Día 26 de marzo – 2012 – SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

Hoy es un día grande, se destapa un secreto guardado quizá desde años atrás. Una joven virgen de Israel había sido preservada de pecado para acercarnos a Dios a los hombres. Hasta hoy se venía anunciando pero no se sabía dónde sucedería. Esta decisión de Dios, compartida por la Virgen, se consumó en Nazaret, pueblo humilde y familia humilde. Dios enaltece a los humildes y humilla a los soberbios (Lucas 14:11).

La Virgen estaba desposada con un hombre llamado José de la estirpe de David. Dios en su plan de salvación emerge entre los más pobres de la tierra, en su pueblo, pero entre los más humildes; quiere que el misterio anunciado empiece a desvelarse. Este mensaje de salvación lo recoge san Lucas. Una gran noticia, saber y recordar que sólo Dios marca las pautas. Su amor le lleva a hacer grandes cosas. Nos quiere mandar su voz y su nuevo plan, ahora esperamos que el hombre lo acepte. En este caso la Virgen María, sorprendida dice: ¿Cómo será eso si no conozco varón? Si aún no había tenido relaciones matrimoniales. Y le dice el ángel: no te preocupes que Dios sabe cómo hacerlo, para Dios nada es imposible. Tú prima, que era estéril, ya está embarazada de seis meses.

El ángel enviado por el Señor nunca visita en vano. Las visitas del Señor así como sus mandatos siempre son provechosos, por eso a los enviados del Señor (ángeles), hay que recibirlos como a Dios mismo. Los cristianos, hoy sabemos, el poder que se le ha conferido a Jesús, pero no viene mal recordar el origen, aunque no se diera a conocer en su momento. El ángel lo primero que dijo a María fue: “No temas, el Señor está contigo”. Nunca se puede estar con mayor seguridad que acompañado de Dios, prueba de ello, el plan se ha cumplido hasta el último detalle. Veamos la confirmación de tres cuestiones fundamentales: Cristo Hijo del Altísimo, rey de la casa de Jacob (Israel) y su reino no tendrá fin.

La Virgen, emocionada ante el saludo del ángel y amante de Dios que era, aceptó gratamente su mandato con las hermosas palabras de un creyente apasionado: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. El ángel representa a Dios mismo, y su palabra es palabra de Dios, de ahí la respuesta de la Virgen “hágase en mi según tu palabra”.

Este hecho fue real y hermoso pero, todos tenemos a lo largo de nuestra vida visitas o avisos bastante significativos que los dejamos en la anécdota sin prestarle la debida atención, y la anécdota puede valer para las cosas mundanas pero las cosas divinas merecen otra atención. Por supuesto que algunas personas objeto de hechos aparentemente sobrenaturales, lo meditan y obran en consecuencia. Dios quiere cambios y sobre todo conversión Lucas 1, 26-38

Reflexión:

Día 25 de marzo

Este encuentro da comienzo con unas palabras del profeta Jeremías, anunciando de parte de Dios una Nueva Alianza, muy distinta a la que hizo con su pueblo elegido, cuando lo sacó de Egipto. Aquella ley, importante también, fue escrita en soportes de piedra, pergamino, papel… esta Nueva Ley, es la Ley del Espíritu, según San Pablo, además de escribirla  en ese tipo de soportes, se escribirá, o más bien se grabará en el corazón, este es el deseo de Dios. Ya no tendrán que enseñar al prójimo, a los hijos, hermanos, maridos, esposas, sobre quien o como es Dios, todos me reconocerán, dice el Señor, desde el pequeño al grande, cuando perdone sus crímenes y no recuerde su pecado.

Señor, tú permanentemente te estás revelando como un Dios piadoso y amoroso, pero tu nuevo pueblo, entre los que me encuentro, es un poco ingrato y poco recuerda este comunicado tuyo. No logramos alcanzar la sublimidad de tu amor que te lleva a responder a nuestros crímenes e infidelidades con esa misericordia infinita.

Con estas palabras de arriba Jeremías se está refiriendo a los cristianos; probablemente este tiempo no haya llegado aún, sí comenzó con Cristo, recordemos cuando dijo: “Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros, para el perdón de los pecados” (Mateo 26:28).      Tristemente hoy no tenemos todos grabada la Nueva Alianza en nuestros corazones. Los hombres somos bastante lentos a comprender a Dios, y todo ello porque nos queda muy grande y lejano, si además pensamos que es nuestro creador y Padre, más aún.

Yo creo que no hemos entendido el mensaje con toda nuestra carga sapiencial, vivimos bastante equivocados. Dios no quiere que le conozcamos a fondo, eso sería imposible. Lo que Dios quiere es que nos entendamos entre nosotros, por supuesto partiendo de unas claves venidas de Él. Nos dice más arriba, por boca de Jeremías “profeta mayor”, perdonaré vuestros crímenes y me olvidaré de todos vuestros pecados. Casi el mayor pecado que se puede cometer es “matar al hijo de Dios” y ya fuimos perdonados. Su mismo Hijo, poco antes de morir dijo: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34 ).

Lo que Dios desea es que mantengamos entre todos una relación como si fuéramos hermanos de sangre; somos hermanos en el espíritu y en la fe del Señor Jesús. Y la segunda cosa, para que Dios vea en nosotros, que aceptamos su ley y nos comportamos como si la tuviéramos grabada en el corazón, es, haber grabado antes en todo nuestro ser: corazón, mente, boca y espíritu la palabra “Amor” (1Co 13, 1-13); Jeremías 31, 31-34

Si no hemos comprendido esto último y no sabemos cómo empezar: “miremos a Jesús en la cruz, en Él está la respuesta”. Él era parte de Dios, podemos decir que Dios mismo, pero, se había despojado de su rango y vivió como uno de nosotros, sintió dolor como uno de nosotros, sufrió hasta el extremo; su decisión era llegar hasta el final. Sin embargo, su dolor era tan grande que pidió a Dios Padre, con gritos, súplicas, oraciones y lágrimas en los ojos que lo liberase de la muerte, aunque por otra parte su sentido de la obediencia y compromiso le decía que tenía que seguir adelante hasta la extenuación y muerte.

Yo ahora podía dedicar unas palabras a resaltar nuestros sentimientos, a comentar sobre la necesidad de conversión, o sobre nuestros lloros, intentando quitarle dolor a Cristo, sintiendo parte de lo que Él sintió y dejarnos llevar por la congoja, que no es para menos, pero creo que lo que debo hacer es hablar con detalle de cómo vivió Jesús los últimos momentos o últimas horas antes del prendimiento en el Huerto de los Olivos Hebreos 5, 7-9

Entre los que habían ido a celebrar la fiesta había algunos gentiles, quizá de Grecia, que querían hablar con Cristo, pero no era fácil ni el momento adecuado; las barreras formadas por sus discípulos le protegían de tanto exaltado y tanto apasionado como había. Y cuando fueron a decirle que unos hombres querían verle empezó a hablar, lo que se ve en estas palabras es dolor y tristeza, aunque también aclara que no todo está perdido, que tenemos que seguir adelante en su misma dirección.

Jesús nos dice que ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo, nos hace alusión a que debe morir para que su muerte dé fruto. El grano de trigo que cae en tierra y no muere no es fértil. Nos dice otras palabras muy extrañas, con un profundo significado: el que se ama mucho así mismo se pierde. Sin lugar a dudas quiere decir: que el que gasta su vida para los demás, es el único que la recupera abundantemente. Esto es también hermoso: “el que quiera seguirme que me siga y donde yo estoy también estará mi servidor”.

Es la esperanza que tenemos los cristianos, seguir a Cristo hasta la eternidad y servirle, sirviendo en la medida de nuestras fuerzas a los demás.  El Padre premiará a los servidores de Cristo. Es natural que un ser humano abra sus puertas a los amigos de sus hijos, Dios, que de amor sabe más que nosotros, no solo nos abrirá las puertas, sino que nos dará un abrazo. Y por fin Jesús nos descubre su intranquilidad y preocupación por los hechos que se avecinan,  por eso dije,  que veía en su modo de hablar “dolor y tristeza”, nos dice ahora: “mi alma está agitada” * y, ¿qué diré? Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo. Los que estaban allí y lo oyeron, unos decían que había sido como un trueno, otros que les había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros.

Ahora va a ser juzgado el mundo: ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir. Jesús, deja claro que es el Mesías, que los que debían haberlo sabido ponen cara de no haberse enterado y que ha llegado su hora y lo acepta.

Verdaderamente no es fácil obrar, según espera Jesús de nosotros, pero sí deberíamos saber y creer donde está nuestro triunfo: morir es vivir; perder es ganar; partir es volver; dar es obtener; obrando así habremos entendido la vida en Dios. * ¿Qué estaría pensando y visualizando Jesús para llegar a decir “mi alma está agitada”? El mismo Dios, Rey de la paz, nos dice: mi alma está agitada. Qué terrible dolor estaría sintiendo Jesús en estos momentos. Perdónanos, Señor (Juan 12, 20-33)

Reflexión:

Día 24 de marzo

Hoy la cosa empezó a calentarse porque algunos fueron a los sumos sacerdotes del templo a contarles lo que habían visto, y éstos que estaban deseosos de encarcelar a Jesús  porque nunca aceptaron que un carpintero les viniera a dar lecciones, se les había olvidado que el rey David fue de Joven pastor; estaban que bramaban, veían que tenía alterado a todo el mundo y ellos habían dejado de ser el centro de sus miradas y comentarios de admiración, ellos, que  buscaban la adulación y el reconocimiento a su “meritocracia”. Para ser el Mesías, Jesús tendría que venir del linaje de David y ser de Belén y al parecer Jesús no venía ni de uno ni de otro, según ellos.

Decían los sumos sacerdotes a la gente: os habéis dejado embaucar por un impostor y blasfemo, o ¿hay algún jefe o fariseo que haya creído en Él? Esta gente no entiende la Ley, son unos malditos. Los sumos sacerdotes no se andaban con chiquitas; las palabras empleadas hacían temblar a muchos. Nicodemo hombre piadoso y fariseo dijo: nuestra Ley no permite condenar a un hombre sin antes haberlo escuchado y averiguado que ha hecho. Ellos le replicaron: ¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas. Y se fueron cada uno a su casa.

La tensión iba in crescendo y pronto buscarán la manera de amordazarlo y hacerlo desaparecer para que no siguiera destapando la mentira. ¿Hacemos nosotros lo mismo quitando a Jesús de nuestra vida, para tener más tiempo para nuestras cosas y nuestros compromisos sociales? ¿Dedicamos a Dios el tiempo que merece? Juan 7, 40-53

Reflexión:

Día 23 de marzo

Recorría Jesús Galilea pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Era la fiesta de las tiendas en Jerusalén, aprovechando que sus parientes se fueron a la fiesta, entonces Jesús aprovechó la ocasión de ir al meollo de la fiesta un tanto a escondidas. Algunos que le conocían decían cosas con máxima incoherencia. Tenían tal cacao mental, que francamente, no sabían que decían. ¿Pero no es este al que quieren matar? ¿Se habrán convencido los jefes de que este es el Mesías? Sin embargo éste sabemos de dónde viene; mientras que el Mesías cuando llegue nadie sabrá de donde viene. Jesús, ante este desconcierto, se fue al templo a predicar y estaba enseñando.

Se comprende que eran tantas las murmuraciones, que Jesús a gritos empezó a decir: a mí me conocéis y sabéis de dónde vengo, sin embargo yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no le conocéis; yo lo conozco, porque procedo de Él, y Él me ha enviado. Entonces intentaban agarrarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque no había llegado la hora.

Cuanto más revivo la situación más rocambolesca me parece. Un hombre enviado de Dios, con el objetivo de hacer el bien y enseñarnos a nosotros como obrar, nos anuncia la ley del amor, animándonos a rechazar la ley del talión; nos dice que quiere implantar la justicia, que quiere abolir la esclavitud, se dedica entre tanto, un día sí y otro también, a hacer milagros curando enfermedades de todo tipo: lepra, flujos de sangre, paralíticos, ciegos, tuertos, sordos, endemoniados y para más consideración, resucita muertos, y en pago, ¿hay estos comentarios entre la gente en el encuentro de hoy y en el encuentro de ayer?

Esto hubiera sido insoportable de no haber tenido el temperamento  que tenía Jesús y su saber estar; sería para enloquecer o hacer algo de que arrepentirse, si hubiera sido como una persona normal. Ya hubo una vez en que Jesús perdió un poco los papeles y no fue para menos; cuando encontró el templo lleno de vendedores de animales y cambistas (Juan 2:14), ese día sí que explotó. Hoy estuvo a punto, pero se moderó.

El tiempo que Jesús dedicó al Evangelio, no cabe mayor coherencia en el día a día: enseña, corrige, pone ejemplos, cuenta parábolas, cura. Todo lo extraño de sus palabras estaba corroborado con los hechos. Cualquier palabra sacada de contexto puede parecer una blasfemia, pero antes de acusar, uno se debe cerciorar, bien del personaje, conocer más cosas, su proyecto, sus intenciones, los últimos acontecimientos, seguir un poco su trayectoria… No se puede ser tan visceral como eran sus paisanos. Unos por exceso de sapiencia, otros por una ignorancia supina, todo el mundo opinaba y opinaba mal. Solamente en presencia de algún milagro algunos glorificaron a Dios Juan 7, 1-2.10.25-30

Reflexión:

Día 22 de marzo

Señor, presiento ya tu pasión, se me eriza el bello cuando oigo tambores de juicio, se me ahoga la voz cuando pienso en tanta gente rota, sin esperanza, sin respuesta, sin consuelo; tanta gente que se quedó huérfana de tu amor, de tu sabiduría, de tu aliento; esta gente, esta noche, vivieron como muertos andantes al lado del bullicio de la fiesta. No podían aceptar la muerte de su amigo, de su Maestro, de su Dios; para qué vivir en este mundo tan cruel. Lo mismo me pasa a mí hoy, estoy desolado Señor, cuando te veo ante gente poco menos que sin alma, seguro sin sentimientos, sin memoria, sin una fe razonada, gente vacía, sin sensibilidad, sin sangre; y me atengo para llegar a esta conclusión a las palabras que dices a los judíos, no pueden ser más desesperanzadas.

A mí me pides cosas que yo no puedo dar. Me pides que esté alegre viéndote tan triste. Me pides que crea a los profetas que anuncian tu venida a bombo y platillo y veo la frialdad de la gente que tienes ante ti, que no entendieron a los profetas ni te entendieron a ti. Señor, ¿no hubo otra forma de que la gente hubiera sabido quien eras y te hubieran recibido con el mayor alborozo? ¿Cómo pueden oírte tu desilusión y descontento y no reaccionar dándose cuenta de que lo estaban haciendo muy mal? Señor, no entiendo nada.

Finalmente los frutos están más que visibles, pero cuanto sufrimiento por tu parte, cuanta decepción con los tuyos, que poca memoria para las cosas de Dios con las promesas que siempre cumple; las voces de los profetas cayeron en el olvido o en falsa interpretación. Quizás, en el fondo, no conocían bien a Dios, por eso de la humildad, esperaban un derroche de poderío, que estaría en línea con la otra cara de Dios “Poder” (Dios siempre se resiste a hacer uso de su poder); y no pensaron en la cara que Dios más valora, la cara de la humildad, la sencillez, la honestidad, la pobreza. Esta cara de Dios la hemos tenido siempre presente en la historia, ¿por qué no quisieron verla entonces? Solo querían una fuerza guerrera para derrocar al invasor. Y no acabamos de darnos cuenta que las fuerzas del mundo todas pasarán y lo que no pasa es la verdad y el amor, que es lo que tú nos trajiste. ¿Cómo no se vio que el verdadero poder está en eso y en la misericordia del Señor, que siendo nosotros tan malos no nos castigó?

¡Cuánto costó que germinara tu semilla! ¡Qué poco terreno bien mullido había! ¡Cuánto espino y zarza, cuanta piedra y tierra endurecida! ¡Cuánta semilla cayó en el camino! ¡Qué pena da Señor conocer tu pensamiento y conocer por ti el pensamiento de tus oyentes, que no me atrevo a pronunciar su nombre porque encima se ofenderán y yo no quiero ofender a los hijos de aquellos. Pero si decirte: que si ellos no te amaban viéndote, yo si te amo sin haberte visto, si ellos no creían en ti yo sí creo, si ellos no valoraron tu venida, yo si la valoro. Digo lo de Pedro: ¿Adónde podemos ir? Solo tú tienes palabras de vida eterna! (Juan 6:68).

Muchos dan testimonio de Jesús entre ellos Juan y el Padre Dios y sin embargo, cuando el testimonio lo da Él no le creen, ¿para qué valen los milagros? Nunca habéis escuchado la voz del Padre ni visto su semblante y su palabra no habita en vosotros porque no creéis al que él envió, dice y sigue diciendo Jesús: leéis las Escrituras para encontrar en ellas vida eterna y no veis que ellas hablan de mí, no venís a mí para tener vida. No recibo gloria de los hombres. Además os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.

¡Qué desolación más grande, Dios mío, en el Señor Jesús! Sigue hablando Jesús: otros vienen en nombre propio y si los recibís, yo vengo en nombre de mi Padre Dios y no me recibís. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no aceptáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Pero yo digo: si creyerais a Moisés me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?

Este ha sido para mí uno de los encuentros más tristes. Me resigno a aceptar lo que se le hizo sufrir a Jesús y lo que le hacemos sufrir hoy con lo claro que está su mensaje, con lo bueno que sería para todos cumplirlo, pero vivimos en la onda de la despreocupación, del no compromiso. Y, ¡que pase lo que Dios quiera! Pero cuando pasa, luego a protestar: que si es injusto, que no se avisó bien y todo tipo de excusas. Incluso diciendo: ¿por qué se tiene que meter Dios en nuestra vida? Y digo yo: Si Él nos ha creado, ¿no tiene algún derecho sobre nosotros, al menos sobre nuestra educación?

La pena le invade a Jesús viendo la hipocresía y falsedad de su gente, de aquellos que alardeaban de fe, de ser elegidos por Dios, de ser el único pueblo con historia divina. Señor, ábrenos los ojos para que creamos en ti y en quien te envió Juan 5, 31-33. 36-47

Reflexión:

Día 21 de marzo

Si en un encuentro vimos el origen divino y humano de Jesús, que nació de la Virgen y que había sido fecundada por el Espíritu Santo, hoy en este encuentro nos habla Jesús de su relación con el Padre, esto nos puede ayudar a creer en su naturaleza divina, porque de la humana no tenemos dudas, es historia, y salvo algún ignorante que diga lo contrario, la historia no se puede cambiar, el pasado es imborrable. Cristo nació en Belén, territorio judío en la época, como los romanos eran invasores y habían venido de Roma, negar esto es de ignorantes. Sin embargo la relación con el Padre del cielo, no con san José, en esto tiene que haber voluntad de creer, y un poco, que Dios nos quiera invadir con su gracia.

La fe está al alcance de todo el mundo, pero es un regalo aceptado. Dice Jesús a los judíos: Mi Padre sigue actuando y yo también actúo. Se puede referir a dar señales de poderío y compasión o enseñando su Palabra; Palabra del Padre que también enseña Cristo, su Hijo. Los dos hechos son un verdadero prodigio: los milagros, nada menos que del Hijo de Dios y la predicación del Evangelio, nada menos que por boca del Hijo de Dios. Por eso dice Jesús: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no haya visto al Padre. Parece algo incomprensible pero, si creemos en lo que dice, llegaremos al entendimiento de que todo lo que hizo Jesús nada fue por voluntad propia y espontánea, sino que todo estaba preparado previamente, que todo se hacía de mutuo acuerdo con el Padre. Jesús nos confirma que lo que hace el Padre también lo puede hacer el Hijo y que hará obras mayores para nuestro asombro.

A Cristo no le gusta hacer milagros a petición nuestra, para que viendo el milagro podamos creer en su divinidad u otra vida paralela a la nuestra; eso no es la norma, porque no quiere dar a unos facilidades respecto a otros para tener fe. Sin embargo, a veces sí ha accedido al milagro por motivos humanitarios y de compasión, viendo además que la petición estaba fundada en el amor a un familiar o a un amigo. Estos casos son excepciones que sí se han llegado a realizar. Si el Padre resucita muertos y les da vida, Jesús dará vida a todos los que creen en Él, dice. También en su vida pública resucitó a Lázaro, a una niña y a un joven, hijo de una viuda… En este encuentro se nos dice que el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado en su Hijo el juicio para que todos le honren como honran al Padre. En definitiva, podemos concluir que ama tanto Dios a su Hijo Jesús, que nos insta a que le tratemos como a Él, que cuando hablemos del Hijo, tenemos que ver en Él al mismo Dios, con igual poder e igual tratamiento.

Dice Jesús: quien escucha mi palabra y cree en el que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida. El Padre y el Hijo y el Hijo y el Padre se otorgan el mismo poder uno al otro. Y es así que los dos tienen un gran poder, porque aunque Cristo dice que si no creemos en el que le envió no entraremos en el reino de Dios, también dice: “el que escucha mi palabra”, y la pone en práctica…, dice en otro pasaje. Lo cual quiere decir que tiene que creer también en el Hijo de Dios porque es el que juzga. Llegará la hora en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y resucitarán (en los cementerios) y los que lo hayan oído vivirán. Porque así como Dios tiene poder sobre la vida, el mismo poder se lo ha dado al Hijo del hombre. Nos dice: No os sorprenda, porque viene la hora en que los que estén en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal a una resurrección de juicio.

Es curioso que Jesús nos diga: No os sorprenda, seguramente se refiere a aquellos que hayan hecho el bien, para que tengan confianza y no se pierdan por el impacto de los acontecimientos; que estén atentos a las indicaciones, porque les espera una nueva vida de gozo entre gente de bien. Solo los que hayan hecho el mal, por ignorancia o falta de amor, hoy están a tiempo de acercarse a Cristo, le darán una alegría pues Él no quiere la condenación para nadie. Jesús insiste en que Él no puede hacer nada por sí mismo, según oye al Padre juzga y que su juicio es justo, porque no busca su voluntad sino la del que lo envió. Yo creo que con estas palabras  lo que quieren decirnos es que aunque tenga poder para hacerlo, otorgado por el Padre, Él no hace nada por iniciativa propia, que previamente habrá consensuado con Dios Padre la acción de la justicia.

Ha sido un encuentro en el que queda de manifiesto la identidad de Jesús, su poder, e intimidad con el Padre; y nos recuerda una vez más el día del juicio, tranquilizando a los hombres que hayan acogido de buen grado su nombre y hayan compartido el sufrimiento de aquellos marginados por la sociedad y sufrimientos por razón de mala suerte Juan 5, 17.19-30

Reflexión

Día 20 de marzo

Había una piscina en Jerusalén junto a la Puerta de las Ovejas, y este sábado celebraban una fiesta, fiesta a la que Jesús quiso asistir y subió a Jerusalén. Encontró a un hombre paralítico solo que llevaba casi cuarenta años enfermo; imaginemos la tristeza interior de este hombre. Se comprende que esta piscina era milagrosa, curando alguno de los que se bañaban.

Cuando Jesús lo vio y le hizo la radiografía, apreció en él una pena grande por la impotencia de siempre llegar el último a bañarse y ya no le estaría ni permitido. Jesús le dijo: ¿Quieres quedar sano? Contesta el paralítico: con mis dificultades siempre llego el último. Le dice Jesús: Coge tu camilla y vete. Se levantó y cogió su camilla. Al minuto los judíos celosos de su santa tradición le llamaron al orden, diciéndole: ¿No sabes que en sábado no se puede llevar carga alguna? Contesta: Un hombre me ha curado, y me ha dicho que coja mi camilla y me vaya. ¿Quién es ese hombre? No lo sé, dijo. Pretendían echarle la bronca o sancionarlo, eran así de estrictos. Jesús se había mezclado entre la gente. La costumbre era que este día de fiesta acudían muchos enfermos con sus familiares para bañarlos, además de otras personalidades.

La piscina estaba dotada de un entorno arquitectónico algo singular. Al poco rato se volvió a encontrar Jesús con el paralítico, recién curado, en el templo de Jerusalén, y le dijo: no peques más, no te vaya a ocurrir algo peor. En estas últimas palabras es como si se dejara entrever una amenaza velada, como si Dios le pudiera castigar con una enfermedad peor, pero conociendo un poco a Cristo, creo que se refería que si sigue pecando podría condenarse eternamente. No olvidemos que Dios envió a Jesús no a condenar al mundo sino a salvar al mundo, y esa recomendación de Jesús al sanado iba en ese sentido; “no peques más” (para que no te condenes que es lo peor que te puede pasar).

Esta enseñanza nos puede ser bastante útil, sin embargo no es lo importante del encuentro. Lo que debemos sacar en claro es que la intención de obrar bien, como hizo Jesús, debe estar por encima de toda ley o tradición. Dice Jesús: el hombre no es para el sábado sino el sábado para el hombre (Marcos 2, 23-28).

Hoy sucede lo mismo pero en sentido contrario. El hombre es muy extremado y unas veces actúa por exceso de celo, no permitiendo que curen los médicos por ser un día dedicado al Señor, y hoy actuamos por defecto, no dejamos que curen los médicos, manteniendo los ambulatorios cerrados los domingos a excepción de las urgencias, no por ofrecerle el día al Señor, sino al dios ocio, al dios juego, al dios deporte; estamos a punto de romper con la sana tradición: domingo día de descanso, ofrecido al Señor por razón de gratitud por el trabajo que tenemos los seis días de la semana.

Todo lo que el Señor creó es para nuestro disfrute y esto merece un agradecimiento eterno. Espero, eso sí, que no seamos tan estrictos como los judíos y hagamos el bien cada hora del día si es posible, eso sería buena cultura para nuestros hijos, esa es la voluntad de Dios, aunque el domingo dediquemos unas horas en su memoria.

Los judíos de entonces, viendo que Jesús curó al paralítico en sábado y que se saltaba la tradición a su antojo, en lugar de reflexionar y considerar positivo el bien al prójimo, en esa manera de pensar y actuar, lo que sí pensaban es en detenerlo, encarcelarlo y, quitándolo de en medio, dejaban sus conciencias adormecidas y el camino libre para todos sus abusos Juan 5, 1-3a.5-16

Reflexión:

Día 19 de marzo – 2012 – SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

Hoy trataremos de la responsabilidad del padre, tomando como modelo a San José. El hombre sabía que el hijo que iba a nacer de la Virgen no era de él, y estuvo a punto de repudiar a la Virgen en secreto, pero un ángel del Señor le instó  a que no lo hiciera, porque el hijo que iba a nacer venía del Espíritu Santo. Le dijo además, que le pusiera el nombre de Jesús, y que salvaría al mundo de los pecados, como así fue. Cuando despertó José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor. En José vemos al padre responsable, fiel y amante de su hijo y de la familia. Este matrimonio es un modelo de relación. No se separó de la Virgen al saber que el hijo no era suyo, sino que aceptó y educó a su hijo santamente.

En este matrimonio, bendecido por Dios, vemos representado el núcleo familiar, hombre y mujer, Adán y Eva, Abrahán y Sara, José y María, matrimonios todos bendecidos por Dios y puestos como ejemplo de principio familiar. De no tener el matrimonio una base natural, divina y científica, Jesús podía haber nacido de cualquier otra manera: de una mujer soltera, en secreto, o de una reina en un palacio, o de otra forma, ahora inimaginable, sin embargo Dios ha querido que naciera como cualquier otro niño; en este caso en un matrimonio humilde y excepcionalmente sin intervención masculina, sí divina, eso le confiere a Jesús las dos naturalezas, humana y divina; hombre como cualquier hombre y Dios como su Padre que es Dios, porque fue a través del Espíritu Santo.

La humildad siempre es bien pagada, San José ha de estar orgulloso de haber sido padre adoptivo de Jesús, el mismo Dios. El plan de Dios necesita de hombres y mujeres que dobleguen o adapten su voluntad, valga la redundancia, voluntariamente. Nuestra libertad ante todo, Dios jamás la fuerza, sí puede orientar, pero no forzar. En aquellos tiempos Dios vio natural el que naciera su Hijo en un matrimonio formado por un hombre y una mujer, de haber sido hoy el nacimiento no sabemos cómo hubiera actuado el Señor. Aunque en cualquier hecho planificado por Dios se pretende que todos los detalles puedan servir de ejemplo a imitar.

Seguramente este es el caso, en el cual debemos mirarnos, para obrar en esa misma dirección, pensando que a Él le agradará más. Dios quiere que el amor impere sobre todas las cosas y en todos los casos; creo que siempre aceptará como culmen del amor la unión sincera entre dos personas, la vida en común, la ayuda mutua, lo mío para ti y lo tuyo para mí, todo bajo un mismo techo, lo que no sé es si a Dios le agradará otras uniones, sobre todo, la unión de dos personas que no sean hombre y mujer, y que pueda llamarse lo mismo. La sociedad española sujeta a su ordenamiento civil es así como lo ha establecido y así lo debemos acatar. Es natural y lógico que estos nuevos matrimonios se instruyan y eduquen en el amor a Dios y den a sus hijos la misma educación cristiana, con el deseo de que nos lleve a una relación más humana y más conciliadora que la actual Mateo 1, 16.18-21.24a

Reflexión

Día 15 de marzo

Jesús estaba echando un demonio que era mudo, apenas salió, habló el mudo. Muchos se sorprendieron gratamente pero, por desgracia no faltaron aquellos que acusaron a Jesús de hacer brujería, mientras otros decían que obraba en nombre del príncipe de las moscas, referido a Belcebú. Jesús se quedó atónito, no podía imaginar que a una persona que acaba de hacer una obra de caridad le acusaran de estar conchabado con Satanás para echar a uno de sus vasallos. Antes de que se pudiera extender esa errónea interpretación intentó aclararlo. ¿Cómo Satanás va a entrar en guerra con los de su clase?, dijo. Todo reino que entra en guerra civil va a la ruina y se derrumba. No se puede ser tan cerrado para no ver la diferencia entre el bien y el mal. Si os convencéis de que yo echo los demonios con el dedo de Dios, es que el reino de Dios ha llegado a vosotros, si es así deberíais dar muestras de gratitud hacia Dios.

A Jesús yo creo que a veces le invadía la tristeza por la incomprensión del hombre. Se veía en la necesidad de dar explicaciones ante cosas tan evidentes que un niño con una mente más limpia lo entendería mejor. Dice Jesús: el que no está conmigo está contra mí. El que no recoge conmigo desparrama. Nos pone otro ejemplo: un hombre fuerte en una buena fortificación, tiene todo su armamento bien protegido y con grandes medidas de seguridad, se siente confiado, pero otro más fuerte que él lo asalta, lo vence, le quita las armas y reparte el botín.

El más fuerte es nuestro Dios y tiene poder sobre todos los poderes del cielo, la tierra y el abismo, nadie puede contra Él, nadie consigue nada luchando contra Él, lo mejor es hacerse aliado de Dios y someterse a su disciplina por férrea que sea. No seamos por más tiempo ciegos y mudos, hablemos de las cosas del Señor y de toda su obra que evidencia su poder y el amor que nos tiene.

¿Por qué un ser pecador y torpe encuentra en la tierra lo que necesita para la vida, para su cuerpo, y son tantos los que desprecian lo que necesitan para su alma? ¿Ha perdido el hombre el sentido de la gratitud? Como dice el refrán: no hay más ciego que el que no quiere ver (Juan 9:41). Cuando se habla de amor y en positivo parece que no es bueno hablar en negativo, pero como se trata de una advertencia de Dios considero necesario decirlo. Dice: El que dice que me ama sin verme y no ama a su prójimo que ve, es un falso y un hipócrita (1Juan 4:20) Lucas 11, 14-23

Reflexión:

Día 18 de marzo

Los jefes de los sacerdotes y el pueblo habían multiplicado sus infidelidades según las costumbres abominables de los gentiles y habían manchado la casa del Señor. El Señor Dios de sus padres les envió mensajeros (profetas), para darles a conocer su voluntad; desde el principio envió estos avisos porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. En estas palabras vemos la reafirmación de lo que en algún encuentro he comentado. Los profetas, hombres de confianza de Dios, eran utilizados como instrumentos, para hacer llegar al pueblo y gobernantes los deseos y voluntad de Dios. Todo ello, a fin de que se corrigieran y no fueran motivo de escándalo e ignominia para generaciones más jóvenes.

Para Dios es intolerable, que personas relevantes las cuales deberían dar ejemplo con su comportamiento, fueran los primeros en salirse del camino que aconseja seguir la fe que proclaman. Estos personajes fueron tan obscenos que se burlaron de dichos profetas y sabemos qué les hicieron a la mayoría: los apedrearon, los molieron a palos y a muchos los mataron. Dios no se quedó impasible ante estos hechos y su ira le llevó a permitir la destrucción casi total de Jerusalén. Les pasaron a cuchillo y a los que se salvaron los llevaron cautivos a Babilonia, además su botín de guerra fueron todos los tesoros y todo aquello que representaba un valor como trofeo. Pegaron fuego a los palacios y destruyeron muchos objetos preciosos; la desolación llegó a la casa de Israel por haber pagado así la bondad de su Dios, con todo arte de fechorías.

Setenta años estuvieron cautivos, hasta que vino Ciro, rey de Persia y los liberó. Dios es amor pero también es justicia y jamás permite la burla a las cosas sagradas. El espíritu del bien que habita en las conciencias no puede ser ultrajado, vilipendiado, destruido. Dios, principio del bien, siempre responde, antes o después, cuando sus hijos claman protección y justicia. Dios siempre está y oye el lamento y el ruego, y jamás deja desamparados a quienes en Él confían. Por supuesto que el que muere por cumplir fielmente los mandatos de Dios es generosamente recompensado; los inicuos que se gozan en el mal sin es peldes de arrepentimiento y mofándose de todo aquellos que represente a Dios, nunca quedan sin una contundente respuesta. El amor entre los hombres de Dios debe calmar estos actos de impiedad y devolver la paz a los espíritus rebeldes y sanguinarios que desconocen otra forma de vivir, solo piensan en atropellar la ley y las normas de conciencia; si no hay amor al menos que haya respeto, tristemente no siempre es así.

A lo largo de la historia el Espíritu del mal ha campado por sus fueros. En el primer año de reinado de Ciro, el Señor por boca del profeta Jeremías, le hizo saber lo que esperaba de él y éste se ofreció a edificar al Señor un nuevo templo en Jerusalén, en Judá. Envió un edicto al pueblo para que todos los que profesaran su fe en el Señor pudieran retornar a su tierra con plena libertad, el escrito decía: Quien entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!

Con la liberación viene un tiempo de reflexión, y por parte de Dios una nueva oportunidad de recomponer el pueblo y volver a confiar en su Dios, el Dios de Moisés que sacó a sus padres de la opresión de Egipto, pero no cejaron en su empeño de vivir de manera intermitente, dando la espalda al Señor que tantas veces ha tenido misericordia de ellos 2Crónicas 36 14-16. 19-23

Por el amor que les tiene, origen de su creación, les envía a su querido Hijo, para que les enseñe a amar y establezca una justicia santa venida de lo alto, de Dios para los hombres. De hecho es lo mejor de lo que puede gozar el mundo. Nos ha salvado nuevamente del pecado y nacemos de nuevo con una Alianza. Su sangre nos redime y nos abre las puertas a la eternidad. Esta otra forma de mostrar su bondad entregándonos la gracia a través del sufrimiento de su Hijo. Así somos salvos por la fe y la gracia de Dios, no por nuestros méritos. No olvidemos que es un don de Dios, pues somos obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras que Él nos asignó, para que las practicásemos Ef. 2, 4-10

Es tanto el daño que nos hacemos entre nosotros y a Dios mismo con nuestra indiferencia, y con nuestra fe en ídolos de madera, dioses muertos, que despiertan en el Señor una cierta ira, pero en realidad el Señor nos ama mucho y eso lo prueba su plan de salvación. Dios no mandó a su Hijo para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él no será condenado, el que no cree ya ha sido condenado, dice Juan. Dios nos mandó a Jesús para darnos otra oportunidad y que todo aquel que crea en Él se salve. La causa de la condenación es renunciar a la luz que es Jesús y aceptar las tinieblas que es el mal; huir de la luz para no poner al descubierto las malas prácticas. Esta es la causa por la que muchos hombres  prefieren las tinieblas, para que no se conozcan sus obras de perversión. Los que viven en la luz no les importa poner al descubierto sus obras, saben que están hechas según la voluntad de Dios Juan 3, 14-21

Reflexión: