Día 31 de Diciembre

En el encuentro de hoy volvemos a hablar del Verbo; yo podía decir lo mismo que en otros días con otras palabras, pero no va a ser así, hoy este encuentro me suscita otro nuevo comentario. Y como creo que después de que usted haya leído los 364 comentarios, de los respectivos encuentros expuestos, de los respectivos evangelios de cada día del año 2012, creo que, usted, amigo/a lector/a, es ya un experto/a en la fe o la espiritualidad, no en la materia como se dice coloquialmente, sino en algo mucho más trascendente, y dando por hecho que es así, con pocas palabras vas a entender lo que quiero compartir contigo.

Dios Padre existía antes de todos los tiempos.

El Verbo o la Palabra existía igualmente antes de la creación del mundo, por medio de ella se hicieron todas las cosas. Y todos sabemos que Cristo es el Verbo encarnado, la Palabra; Palabra que tiene que hacerse carne para que la humanidad conozca mejor al Padre, tenga un mayor conocimiento de su voluntad, y para que sepa que puede vivir atormentada o en paz, dependiendo de lo elija. Atormentada: cuando piensa que no hay otro camino: pecar y pecar, llevando la carga eternamente. O la otra cara: vivir en paz; Dios (Cristo) nos ha liberado del pecado y dice, que se puede vivir con la voluntad de no pecar; pero, que dada nuestra fragilidad podemos caer en el pecado día a día aunque  no debemos gozarnos en el. ¿Por qué no se gozan los cristianos en el pecado? Porque han conocido la bondad de Cristo y su amor hacia nosotros, y quieren imitarle. Además ya lo dijo él: Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto.

El Espíritu Santo, Espíritu de Dios, también existía antes de todos los tiempos, porque si es de Dios y Dios existía, su Espíritu estaba con él. ¿Qué podríamos entender sobre la acción del Espíritu Santo? Que podría ser el brazo más potente, brazo ejecutor de Dios. Dice Jesús: Si eres detenido por mi causa y te llevan a los tribunales, en el juicio no te preocupes por lo que has de decir, el Espíritu Santo, pondrá en tus labios las palabras justas. Cuando le pedimos auxilio a Dios en un momento límite, o un estado angustioso, Dios que sabe lo que necesitamos y si no ha llegado nuestra hora, a través de su Espíritu, nos da o nos libera de esa situación. Y si ha llegado nuestra hora, no habrá intervención de cierto carácter físico, pero sí puede haberla de carácter espiritual. Si te pones en manos de Dios, aunque sea en el último momento de tu vida, Dios siempre te acogerá: veamos la parábola del Hijo Prodigo.

Juan el Bautista es el primero y mayor testigo del Hijo de Dios; testigo de primer orden, al que debemos considerar muy especialmente. Juan Bautista nos prepara el camino para llegar a Dios, o más bien, nos prepara a nosotros para el camino en el que podemos encontrar a Dios. Juan Bautista nos anuncia los pasos a seguir si queremos salvarnos y vivir en una atmósfera de paz, amor y gratitud. Juan Bautista es la primera persona puesta por Dios para presentarnos a su hijo Jesús. Es el mayor de los profetas y es el que dijo que a Dios nadie lo ha visto jamás, solo Dios unigénito que está en el seno del Padre, solo él es quien lo ha dado a conocer. Juan con su corta vida pública es uno de los personajes más queridos por Dios. Y no es difícil llegar a esta conclusión. Si este evangelio nos habla del origen de Dios, la importancia de su palabra y de que mandó a su Hijo para que llegase integra a nosotros y de la manera más directa, veamos como en ese encuadre también nos sitúa a Juan Bautista; con estos datos y en este contesto nos podemos hacer una idea de la relevancia de este gran hombre. No lo olvidemos: Juan Bautista es una pieza clave en el organigrama espiritual establecido por Dios en la tierra. Demos gran énfasis a nuestro origen y a la dependencia que tenemos de Dios nuestro Creador, si queremos vivir en paz y como verdaderos hermanos, hasta que alcancemos la vida suprema.

 

Para terminar se nos presenta un gran interrogante. ¿Por qué la Historia Sagrada, la relación de Dios con el hombre ha tenido que ser así? ¿Qué aspectos hemos de tener en cuenta para valorar si ha sido todo un acierto o ha sido un fracaso? Empecemos por el hombre. ¿El hombre en su conjunto se siente satisfecho de haber nacido y de su evolución o progreso? Si la respuesta es afirmativa Dios acertó en nuestra creación. ¿Qué ha necesitado el hombre básicamente para vivir y progresar? Útiles de carácter físico. Siempre el hombre necesitó de la materia para crear herramientas de supervivencia. Y siempre el hombre vivió agrupado en poblados, pueblos, aldeas y hoy ciudades. La comunicación entre sí fue necesaria y muy valiosa; a través de ella y entre pueblos se progresó y sin ella se permaneció durante siglos como en la edad de piedra, valga el símil. El aislamiento acrecienta la ignorancia, la comunicación acrecienta el progreso.

El hombre también desde tiempos remotos creyó en lo trascendente, en la inmortalidad, ahí teníamos a Egipto hace seis mil años. Siempre en algunas partes del mundo se creyó en poderes sobrenaturales, no siempre de manera inducida y otras sí por propia iniciativa. Parece una contradicción, el hombre con lo materialista que es en toda lógica, que crea en lo trascendente. Y eso es algo que el hombre no domina, algunas veces cree sin saber porque cree.

Ahora viene la fuerza imparable y el sentido común, fuerza y sentido llenos de sabiduría que emergen del plan de Dios, plan establecido desde el origen del mundo, porque Dios, como Creador nuestro que es, conocía todos nuestros desequilibrios dentro de una inteligente evolución, una huida o renuncia al trabajo físico y una tendencia a trabajar usando la mente, entre muchos otros aspectos.

Dios a través de su plan y de sus hombres de confianza, fieles hasta dar su vida por la defensa de dicho plan, no nos queda otra  que admitir que Dios no se equivoca, y lo que aparentemente puede parecer un fracaso, terminará siendo un éxito rotundo, entendiendo por éxito lo que Dios desea, que no tiene por qué coincidir con lo que nosotros entendemos por éxito. Para Dios el desprendimiento puede estar más cerca del éxito que la ambición; la bondad que el egoísmo; la misericordia que el rencor y el sacrificio, y así en este orden; lo demás ya lo sabéis todo.

Juan 1, 1-5.9-18

Feliz Año en el amor de Dios.

Día 30 de Diciembre

Este encuentro es básico para la unidad y la felicidad de la familia.

Cuando hablamos de tensión, desavenencias, discusiones y rupturas en una familia es porque las cosas, los asuntos y todo lo demás, no se trata con amor. Parece una obviedad pero la realidad es bastante distinta, ya puede tratarse de una familia normal en la que ninguno de sus miembros se jacten de ser lenguaraces, desobedientes, gamberros, bebedores drogadictos, imperfectos como somos todos, si no hay amor, comprensión y comunicación, puede parecer una familia de sonámbulos, de zombis, todo es apariencia, nadie habla con nadie, nadie se disculpa nunca, nadie perdona, y lo curioso del tema es que todos llevan razón en su actitud; se comportan así porque el ambiente lo exige; y casi llevarían razón. En un ambiente frío e indiferente, las reacciones son frías e indiferentes. Y la verdad es que nadie tendría toda la culpa y sí todos un poco y quizá algunos un poco más.

Voy a decir algo en lo que creo radica parte o  la solución del problema. Yo soy capaz de asegurar sin temor a equivocarme, que en una familia por raros y grotescos que sean sus miembros, no entre ellos, pero si para la calle, si el hijo dice a la madre: cuanto te quiero mami, eres la mejor del mundo, o la madre al hijo le dice lo mismo, y la hija le dice al padre: no seas gruñón que te pones muy feo, yo te quiero mucho y no me gusta que te enfades; si existe este intercambio de frases u otras similares, son imposibles las desavenencias y las peleas. Los padres se derriten cuando los hijos les dicen esas cosas, y los hijos si lo dicen, los padres igualmente se ablandan. Sólo son frases de gratitud, de confianza, de comprensión, en definitiva son frases cargadas de amor, porque no hay mejor cosa que ser hijo y ser padre, ambos se complementan, ambos se necesitan.

Una familia unida es envidiable: cuando se ríen, cuando se abrazan, cuando se besan. Se alegran de verse y se entristecen cuando se separan; es maravilloso ese modo de compartir sentimientos: alegrías y tristezas. Muchas veces el dinero o el egoísmo es causa de separación, de poca unión, de una unión aparente, no real. Yo tengo una madre extraordinaria, he tenido un padre extraordinario, que quienes los han conocido a los dos lo saben; tengo unos hermanos extraordinarios y he tenido una hermana más extraordinaria aún que todos nosotros, pero, ahí está el problema, solo mi hermana que ya ha fallecido, ha sido la única que ha sabido manifestar mejor el amor hacia los demás, hacia la familia. Por eso soy tan rotundo, porque tengo experiencias propias y por eso sé que si practicásemos un poquito las enseñanzas de nuestro Dios y de nuestro Señor Jesús, estoy seguro que las relaciones de familia serían una balsa de aceite. El dinero se debería utilizar para que ayudara a amar más, no como barrera para crear distancias, buscando vivir la vida propia sin injerencias de nadie y caemos en nuestro propio error, la medicina de nuestro aislamiento nos ha endurecido nuestro corazón y nos lo ha dejado helado; para que este hielo se derrita se necesita el empleo de esas frases que indicaba arriba, pero esas frases no sabemos ya pronunciarlas y los otros miembros de la familia con los que nos relacionamos tampoco las saben pronunciar, la frialdad acaba de hacer acto de presencia.

Todo esto nos sucede porque hemos invertido los valores. El cariño ha dejado de ser importante en la familia, el amor ni te cuento, el amor solo queda relegado a las novelas rosa, parece que avergüenza hablar de amor en la familia y no debemos olvidar que es el núcleo de la convivencia pacífica y feliz. Aunque la mayor responsabilidad recae sobre el padre, la madre, también tiene mucho que decir en la educación de los hijos, y los hijos han de ser también amorosos con los padres y agradecidos, luchando al unísono por el objetivo familiar. Si los padres tienen un plan para la unidad, el crecimiento y progreso de la familia, los hijos deben ayudar a que esas estructuras del plan se fortalezcan y permanezcan; no por el hecho de que los hijos estudien o trabajen, los valores que los padres quieren inculcar haya que dejar que se desmoronen y permitir su destrucción. Todo se dispersa cuando no hay valores que defender, practicar y gozar, en este caso todos buscan individualmente su porvenir, sin importar la situación de los demás. Esas son unas formas de vivir, pero yo no estoy orgulloso de haber vivido así en ciertas etapas de mi vida, en muchas otras las he vivido como a mi me gusta, expresando más espontáneamente mis sentimientos y con mayor cercanía hacia los míos y hacia los demás. Eso me ha llevado a conocer situaciones distintas y poder valorar hoy, con el paso del tiempo, cuando estaba en un error  y cuando estaba en lo cierto.

Yo creo que hay familias que sin ser muy religiosas viven en esa cercanía y en ese amor. Aunque el amor no es patrimonio de la Iglesia, en ella sí se enseña. Sobre todo, en la Biblia, donde la Iglesia fundamenta su fe; se puede conocer el amor de Dios de manera viva y directa y la Iglesia ayuda en esa formación. Dios por amor nos ha creado, pero como buen padre es el primero que nos enseña los valores que conducen a la felicidad. Uno de ellos es amar a todas las personas, nos enseña a permanecer en disposición de ayudar a todos, si lo hacemos, revertirá en nosotros otro día.

Nadie hemos elegido venir a este mundo, sería ingrato que nos tratasen mal nada mas aparecer; no hemos elegido nacer, por eso debemos ayudarnos unos a otros y hacernos la vida más grata. Si debemos hacerlo con nuestros convecinos, cuanto más con nuestra familia.

Otro de los valores es ser conformista, tratar de sacarle partido a las cosas que tenemos y no vivir en permanente frustración luchando por conseguir lo que no tenemos. Dar más valor al ser que al tener. Y volviendo a la familia, algo que Dios valora mucho es la compasión que un hijo debe tener con su padre cuando este ha perdido todas sus facultades y el hijo está en plena forma, esa plenitud ha debe emplearla en sostener al que ya por vejez no puede ni andar solo. Cada circunstancia requiere una donación. De la misma manera que el capital humano, intelectual y económico de los padres es trasmitido a los hijos a lo largo de la vida, al final de ella los hijos debemos trasmitir a nuestros padres apoyo, cariño y agradecimiento eterno, a Dios y a ellos: por su voluntad y cuidos les debemos la vida y eso no tiene precio. Ecle 3, 2-6-12-14. En este capítulo vemos la calidad humana de Dios, como nos trata, nos orienta y nos alienta a vivir así; en la esperanza de vivir un día la plenitud del amor.

Sal 127, 1-5 Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

En Col 3, 12-21 – Dios nos recomienda que seamos comprensivos, humildes, bondadosos, dulces y, especialmente misericordiosos. Dios nos perdona permanentemente y quiere que nosotros nos perdonemos también; la comprensión y la bondad con nuestros semejantes y nuestra familia, en primer lugar, nos llevará al perdón. Intentemos corregirnos en todo momento y tratemos de corregir a nuestros familiares más cercanos, siempre con una intención sana. En este capítulo nos habla Dios de la autoridad del marido, quizá ajustada al contesto en que se dijo, que todo aquello que se haga bajo un principio de amor y buscando el bien de aquel al que se corrige o educa siempre es lícito. Si Jesús que siendo el hijo de Dios vivió bajo la autoridad de sus padres, nosotros que somos unos simples mortales debemos hacer lo mismo.

Lucas 2, 42-52

Día 29 de Diciembre

Hoy vamos a tratar de algo que debería ser trascendente en la vida del creyente, cristiano o católico. Es algo de lo que aun no hemos tomado conciencia. Estamos satisfechos de nuestra fe, pero no nos preocupamos de educar a nuestros hijos en la fe en el Señor y al tiempo, incoherentemente, pensamos que nuestros hijos cuando sean mayores tendrán fe igual que nosotros.

En el pueblo judío, en la Ley de Dios, estaban los padres obligados a llevar al templo de Jerusalén, sobre todo al primogénito, para ofrecérselo al Señor, consagrándolo al Señor. Ofrecían un par de tórtolas o pichones y en este acto quedaba establecido el compromiso. Hoy se tiene un recuerdo expreso a la consagración del Señor cuando tenía 10 años. Pero no solo se nos da a conocer una tradición judía obligados por la Ley de Dios, sino que se pone de relieve la personalidad de Jesús. Simeón, lo profetizó y dio en la diana. Además, el buen hombre vivía con esa inquietud, temía morir sin ver al Niño, y no poder anunciar lo que el Espíritu del Señor le había inspirado.

Así qué impulsado por el Espíritu de Dios que moraba en él, le hizo experimentar que había llegado el momento de ver al Mesías y se fue a la puerta del templo por donde debía entrar. Nada más ver a los padres y al Niño, lo cogió en brazos y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

El padre y la madre estaban admirados por lo que se decía del Niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: Mira, este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma. Hoy dos mil años después sabemos que todo se ha cumplido, pero en lo que respecta a nosotros estamos dejando de cumplir nuestros compromisos, debemos recordar el momento del bautismo de nuestros hijos, el día de la primera comunión, son actos que deberían servir para reafirmarnos en nuestra fe y en el deber de educar en la fe con amor, perseverancia y paciencia. Si no lo hicimos con nuestros hijos aprovechemos la oportunidad de hacerlo con nuestros nietos. La felicidad y la vida futura está en juego. Si nuestra fe nos hizo vivir ricas experiencias, compartámoslas con nuestros hijos y  nietos.

Lucas 2, 22-35

Día 28 de Diciembre

En otro encuentro con el Señor ya comento más ampliamente este hecho, cuando el ángel del Señor avisa a José del peligro que corrían en Belén y alrededores y le instó que se fuesen a Egipto. Hoy en este encuentro el comentario va a derivar en un aspecto sobre el valor profético de la Biblia y en otros, sobre los niños inocentes asesinados en nuestros días. Los acontecimientos importantes en relación a Dios y su pueblo ya estaban anunciados, antes de suceder, por los profetas. En este caso el profeta dijo lo indicado por Dios: “Llamé a mi Hijo para que saliera de Egipto”, referido a la vuelta de José, la Virgen María y el Niño Jesús. Y también hubo otro anuncio antes de su tiempo, por medio del profeta Baruc, en el que dijo: “Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos y rehusa el consuelo, porque ya no viven. Esto se refiere al terrible hecho originado por Herodes, en el que morían decenas de niños inocentes, por la rabia de un Rey que cortaba la cabeza a todo el que le llevaba la contraria.

Hoy se celebra el día de los santos inocentes, en este día se debería tener un recuerdo a tantos y tantos niños muertos por unas decisiones equivocadas de sus madres, así como de aquellos que fueron abortados involuntariamente por una inadaptación del feto a la matriz, por un rechazo de la matriz al feto. Sería hoy, el mejor día para conmemorar todas las muertes habidas sin distinción, de aquellos seres indefensos y por tanto vulnerables al capricho o decisiones de otros. Nadie tiene derecho a quitar la vida a un ser humano. Dios por un lado y la ciencia por otro comprometen y responsabilizan a la persona adulta a proteger la vida. Si hay leyes que protegen al lagarto, la lechuza o hembra de lince preñada, por poner un ejemplo, ¿cómo seremos tan poco críticos que aceptamos  la muerte de niños inocentes, provocada por personas responsables de esas vidas, a meses de su concepción? Si triste fue el hecho motivo de este encuentro y comentario, tristes son otros hechos que se dan en la actualidad, enmascarados con razonamientos basados en la comodidad, la economía o circunstancia poco propicia, pero esto se debe pensar antes.

Resumiendo, la observancia de Dios planea sobre nuestras cabezas y no creo que sea bueno quebrantar su voluntad, entendiendo que nuestro Dios es un  Dios de vivos y no de muertos. Misericordia espero del Señor porque la vamos a necesitar. Son muchos los atropellos cometidos sin dar la apariencia de un mínimo temor al que todo debemos y al que todo lo puede.

Mateo 2, 13-18

Día 27 de Diciembre

definitiva es el objetivo final, el triunfo de la vida sobre la muerte consumado en la resurrección del Señor. La vida terrena puede ser gozosa o traumática, pero hay que vivir siempre con un objetivo feliz y eso se puede comprobar con toda certeza con la resurrección de Jesús.

Los apóstoles y discípulos lo seguían embelesados por su predicación y los prodigios que veían, pero las dudas no se apartaban de ellos. Era muy difícil asimilar tanta información recibida en tampoco tiempo y tan de sopetón. ¿Cómo iba a imaginar Pedro, pescador, hombre rudo e ignorante, ser el primer Papa de la Iglesia? Pues así todo, iban transcurriendo los días y animándose unos a otros por las promesas futuras de Jesús, que vendría a buscarlos para llevarlos con él: eso les hacía vivir en un gozo indescriptible, al tiempo que pendían sobre ellos las amenazas de los escribas y fariseos y el verse subyugados por la dominación romana.

Era una vida entre pesadilla y delirio. Llega el día señalado y todos conocemos la tragedia por la que pasó Jesús. Los discípulos llenos de miedo por lo acontecido, pensando que después serían ellos los crucificados, un sentimiento de unidad muy arraigado por las experiencias vividas en torno a Jesús les hacía permanecer juntos, incluso por las noches en unas casonas con no pocos dispositivos de seguridad. Cualquier paso en falso podía delatarlos y ser objeto de apresamiento.

Ocurrió que María Magdalena, el día primero de la semana, a primera hora fue al sepulcro y viéndolo vacío salió corriendo hacia donde estaba Juan y Pedro, para avisarles de lo que había visto; ellos bastante extrañados, pensando que hubieran podido robar el cuerpo, salieron corriendo hacia el sepulcro.

Dice el Santo Evangelio que Juan corría más que Pedro y le adelantó, llegando antes. Se asomó viendo las vendas por el suelo pero no entró. Cuando llegó Pedro entró y vio las vendas por el suelo y el sudario no en el suelo con las vendas sino enrollado y colocado en un poyete. Entonces entró el otro discípulo, al que tanto quería Jesús y que había llegado primero, entró vio y creyó. ¿Qué entendemos por vio y creyó? Que con la resurrección de Jesús se cumplió toda la Escritura y todo lo que Jesús le había dicho. Todo cuadraba, todo tomaba una dimensión inconmensurable, sobre todo para él. Las profecías si se cumplen es cuando realmente son creídas y valoradas. A partir de este momento los discípulos vivían en un asombro extremo y permanecieron expectantes a cualquier anuncio de Señor.

Juan 20, 2-8

Día 26 de Diciembre

Día 26 de Diciembre

Jesús hoy nos habla de una gran tribulación por la que pasaron los primeros cristianos. Es inimaginable la angustia que soportaron nuestros hermanos en la fe del Señor.

El pueblo judío es un pueblo muy unido, muy cerrado en sus tradiciones, y en aquel entonces la religión-estado era todo uno. Si es posible imaginar el rechazo que tendrían los altos mandatarios a la nueva iglesia que se estaba gestando, muy contraria a su ideología, a como tenían ellos estructurado el estado y lo que podían significar los pilares de su fe. En apariencia era una ruptura total, que no lo hubiera sido en la realidad, pero era el temor que tenían. ¿Qué había que hacer entonces? Evitarlo a toda costa, y lo que dice Cristo, era a lo que se les venía encima: denuncias de padres contra hijos, de hijos contra padres, de hermanos contra hermanos, en definitiva, todos los seguidores de Cristo descubiertos eran denunciados. Al principio debían ser muy prudentes y no fiarse de cualquiera; si tu padre te podía denunciar, imagínate un vecino. Debió ser terrible. Pensemos lo que se involucró Dios en los inicios de la formación de la Iglesia por la pervivencia de las primeras comunidades cristianas que Cristo les dijo: os denunciarán y azotarán en las sinagogas y os llevarán a los tribunales y os harán comparecer ante tribunales y reyes; no os preocupéis de lo que habéis de decir, el Espíritu de vuestro Padre Dios hablará por vosotros. Muchos padres y hermanos se revelarán contra hijos, padres y hermanos, y matarán a muchos. Vuelve a decir Jesús: A todos os odiarán por mi nombre (ahora viene lo mejor), el que persevere hasta el final se salvará.

Siempre debemos tener presente que al final está Dios esperándonos, la puerta siempre se abre para el banquete final. Cristo nunca dice que sopesemos el compromiso porque las dificultades al ser muchas no compensarían nuestra elección. Jesús siempre dice que vale la pena todo el mal que suframos como consecuencia de la fe, que no es nada en relación a lo que representa un instante en la presencia de Dios; si no lo dice literalmente, si lo dice con el sentido de sus palabras.

Así que ¡ánimo!, los mártires como San Esteban nos dicen que nunca renunciemos a nuestra fe, no solo por el premio final, sino porque la fe allana y endereza caminos y las lágrimas con fe tienen un sabor agridulce. Dar la espalda a Dios es lo último que podemos hacer.

Mateo 10, 17-22

Día 25 de Diciembre

A otros pueblos de la tierra,  parece ser, les basta que les digan o recuerden como es Dios, y quien gana la última batalla; -no importa lo destruidos que estén: Dios restaura, Dios renueva, Dios hace nuevas todas las cosas.

Nosotros, en Occidente, al no haber tenido nunca vivencias intimas o directas con Dios, no solo nos olvidamos de como es, sino que nos olvidamos de que Dios existe, y eso es lo primero de lo que nos tenemos que convencer, de que Dios existe. Pongo un ejemplo: en este encuentro, Dios nos dice, según yo interpreto: El mundo desde su origen ha vivido millones de batallas, Dios ha ganado muchas de ellas, pero la última también la ganará. Y eso, trasladado al hombre, es lo mismo. Nosotros los seres humanos podemos tener miles de caídas, con su ayuda nos levantamos, con su ayuda siempre ganamos, aunque en apariencia hayamos sido derrotados. El enemigo nos derrota para el mundo, pero Dios nos da la victoria para la otra vida, para la eternidad, y eso es la meta o regalo de Dios, la eternidad. Pero ojo, para ello hemos de ser sus amigos, esperar en él, confiar en él, no dudar de su palabra, creer en su Hijo amado. Y siempre celebrar con él la victoria, ofreciéndole cánticos de agradecimiento, cánticos de alegría, cánticos de alabanza, cánticos que expresen que le reconocemos como nuestro único Dios y que sabemos   que solo él puede guiar nuestros pasos hacia la victoria final. Miremos lo que sucedió en Hiroshima, quedó toda destruida. Veamos como está hoy la ciudad, a los diez años estaba casi como está hoy. Yo digo: si eso ha sido posible por la acción del hombre, Dios lo haría multiplicado al infinito. El mundo puede destruir la parte material de la creación en la tierra, pero no la vida del hombre que está en manos de Dios. Recordemos lo que dijo Jesús: destruid este templo y en tres días lo levantaré. Así fue, al tercer día resucitó. Los argumentos expresados en este párrafo son productos de la fe, sabemos que no se pueden medir ni pesar, la fe no es ciencia, pero sí que tiene algo.

Si creemos que Dios existe y en que es capaz de hacer nuevas todas las cosas, también puede sacar vida de un amasijo de huesos, que es lo más desolador que existe, huesos, huesos y huesos de cuerpos calcinados o muertos por metralla de máquinas del terror, recordemos la I y II Guerra Mundial. Dios tiene poder para hacer que renazca la vida y renazca la hierba en un paisaje tan inóspito como el descrito, ¿a que temer? ¿Somos sus amigos e hijos adoptivos? El que no lo sea que empiece a serlo desde hoy. No hay nada que temer, muy al contrario, hay muchas y grandes razones para ser felices conociendo la verdad de Dios, y compartiendo después esa felicidad con aquellos que no han tenido la suerte de conocer al Señor porque nadie les habló de él, ni de saber cuánto no ama, ni conocer algo de lo que nos tiene preparado.

Atiende lo que te voy a decir: para el hombre que anhela vivir en un infinito amor con Dios en la eternidad, segunda y mejor etapa de la vida, si eso no se produce, esta vida, la actual, la terrena, es un fraude, un engaño, una mentira toda ella. Pero, pensando en positivo, yo me pregunto: ¿le costaría mucho a Dios hacernos inmensamente felices en la otra vida, si ha sido capaz de crear la tierra,  crearnos a nosotros y crear el universo o universos? No nos comamos el coco y confiemos en su inmenso poder y en su gran misericordia y sabiduría expresada en la Biblia. No hay un ser humano capaz de dar un abrazo tan grande de amor a toda la humanidad como lo da la Biblia, en el que entramos todos, menos los que se quieren quedar fuera. Eso es la Biblia: Un abrazo de amor a la humanidad, dado por Dios y transmitido por sus hombres de confianza.

Dios, en su plan de misericordia y amor hacia su obra, en especial hacia el hombre, desde tiempo inmemorial, quiso ser como nosotros, para poder hacernos llegar con meridiana claridad su pensamiento, ¿y como hacerlo? Naciendo entre nosotros, siendo para nosotros palabra de Dios, lo que se conoce como Verbo encarnado. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. En definitiva Cristo es la palabra de Dios, palabra eterna como eterno es él. Palabra que no pasará jamás. Ya lo dice Jesús: podrá pasar todo, más mi Palabra no pasará. Su Palabra en definitiva lo que nos anuncia es vida en el espíritu y eso no pasará, eso hoy está sucediendo y seguirá sucediendo siempre, aunque la vida desapareciera de la faz de la tierra. Nuestro Dios no es un Dios de muertos, es un Dios de vivos (transfiguración del Señor en el Monte Tabor).

Cristo dijo mucho más de lo que está escrito en el evangelio, pero lo escrito es suficiente para nuestra salvación y la de todas las generaciones venideras. Todos los días anuncio en www.unmillonderazones.com  que leyendo la Biblia conoceremos a Dios y al hombre. Yo digo que la Biblia es imprescindible para conocer a Dios. Aunque pueda darse el caso que alguien pensase que es insuficiente; que Dios tendría que ser más grande de lo anunciado. A lo que Dios responde que es suficiente, y que no debemos intentar saber más sobre él de aquello que se nos ofrece en ella.

En muchas ocasiones se dirigió Dios a su pueblo a través de los profetas, pero los enviados de Dios no han gozado nunca de buena prensa, de mucha suerte, de mucha simpatía; al mundo no le gusta que nadie saque a la luz sus vergüenzas, nuestro mundo no quiere que su mentira sea puesta al lado de la verdad y menos si esa verdad viene de Dios, en este caso se vería perdido y tendría más dificultades para seguir ejerciendo sus fechorías impunemente. Ello, no obstante, me lleva a pensar que nunca lo tendrán fácil los cristianos al proclamar la palabra de Dios por todo el mundo, ese mundo receptor tratará de taparlos la boca. Siempre habrá dioses falsos que se opongan a ello y a la presencia del Dios verdadero,  que aun siendo patente su existencia, no dejarán nunca de desvirtuarla para que vivamos en una permanente confusión ¡Qué mueren por Cristo! Fanatismo exacerbado. Vanas afirmaciones que a muchos llenan de dudas. Este es nuestro mundo.

La Palabra ya existía desde el principio de los tiempos, a través de la Palabra se hizo todo. La Palabra es Cristo, la Palabra estaba en Dios, la Palabra era Dios. ¿A que ángel dijo jamás Dios hijo mío eres tú, hoy te he engendrado? O: ¿Yo seré para él un Padre y él será para mí un Hijo? Y en otro pasaje al introducir en el mundo al primogénito dice: Adórenlo todos los ángeles del cielo. Como vemos la Palabra es clara y expresa con rotundidad lo que Dios quiere que sepamos.

El paso de la palabra por el mundo ha sido traumático, eso nadie lo duda. Cuando dejó su mundo y se adentró en el nuestro y hasta que volvió de nuevo al suyo, ha sido un calvario. Pero, ¿lo quería Dios así? ¿O ha sido por nuestra ignorancia y maldad o las dos cosas a lavez? Que le vamos a hacer. No todos quieren la presencia de Dios en este mundo materialista. Recordemos la desaparición de los crucifijos en entes públicos. No quiere el mundo que sus hijos conozcan la bondad. Nos enseñan a ser malos y luego nos ponen multas por serlo. En esencia justicia es lo que Dios quiere. Si fue Dios el primero que nos enseñó la justicia ¿por qué el mundo no quiere que conozcamos la justicia de Dios? Porque así él la administra a su antojo.

Jesús ha nacido hoy, y con él la Palabra de Dios llegará a nuestros corazones, en él estaba la vida y él será a partir de hoy la luz que ilumina nuestras miserias y el fuego que ayuda a deshacerlas.

Es triste decirlo, siendo la luz tan necesaria para iluminar un mundo de tinieblas, cuando vino la luz las tinieblas no la recibieron. A todos los que la recibieron y la reciben les da poder para ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Apareció un hombre que dijo que él no era la luz, sí testigo de la luz. El verbo era la luz verdadera que alumbra todo hombre, viniendo al mundo. Hoy hemos contemplado su gloria; gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Todas estas últimas palabras bíblicas y las que siguen son de extrema importancia, meditémoslas, porque hoy ha nacido Jesús, ha llegado a nosotros la Palabra de Dios. Y nosotros hemos nacido de nuevo, nos hemos reafirmado en nuestra fe o hemos visto la luz hoy por primera vez con la conmemoración del nacimiento de Jesús.

Nos sigue diciendo Juan el Bautista: éste es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracias. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Sabemos que creer es difícil, que es como dar un triple salto mortal en el espacio, pero también debemos saber que en este ejercicio que nos pide, tenemos una buena red debajo y esa red es Dios. Saltemos en la confianza de que si nos fallan nuestras fuerzas Dios alargará su brazo y asirá nuestra mano con las suyas que son suaves pero fuertes, y no nos soltará jamás.

Juan 1, 1-18

Día 24 de diciembre

Estamos a dos pasos del nacimiento de Jesús y hoy quiero hablaros de lo que me suscita este encuentro.

Zacarías, el padre de Juan Bautista puede que sea una figura poco relevante en el pueblo de Dios, sin embargo, a través de sus palabras apreciamos que nacen de una fe profunda y muy arraigada y de un convencimiento absoluto sobre el influjo del Señor. Eso no se adquiere de la noche a la mañana; eso demuestra que viene de una vivencia de niño. La semilla de la fe está en todos nosotros, y en determinados ambientes, en muchos niños ya germina y aflora, aunque pase después por periodos de hibernación. Pero, en el pueblo de Dios las enseñanzas religiosas comienzan desde niño y desde entonces se le tiene un gran respeto y temor a nuestro Dios. Eso es lo que deberíamos hacer en occidente, que nos hemos enfriado bastante.

La felicidad del creyente se sustenta en tres pilares básicos: fe, amor (relación de amistad) y trabajo;  así podremos construir una familia en armonía y gozosa, sin demasiados riesgos de ruptura; y solo así ante la presencia del Señor nos cuidaremos de observar sus mandatos y, trasmitiendo nuestra fe a nuestros hijos, podremos vivir la nuestra en plenitud. Es triste para los creyentes ver como muchos de nosotros no mantenemos una relación de fe con nuestros hijos, así como en los que no creen, que tampoco consiguen educar a sus hijos en el amor de Dios, las conversaciones con ellos en el orden religioso a menudo terminarían en bronca. Aunque ello está anunciado por Jesucristo, lo deseable sería que no fuera así y que todos viviésemos en eterna comprensión.

Los judíos no es que sean un modelo a seguir, sin embargo, tienen cosas que son necesarias para mantener la unidad en la familia, creando una fortaleza imbatible ante las embestidas del enemigo. Y eso es algo necesario para todos; la fe te ayuda a ganar la batalla; la falta de fe, en el mejor de los casos no te lleva a ganar ni a perder, eres aliado de las dos fuerzas y es como jugar con dos barajas. Esta actitud no gusta a ninguna de las dos fuerzas en litigio, está vista como cercana a la traición. Ya Cristo critica la tibieza, la falta de definición, el no posicionarse a un lado o a otro. En definitiva, en estos días debemos estar preparados para el nacimiento de un niño que no es un niño normal. Debemos obsequiar al niño con nuestros mejores valores: fe, amor y los mejores cuidados y protección, ya no porque el niño que va a nacer es muy especial y merece toda nuestra admiración y ternura, también se debe hacer lo mismo aunque el niño que fuera a nacer sea el nuestro, y siendo nuestro hijo por voluntad nuestra, solo por esa razón merece todo. En cuanto a los personajes bíblicos u hombres de Dios que día a día van apareciendo en los encuentros, aunque no todos ellos tienen el mismo grado de importancia en el Plan de Dios; todos sin excepción aportan conocimiento muy necesario, para conocer un poquito a Dios y conocer al hombre a través de ellos, por sus comportamientos, reacciones y exigencias, cuando creemos que Dios debería mostrarse más solícito. Son enseñanzas muy útiles las cuales fortalecerán nuestra fe. De todos ellos tenemos mucho que aprender. Por ejemplo: en Zacarías vemos cierta capacidad profética, anunciando de forma contundente la venida de Jesús con influencia de su persona en nuestras vidas, por su luz (verdad) y su mensaje de paz. También, con claro acierto, nos presenta la digna misión de su hijo Juan, que le reconocerán como profeta del Altísimo, no en vano ya Jesús dijo de Juan, el Bautista: que fue el mayor de los profetas.

Señor, danos el mejor de los sentimientos para festejar tu venida y acogerte en nuestra casa.

Lucas 1, 67-79

Día 23 de Diciembre

En este encuentro los profetas hacen acto de presencia haciéndonos ver una vez más que el mundo está creado y regido por Dios. Recordemos aquella frese que debería preocupar a unos  y llenar de gozo a otros: “No se cae un pelo de la cabeza sin que Dios lo sepa”. Dios siempre conoce cada uno de nuestros caminos.

Los pasos que va dando Dios y los pasos que dará, todos se han anunciado, unos antes y otros después. En este caso se trata de entresacar de todo lo anunciado por el profeta Miqueas, lo relativo a la venida de Jesús, que nacería en Belén de Éfrata, pequeña aldea de Israel, de la que saldría el Jefe de Israel.

Cuando Cristo entra en el mundo dice: Dios Padre no quiere ya más sacrificios, ni ofrendas, ni holocaustos; y que le había preparado a él un cuerpo; en esto se deja entrever que él existía antes de tener cuerpo.

Entonces Cristo le dice a Dios Padre: Aquí estoy para hacer tu voluntad. Como aludiendo a que estaba escrito por el sacrificio que debía pasar si lo aceptaba.

Se suprime el ofrecimiento de toda víctima y se ofrece él como víctima propiciatoria para el perdón de nuestros pecados. Y por esta oblación todos quedamos santificados.

Nos acercamos al misterio, al nacimiento de Dios, como prueba de su amor hacia nosotros.

Que experiencia más descorazonada. “ Vine a mi casa y los míos no me reconocieron”. Menos mal que estaba escrito para que no podamos excusar nuestra ignorancia. ¡Qué vergüenza, Dios mío! ¡Posesionarse el jornalero de la finca de su Señor y no recibir ni al Hijo para entregarle parte de los frutos!

Que ingratitud la nuestra, que le damos la espalda al que todo le debemos. Bien es verdad que no elegimos nacer, pero una vez nacidos y satisfechos por ello, ¿por qué somos tan individualistas que rechazamos la vida en comunidad (Iglesia) para alabar a Dios cada día por su infinita generosidad y misericordia por nuestra torpeza pecadora? Todavía estamos a tiempo.

Abramos nuestro corazón al niño que va a nacer y que mañana será nuestro guía; no sigamos por más tiempo con este corazón cerrado, Cristo nos quiere, a todos.

Lucas 1, 39-45