en interés de agradar al marido y el hombre en interés de agradar a la mujer, se olvidaban del Señor y por tanto de las prácticas religiosas, lo que les llevaba a desatender las necesidades del hermano, del prójimo. En cambio, los solteros y solteras, por disponer de más tiempo, viven una vida más entregada a la formación religiosa, a las prácticas en dicho ámbito, con fines de carácter social, movidos pos sus creencias.

Lo cierto es que los solteros que viven en cercanía con la Iglesia, son más propensos en convertirse en monjas, curas, o pastores religiosos. ¿Qué debemos hacer los casados? Yo entiendo que es absolutamente necesario dedicar un tiempo diario a nuestra formación, ante todo por conocer la voluntad de Dios y ofrecerle nuestra disponibilidad para colaborar con Él. Cuando se conoce a Dios se le ama, y si se ama a Dios que no se ve, no debería costar tanto amar a nuestros hermanos necesitados, disminuidos, que sí los vemos y los tenemos con frecuencia a nuestro lado. Aunque solo hiciésemos esto, ya estaríamos compartiendo con Dios una de sus principales inquietudes: atender a los más desvalidos y a los más necesitados de ayuda. Aunque me duele decirlo no somos dados a permanecer mucho tiempo al lado de un pobre harapiento o de personas con deficiencias acusadas.

Los judíos, en tiempo de Cristo, creían que ciertas enfermedades eran castigos divinos, nosotros que no lo creemos, no comprendo por qué nuestra actitud está cerca del rechazo. Yo recomendaría que en las iglesias, el primer banco fuera para los más pobres, los más frágiles o necesitados en general, algún sordo o ciego, cojos o con dificultades para andar; que tuvieran siempre reservados sus asientos, y esto en todos los actos litúrgicos 1Corintios 7, 32-35

En esta ocasión vemos a Jesús de nuevo haciendo uso de su autoridad, ¿qué denota Jesús en su modo de predicar y obrar? Pues eso, una inmensa autoridad no vista en los letrados cuando predicaban en las sinagogas los sábados. Sin embargo, era tan contundente Jesús en sus afirmaciones, era tan certero en sus parábolas, que hacía ver claro el objeto de sus enseñanzas; la coherencia era otro signo de sabiduría.

Toda su predicación tuvo un principio y un final, en la que no hubo fisuras ni contradicción. Lo verdaderamente llamativo fueron sus enfrentamientos con espíritus inmundos que tenían poseídos a jóvenes, manteniéndoles incapacitados para desprenderse de ese mal, que tanto les mortificaba; quizá gracias a su fortaleza física, lo podían soportar. Llegaba Jesús y le bastaba decir: sal de este joven que le tienes atormentado; y al instante aunque a regañadientes lo abandonaba dando alaridos. Ese hecho me lo imagino espectacular.

Cuando la gente veía este prodigio, y observaban como un joven violento se transformaba en un joven totalmente pacífico y tranquilo, no podían por menos que reconocer la autoridad de Jesús y su poder. Además se daba la circunstancia de que dichos espíritus reconocían a Jesús como el Santo de Dios, otras veces como Hijo de Dios, y le temían más que a una vara verde. Los que lo veían se quedaban admirados, y Jesús en su humildad, que no quería fama, mandaba callar a los demonios cuando reconocían su identidad Marcos 1, 21-28

Reflexión:

Día 28 de enero

Hoy una vez más se confirma el poderío de Jesús en contraste con su sencillez y apariencia. A más humildad y sencillez más poder otorgado por el Padre Dios. Es una constante en la Biblia. Si quieres ser grande has de ser pequeño antes. En un sin fin de ocasiones aparecen alusiones a personas que han experimentado esta transformación: de no ser nada, a tener de todo. Y lo que sorprende es que en todos ellos se da una característica común (la fe).

Cuando faltan objetivos en la vida, falta ilusión, hay confusión e incertidumbre: falta fe ¿por qué es la fe lo primordial? ¿Por qué una persona aunque haga mucho bien, si no tiene fe, finalmente no alcanza notoriedad a los ojos de Dios? Pues no lo sé a fondo, pero basta analizar algunos hechos o comentarios bíblicos, para darnos cuenta de ciertas similitudes entre unos y otros, sobre todo en aquellos protagonizados por personas de fe.

Empecemos por Cristo: hijo de familia humilde, hijo de un carpintero, hoy Rey de reyes. Juan Bautista: el mayor de los profetas: vestía con pieles de camello y se alimentaba con miel silvestre y langostas del campo cuando vivió cierto tiempo en el desierto, pero con una fe a prueba de bomba. San Pablo: persona poderosa, integrada en las altas esferas del poder judío de la época, la fe le lleva a dejar su posición y a vivir de la caridad; amante seguidor de Cristo, maestro en la fe. Hoy gozará en el cielo en el ámbito del Altísimo; para los cristianos primera figura: su fe llevada a la enésima potencia. David: de pastor a rey, padre de Salomón, también rey; personajes ambos emblemáticos en la historia del pueblo de Dios, sin ellos el discurrir de la historia (AT) hubiera sido gris hasta la venida de Jesús.

Moisés: criado en el palacio del Faraón y elevado su poder casi al máximo rango, lo deja todo para convertirse en un pastor y después en guía por el desierto, pasando calamidades a diestro y siniestro. Hoy reconocido como el principal personaje del pueblo de Dios. Es con él donde empieza a tomar cuerpo el plan de Dios; fe total, con la excepción de algún momento de duda que le costaron caros. Abrahán: Titulo: padre de la fe y padre de una gran familia: pueblo de Dios. Bastante rico, pero se le conoce por su fe inquebrantable hacia Dios. Job: la paciencia personificada, lo que es igual fe y esperanza en el Señor. Sufrió de todo, pero su fe estaba puesta en el Señor y no renunció por dura que le fuese la vida.

Son infinitos los casos en los que aparece la fe como especial cualidad para recibir dones en vida o en el cielo. Y debe ser la fe lo más importante dado el interés que ponía Jesús en que la tuviéramos. Cuando se encontraba con alguien de fe lo resaltaba muchísimo, ejemplo: el centurión, que le pidió a Jesús la curación de su criado (Mateo 8:8).

Cristo, Dios que era desde el principio de los tiempos, podía haberse presentado como un rey, y haber tenido su cuartel de mando en un palacio, pero, ¿qué hubiéramos pensado de Él? Lo que pensamos de los demás reyes de la tierra. Sin embargo, la filosofía de Dios es distinta, el que quiere algo se lo tiene que currar desde la nada; Dios que es dueño de todo, creador de las mayores riquezas, hace regalos inmensos, pero le agrada ver en el que recibe humildad en extremo y que piense no sentirse merecedor del regalo (no soy digno de que entres en mi casa, le dice el centurión a Jesús) (Mateo 8:8);  el que quiera ser el más grande que empiece siendo el más pequeño; y el asunto va más lejos, el que lucha por defender la verdad, la paz y la justicia, que son los pilares del plan de Dios, si además lo hace por amor,  para Dios es de lo mejor. Esa es la señal: el amor principalmente, y después la fe, y la defensa de los ideales de Dios expresados en la Biblia. De ahí que Cristo le dijera a los discípulos que le acompañaban en la barca: ¿por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe? Jesús intentaba hacerles despertar, para qué habiendo visto en Él las cualidades que le había otorgado Dios: la mesura, la entrega, la humildad, la sabiduría, el poder de curación tuvieran total confianza. ¿Qué más querían ver? Quizá querían ver lo que vieron, que hasta la tormenta, el viento y el mar le obedecían. Jesús sabía que con poca fe que se tenga, estando a su lado no había nada que temer.

A Cristo, el evangelista le pone durmiendo, como persona que sale de las situaciones más adversas. Yo creo que tenía mucho sueño y cansancio por tanto trabajo y su interés en arreglar el mundo al que había llegado. Era mucho lo que tenía que hacer y poco tiempo para hacerlo Marcos 4, 35-41

Reflexión:

Día 27 de enero

Partiendo de las palabras de Cristo en las que compara el reino de Dios con la semilla y la siembra, nosotros en este encuentro sacamos la siguiente conclusión: la semilla se echa en la tierra (siembra), se cubre con tierra y nadie sabe nada, ni por qué germina, nace y crece, solo la tierra que alberga la semilla. Pensemos: la semilla siempre es pequeñita en relación a la planta que ella misma genera, y no digamos si se trata de la semilla de árbol. La semilla a simple vista no se ve en la tierra cuando el sembrador acaba de esparcirla, esté tapada o no. Lo mismo el reino de Dios, cuando llega a ti no se ve. Digamos que el reino de Dios es el poder de la palabra recibida que anida en tu corazón, germina, echa raíces, y en un tiempo prudencial da fruto (por los frutos los conoceréis) (Mateo 7:16 ).

La Palabra, forma parte a groso modo, del mismo proceso que sufre la semilla cuando es echada en la tierra y esta tierra está preparada: mullida, aireada, abonada, enriquecida para alimentar y soportar la germinación y el enraizamiento, además de gozar de condiciones climáticas idóneas. Esta planta pequeña o árbol, crece hasta proporciones inimaginables. Pasa de ser algo que apenas se percibe, a ser algo voluminoso, que llena nuestro campo de visión. Por ejemplo: un trigal, maizal, olivar, encinar, castañar, pinar, etc. Lo mismo es el reino de Dios: llega a tu vida, es sembrada la Palabra en tu corazón, se aloja, y comienza el proceso; al poco tiempo aparecen los frutos; frutos que multiplican su crecimiento a través de la semilla que hay en el mismo fruto; estas semillas generan más plantas y también más frutos. Los frutos son las acciones y también la palabra; las acciones contagian y multiplican, y la semilla real es el fruto maduro que cuando muere genera una planta, arbusto o árbol (si un grano que cae en la tierra no muere no produce fruto) (Juan 12:24 ).

La semilla si no muere no da fruto pero el corazón del hombre o reino de Dios puede dar fruto antes de morir pero no sin darse, fruto que se expande por el mundo haciendo que llegue a otros corazones. Este crecimiento extraordinario del reino de Dios, tiene un efecto tan poderoso como la semilla, que siendo tan pequeña, se produce en ella una transformación tan milagrosa, que grandes aves pueden anidar en sus ramas del árbol. Así es el corazón del hombre que aloja y reparte el reino de Dios a poco de ser él invadido, sí es cierto que la muerte da un nuevo impulso a la siembra que se ha venido haciendo. Lo misterioso del proceso de la cosecha es que el sembrador esparce la semilla, la entierra con los aperos adecuados y la tierra obra el milagro, para que un grano pueda dar cien, setenta o cuarenta.

Veamos la muerte de Cristo, solo le acompañaron en este trance cuatro o cinco personas, hoy dos mil años después, el reino de Dios ha llegado a mil millones de personas bautizadas. Y no ha llegado a más, porque muchos corazones tienen las puertas cerradas e impiden que entre ese aire fresco. Cuando el reino de Dios entra en un corazón, casi siempre es para quedarse. No seas tú cicatero con Cristo, ábrele la puerta, alójalo en tu casa, y tenlo de compañero y maestro para siempre, te abrirá Él las puertas a ti de par en par en el cielo, para que tú entres en su verdadero reino, donde no oirás ni un lamento ni una queja. Cuando llegue el día de la cosecha, el trigo lo meterán en el granero y la paja la tirarán fuera Marcos 4, 26-34

Reflexión:

Día 26 de enero

Nadie enciende el candil para ponerlo debajo del celemín, ni debajo de la cama, el candil se enciende para que alumbre y que nadie se vaya pegando contra las paredes. Una casa iluminada ayuda a que las cosas se hagan bien; una mente iluminada con la luz de Cristo ayuda a obrar bien, siempre de forma desinteresada  Marcos 4, 21-25

Surgió un hombre soñador que creó un grupo de personas encaminadas a hacer el bien en los países subdesarrollados del mundo, empezando por África. Era movido por el solo deseo de ayudar al necesitado implicando y buscando la colaboración de los demás. Su interés mayor era quitar el hambre del mundo; animaba a los estados poderosos de occidente a unirse al proyecto y enviar técnicos y tecnología a dichos países pobres.

Urgía curar enfermedades endémicas, bien con plantas y remedios naturales o con medicamentos; algo que también era urgente: enseñar a cultivar, crear fábricas de conserva de alimentos: carnes, frutas, verduras, cereales… Fomentar la ganadería y la industria, dentro de un marco de comunicación y colaboración entre estados. Creando vías para el transporte de mercancías… Solo así se estimularía el progreso para salir del subdesarrollo y dejar a un lado la pobreza.

Se pensó también en la necesidad de crear una lengua paralela oficial, con el compromiso de estudiarla en todos los países implicados, algo que facilitaría la comunicación social y comercial; querían crear una ley internacional para que todos los hombres pudieran transitar por esos países y posteriormente por todo el mundo sin traba alguna y protegidos por los respectivos gobiernos, dándoles la consideración de “hermanos” a todos los visitantes. Esto que acaba de leer es una visión del autor, sobre qué se podía hacer en el mundo subdesarrollado –entre otras muchas cosas- para que salga de la hambruna y de la miseria y la muerte.

Todo aquel  que visita un país por motivo turístico, comercial, refugiado, o por huir del hambre debe ser bienvenido y por ello bien recibido; partiendo de la base y el sentido común, que si un país es visitado, es porque es valorado, quizá por buenas referencias y/o porque se quiere conocer la forma de administrar sus recursos, sus costumbres, sus fiestas y sus gentes.

Todo el mundo en sus viajes turísticos desea llevarse a su país buenos recuerdos de los lugares visitados, en la actualidad también se buscan buenos contactos para una posterior relación comercial. Esto que cuento arriba es pura ficción, pero no estaría de más planteárselo. Hago una observación: Este proyecto quizá sea difícil llevarlo a cabo o compartirlo con personas adultas, sin embargo entre jóvenes puede ser más fácil asumirlo, no solo esto sino algo más ambicioso; las personas adultas hemos perdido en cierto modo la confianza y la ilusión en transformar el mundo. Digamos que sería un proyecto en línea con el deseo de Jesús y los deseos que emanan del Evangelio, como es llevar la luz y el progreso a todos los rincones de la tierra, pero el tema tristemente no está de actualidad.

Reflexión:

Día 25 de enero – 2012 – FIESTA DE LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO

Hoy damos un salto en el tiempo y nos vamos a una de las cuarenta apariciones de Jesús después de muerto y resucitado. Una de esas apariciones sigilosas en las que atravesaba paredes y puertas cerradas, colocándose en medio para que nadie pudiera pensar que alguien le había abierto la puerta. Les dijo a los Once: id y predicad hasta los confines del mundo. Él había venido a predicar a las ovejas descarriadas de Israel, sin embargo, una vez conocido su Evangelio en Israel, había que llevarlo fuera de las fronteras.

Uno de los Apóstoles más valerosos y que mejor entendió el mensaje de Jesús fue Pablo. Hizo tres viajes fuera de su tierra y quizá vino a España. Él dijo en varias ocasiones que vendría a España, a occidente. Otro día Pablo nos hablará de Jesús y del amor. Jesús sabe amar más que nadie y Pablo nos describe el amor mejor que nadie. San Pablo con su conversión sintió vergüenza por haber perseguido a Jesús, y gratitud hacia Dios por haberle iluminado y perdonado. Quedó absolutamente transformado y cambió radicalmente de conducta, se ofreció incondicionalmente a la incipiente Iglesia de Cristo para proclamar su Evangelio en países extranjeros, su reconciliación con Dios le obligaba a ser generoso y a ponerse a su servicio por el error cometido, y así lo hizo, y nosotros también convertidos, ¿somos también agradecidos a Dios y le correspondemos anunciando a Jesús como luz del mundo, sabiendo en el universo que hemos entrado, y que nos ha hecho sentirnos hijos de Dios? ¿Lo vamos proclamando? Eso deberíamos hacer.

Pues todo es necesario que se mueva alrededor de la fe. No se trata de enseñar historia de la arquitectura, historia del arte o la cultura y costumbres de un  pueblo, que para eso ya están otros, se trata de fe, se trata de Jesucristo, hombre enviado por Dios para traernos la Buena Nueva, un baño de esperanza y de fe que nos hace saltar a la otra vida. A este hombre que pasó haciendo el bien, perdonando y curando a tantos y tantos enfermos como había, lamentablemente nosotros por ignorancia le matamos, porque no creímos en su palabra y en sus buenas obras; a veces diciendo que venían del maligno, y como digo, le matamos para impedir que en nosotros (la sociedad de su tiempo en Israel) se obrara la transformación que Dios esperaba; no queríamos aceptar el nacimiento del hombre nuevo, queríamos seguir envueltos en esa coraza de hipocresía, ceguera y maldad, sobre lo que representaba el amor anunciado por Jesús.

El cambio que nos pedía y pide hoy Jesús, da un vuelco a nuestras vidas, para eso fue mejor matarle y de esa manera volvía la normalidad a Israel. El problema para ellos surgió cuando resucitó y Dios de nuevo puso las cartas boca arriba en la mesa y les volvió a reprender con la evidencia. Contra Dios nada se puede, cambia la muerte por vida, cambia el mal por bien y el pecado por santidad.

Dios quiso que sus Doce hombres de confianza, hicieran el bien por donde pasaran como Jesús lo hizo. Por eso les dio poder para echar demonios, poder para no enfermar ni morir por mordedura de serpiente y poder para curar imponiendo las manos. Ese es Dios, ese es Jesús; nosotros podemos darle la espalda, pero sin olvidar lo que dijo: el que crea y se bautice se salvará, el que se resista a creer será condenado Marcos 16, 15-18

Reflexión:

Día 24 de enero

La predicación de Jesús era muy intensa y amena. La Buena Nueva anunciada al pueblo de Dios era necesaria y urgente. El tiempo apremiaba porque el curso de los acontecimientos era impredecible. Jesús aprovechaba cualquier oportunidad para enseñar.

Estando sus discípulos y paisanos escuchándole, en un momento de máxima concentración, le dice un discípulo: Maestro, tu madre y tus hermanos están en la puerta y te esperan. A lo que responde Jesús: Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica, algo así como lo que estáis haciendo vosotros, es lo que dio a entender.

Seguramente, al instante, Jesús salió para ver a su madre y decirle lo que le dijo en el templo: que Él debía ocuparse de las cosas de su Padre y ahora más que nunca. ¿Por qué Jesús contestó así cuando le dijeron que estaba su madre en la puerta? Yo creo que habló su naturaleza divina. La palabra de Dios es alimento de vida y los que la escuchan y creen en ella, les mueve el amor y son verdaderos hermanos, superando los grados de consanguinidad por estrechos que sean. Y para Jesús los que creemos en el Evangelio somos sus hermanos, hermanas y madre. Los hermanos en la fe están al servicio de Dios, los hermanos de sangre, que no creen, están al servicio del mundo Marcos 3, 31-35

Reflexión:

Día 23 de enero

El que sigamos insistiendo en que los escribas en la época de Jesús fueron unos perfectos ignorantes, no resuelve nada, eso ya es pasado, el problema es hoy, dos mil años después, el hombre sigue siendo inmaduro en cuestiones de fe. No es que haya razones para creer o dejar de creer, el que no quiere creer le da todo igual, es su soberbia la que quiere mantener intachable; el cristiano está reñido con la soberbia, el cristiano es servicio y compromiso y el que no quiere creer huye de comprometerse.

Jesús, les tuvo que parar los pies, como lo haría ahora si alguien se atreviera a decir que a Jesús le viene el poder por orden de Belcebú que tiene dentro, eso significaría atentar contra el Espíritu Santo, y es este pecado el que no tiene perdón. ¿Qué significó cuando el Espíritu Santo en el Jordán, en forma de paloma, se posó sobre Jesús? El Espíritu Santo está en Jesús. Por tanto, no se puede desvirtuar, ni de broma, esta aseveración de Dios Padre. Y para que nos demos cuenta de la magnitud de esta burla, Jesús nos dice: Todo se perdona menos esto, la ofensa al Espíritu Santo. Jesús como Hijo de Dios que es, tiene su propio poder y el poder del Padre; no cabe tamaña lindeza para desacreditar la identidad del Hijo de Dios, arquitecto de la obra creada. Pero ciegos que no quieren ver ha habido siempre y seguirá habiendo. Aun así Dios sigue insistiendo, quiere hacernos ver que el camino acertado es la comprensión, el perdón y la aceptación de que todos somos iguales y por tanto proclives al pecado y a los errores, de ahí que debamos aceptarnos y ayudarnos a ser uno en el Señor.

Es patética la actitud de algunos para que Cristo se tenga que humillar así,  y decir: Creedme, no blasfeméis al Espíritu Santo, pues será vuestra condenación, cargaréis siempre con ese pecado. Es enternecedor el Señor Jesús, que por amor nos insiste hasta la saciedad para que no nos condenemos, no nos pide demasiado, solo que seamos respetuosos con nuestros semejantes y con las cosas de Dios Marcos 3, 22-30

Reflexión:

Día 22 de enero

Estamos en fase de preparación para la predicación del Evangelio por parte de los discípulos de Jesús. Al margen de otros conocimientos y razonamientos que se deben exponer cuando se insta a la conversión y al acercamiento a Dios aceptando su santa voluntad; las expresiones más motivadoras son: “convertíos”, el reino de Dios está cerca y no es bueno que os encuentren sucios por dentro, al menos este es el sentido. Pues Dios en tiempo del profeta Jonás, ya usaba estos términos para la conversión de Nínive. La palabra del Señor vino a Jonás: Levántate y vete a Nínive y pregona lo que te diré. Fue Jonás a Nínive, gran ciudad, hacía falta tres días para cruzarla. Jonás estuvo un día anunciando que si no cambiaba de vida, el Señor destruiría la ciudad. Se convirtieron al Señor y cambiaron de vida haciendo buenas obras. El Señor lo vio y no destruyó la ciudad Jonás 3, 1-5.10    

Consideremos que la predicación de Cristo ya tenía antecedentes, solo bastaba crear una variante. Jesús, unido al Padre desde el principio de los tiempos, era conocedor del mundo y sus andanzas. Afortunadamente nunca nos dejó de la mano y siempre ha retoñecido el árbol, la fe en la Iglesia. En la época de Jesús, los argumentos que empleaban algunos discípulos para instar a la conversión fueron bastante terroríficos. Jesús no los había enseñado, pero algunos interpretaron mal sus palabras y llegaron a pensar que el mundo se acababa. Que sería cuestión de días, y san Pablo de forma apremiante pedía la conversión si querían vivir en la cercanía de Cristo, si querían ir al cielo y disfrutar de toda la grandeza de Dios. Tal era esa creencia, que Pablo decía: los que tienen mujer que vivan como si no la tuvieran; los que lloran como si no lloraran; los que están alegres como si no lo estuvieran; los que compran como si no poseyeran nada; los que negocian en el mundo como si no disfrutaran de él, porque la representación de este mundo se termina.  Interpretaciones desafortunadas pero con la mejor voluntad. El deseo de Cristo y de sus Apóstoles era que nadie se condenara, que nadie se perdiera, que todos estuvieran atentos a posibles cambios venidos de arriba.

Pensemos que ellos habían conocido de cerca la otra realidad del cielo; ellos vivían a diario prodigios sobrenaturales hechos por ellos mismos, por la acción de Dios; ellos vivían momentos de total asombro, es por esa razón por lo que no les extrañaba que Dios cambiara este sistema de cosas de la noche a la mañana de un plumazo. No es fácil digerir, una vez que conoces la pureza de Dios y su poder, que siga permitiendo la inmundicia y la corrupción que hay en este mundo. Nosotros no hemos conocido esos prodigios extraordinarios prácticamente a diario como ellos y por eso nos extraña tanto; podemos ver en esos errores de interpretación como una cierta ligereza.  Recordemos que desde entonces le decimos al Señor varias veces al día, “venga a nosotros tu reino” (Mt 6:10), no sabemos si convencidos de lo que estamos diciendo o no    1Corintios 7, 29-31

El encuentro de hoy nos retrotrae a la detención de Juan el Bautista, volviendo Jesús a Galilea y comenzando la predicación Él solo. Y decía: Se ha cumplido el plazo, el tiempo se acaba, está cerca el reino de Dios, convertíos y creed en el Evangelio. Por aquel entonces llamó a Simón y a su hermano Andrés, a los que dijo: venid conmigo y os haré pescadores de hombres.

El mundo no se iba a terminar como de hecho no se ha terminado, pero sí lo parecía. La realidad es que nadie sabe cuándo se va a terminar el mundo, de ahí la necesidad de conversión y aceptar el camino que el Señor nos presenta en el Evangelio. No era una idea tan descabellada que una vez venido Jesús y anunciar el Evangelio de Dios a los pobres en especial,  cualquier momento puede ser bueno para mostrar la gloria de Dios a los hombres. Pero una vez que todo está dicho, parece ser que solo se puede esperar por parte del mundo mayor enfriamiento. Ya lo dijo Jesús: ¿Encontraré esta fe cuando vuelva? (Lc 18:8).

Recordemos de nuevo, Jesús nos enseñó en el Padrenuestro que digamos: “venga a nosotros tu reino”, entre otras peticiones. El inconveniente que veo yo es que el pueblo elegido por Dios no ha reconocido a Jesús como el Mesías, y eso para Dios debe ser muy doloroso. Es posible que estemos en la espera de su conversión; y por lo dicho en un encuentro anterior: “la unidad de los creyentes”, y la aceptación de que Dios es uno y es el mismo para toda la tierra y todo el cosmos Marcos 1, 14-20

Reflexión: