Día 16 de junio – 2012 – Inmaculado Corazón de María

Día 16 de junio – 2012 – Inmaculado Corazón de María

El encuentro de hoy me recuerda las romerías de gran raigambre en España: Virgen de la Cabeza en Andujjar (Jaén), Blanca Paloma en el Rocío (Huelva)… Los judíos iban todos los años a Jerusalén y visitaban el Templo, entendiéndose por aquel entonces, que Dios estaba presente, y que era el momento ideal para pedirle algo y agradecer los dones y favores recibidos durante el año. Días de mucho júbilo, de gran sentido espiritual y como todas las fiestas, un tanto lúdicas para otros.

Jesús, niño prodigio donde los hubiera, a la mínima que pudo se separó de sus padres y empezó a hacer sus pinitos en oratoria, nada más y nada menos entre los doctores del Templo: sacerdotes, escribas y ancianos. Jesús quería saber cómo todos los niños, y las preguntas profundas y poco habituales en mayores, hoy hechas por un niño, despertaron el mismo interés en las autoridades religiosas, por ello se enzarzaron en un querer saber unos de otros.

Algo inusitado y nada frecuente hasta aquel día, un niño hablando con los doctores de la Ley en el Templo. Entretanto sus padres y familiares iban de vuelta a casa en caravana y pensaban que el niño Jesús iría con otros primos, más atrás de la caravana o más adelante; cuando ya lo buscan y no lo encuentran se vuelven a Jerusalén y a los tres días, por fin lo encontraron entre los doctores de la Ley en el templo. La Virgen un tanto enfadada le pregunta: ¿por qué nos has hecho esto, hijo mío? A lo que contesta Jesús niño: ¿No sabíais que yo me estaba ocupando de las cosas de mi Padre? Al momento se volvieron todos juntos a Nazaret y continuó viviendo bajo la autoridad de sus padres. Jesús desde niño ya apuntaba maneras y todos sabemos el impacto que causó cuando a los treinta años empezó a predicar Lucas 2, 41-51

Reflexión:

Día 15 de junio – 2012 – SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

Hoy un paso más en la consumación del hecho más atroz de la historia de la humanidad. Asesinar vil y miserablemente, después de haberlo torturado, al Hijo de Dios. Si no fuera porque las cosas de Dios siempre tienen un final feliz, esto hubiera sido para morir de pena, pero gracias a Dios y a su poder nada ni nadie puede con Él. El que se enfrenta a Dios sale chamuscado. Se podían enumerar varios casos, pero es mejor seguir con este que es el más importante, el desafío mayor, la mayor ofensa, el mayor ultraje.

Lo que pasó es que Jesús es mucho Jesús. Atreverse a pasar por este trago amando a sus verdugos, para eso hay que tener clase; para aguantar los insultos y salivazos, más todavía; para soportar la serie de latigazos y la incrustación de la corona de espinas en la cabeza, hay que tener fortaleza física y mental a prueba de bomba para poderlo aguantar sin desmayarse. Seguro que llegó a un punto en que fue tanto el dolor que ya no duele, pero poca gente o nadie podría soportar el llegar a este punto sin emitir alaridos o gritos de espanto por lo que estaba ocurriendo. Seguramente lo entenderemos cuando sepamos como ama Jesús a los hombres, que grado de compasión tiene a los más pecadores, sobre todo a los pecadores ignorantes, que somos el pueblo llano. Cuando sepamos como ama Dios, comprenderemos todo lo que es capaz de hacer Dios por nosotros.

Y volviendo al hilo, Jesús lleva la cruz, y la gente como si de un espectáculo de fuerza se tratara, vociferaba para que no decayera la marcha; solo unas mujeres lloraban al verlo, y sensatamente Cristo les dice: “no lloréis por mí, llorad por vosotras” (Lucas 23, 27-31). Porque es triste a la espiral de violencia que habían llegado, matando a los profetas y hoy matando al Hijo de Dios, deberían haberlo sabido porque las Escrituras han dado pruebas suficientes para que lo sepáis. Esto último lo digo yo

Una vez que ya lo habían matado, no satisfechos con ello le traspasaron el pecho con una lanza por si aún vivía. Y así se cumplía la Escritura cuando dice: “Me traspasaron el pecho” y “Mirarán al que traspasaron”. Con esto se prueba que el vaticinio de Jesús se cumplió, una demostración más de que Dios y nadie más sabe lo que pasa después; Él es el único que ve el futuro y puede contarlo antes de que suceda, pero no sucede porque esté contado con anterioridad, sino por la crueldad del hombre, como en este caso. Esto está relatado así porque un testigo presencial es quien lo relata y da testimonio (Juan), para que creamos que Jesús es el Hijo de Dios Juan 19, 31-37

Reflexión:

Día 14 de junio

Hoy Jesús nos aclara en qué medida ha ampliado ciertos preceptos de la Ley de Dios. En ella hay un mandamiento que dice: “No matarás”. Todo el mundo si se le preguntara sobre el sentido de no matar lo tendría muy claro: no matar es, no quitar la vida a otra persona. Y es válido. Pero Jesús dice: que el que llama imbécil a su hermano, o lo llama renegado, también está pecando sobre este mandamiento. Y vuelve a decir Jesús: que la relación con un hermano ha de ser absolutamente de cariño y  de entendimiento.

No podemos ir a la Iglesia a hacer una ofrenda a Dios, o una promesa, ruego, o incluso a darle gracias porque hemos necesitado de Él o porque nos agrada nuestra respetuosa y amable relación con Él, si estamos enemistados con nuestro hermano, en este caso Dios no nos atendería hasta que no hubiéramos hecho las paces con nuestro hermano. Lo que significa que tendríamos que salir del templo, entendernos con nuestro hermano, y después ir de nuevo al templo para hablar con Dios. Solo así obtendríamos su escucha y su posible respuesta.

Jesús nos habla de hermanos, aunque no dice de sangre o de fe pero, quizá también se refiera a todos aquellos cristianos que aceptan y reconocen a Dios como Padre, con ellos el entendimiento ha de ser honesto, respetuoso, de ayuda mutua y de gratitud. Por ello, tampoco debemos mantener odio o rencor a ninguno de estos hermanos en el Espíritu de Cristo. Nuestra relación con Dios se vería dañada. Es la hora de abrir nuestros brazos acogiendo a todos como parte de un todo mayor que se llama creación y celebrar cada día el amor de Dios hacia nosotros y el amor nuestro hacia los demás Mateo 5, 20-26

Reflexión:

Día 13 de junio

A Jesús no se le escapa ningún detalle, pero para aquél que pueda tener alguna duda, que vea por ejemplo hoy como anima y da fuerzas a todos los que en el encuentro de ayer decidieran difundir la Palabra de Dios, lo que ellos han aprendido en casa, la escuela, la Iglesia, y que se sientan orgullosos de su fe; que la propaguen en la medida de lo posible, siempre intentando ser fieles a los preceptos enunciados en el Antiguo y Nuevo Testamento. Jesús dice que cuidemos de enseñar la Palabra de Dios sin tergiversar nada, evitando omitir algo fundamental, así como no poner de nuestra cosecha haciendo creer que es bíblico, dando a entender que es Palabra de Dios.

Qué bueno que lo conozcamos bien y seamos fieles a su Palabra y al Espíritu. Cuando no se desvirtúa el sentido que le quiere dar el autor difícilmente se va a perjudicar a nadie. Sobre todo lo fundamental lo debemos tener muy claro, la esencia, el objetivo que se persigue debemos conocerlo bien y siempre redirigir a aquellos que tengan dudas, intentando llevarles nuestro entusiasmo y conocimiento de Dios y de su Hijo Jesús, invitarles siempre a que tengan una Biblia en casa y lean con mucha atención y muy despacio, intentando captar el mensaje de cada frase. En todo texto hay un mensaje global o fundamental, pero en el modo de expresarlo se recurre a unos datos, circunstancias, hechos, o argumentos que definen o van aclarando mejor la idea o mensaje principal.

La Biblia posee una riqueza inconmensurable, porque toda ella enseña verdades tangibles y evidentes, cualquier palabra o frase, aun siendo sencilla, enseña algo valioso para aplicar en nuestra vida. Y como digo, cualquier historia está llena de matices, lo que te prepara para vivir la vida con la mayor intensidad, máxime si pasas por la misma circunstancia.

Jesús dice hoy que no ha venido a abolir la Ley y los profetas, sino a darle plenitud. El Antiguo Testamento es la antesala del Nuevo Testamento. Es como el anuncio y preparación de lo que iba a acontecer después. Y aunque al Nuevo Testamento se le llama la Buena Nueva, para nada nos tenemos que olvidar del Antiguo Testamento, porque fue entonces donde se coció o preparó el envío de Jesús por parte de Dios. Además de ir preparando a una parte del pueblo elegido, con la que se iba comunicando.

Jesús, en cierto modo, perfeccionó, habló de ciertas tradiciones erróneas en relación con el espíritu verdadero y en general le dio el realce merecido al Antiguo Testamento. Eso es lo que debemos reconocer y valorar para enseñarlo así todo lo que podamos. Cristo, finalmente, nos dice: que su palabra es eterna, que confiemos en ella y, que aquel que cumpla y enseñe bien los preceptos será grande en el cielo. A los primeros que tenemos que enseñar la Palabra de Dios es a los hijos y a los nietos Mateo 10, 16-23

Reflexión:

Día 12 de junio

Muchos cristianos se quedan sorprendidos pero con cara de gratitud, como si el Señor dijera esto como un cumplido. “Vosotros sois la sal de la tierra”. ¿Y cómo me dice Jesús que yo soy la sal de la tierra con lo soso que soy? ¿Qué me querrá decir? ¿O me lo dirá como un halago para que me ponga contento? Se trata de una frase que encierra mucho. La sal es lo que hace a la comida sabrosa, apetitosa.

El cristiano debe ayudar a que la amistad con él, con Jesús, sea agradable y sea gustosa. De lo contrario dice Jesús: si la sal se vuelve sosa, ¿para qué sirve? La tirarán y la pisarán. La sal es equivalente a la luz por sus efectos, y la luz no se ha inventado para ponerla debajo del celemín. ¿Qué es la luz en los cristianos? ¿No serán sus buenas obras? Pues sí, la luz son las buenas obras y sus buenos modales que son imagen viva de Jesús. Sería como si se tratara de muchos cristos en la tierra, y si uno hizo lo que hizo, imaginemos miles o millones de cristianos lo que podrán hacer si se lo creyesen; debemos creer que somos luz y sal para aderezar la relación con los creyentes y el resto de no creyentes en Jesús, sin olvidar las buenas obras para ser imitados y reconocidos como verdaderos hombres de Dios; por lo salados que son los conoceréis.

Deja entrever el Evangelio, que los cristianos no han nacido de unión carnal sino del Espíritu. El problema es que no se lo creen. Si lo dijéramos los cristianos de nosotros las cosas que nos dice Jesús, sería de presuntuosos, pero no lo decimos nosotros, lo dice el mismo Hijo de Dios. ¿No estará insinuando Jesús que el mundo se debería tomar más en serio la predicación de los cristianos y de la Iglesia?  Mateo 5, 13-16

Reflexión:

Día 11 de junio – 2012 – San Bernabé, Apóstol 

El Señor hoy nos pide que abramos nuestro corazón a todos aquellos que no han tenido la suerte de nosotros, suerte de conocer a Jesús, el Dios de la vida. Eso es maravilloso, agranda el corazón para aceptar a todo el mundo piense como piense y sea como sea. Esa gracia que concede Dios a la fe te hace ver al prójimo como un hermano y te anima, no solo a llevarle la palabra de Dios (Evangelio), sino a algo más, ofrecerle tu ayuda incondicional en otros aspectos. Es como sentirte más atento y solícito a las necesidades de los demás. No se puede haber recibido lo que consideramos un tesoro y además gratis, y quedarnos absurdamente ocultándolo. Una cosa que se nos ha ido dando a lo largo de los años a través de padres, Iglesia… y ahora que nos sentimos llenos y gozosos de conocer a Cristo, no poner interés en trasmitirlo a todo el mundo, eso raya el egoísmo.

Cristo nos invita a que salgamos de nuestro ambiente, cada uno de la forma que considere más adecuada y dé su testimonio; sobre todo si te sientes contento del tesoro que tienes en tu corazón que significa creer en un Reino de Justicia y de Paz; ese Reino lo ofrece Jesús y tú puedes anunciarlo así, que nadie quedará defraudado. El que no conozca a Jesús que lea el Evangelio, y crea desde el principio que Dios le está hablando. Que Dios le ama y cuenta con él, pero antes, que descubra el corazón de Dios, lo que ha hecho por todos nosotros y lo que quiere darnos. Y tú, sabiendo eso, ya cambias tu vida aquí en la tierra, ya te liberas de todas las ataduras que son los muchos errores de pensamiento, los muchos recuerdos que nos entristecen; la fe aporta alegría, seguridad e ilusión. La fe también aporta fuerza para luchar contra la mentira; la verdad aparece ante ti como una luz. Luz que da sentido a tu vida, porque te hace amigo de Jesús. Y a partir de ahora, si te caes, que volverás a caer, no te importe, pídele ayuda a Jesús y Él te volverá a levantar y te ofrecerá de nuevo su brazo amigo.

Jesús pidió a sus Apóstoles que fuesen a predicar a todo el mundo. Con la intención de dar al mundo el conocimiento adquirido, las experiencias vividas, la fe pletórica que tenían. Y que este valiosísimo mensaje lo dieran gratis, pues lo habían recibido gratis. Que buscasen una casa sensible a las cosas de Dios. Y que todo obrero bien merece su sustento. Que iban como obreros del conocimiento religioso, con la obligación de trasmitir lo que Dios les había enseñado: con la necesidad de cumplir una misión: dar a conocer a todo el mundo que Dios tiene un Hijo que se llama Jesucristo, que ha nacido en Belén y que a los treinta y tres años lo han crucificado en Jerusalén. Y que Jesús, asombrosamente, al tercer día resucitó y, asombrosamente diez minutos antes de morir, perdonó a sus verdugos. ¿Y nosotros, qué respuesta damos a estas enseñanzas?  Mateo 10, 7-13

Reflexión:

Día 10 de junio – 2012 – SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Moisés bajó y dijo al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos. El pueblo contestó a una: “Haremos todo lo que el Señor ha dicho”. Moisés puso por escrito todo lo que había dicho el Señor. A partir de ahora se organizó el pueblo y entre todas las actividades había una que sería la más importante: rendir culto a Dios. Se ofrecerían sacrificios en gratitud hacia Dios. Se configuró el pueblo agrupado en las Doce Tribus de Israel, crearon un altar para los holocaustos y después de leer el documento de la Alianza en voz alta, el pueblo respondió a una: “Haremos todo lo que manda el Señor y le obedeceremos”, y con sangre de animales quedó sellado este pacto, esta Alianza. Si lo he puesto casi literal es porque es necesario conocer la base de constitución del pueblo y constitución de la Nueva y Primera Alianza hecha con Dios, la que regirá por siglos. Quiero imaginar, no sé si estaré equivocado, que los judíos, hoy miles de años después, fundamentan su año de la fe en el Éxodo, en estos principios de entendimiento con Dios. La liberación de Egipto fue el nacimiento unánime de un ardor espiritual en comunión con Dios.

Pero esa relación entre hombre y divinidad terminó siendo tumultuosa: rupturas, caídas, reconciliación y vuelta a empezar. Algo así como nos pasa a nosotros hoy, quizá lo nuestro con menos intensidad, menor pasión. Los judíos son más pasionales, no sabemos si ese carácter les ha traído los problemas que tienen o los problemas les han traído el carácter. La verdad que leyendo el Éxodo podemos conocer si se puede llamar bravura de ese pueblo y el aspecto indómito de su carácter. Ni Dios era capaz de doblegarlo en ciertas ocasiones. Gracias que la paciencia de nuestro Dios, su piedad y misericordia, transforman el corazón más duro Éxodo 24, 3-8

En Cristo la consagración de lo profano toma una nueva dimensión. Antiguamente en la primera Alianza, la sangre de machos cabríos bastaba para consagrar. El altar del templo era el lugar elegido y propicio para esta acción. Hoy en la Nueva Alianza es la sangre de Cristo la que purifica al hombre, es su sangre la que nos limpia de todo pecado y la que nos abre las puertas a la eternidad. Hoy el templo es su cuerpo, que viene como Sumo Sacerdote. No hay templo más grande ni más perfecto, más que los hechos por manos de hombre. Cristo se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, para purificar nuestra conciencia de las obras muertas. Por su muerte hemos sido todos redimidos, los de la Primera Alianza y los de la Segunda Alianza, para que disfrutemos de la herencia de Dios Hebreos 9, 11-15

Pero Cristo, para seguir la tradición y agradando los deseos de sus discípulos, cenarán cordero en la noche de Pascua; le preguntaron que donde quería Él celebrarlo, y les dijo dónde. Esta noche se dijeron las más poderosas palabras que se dirán hasta el fin de los tiempos para consagrar las especies de pan y vino en el cuerpo y la sangre real de Jesús. Son dos sacramentos, el bautismo y la comunión, que buscan el abrazo definitivo con Dios, el encuentro real con la verdad y la justicia  y el descanso eterno, la felicidad sin condiciones que no acaba. Donde hay amor no hay engaño y el amor es eterno.

Dios tiene abiertas las puertas del cielo a las personas que aman. Estas palabras transformadas sobre el pan, son: “Tomad, esto es mi cuerpo” y sobre el vino: Llenando la copa, dio gracias a Dios, y dando la copa a sus discípulos todos bebieron mientras decía: “Esta es mi sangre, sangre de la Alianza, derramada por todos”. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios. Después de cantar el salmo se fueron al Monte de los Olivos. Solo decir una cosa más: para separar el oro de la tierra, busquemos las palabras que salvan, y estas anteriores son unas de ellas Marcos 14, 12-16.22-26

Reflexión:

Día 9 de junio

Este encuentro nos pone de manifiesto la hipocresía, la soberbia enmascarada y la falta de generosidad. Nos pregunta de qué lado estamos, si con Dios o con el mundo. Y nos hace sentirnos lo que somos, como figuras de cera, con apariencia poderosa, pero que si nos ponen sobre un trono de oro y lo calientan por la base, en poco tiempo se nos caería todo y perderíamos hasta la forma. Eso somos nosotros, “barro”, y vamos por la vida dando la apariencia de estar por encima del bien y del mal. La humanidad tiene esta tendencia innata. Es un modo de vivir en este mundo sin esperar a que nadie nos ponga en el escalafón, nosotros nos colocamos y decimos a los que nos ven “aquí estoy yo”; como ves, por lo que haga me da el derecho a que me trates de manera diferente a como tratas a los que no tienen nada o tienen menos que yo. Es triste, pero somos muy vanidosos.

El piso, la casa, el coche, la ropa, el reloj, las gafas para guardar distancias, el ambiente en que nos movemos, todo ello habla por nosotros y así queremos que nos vean. Si pensáramos de otra manera, en algo tendríamos que cambiar, aunque solo fueran las gafas.

Si uno no es cristiano, hasta cierto punto es comprensible que se comporte así, pero siendo cristiano, esto ya no sería razonable. Los que obramos así nos estamos equivocando; el rey de reyes, el que puede presumir del mayor de los tesoros y riquezas, el que puede transformar el agua en vino de la mejor cosecha y las piedra en diamantes, nos dice: sed más sencillos, más humildes, más asequibles a la gente llana, con menos altanería, ni aun siendo verdad nuestro poderío no deberíamos comportarnos así, sencillamente porque Jesús, nuestro Maestro, nos lo pide, porque Él siendo Dios, renunció a ese estatus propio de reyes, para ser uno más entre los obreros asalariados, incluso igual a los pobres, no tenía nada, se fue de su casa sin nada.

Dice Jesús que hay gente que da buenos donativos, pero es dinero que les sobra, sin embargo hay personas que dando menos, dan de lo que les hace falta. Todo ese reajuste podemos hacer en nuestra vida; si habitualmente cometemos excesos en compras, pensemos en aquellos que no tienen nada. No alardeemos de tener para obtener honores. Si somos generosos y más naturales, Dios nos premiará mejor que el mundo. Y en cuanto a los primeros puestos en los banquetes, se come lo mismo colocándose un poco más atrás, y Dios que todo lo ve, también sabrá cómo compensarnos. Esa actitud pretenciosa Dios la detesta. Si en lo que hacemos esperamos obtener honores o algún beneficio del mundo, con esto ya estaríamos pagados, lo dice Jesús Marcos 12, 38-44

Reflexión:

Día 8 de junio

Jesús siempre dio lecciones de sabiduría y conocimiento, conocía el A.T., y como es natural sabía interpretarlo. Los escribas creían tener patente de corso y opinaban sin que nadie les contradijera; gracias a Dios, Jesús, que sabe todo y quiere desvelar la verdad, los corrigió en su apreciación. ¿Cómo decís que el Mesías es hijo de David? ¿No recordáis cuando David inspirado por el Espíritu Santo, dijo? Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies. Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?  Está claro que David cuando hizo esta declaración se refería a Jesús: …dijo el Señor (Dios Padre) a mi “Señor” (Jesús). Lo que pretende Jesús, una y mil veces, es aclarar entuertos y algunas de esas veces confirmar su identidad; en otras ocasiones no le interesaba, pero la verdad solo tiene un camino, y la gente corría la voz de que un gran profeta había sido enviado por Dios.

Los escribas quizá sabían quién era Jesús y por eso lo mataron, pero se hacían los locos para no asumir responsabilidades. No tenían prisa en que se supiera lo anunciado y esperaron a que se cumpliera todo como estaba previsto, aunque les corroía el odio por sus venas en todos los movimientos de Jesús. Nosotros hoy, dos mil años después, todos estos detalles que aclaran sobre la personalidad de Jesús, máxime si son dichos por Él, debemos guardarlos en el corazón para alentar nuestra fe y potenciar nuestra confianza en el Señor. A medida que se nos confirman los datos principales, lo demás o secundario lo damos por verídico, y ya no vale la timidez que nos impide anunciar a Cristo como Señor y Salvador Marcos 12, 35-37

Reflexión:

Día 7 de junio

Hoy Jesús aprovechando que un escriba sensato y con una fe coherente le hace una pregunta, le responde en toda su extensión, con ello nos deja claro qué mandamientos son los principales. El escriba ya lo sabía, pero quería la confirmación de Jesús para obtener de una pregunta dos respuestas. Jesús a través de su contestación dejó claro que estaba en sintonía con Dios, lo cual podía significar que era el Mesías anunciado; y la otra respuesta que obtuvo fue la confirmación de que su fe y conocimiento en relación a los Mandamientos era lo acertado. Ahora queda ponerlo al descubierto y en práctica por nuestra parte, aunque es algo de dominio público.

El mandamiento principal de la Ley de Dios es amar a Dios sobre todas las cosas, sobre todo lo creado y amarle con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma y con todo el ser. Y al prójimo como a uno mismo. No hay mandamiento mayor que estos. En pocas palabras, nos ha dicho Cristo, Hijo de Dios, lo más importante en nuestra vida. En ello se resume toda nuestra acción. Si obramos así, hemos entendido el mensaje de Jesús, el Evangelio, si no obramos así, tendremos dificultades para superar los baches propios de la vida.

Es necesario que reflexionemos al efecto para saber si lo estamos haciendo bien o no. Ser amoroso y comedido con nuestro entorno, nos evitará muchos sinsabores y nos hará entrar en la dinámica de la verdad. Esa verdad y disposición por nuestra parte, atraerá a Dios hacia nosotros, y hará brotar en nuestra vida signos de acercamiento y claridad con el prójimo. El amor genera todo lo bueno: amistad, confianza, ternura, comprensión… Y todo se hace recíproco. Basta ponerse en manos del Señor para que todo fluya sin sobresaltos. Confiemos que Dios todo lo hace por amor y tratemos de imitarle Marcos 12, 28b-34

Reflexión: