Día 12 de noviembre

Dice Jesús que es natural que haya escándalos, pero hay de aquel que los provoque. Son muchas las cosas que hacemos mal pero deberíamos prestarle especial atención a la educación de los hijos. En los padres que tienen algo de fe su responsabilidad es mayor. Dios quiere que a los niños se les eduque en la fe desde muy temprana edad, y que sus padres se cuiden de hacer algo deshonesto delante de ellos que pueda escandalizarles; estaría muy mal visto por Dios.

También nos habla del hermano que ofende y de qué deberíamos hacer con él; lo suyo es perdonarlo; ¿y hasta cuantas veces? Hasta setenta veces siete. Siempre que vuelva a pedir disculpas debemos perdonarlo.

Lo que siempre está en el Espíritu de Dios es el amor. Los lazos de amor establecidos con el hijo, el hermano, el amigo, no se deben romper por nada del mundo. En correspondencia al amor de Dios nosotros debemos perdonar siempre al hermano pero no dejar de reprocharle aquello que hizo mal. Es difícil aguantar los nervios y seguir perdonando, pero es la recomendación que nos hace el Señor, no queda otra. Si no tenemos fe para contenernos y obrar según quiere Jesús, pidámosle más fe. Jesús siempre ayuda a mantener la concordia Lucas 17, 1-6

Reflexión:

Día 11 de noviembre

La Palabra de Dios es motivo para que en nosotros se obre un cambio, para que cambiemos de plan, anteponiendo la voluntad de Dios a la nuestra propia. Dios después corresponde con generosidad, pero nosotros tenemos que doblegar nuestro orgullo y aceptar humildemente la voluntad del Señor.

Puede que a algunos le produzca estupor las palabras de una viuda dirigidas al profeta Elías y lo digo por esa razón: “Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y después moriremos” Y digo a estos escépticos, a otros y a mí mismo: ¿A cuántos estamos dejando morir de hambre hoy, ahora mismo, mañana, pasado mañana, y al otro día, y al otro? Pero Dios siempre se compadece del pobre 1Reyes 17, 10-16

No demos más tiempo la espalda a ese clamor, a esa mirada frágil e impotente que ya no espera nada de nadie. Si hasta este momento no ha recibido nada, ¿qué puede esperar un cuerpo que está totalmente agotado? Somos muchos los responsables de estas muertes, aun así, Cristo se pone ante Dios e intercede por nosotros; nos salva de nuestra indiferencia, pero cuando vuelva de segunda, solo se llevará a los que le esperan Hebreos 9, 24-28

Jesús nos advierte ante la soberbia y la ostentación, el error de sentirse por encima del bien y del mal, mirando a los demás por encima del hombro. Estas desigualdades que el propio mundo ha creado, impide la fusión de las clases sociales. El rico huye del pobre como si estuviera leproso y el pobre acusa al rico culpándole de sus desgracias. Jesús denuncia a aquellos que aparentan caridad cuando en realidad dan de lo que les sobra (en este grupo estamos muchos), y pone de relieve la verdadera caridad en aquellos que sin tener nada se condolecen de otros que tampoco tienen. Eso se ve todos los domingos en el cepo de la parroquia.

Yo no sé quién echa y quien no echa, pero lo que es de rigor que si queremos una Iglesia como bote de salvación tenemos que cuidarla y mimarla. No caigamos en los errores del pasado intentando sacar partido a la apariencia  con la presunción de poderío económico, en la gran familia cristiana esas actitudes no valen. Aprendamos de una vez, que para la larga vida que nos espera a los cristianos, lo que vale es el respeto a los demás viendo en ellos la obra maestra que el Señor ha hecho Marcos 12, 38-44

Reflexión:

Día 10 de noviembre

Dinero, dinero, ¿qué será el dinero que a tanta gente corrompe? ¿Por qué esa ambición de dinero para tener poder o tener cosas? ¿Para qué tanto tener y olvidarse de lo esencial, de pedir sabiduría al Señor, que es más importante que el dinero y su riqueza? Quizás todos tendríamos que pasar por un proceso de acumular cosas para darnos cuenta que el tener más no da plenitud a los anhelos del corazón. Es bueno llegar cuanto antes a esa conclusión. Cuando se llega a esa fase, incluso ni la tentación de tener un libro te seduce. Y hablo de un libro, reconociendo que es uno de los tesoros más grandes para crecer y atraer al conocimiento.

Aunque sea bueno contemplar la naturaleza, contemplar el orden cósmico, contemplar la pulcritud con que merece ser tratado el medio ambiente… También gusta oír a gente sabia, que vive libre de ambiciones mundanas, sin que el dinero pueda doblegar su voluntad, sin que el dinero altere su pensamiento. Sabemos que no es fácil pensar así, pero tener tus primeras necesidades cubiertas, sería un primer paso para conformarse y entrar en otra dinámica de la vida: empezar a mirar a los que están peor que nosotros, si antes no lo habíamos hecho, y ser más solidarios con ellos.

Verdaderamente la ambición descontrolada conduce a una insatisfacción total, siempre se busca otra cosa que te llene más. Y no digamos la frustración que se siente cuando al mirar para atrás ves cientos de cosas aparcadas, a veces amontonadas otras colgadas, habitaciones repletas de cosas sin darle utilidad alguna, en el mejor de los casos como objetos decorativos, para lo que tanto hubo que esforzarse; entristece ver tanta energía tirada.

Quizá yo ahora me conforme con menos y vea muchas cosas como inútiles pero, si fuéramos más abiertos a la voluntad de Dios y generosos con las necesidades del prójimo, Dios vería de mejor grado el que estuviésemos rodeados de cierto confort. Lo malo es que la riqueza aísla. Los ricos no quieren mancharse con la gente pobre  Lucas 16, 9-15

Reflexión:

Día 9 de noviembre – 2012 – FIESTA DE LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN

¿Quién no sabe cuándo Jesús echó del Templo a vendedores o mercaderes y a los cambistas y prestamistas? Qué aunque estaba relacionado con leyes religiosas, la compra de animales sin tara para ofrecérselos al Señor; bien se podía haber hecho en un mercado cercano al templo. Es un atrevimiento por mi parte pensar que los que comerciaban eran familiares o amigos de los que regentaban el templo, la verdad es que esta actividad no se puede realizar  en un lugar levantado para dar culto a Dios.

El Templo en Jerusalén era lugar obligado de oración y culto. Era el lugar preferido para hablar con Dios directamente y a allí acudían desde todo Israel. Desde el Éxodo y antes, tenemos evidencias de fe, de que en lo más alto de las montañas se pensaba que estaba Dios, y de hecho, en el monte Sinaí se  escribieron las tablas de la Ley de Dios o Diez Mandamientos. Existía un gran temor de subir a la cima al pensar que se profanaba el hábitat de Dios (Éxodo 3:5). Hoy sabemos, dicho por Cristo, que se puede adorar a Dios desde nuestra casa, desde cualquier parte, que Dios nos escucha y puede hasta complacernos si somos amantes y respetuosos, sinceros y sencillos, y le hablamos desde nuestra habitación en penumbra. ¿Por qué en penumbra? Para que nada ni nadie nos distraiga.

Dios aunque lo sabe todo, quiere que contemos siempre con Él, que compartamos alegrías y tristezas, en definitiva es nuestro protector y guía y todo toma mayor sentido cuando nos comportamos como una gran familia; somos hermanos en una misma fe y Dios es nuestro Padre. Cristo, Hijo único, no puede aceptar la profanación del templo de esta forma y seguramente con mucho dolor los echó a todos y tiró alguna mesa por los suelos. ¿Qué nos enseña esta actitud? Que las cosas sagradas hay que respetarlas, aunque no compartamos la misma fe; este mundo no es de los más fuertes, más valientes o más violentos, es de todos y todos tenemos que respetarnos, cosa que no hacemos: hoy quieren precintar varias capillas de la Universidad (Madrid), porque a un grupo de poder no le gusta que dichas capillas se empleen para adoración y culto a Dios y querrán darle otros usos.

Seguimos sin respetarnos invadiendo sentimientos y modos de vida tan valiosos como han venido siendo para la cultura occidental. ¿Cuándo reconoceremos que el incumplimiento de los Diez Mandamientos sería una guerra viva entre todos? ¿Por qué no valoramos lo bueno que nos ha traído Dios y después su Hijo Jesús? Ya les advirtió Jesús a los judíos en este día, que si lo destruían en tres días se reconstruiría (recordemos cuándo lo mataron y cuándo resucitó) (Hechos 10, 34a.38-43) Juan 2, 13-22

Reflexión:

Día 8 de noviembre

Jesús que tenía palabras de aliento para todos, con relativa frecuencia le escuchaban personas no creyentes y pecadores, lo que escandalizaba a las autoridades religiosas del momento. Estos le criticaban por aceptar entre sus oyentes a personas de baja estopa, que diríamos nosotros. Sin embargo para Cristo era la prioridad, los justos y los creyentes, no necesitan conversión, no necesitan estímulos para creer porque ya creen; es la oveja perdida la que quita el sueño al pastor y le lleva a dejar todo para buscarla. En la vida real cualquier persona reacciona también así, deja todo para buscar lo que se pierde, y nunca se piensa que dejando todo para buscar algo en cierto modo insignificante o pequeño, se puede perder gran parte del todo; lo que importa es recuperar aquello, que por haberse perdido, por haberse salido de nuestra protección y cuidados, el resultado de la pérdida puede traer consecuencias más graves.

Lo cierto es que cuando se encuentra, la alegría que se siente es inmensa y es doblemente grande por dos razones: primero, por haber recuperado el bien, lo que puede ser un animal, al que se ha salvado de una posible muerte, y la segunda, porque se siente uno merecedor de ser felicitado por el esfuerzo en la acción y por haber conseguido el éxito, lo que pone de manifiesto lo acertado de la acción. Por eso, Jesús, se sentía permanentemente movido a hacer el bien y sabía lo reconfortante que es poner en el recto camino a aquellos que la vida y las circunstancias les habían alejado de la normalidad, la decencia u honestidad, o que siempre estuvieron perdidos al no gozar de familia o ambiente propicio donde recibir orientación, formación y fe.

Sabe Dios que la fe es un primer paso para hacer este mundo más humano y más solidario; de ahí la insistencia de Cristo en que creamos y la vida nos será más placentera. Jesús quiere gratificar a todos los que celebran las conversiones, diciéndoles: que en el cielo los ángeles comparten la misma alegría por una conversión, si son más mejor aún Lucas 15, 1-10

Reflexión:

Día 7 de noviembre

En este encuentro Jesús va más lejos, hoy quiere discípulos y los quiere incondicionales, quiere que antes de decidir sopesemos las privaciones que se van a derivar del seguimiento, pero que si decidimos seguirle sea con fidelidad y entrega absoluta. El sentido común nos dice que no todos pueden ser enseñantes, no todos van a ser discípulos de Jesús, no todos tenemos el don de la oratoria para anunciar con claridad y total convicción el Evangelio, eso hará que nos salvemos momentáneamente por apreciarse en ello una gran debilidad. A muchos de nosotros no nos ha elegido Dios para predicar de pueblo en pueblo, pero eso no debe ser motivo de frialdad e indiferencia, cada uno puede hacer mucho bien sin salirse de su ámbito más cercano. Todos tenemos cabida en la viña del señor.

No fue la tónica general que Jesús instara a todo el mundo a cambiar de oficio, ni tampoco a seguirle, sabe que el trabajo de propagación de la fe está reservado a unos pocos. La gran mayoría sí podemos ponerla en práctica y en todo caso comentarlo en nuestro ambiente vecinal y familiar. Es conveniente nutrirnos a diario con esos sabios consejos que da la Biblia para mejorar la relación con nuestros vecinos y compañeros, incluso con familiares.

El gozo que produce su lectura no es comparable con nada y algo que se puede destacar con absoluta rotundidad, es que nos enseña a conocer la identidad de Dios y del hombre. Una vez familiarizados con la Palabra, podemos ver para lo que estamos llamados y en cualquier caso, en el trabajo o servicio que prestemos a la sociedad, este conocimiento nos empujará a actuar con decencia y honradez, y en el aspecto profesional a hacer los trabajos escrupulosamente bien; contamos con el maestro que nos formó profesionalmente y el Maestro que supervisa nuestros trabajos, Jesús.

Tanto el discípulo de Jesús como el enamorado o amigo, todos hemos de vivir en amor y camaradería, el objetivo final es el abrazo mutuo y la unidad en un mismo sentir. Cristo, en todos los casos, ha de ser el centro de nuestra vida, incluso en muchos dejándolo todo para seguirle, como ya sabemos Lucas 14, 25-33

Reflexión:

Día 6 de noviembre

Como hay casos para todos los gustos, también los hay de los que invitan desinteresadamente y los invitados  rehúsan la invitación; unos alegan no poder ir por trabajo, otros por tener compromisos, otros por problemas familiares, asuntos de médicos y otras excusas más. Este es el caso de hoy, motivo de profunda reflexión; no se trata de algo ajeno, se trata de algo en lo que estamos directamente implicados; es algo que nos va la vida en ello. Los animales no saben ni se pregunta de qué va el tema, pero nosotros que somos seres superiores a los animales irracionales, sí deberíamos pensar un poco en el mensaje, en la invitación que nos hace Dios cada día.

Los desagradecidos salen malparados y es nuestro caso; somos desagradecidos a la generosidad que tiene Dios con nosotros. ¿A alguien se le ocurre pensar cómo reaccionaría un novio que nos invitase a su boda una  y otra vez, y otra vez, y así veinticinco mil quinientas cincuenta veces y que ni el último día nos pusiésemos el traje de invitados e intentásemos ir al banquete? ¿Qué ganas tendría el novio de vernos si hemos pasado toda la vida recibiendo sus invitaciones y nosotros toda esa vida hemos estado dándole la espalda? Que poquito agradecimiento a ese amor que nos tiene el Señor.

Dios nos invita con frecuencia a una fiesta importante (Eucaristía), porque quiere conocernos y que le conozcamos, en ese día nos anunciará otra fiesta mucho más importante que se celebrará al final de nuestro tiempo o principio del otro tiempo, pero no nos dice cuándo será eso. Es para que estemos muy expectantes, ¿sabemos nosotros acaso lo que va a tardar en llegar ese día?

Los pobres y los despreciados por el mundo nos llevan la delantera; los lisiados, ciegos y cojos, estarán en la fiesta en los primeros puestos. Aun así habrá algunos que entrarán sin traje de fiesta y los echarán fuera. ¡Qué tibios somos!: sabemos que han muerto en Asia y África, asesinados, sobre cuarenta mil cristianos y no dejan de asesinar a otros en varios países y no movemos un músculo para hacer llegar nuestra queja a las redes sociales o a las altas instancias.

Luego nos quejamos cuando los musulmanes la arman cuando les queman el Corán. Qué menos. ¡Cómo se puede permanecer insensible ante los ataques a la fe por floja que esta sea! Solo me queda pensar que la única justicia que cabe en este caso es que Dios nos pague con arreglo a nuestro merecimiento, a nuestra pasividad. No veo otra salida. Y espero que tenga en cuenta los atenuantes que cada uno podamos presentar, nuestra pequeñez puede ser un motivo de disculpa y de perdón Lucas 14, 15-24

Reflexión:

Día 5 de noviembre

Con relativa frecuencia el Evangelio señala al mundo como responsable y a la vez ignorante de muchos males y seguramente es una verdad contrastada. Pero a nivel personal, admitiendo esta verdad, nos cuesta aceptar, que nosotros, inmersos como estamos en dicho mundo, somos responsables de esos males en la medida que nos toca. Por ejemplo: en las fiestas familiares casi siempre se encuentran los mismos o muchos sí que coinciden ¿por qué coinciden? porque somos dados a invitar a los que nos invitan, o nos invitan pensando, entre otras cosas, que nosotros en un acontecimiento parecido también les invitaremos.

Hoy es un buen día para pensar que podemos celebrar una fiesta e invitar a personas que nunca nos van a invitar a nosotros: pueden ser emigrantes pobres, el que pide en la puerta de nuestra parroquia, algunos de los que van a Cáritas una vez al mes a recoger alimentos, a parados de nuestro barrio, en suma, a los más necesitados de nuestro pueblo.

De estas personas, a los que marginamos sin darnos cuenta, no esperemos que nos inviten, pero sí, nuestro Padre Dios, nos lo pagará con creces. Dios que también está en los desheredados de la tierra, sabe con el carácter egoísta que se invita y sabe a las pocas fiestas que son invitados sus criaturas predilectas Lucas 14, 12-14

Reflexión:

Día 4 de noviembre

Hoy nos vamos a remontar al Deuteronomio, tiempo en el cual Dios se manifestó a su pueblo en muchas ocasiones, unas para enseñar, otras para auxiliar y otras tristemente para reprender o castigar. El magistral caudillo con que contaba Dios era Moisés. Su férrea fe y obediencia al Señor, le hizo peligrar no pocas veces su vida. No le temblaron las piernas cuando enseñaba que todos debemos obediencia al Señor en todos sus mandatos, y no solo nosotros, también nuestros padres, nuestros hijos y nuestros nietos. Dios quiere que su pueblo, hoy cristiano, crezca en número y en fe y reconocimiento a su Creador, sin olvidar el santo temor.

Todos hemos de trasmitir las enseñanzas del único Dios a toda nuestra familia; no cabe pretexto alguno, lo contrario que dicen muchas madres, que no bautizan a sus hijos hasta que ellos puedan decidir por sí mismos; y las enseñanzas del Evangelio las dejan en suspenso en este mismo orden; eso se puede considerar como un riesgo de condena involuntaria e inconsciente a sus hijos: los inducen a una ignorancia con riesgo de muerte, debilidad y esclavitud. La ignorancia o falta de fe hurta del gozo que produce conocer a Dios; la debilidad inherente en el ser humano es doblemente penosa cuando no tienes a nadie en quien refugiarte y de quien esperar su protección; y respecto a la esclavitud es casi igual al anterior: podrán doblegar tu cuerpo pero no tu espíritu, si tienes fe. Dios, nuestro eterno protector, jamás permitirá que nos esclavicen si ponemos nuestra confianza en Él. Para ello debemos amarle con todo nuestro corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas. Este sentimiento hemos de grabarlo en la memoria de por vida Deuteronomio 6, 2-6

Todos los sacerdotes han tenido que ofrecer sacrificios por los propios pecados y después por los del pueblo, más ha habido un sumo sacerdote que está por encima de todos ellos, único santo inocente y sin mancha; solamente se ofreció Él mismo en sacrificio y una sola vez, entregando su vida para restaurar la nuestra, y ese ha sido Jesús Hebreos 7, 23-28

Y por si no sabemos cuál es el Mandamiento principal, Jesús nos dice: el Mandamiento más importante es: “Amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, todo tu corazón y toda tu alma, toda tu mente y todo tu ser”. Y el segundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamientos mayores que estos. El Señor es solo uno y toda nuestra esperanza y nuestra principal fuerza de amor debe estar concentrada en Él, por supuesto que el amor, que da para mucho, debemos ampliarlo a todo lo demás, familia, amigos y prójimo, pero, sin olvidar nunca que Dios es nuestro Creador, y a Él debemos nuestra existencia.

Alguna vez dije, que hay encuentros para meditar y extraer conclusiones esclarecedoras para nuestro día a día; este encuentro quizá sea el que más debemos meditar porque representa nuestra relación con Dios, nuestro compromiso y nuestra gratitud para con Él. A nadie debemos la riqueza de la madre tierra, el aire que nos da vida, el sol, olor, y fuerza para caminar; las plantas y animales nuestro alimento, el color y la vida de los demás seres, la alegría y ganas de vivir para nosotros. Solo Dios es el causante de este noble proyecto y nosotros los responsables de llevarlo a buen puerto. Si todo nuestro ser está impregnado de amor la felicidad se encuentra cerca. Y si amamos a Dios con esa intensidad que nos pide, nos diría lo que le dijo al escriba: Que no estamos lejos del reino de los cielos Marcos 12, 28b-34

Reflexión:

Día 3 de noviembre

En este encuentro Jesús no enseña y advierte. ¿Quién de nosotros no recuerda desde niño que en alguna boda, comunión o reunión, nos tienen que levantar a alguno para que se siente otro? Eso ha sido y sigue siendo de lo más normal. El hecho se tomaba con cierta informalidad y la vergüenza se la repartían entre los dos, uno por falta de orden y otro por imprudente. En la actualidad, y de un tiempo a esta parte, en las bodas se dan los sitios personalizados para evitar desorden y el abuso de algunos presuntuosos utilizando los primeros puestos. Cuando una persona es humilde y prudente se libra en más de una ocasión de la afrenta, que le reprendan llamándole la atención, siempre es mejor, aunque solo se dé en casos extremos, que te lleven de los últimos puestos a los primeros que no a la inversa. El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido Lucas 14, 1.7-11

Reflexión: