Día 19 de julio

Dice el Señor: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. Todo el mundo está cansado y agobiado, pero los cristianos menos, ¿por qué? Porque Cristo enseña a vivir sin agobios. Lo primero que te dice es que pongas tu vida en sus manos que Él la gobernará de la mejor manera, te quitará de muchos problemas que después serían una carga para ti, una preocupación, a veces con difícil solución. Y si un problema te viene de fuera, te ayuda a resolverlo. Sobre aquellos problemas que ya están enconados, basta presentarle cara y con Jesús como amigo no hay nada que se resista, pero hay que confiar en Él.

También Jesús nos habla de yugo y de que no es pesado, cierto. Tienes que ir “encollerado” con Él, junto a Él, de esta manera Él lleva la carga. Pueden ocurrir dos cosas: que hayas sido el causante del problema familiar, entre amigos o en el vecindario y que alguien se  sienta ofendido por ti. Solución: con el respaldo de Jesús uno debe ir a pedir perdón, indicando que tu intención no era ofender.

Qué la ofensa ha sido a Dios: por un mal pensamiento, una mala acción, por odio a la gente: colectivo, vecinos…? Solución: cambiar de actitud y pedir perdón a Dios. Dios te perdona y la preocupación se desvanece; pero el odio hay que aparcarlo y darlo de lado, no se consigue nada odiando o guardando rencor a alguien. Todas esas actitudes son erróneas y solo producen malestar y poco beneficio. A eso se refiere Cristo. La pesadumbre que queda de los embrollos y malos entendidos desaparece en aquel que no quiere ser motivo de disgusto y aunque a veces se pierda algo material, se gana en salud y en paz interior. La vejez si es larga (eres tú y tus recuerdos), es mejor vivirla con buenos recuerdos, sin enemistades, sin remordimientos, sin pena por no haber hecho lo necesario para subsanar un entuerto, ahora que estamos lúcidos hagámoslo. Y si hablamos del objetivo final, poder vivir en paz y en armonía eternamente como nos tiene prometido Jesús, lo mejor es tener la conciencia tranquila de no haber abusado de nadie, haber actuado con justicia y haber hecho obras de caridad.

La bondad de Jesús reconforta; los problemas económicos, sociales, familiares, de enfermedad, de soledad… lo que para nosotros supone una carga muy pesada, si se los confiamos a Cristo Él nos dice qué hacer para que sean más llevaderos. En Cristo está la solución para muchos de nuestros males. Debemos confiar en Él porque es nuestro amigo y por eso murió cargando con todos nuestros pecados, (que son una gran carga) y para que nuestra vida esté más llena de gozo que de angustia y tristeza Mateo 11, 28-30

Reflexión:

Día 18 de julio

Señor Jesús, comparto tu opinión. Partiendo de que nuestro Padre Dios, tiene predilección por la gente pobre y sencilla y son éstos los que ven en los signos; son éstos los que buscan el consuelo del cielo, y el cielo se les abre a sus ojos. Los sabios más interesados en las cosas materiales, cosas de la tierra, cuando raramente miran al cielo el cielo se les cierra.

Gracias te doy Padre Dios porque actúas así. Señor Jesús, ya que no puedo ver al Padre ni soy digno de ello, por tu poder y tus palabras, me gustaría que me revelaras algo del Padre además de lo que ya sé. Jesús se congratula con el Padre cuando ve que la gente sencilla es más receptora de la verdad, alma del Evangelio. La gente sencilla está abierta a la fe, a la llamada de Dios; se deja moldear por Dios como la arcilla por el alfarero. Y eso sucede porque Dios quiere que suceda. Por eso Jesús le da gracias al Padre, porque a Jesús le gusta que eso sea así.

Jesús vive entre los miserables de la tierra y ve en ellos generosidad y sinceridad. Cuando tiene que acercarse a las clases acomodadas o ricas, sólo ve egoísmo e hipocresía. Los pobres heredarán la tierra, dice Jesús (Mateo 5:5). Los pobres viven en la esperanza de otra vida mejor. A veces en su triste caminar tienen encuentros con la divinidad. Su humildad les hace reflexivos y pueden ver los caminos que se les abren, si se mantienen en un estado de paz y de perseverancia.

Los sabios que creen saberlo todo, si dudan de la existencia de Dios, ¿cómo van a esperar en Él? El Padre conoce al Hijo y el Hijo conoce al Padre. Jesús le dice al pobre como es el Padre y el pobre lo cree; cuando se lo dice al sabio y entendido éste no lo cree. Hablo en general y según la línea de Cristo Mateo 11, 25-27

Reflexión:

Día 17 de julio

En el encuentro de ayer, intentamos dejar patente la responsabilidad de aquel que conoce el Evangelio y cree en él; debe difundirlo empezando por los hijos, nietos y en cualquier oportunidad que tenga. Y respecto de los que no creen, si en alguna ocasión encuentran la oportunidad de aprender del Evangelio y lo rechazan, Cristo será severo con ellos el día del Juicio.

En el encuentro de hoy Jesús dice, refiriéndose a Sodoma y Gomorra, que el día del juicio serán más benévolos con ellas que con Corazaín y Betsaida y les pone además el ejemplo de Tiro y Sidón, diciendo: que si en estas se hubieran hecho los milagros que se hicieron en Corazaín y Betsaida, seguro que se hubieran convertido, también alude a Sodoma. Estos casos responden a otra época en la que no se hacían tantos milagros y el concepto de Dios no estaba tan extendido. Jesús no concibe que Él siendo quien es y con lo que anuncia y revela sobre el Padre, con la manifestación de poder y de compasión que hace permanentemente movido por la gracia del Padre, que haya gente que no lo tenga en cuenta, sobre todo en aquellos lugares como los enunciados, además de Cafarnaúm.

Verdaderamente es muy razonable la actitud de Jesús y su enfado. No comprende cómo la gente es tan obstinada y terca que viven sumidos en profundos errores costándole tanto cambiar. Creen en Dios y son unos hipócritas, como si Dios no les viese. A Dios, como tantas veces se ha dicho, no se le puede engañar, a veces da la impresión que tratamos de  tomarle el pelo. Y si me apuras, eso Dios lo soporta, lo que no soporta es la falta de humanidad, el abuso de niños, el robo, el crimen: quitar la vida alegremente a otras personas cuando todos somos sus hijos y templos del Espíritu Santo.

Cuando uno es un farsante, pero no se hace un grave daño a otro ser humano, Dios levanta la mano por nuestra fragilidad, pero cuando hay personas tan crueles con animales, con el medio ambiente  y contra personas débiles y vulnerables eso enerva a cualquiera. Por eso Jesús a veces se enfadaba, porque veía mucha injusticia en este mundo. Y ciertas personas que se las dan de justas también en lo oculto ofendían a Dios.

Lo primero que debemos hacer es conocer la voluntad de Dios y de su Hijo Jesús, y después obrar en consecuencia, haríamos un mundo distinto. También hay gente que cree sin ver (sin pruebas), otros que para creer necesitan ver (pruebas) y otros que ni viendo (pruebas) creen. Si Cristo hace milagros delante de los hombres para confirmar que Él es el Hijo de Dios, y el hombre no cree, Cristo siente como si su esfuerzo fuera baldío, e incluso la insolencia de algunos puede llevarle a pensar que más nos valdría no haber nacido. Nos hace ver con sus expresiones la importancia de la fe. El que tiene fe es impulsado hacia arriba; el que rechaza la oportunidad de cambio y de fe, su elección le acerca al precipicio, o si te gusta más, a las tinieblas.

Cristo reprocha a aquellos que han tenido la oportunidad de convertirse y no lo han hecho, le cuesta aceptar que haya pueblos que reciben la verdad y la justicia y la rechazan. Sabe que Él viene a salvar y que su palabra salva; su palabra es palabra de Dios, del Dios Salvador y creador del mundo y del Universo y no entiende como nosotros que hemos sido creados por Él le rechazamos; es como auto condenarse, auto destruirse. No entiende cómo puede haber alguien tan torpe que rechaza la vida; rechazándole a Él están rechazando al creador de la vida. Y le duele, porque sabe que el que rechaza los valores de Dios cae en los lazos del maligno que es el enemigo número uno de Dios Mateo 11, 20-24

Reflexión:

Día 16 de julio – 2012 – Nuestra Señora del Carmen

Viviendo y aprendiendo. La historia nos abre los ojos y nos ofrece una nueva dimensión de familia. Hasta hoy yo tenía padre y madre; hermanos y hermanas. Hoy el que anuncia la verdad, Jesucristo nuestro Señor, me dice: que todo el que cree en Dios es mi padre, mi madre, mi hermano, mi hermana… De la misma manera yo entiendo que debo ser para los demás lo mismo. La gran familia es la que conoce la voluntad de Dios y obra en consecuencia.

A veces Jesús nos da respuestas que no queremos oír y esto nos desconcierta. Cuando lo más natural, para nosotros, sería salir y hablar con nuestra madre, hermanos o hermanas, Jesús dice: “todo el que cumple con la voluntad de mi Padre es mi hermano, mi hermana y mi madre. Jesús va más allá, pone el amor a Dios y la firme obediencia, por encima del parentesco sanguíneo. Los deseos del Padre son el establecimiento de una gran familia alrededor de su Hijo Jesús, unidos todos por los lazos de la fe y del amor.

No permita que nada le distraiga cuando la palabra de Dios penetre en su corazón como agua fecunda, anunciando la paz y la verdad. La palabra de Dios merece la mayor atención y el mayor de los respetos. Nunca dejemos la palabra de Dios para mañana si tenemos la oportunidad de oírla hoy Mateo 12, 46-50

Reflexión:

 

         

Día 15 de julio

Hoy es un día especial y reconfortante para los que creen en Cristo. Dios los ha elegido y aceptado como hijos: Servidores y amantes de su Hijo Jesús, elegidos desde el principio de los tiempos. Por ser irreprochables en el amor. El servidor de Jesús es libre, aunque haya sido elegido, puede decir no. Pero como decía San Pedro: ¿A quién vamos a ir?, solo tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6:68). Por la entrega de su sangre hemos recibido el perdón de los pecados. Por un derroche de sabiduría y gracia, hemos tenido la suerte de conocer y vivir al lado de Jesús, conociendo en gran medida parte del Misterio.

Todos los que nos hemos dejado enamorar de la obra de Dios y la culminación de dicho plan con el envío de su Hijo, Dios quiere que seamos testigos de ese misterio; elegidos por decisión suya para llevar a feliz término su obra de salvación. En este conglomerado de cosas: responsabilidades, fe, formación, acatamiento, aceptación, deseo, gozo, libertad, obligaciones…Cristo quiere resultados; hasta ahora se ha desmenuzado el plan y se han dado a conocer los objetivos; se ha puesto boca arriba la necesidad de cambio, se ha visto lo que cuesta el cambio, se han elegido los trabajadores para la viña, trabajadores fieles, valientes y esperanzados, pero además movidos por la acción del Espíritu Santo; y se ha dispuesto la difusión de la Buena Nueva a todos los rincones de la tierra.

Esa misión empezó este día, hoy la recordamos pero no ha terminado. El mundo tiene que saber quién es Dios y su hijo Jesús. El mundo tiene que rendir honores a Jesús. Si los cristianos están en la obligación de extender la palabra de Dios, el mundo está obligado a recibirla, por la cuenta que le tiene. No es de recibo que el sujeto de la película se desentienda como si no representara nada. La película se está rodando y aunque cada uno elige el papel  que le gusta si puede, la verdad es que todos estamos involucrados en ella sin haberlo decidido.

Pensemos en quien nos ha puesto aquí y qué quiere de nosotros, quizá de esta forma nuestra vida (nuestro papel) sea más claro, satisfactorio y gozoso. El que mejor conoce a donde se quiere llegar con estos conocimientos y misiones es nuestro Señor, y quizá sea para que no nos perdamos el final que se promete muy feliz. Dios que siempre actúa movido por amor, quiere lo mejor para todos. Lo primero, nuestra felicidad aquí en la tierra, y después la entrada en su reino, lo prometido, donde mana leche y miel, lo mejor, lo que no se puede describir por el hombre.

Aceptemos a los enviados de Dios para que nos hablen del camino, de la verdad, y de la vida después de la vida. Alabemos al Señor, nuestro Dios, porque Él nos eligió para que vivamos según su voluntad y amemos la verdad que sale por boca de su Hijo. Nuestro Señor Jesucristo, nos ha rescatado y Él nos preservará para rendir alabanza al Padre por toda la eternidad. Cristo nos ha marcado con el Espíritu Santo, y esta es la herencia que tenemos. Es necesario que demos a conocer la verdad que nos ha sido revelada, para lo que no necesitamos tener nada, sino voluntad y plan. La Iglesia Católica ofrece una buena acogida a los que quieran participar en dicho plan Efesios 1, 3-14

Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más. Ya sabemos en qué consistía la misión… ¡Ay! de aquel que rechace al portador de la buena noticia, dice Cristo Marcos 6, 7-13

Reflexión:

Día 14 de julio

Las enseñanzas de hoy nos llevan a comprender algo más el sentido del Evangelio. Mientras estemos aprendiendo seremos discípulos y debemos asumir nuestra condición de discípulos y ser fieles. Vivamos con esperanza y confiemos en el Señor. Seamos nosotros mismos, naturales, nunca con doble lenguaje ni doble intención, ni aparentando, ni ambicionando, ni mintiendo; ni siendo incoherentes diciendo una cosa y haciendo otra. El cristianismo odia todos estos juegos malabares o florales. Por eso dice Jesús que nada hay cubierto que no llegue a descubrirse. Aquí, estamos a tiempo de tropezar y levantarnos, errar y corregirnos. Aquí, en la vida terrena, todo tiene arreglo, todo tiene solución. Pero en el cielo no puede entrar nada impuro, lo que sea, arreglémoslo aquí según vamos de camino, para que cuando lleguemos estemos limpios. Si aquí negamos a Jesús, Él nos dice que nos negará allí a nosotros, es de sentido común. Nos dice una vez más que no tengamos miedo si somos uno con Él. Que sepamos distinguir entre los que pueden matar el cuerpo y los que pueden matar cuerpo y alma. Si aceptamos que destruyan nuestra alma ya no pertenecemos a Dios. Recordemos que nuestra pequeñez nos engrandece a los ojos de Dios (Marcos 9:35)

Dios quiere que seamos sinceros, de confianza, sencillos, pero, que esperemos en Él que no nos faltará de nada. Y que esta confianza en el Señor haga rebosar nuestro corazón de alegría. Somos pecadores, imperfectos, frágiles, vulnerables… Vivamos en absoluta dependencia del Señor, poniendo nuestra vida en sus manos y Él velará por nuestra seguridad, y nos concederá motivos de felicidad. Todos nuestros actos son vistos por el Señor, si hacemos algo contrario a sus deseos, seremos reprobados por El y cada vez que hacemos algo en beneficio de nuestros hermanos, los más débiles, Dios celebra con gozo el acierto de su creación y ve de nuevo “que todo era bueno” (Génesis 1:31)

Tenemos que aceptar nuestra condición de servidores. Si el Maestro nos lava los pies ¿cómo no los vamos a lavar nosotros? (Juan 13:14) Si al Maestro lo trataron con desprecio, al discípulo lo tratarán con más desprecio todavía  (Juan 15:20). Pero no hemos de tener miedo, porque en el peor de los casos, solo matarían nuestro cuerpo. Sí debemos temer al que mata el alma como dice Jesús. No nos sintamos nunca abandonados; Dios conoce hasta los pelos de nuestra cabeza; confiemos en Él y no seamos nosotros los que le neguemos. Nos medirán con la misma medida que nosotros medimos (Mateo 7:2) Mateo10, 24-33

Reflexión:

Día 13 de julio

Jesús, nos anuncia que nuestra conversión lleva implícita grandes dificultades, sobre todo si queremos ser íntegros y consecuentes con nuestra fe. Si somos igual de hipócritas como eran otros, la vida nos será más cómoda, ahí está el dilema: si aceptamos la mentira, el rencor, el odio, la ambición y otras lacras del mundo, pasaremos por la vida sin pena ni gloria. Pero no olvidemos que Jesús no espera eso de nosotros, de los que confesamos cada domingo en la Eucaristía nuestra fe. Y a los que no la confiesan cada domingo, también los espera al final del trayecto, en la puerta, y seguro que les preguntará a cada uno, ¿qué traes hermano? ¿Qué traes hermana? El amor que yo te di ¿lo has hecho crecer o lo guardaste por temor a perderlo? (Lucas 19, 12-13.15-26).

Habría que destacar dos anuncios de Jesús. No tengamos miedo nunca por anunciar nuestra fe: saldrán por nuestra boca palabras del Espíritu de Dios nuestro Padre. El que persevere hasta el final será el que se salve. Jesús nos dice hoy: todavía hay pueblos en los que no se ha predicado. Y hay pueblos en los que matan a los cristianos. Seguramente denuncian a las hijas y a los hijos o a sus padres, por haberse convertido al cristianismo. Ya lo avisó hace dos mil años, y en la actualidad está sucediendo en ciertas partes del mundo aquello que anunció. Lo que es un poco chocante, que en Occidente nos quedemos cruzados de brazos ante crímenes tan horrendos.

En un país africano quemaron vivos este año a unas docenas de cristianos (según imágenes en TV). En Pakistán e Irak ponen bombas en las iglesias porque no caen bien los cristianos. Verdaderamente el cristiano es la oveja que sigue al cordero y en ese camino estrecho acechan los temidos lobos. No solo el príncipe de este mundo pretende ganar la batalla, sino todo aquel que odia la luz porque vive en la mentira Mateo 10, 16-23

Reflexión:

Día 12 de julio

Jesús dice a los discípulos: id a anunciar que el reino de Dios está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiar leprosos, y echar demonios. Lo que habéis recibido gratis dadlo gratis. Llevad poca cosa; donde entréis quedaos todo el tiempo, y donde no os reciban sacudíos el polvo de los zapatos, que lo que le pasó a Sodoma no es nada comparado con lo que les pasará a estos.

Justificación a la actitud de Jesús. Él conoce el mundo y sabe de nuestra debilidad y tozudez para creer. Cuando digo que conoce el mundo me refiero a que somos gran parte de nuestro cuerpo materia y estamos atados a la materia de la tierra. Muchas cosas del mundo son creadas para nuestro bienestar: coches, teléfonos, ordenadores, lavadoras, microondas, fregonas, lavaplatos… Con estos ejemplos son suficientes para conocer la dependencia que tenemos hacia estos aparatos creados para facilitarnos el trabajo, la comunicación, el ocio, y en cierto modo la cultura. Jesús sabe todo esto. En su tiempo eran otras cosas las que tenían atado al hombre.

Siempre ha habido proyectos o ilusiones de carácter material que tenían al hombre centrado en ello y un poco apartado de los valores espirituales. De siempre el hombre ha luchado para tener más aunque otros se han conformado con su sueldo o contraprestación en bienes de otro tipo. Ahora viene la parte espiritual. Jesús se reconoce como Hijo de Dios; ya desde niño le dijo a su madre cuando le encontraron en el templo hablando con los ancianos y sacerdotes: ¿No sabes que he de ocuparme de las cosas de mi Padre? (Lucas 2:49) Jesús, se reconocía poco menos que Dios, sabía que lo que anunciaba era la verdad, y las recomendaciones que nos hacía eran para nuestro bien. En otro pasaje nos dice: sed perfectos como vuestro Padre es perfecto (Mateo 5:48). Quería decir que buscáramos la perfección desde el amor. El perfecto para Dios es el que más ama; el que todas sus acciones están basadas en el amor al prójimo y a la familia, agradeciendo en primer lugar a Dios sus enseñanzas. En su día Dios les revelará los secretos del mundo. Jesucristo nos habla de otro mundo, aunque no lo aclara bien, primero, porque no lo entenderíamos hoy y segundo, porque Él también como hombre podría estar algo condicionado por su propia naturaleza humana. Él aceptó dicha condición.

Cuando resucitó y estuvo cuarenta días apareciéndose casi a diario a sus discípulos, ya actuaba más como Dios, y quizá en ese tiempo contó las cosas de otro modo. Pensemos que todo lo dicho por Jesús no se ha escrito, solo aquello necesario para nuestra salvación. Ojo: si Jesús se sabe Hijo de Dios y dice a sus discípulos que vayan por el mundo a anunciarlo, ¿qué va a decir de aquellos que hagan caso omiso o se burlen de la verdad y de las cosas de su Padre? Eso es muy serio y para Jesús también lo era. Jesús por amor no nos castiga, pero no puede permitir que nosotros con nuestras actitudes vayamos destruyendo lo que Él va construyendo. Dios tiene un plan y no ha nacido el que pueda destruir el plan de Dios.

Las cosas de Dios todas están sujetas al amor, como dije atrás, Dios no valora la sabiduría mundana si está exenta de amor, para arquitecto Él, ha creado el cosmos; para médico Él, resucita muertos; para físico y químico Él, hizo de barro al hombre y creó las leyes de la naturaleza. Morimos y nos transformamos en polvo. Para Dios eso no tiene importancia. A Dios solo le importa con el amor que hacemos las cosas, si curamos por amor, si construimos por amor, si amamos nuestro trabajo, si amamos a las personas aunque sean diferentes a nosotros, si enseñamos con amor para que esos niños sean unas buenas personas y que vivan con amor bendiciendo a Dios, y si amamos a los profesores que les enseñaran a amar. Así es nuestro Dios.

Y por eso Jesús le da tanto énfasis a la misión del predicador, al que va anunciando la palabra de Dios. En toda la Biblia cuando llega un enviado de Dios (ángel), se le rinde honores como si fuera Dios mismo; el enviado de Dios que lleva su palabra verdadera, es como si fuera Dios. Por eso la palabra de Dios hay que recibirla con mucho rigor, respeto y avidez.

Señor, no me siento con fuerzas para ir por el mundo predicando el Evangelio, ni tampoco tengo confianza para curar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos y echar demonios; además Señor, me dices que vaya con un equipaje demasiado ligero, acostumbrado a tener de todo en casa, no sé cómo me las voy a arreglar mañana si no tengo en el bolsillo tres euros para el bocadillo y la cerveza. Incluso sé que muchas personas del mundo cierran muchas puertas y dicen: nosotros conocemos el Evangelio y no nos interesa. ¿Qué hago, Señor? En Mateo está el mandato. Conclusión: El mandato lo hace el mismo Dios. El que no recibe al enviado de Dios su futuro lo tiene algo incierto. Confiemos en la misericordia de Dios. Seamos, al menos, hospitalarios, con el que trae o lleva la Buena Nueva Mateo 10, 7-15

Reflexión:

Día 11 de julio – 2012 – FIESTA DE SAN BENITO, PATRÓN DE EUROPA

A todos nos gusta saber lo que vamos a ganar. Bien en una empresa a la que llegamos a pedirle trabajo, cuando vamos con un amigo a ayudarle si la cosa se alarga en días, con un vecino que requiere nuestros servicios, si no antes después, terminamos diciendo: ¿Y yo cuanto voy a ganar? Es tan normal y lógico que hasta los discípulos de Jesús un día le dijeron a Jesús: Hemos dejado todo para seguirte: casa, familia, la pesca, cada uno según su oficio. ¿Y cuánto nos va a tocar? Jesús no tuvo más remedio que contestarle, y al parecer su respuesta fue esta: Los Doce Apóstoles gobernarán desde sus tronos desde el cielo a las doce tribus de Israel. Además de esto dijo: todo aquel que por mi causa deja padre, madre, hermanos, casa, y tierras, como por ejemplo en la actualidad hacen los sacerdotes y las monjas… En este mundo tendrán cien veces más de aquello que dejaron. Es una forma de decir que no les iba a faltar nada equivalente a lo que dejaron y en muchos casos recibirían más, y lo más importante, en el cielo tendrían vida eterna.

En este mundo, según sus leyes, a uno le pagan de forma proporcional al trabajo que realiza, a los resultados que genera en el trabajo; en cuestiones de fe el pago es muy superior, basta que te vean que trabajas por la causa, que le pones ilusión y empeño, un poquito de chispa y sin que falte, la motivación del noble sentimiento del amor, el premio puede ser extraordinario. Cuando Jesús ve que eres de confianza te lo da todo y si eres el último que llegas a trabajar a la viña, porque no querías ir y finalmente te has arrepentido y has dicho: bueno que voy, cobrarás lo mismo que el que fue desde primeras horas de la mañana. Jesús no escatima en el pago, es Dios mismo, tiene de todo, lo que quiere es gente trabajadora y de confianza y que se reconozca que en Él está la verdad.

Señor, hay personas que por amor al prójimo y a los necesitados viven entregados a ellos  y a tu Evangelio, y a veces quedan exhaustos por no tener relevo. ¿Qué les tocará en la otra vida, o les valdría la pena dejarlo? Y dice Jesús: el que por mí deja todo, recibirá la vida eterna y aquí cien veces más que lo que ha dejado. Nunca vale la pena dejar de lado el amor de Dios.

Debemos ser sensatos y pensar que aquellos que dedican toda su vida al Evangelio posiblemente tengan alguna preferencia, pero eso no les debe preocupar. En el cielo, ya dijo Jesús: el que peor está en el cielo, está mejor que el que mejor está en este mundo. O sea, que el gozo o disfrute que tendrán los agraciados a la misericordia de Dios, es algo indescriptible. La vida allí es plena, no está condicionada como aquí en la tierra.

Recordemos una vez más: El cielo es real. Dijo Jesús algo que deberíamos tener en cuenta: que los doce Apóstoles regirían desde el cielo las doce tribus de Israel. ¿No da pie a pensar que dicho esto por Jesús y con esta rotundidad, podremos ver la conversión de los judíos a creer en Jesús como Hijo de Dios? Mateo 19, 27-29

Reflexión:

Día 10 de julio

Hoy Jesús curó a un mudo echando al demonio que le impedía hablar, el joven empezó a hablar, y la gente asombrada daba gracias a Dios diciendo: en la vida se ha visto en Israel nada igual; Jesús no dejaba de curar porque se compadecía de la gente y porque la veía como ovejas sin pastor. Las gentes estaban desconcertadas, era un cambio tan grande el que sugería Jesús que se olvidaban de todo y le seguían. Había sus excepciones, los fariseos como es natural no le creían, incluso, le acusaban de echar a los demonios por el poder del jefe de los demonios. No hay nada más incoherente, pero con tal de fastidiar no sabían ni que decir. Afortunadamente a Jesús estas actitudes contrarias a Dios no le hacían mella, y Él continuaba enseñando en las sinagogas y curando toda dolencia.

Como veía mucha aceptación y sobre todo necesidad de ayudar a tanta gente que le seguía casi extenuada, dijo a sus discípulos: la mies es abundante y los trabajadores pocos, rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. Jesús comprendía que la labor ingente que tenía ante sus ojos no podría Él solo realizarla en plenitud y pedía ayuda, incluso pedía a sus discípulos que confiaran sus necesidades al Padre para que les enviase refuerzos.

Jesús buscaba la transformación de mundo como así fue en gran medida. Lo que ocurre es que nos hemos enfriado, pero el cristianismo tuvo un gran esplendor e impacto en su época. Nunca deberíamos perder la conciencia que con la ayuda de Dios se consigue todo, y jamás desfallecer por nuestra debilidad; poner nuestro deseo e inquietudes en manos del Señor y Él lo resolverá de manera sorprendente, para esto tenemos que confiar en Él, y pedir sin cansarnos.

Jesús sabe sobre las necesidades del mundo y por eso dice que la mies es mucha y los trabajadores pocos, pidamos ayuda a Dios y Él nos ayudará. No obstante es bueno distinguir entre las enfermedades del cuerpo y las enfermedades del alma. Las enfermedades de cuerpo a veces curan las del alma. Las enfermedades del cuerpo muchas son temporales; las enfermedades del alma urge curarlas porque pueden hacerse crónicas y ser eternas. Confiemos su cura al Señor y adoptemos nueva disposición para evitar enfermar de nuevo. El amor es el antídoto para las enfermedades del alma. A veces nos congratulamos por los mil millones de cristianos en la tierra, esos son pocos, deberíamos ser todos cristianos.

Cristo es el único Hijo, del único Dios vivo en el universo, y no deberíamos descansar hasta que todo el mundo lo supiera. Ahora nos toca a los cristianos hacer la batalla, Cristo hizo la suya y murió en ella, nosotros hemos de coger la bandera y seguir adelante hasta que no quede un alma sin saber que Cristo es el Señor Mateo 9, 32-38

Reflexión: