22 de octubre 2019

Jesús también nos habla del comportamiento a seguir ante unas particiones de herencia o ante un golpe de suerte que pueda hacer crecer extraordinariamente nuestro patrimonio. Es de sentido común plantearnos cómo emplear el dinero o bienes que hemos recibido de forma inesperada, pero nada debemos hacer de espaldas a Dios y con gran avaricia. Todo lo que ocurre es porque Dios lo permite y es un enriquecimiento para el bien; en nuestros planes debemos incluir la mano de Dios para que sea Él quien nos ilumine y nos ayude a emplearlo de la mejor manera. ¡Cuántas familias rotas por una herencia! ¡Cómo se le dará más valor a algo material y heredado que a la relación de amor entre la familia, que en definitiva esos lazos de amor son el sustento de la familia y a lo que uno se puede agarrar en momentos de problemas financieros! ¡A quién recurrir mejor que a la familia y a quien ayudar mejor que a la familia, cuando hay necesidad!

Qué triste para unos padres si ven que al final de sus días sus hijos se enfadan por no aceptar un reparto justo y equitativo; y si el reparto no es justo la ruptura de lazos amorosos entre los hermanos es más que evidente. A veces sucede, cuando no te toca la parte que tú quisieras, porque la consideras mejor y no dices nada antes del sorteo esperando que te toque. ¡Qué no te toca, montas el pollo para que se vuelva a hacer el sorteo de nuevo! Esa actitud siempre es vergonzosa para los padres, máxime si se han privado de cosas para engordar el patrimonio y favorecer así a los hijos, pensando que el regalo de la herencia los haría más felices y los uniría más.

Y en lo referido a un golpe de suerte, hay que llevarlo con prudencia  y moderación, atendiendo siempre a valores de caridad, pensando cómo ayudar a otros más necesitados y dándoles un donativo. Sería un chasco que nos dijeran  como al personaje de la Biblia: “No hagas planes para tu vida futura porque esta misma noche van a venir a quitártela”. Dios, dueño de la vida, quiere compartir con nosotros nuestra felicidad y solidaridad, no le demos la espalda, puede haber sido Él el causante de nuestro golpe de suerte. Lo verdaderamente importante es acumular riquezas en el cielo; la materia se corrompe y puede corromper los buenos sentimientos. ¡Que no nos ciegue el tener! Lucas 12, 13-21

Reflexión:

Día 21 de octubre

En este encuentro, entre otras cosas, Dios Padre premia la generosidad de Jesús y acepta, que a través de ese sufrimiento nos salve de caer en el abismo. Él cargó con todos los crímenes de la humanidad. Por los trabajos del alma veremos la luz, y el justo se saciará de conocimiento. Tengamos valor para profesar nuestra fe Isaías 53, 10-11

Nuestro Sumo Sacerdote atravesó el cielo y ha sido probado en todo menos en el pecado. Se ha compadecido de nosotros; en agradecimiento unámonos a su gracia y pidámosle que tenga con nosotros la misericordia que tanto necesitamos Hebreos 4, 14-16

Los que creen en Jesús y en sus promesas se creen merecedores del cielo, pero hay algunos que por ser tanta la confianza que tienen en sí mismos y en el cumplimiento de los mandatos de Dios, se toman la libertad de elegir puesto; hasta tal punto que quieren estar sentados a la derecha y a la izquierda del trono de Jesús, y es entonces cuando Jesús acepta una posible salvación, pero no la elección del sitio preferente, sitios que solamente Dios Padre sabe para quienes los tiene reservados. Jesús nos anima a que amemos desinteresadamente y a que seamos justos con nuestros servidores y no tiranos como algunos, y que si queremos ser los primeros o asegurarnos un puesto en el cielo, seamos aquí los últimos.

No se puede ser tan exigente, ser el primero aquí y después ser el primero en el cielo. Aprendamos de Él como lavó los pies a sus discípulos (Juan 13:5). Jesús nos dice: No he venido a que me sirvan sino a servir y a dar la vida en rescate por todos. Esa es la lección que debemos tomar, lección de humildad y de servidumbre; confiando que el peor puesto en el cielo es infinitamente mejor que el mejor en la tierra. Obrar con el pensamiento puesto en el cielo es algo que a Jesús le agrada Marcos 10, 35-45

Reflexión:

Día 20 de octubre

El Señor Jesús es Dios y hombre y como hombre fue igual a nosotros menos en el pecado. Nosotros a veces cuando nos enfadamos con alguien damos la impresión de que nos es indiferente la amistad, que podemos prescindir de la relación, sin que afecte a nuestro estado emocional. Jesús no lo ve de esta manera, Jesús quiere poner de relieve que Él ha venido a darse por amor, a enseñarnos en qué consiste el amor y la amistad verdadera, no la apariencia, y eso queda demostrado no solo de palabra sino por el cúmulo de hechos en los que antepone las necesidades del otro a las suyas propias. Por esta razón le extraña sobremanera que se le pueda acusar de algún delito o de haber proferido insultos o palabras ofensivas indebidamente a personas e instituciones.

Lo que ha hecho precisamente Jesús, ha sido denunciar la injusticia, la falsedad, la hipocresía… Lo que ha hecho en términos generales es manifestarnos su amor con un sin fin de curaciones y con un sin fin de recomendaciones para una mejor convivencia en armonía y paz entre nosotros. ¡Cómo no le va a gustar a Jesús que se le reconozca su entrega, sus acciones y la defensa de la verdad ante todo! El testigo de un hecho que adultera la verdad e incluso acusa de impostor o prevaricador a un inocente, ese no puede ser aplaudido por la justicia de Dios, lo más que haría Dios es perdonarle una vez reconocida su falta.

Jesús tiene necesidad del amor de los hombres hacia Él y de amor entre nosotros, ello significa que su semilla ha caído en buena tierra. No estaría absolutamente justificada la negación de Cristo, como no se puede negar la existencia de Napoleón, Nerón, Ramsés II, Viriato, el Cid Campeador… Sería de ingenuo pretender cambiar la historia y más la historia en la que está Cristo. Y para esos, que aún no lo reconocen y están llenos de dudas, solo tienen que saber que el tiempo de la historia de la humanidad cuenta desde: años antes de Cristo y años después de Cristo.

Algo de relevancia tuvo su presencia en la tierra, ¿no es así? De no haber tenido la importancia que tuvo: su Nacimiento, Pasión, Muerte y Resurrección, no hubiera influido como lo hizo en el devenir de los años. Si alardeamos de dotes sapienciales y negamos a Cristo, puede ocurrir que en el momento crucial, cuando podíamos pasar al otro lado, nos nieguen a nosotros.

Y ya para ultimar: todo se nos puede perdonar en esta vida, menos la ofensa al Espíritu Santo. Aprovechemos cualquier momento para reconciliarnos con Dios y pedirle fuerza y prudencia para jamás ofenderle ni tampoco al Espíritu Santo Lucas 12, 8-12

Reflexión:

Día 19 de octubre

Sabiendo Jesús que la labor de promover a la conversión comporta un riesgo, Él nos dice que no tengamos miedo. Eso también nos lo decía Juan Pablo II, timonero que ha seguido el rumbo de la Iglesia primitiva; todos tenemos un grato recuerdo de él. Como sería Jesús si Juan Pablo II era como era.

Jesús en su inefable sabiduría nos dice: no tener miedo a los que matan el cuerpo y no pueden hacer más. Temed al que tiene poder de matar el cuerpo y echarlo al infierno. Ese es el verdadero peligro. No aceptemos la invitación engañosa que termina en la putrefacción de nuestro cuerpo y provoca la caída, ahí no cabe la restauración. No seamos hipócritas en nuestra vida. No vivamos en la apariencia y la mentira. No se puede abusar del prójimo a través del engaño y la mentira.

Si Jesús nos habla de la estima y del amor que debemos tener hacia el hermano, ¿por qué somos tan desaprensivos que no solo no le amamos sino que le robamos, hacemos fraude, abusamos: unos por poder, otros por picaresca, otros valiéndose de otras tretas…? Todo ello es contra natura. La obra de Dios solo requiere cuidados y mimo. La obra de Dios está llena de poder y debilidad y si Dios concede poder es para ayudar al débil no para lo contrario. Ningún abuso quedará sin una buena reprimenda. Ninguna mentira quedará oculta. Todo se sabrá un día. Todos tenemos de que arrepentirnos, no esperemos mucho tiempo; el tiempo útil para la corrección se acaba. Pongámonos del lado del Creador y ayudémosle a corregir las desigualdades de este mundo. Tengamos presente que hasta los pelos de nuestra cabeza los tiene contados el Señor. Todo lo sabe. Así que a su lado no tengamos miedo; somos, de su inmensa obra los más preferidos Lucas 12, 1-7

Reflexión:

Día 18 de octubre – 2012 – FIESTA DE SAN LUCAS, EVANGELISTA

Hoy el Señor nos recuerda cuando envió a setenta y dos discípulos a anunciar que el reino de Dios está cerca, hoy envía otros setenta y dos. Los cristianos de hoy (católicos) incluso aquellos de misa de domingos y festivos, creen que ya no hay necesidad de predicar, que todo el mundo sabe de Dios y del Evangelio, y que el que no lo conoce a fondo es porque no quiere. Se piensa que es una falta de educación y de respeto pretender enseñar la Biblia a gente de tu barrio, pueblo o ciudad, entendiendo esto como una irrupción y coacción a la libertad del otro. Máxime cuando las iglesias cristianas están establecidas y son reconocidas por el pueblo, y tienen sus puertas abiertas para que cuando una persona se interese en conocer a Jesús acuda a ellas con plena libertad. Entrará, estará y nadie se enterará de que está. Y todo eso choca de pleno con la voluntad de Jesús.

Nos estamos encerrando en nuestra propia miseria. Si  no predicamos en nuestro barrio y en nuestro pueblo por no perturbar la intimidad de las familias y permitimos que llegue el día en que no se pueda hablar de Jesús si no es en las casas cristianas y centros cristianos, ¿a dónde queda eso de que el que deja padre y hermanos y tierra tendrá aquí cien por uno y en el futuro vida eterna? ¿Y qué será de la parábola de la oveja perdida? Cuando no haya nadie que predique, ¿qué será del ilusionante mensaje de Jesús? ¿Qué queremos dejarlo en manos del Espíritu Santo? Al Espíritu Santo le agradaría ir en nuestra compañía pero no Él solo.

Cuando Él estuvo por Galilea, dejó una marcada huella de sus pretensiones anunciando la venida del reino y pidiendo un cambio o regeneración para recibir a Dios en sus vidas. Para ello se trilló toda su tierra, e incluso a donde no pudo ir Él envió a sus discípulos. Y esa dinámica es la que instauró, visitar casa por casa a todos los habitantes de la tierra, para que no quedara nadie sin conocer la Buena Nueva. ¿Hacemos nosotros lo mismo? ¿Confiamos nosotros en nuestro poder curativo como confiaban los discípulos que envió Jesús a difundir el Evangelio? ¿Deseamos fervientemente la curación de los enfermos? ¿Deseamos apasionadamente una transformación de la Iglesia y un crecimiento de la misma y que los templos estuvieran abarrotados de fieles? ¿No será que estamos imbuidos por la rutina y la comodidad y nos es indiferente que nuestros vecinos sean cristianos, budistas o libres pensadores? Si Jesús hubiese asumido esta forma de vida de la Iglesia, no solo no hubiera venido, o de haber venido, hubiera estado toda su vida haciendo muebles con su padre (ebanista) o haciendo carros (carpintero).

Creo que la fe en Dios a través del conocimiento y el consiguiente cambio de vida y modo de pensar es otra historia, es mucho más serio de cómo lo llevamos hoy; no debemos permanecer los católicos ni un minuto más impasibles, viendo como de día en día la gente vive angustiada porque no encuentra salida a sus problemas y viendo como otros nos arrancan nuestros símbolos cristianos, aquello que ha conformado durante siglos nuestra cultura y nuestra fe y nos quedamos tan tranquilos; se ha adueñado de nosotros la comodidad y el miedo.

Hay multitud de estrategias para convencer: con la palabra y con mucha generosidad. Por temor a perder algo corremos el riesgo de perder la vida. Sabemos que para los discípulos de Jesús el hecho de predicar representó un esfuerzo infrahumano, tenían todo en contra, solo con la fuerza del Espíritu Santo se podía actuar con esa valentía y arrojo. Hoy parece que necesitamos algo más, porque tenemos el Espíritu Santo y no nos arrancamos. Quizá nos vemos como comerciales intentando captar adeptos a la causa pero sin cobrar por ello. Lo que habéis recibido gratis dadlo gratis (Mateo 10:8), eso dijo Cristo.

Si nosotros, un puñado de católicos, confiamos en que nuestras alabanzas agradan al Señor, hoy y todos los siglos venideros, hagamos que sean muchos más los que alaben a Dios, Él no espera otra cosa de nosotros. ¿Y qué hacemos para crecer en número? Si un ciego conduce a otro ciego lo fácil es que terminen en el precipicio (Mateo 15:14), pues dejemos nuestra ceguera y conduzcamos a la gloria a todos nuestros vecinos, amigos, entorno. Si nosotros sabemos dónde y cómo se blanquean nuestras vestiduras (Apocalipsis 22:14), enseñemos a otros como blanquear las suyas. “La mies es mucha y los obreros pocos”. Pidamos al Señor que mande más obreros a su mies. Ya sabemos que hay obstáculos para el crecimiento de la Iglesia. El católico no invita a nadie a la Iglesia porque cree que no van a ir, lo primero, y si van que no volverán.

La situación es poco halagüeña. Deberíamos dotar a la Iglesia de mayor atractivo en las parroquias, elaborando un programa, entre nuestro Obispo, los respectivos párrocos y los fieles, algo que nos entusiasme y nos estimule a invitar a la gente a la parroquia; y simultáneamente empezar con la predicación en los barrios, bien en las calles o casa por casa o, empezando por los bautizados que no van a misa. Si no tenemos fuerza pidamos ayuda al Señor. Seguramente hemos cogido miedo de la frase de Jesús cuando dijo: “mirad que os mando como ovejas en medio de lobos” (Mateo 10:16) Lucas 10, 1-9

Reflexión:

Día 17 de octubre

En este encuentro Jesús continúa denunciando públicamente la actitud de escribas y fariseos, personas soberbias, presumidas, egoístas, ego centristas, en definitiva hipócritas. Porque actuando malintencionadamente y con una superioridad moral que no tenían, querían dar la apariencia de ser gente honorable. Sin embargo, este tipo de personas buscaban los primeros puestos en las fiestas y sinagogas, rezaban a la vista de todo el mundo, daban limosna al toque de trompeta, agrandaban los adornos de sus vestidos, eran dados a que les hicieran reverencia en la calle y abrumaban a la gente con leyes insoportables que ellos no cumplían. Se consideraban los únicos buenos y perfectos, tratando a los demás de pecadores y poco menos que de chusma.

Muchas de estas actitudes han llegado a nuestros días. Y eso, ni antes ni ahora, se debe aceptar. Como es natural, todo esto chocaba mucho con la personalidad de Jesús, su comedimiento, su equilibrio, su humildad. Al margen de que vino a reequilibrar y perfeccionar aquello que Dios a través de los profetas quiso que  el mundo supiese y practicase. Mucho llegaba al pueblo deformado y siempre se abusaba de la buena fe de la gente por su incultura e impotencia para luchar contra el poder Lucas 11, 42-46. Lo mismo ocurre hoy en otro orden de cosas.

Reflexión:

Día 16 de octubre

Seguimos aprendiendo con Jesús. Un día lo invitó a comer un fariseo y en cierto modo se escandalizó porque Jesús no se lavó las manos antes de comer y entonces Jesús aprovechó el momento para decirnos que hay que limpiar el vaso primero por dentro. Nos dice que es una falsedad estar llenos de odio, robos y crímenes por dentro y por fuera dar la apariencia de sepulcros blanqueados y de ser un santurrón en aquel tiempo o una persona honesta en los tiempos que corren. Que no hay que ser tan escrupuloso con unas manos llenas de polvo y no serlo con unas manos llenas de sangre. Que no seamos hipócritas, que limpiemos antes el corazón que las manos. Que no seamos mezquinos y ruines con el hermano necesitado y los servicios de la Iglesia, que abramos nuestro corazón con generosidad a quien necesite de ayuda. Si por dentro estamos limpios eso se manifestará externamente. De la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 12:34).

Huyamos de complots, mezquindades, sediciones. Saquemos afuera nuestra bondad que contagie, solo así haremos un mundo más humano en el mejor de los sentidos. La humanidad no está reñida con la divinidad Lucas 11, 37-41

Reflexion:

Día 15 de octubre – 2012 – FIESTA DE SANTA TERESA DE JESÚS

La generosidad de Dios que está presente y libre de toda duda, reconforta a todos aquellos que humildemente dejaron todo por seguir a Jesús y al Evangelio. Jesús, da gracias al Padre por haber dado esta inmensa fe y paciencia a la gente sencilla y no a los engreídos por la sabiduría mundana.

Dios premia la humildad, la sencillez, la confianza en Él… A Dios le ha parecido mejor hacer revelaciones a la gente humilde y no a los sabios y entendidos. Y Jesús no obstante se ofrece como compañero de carga para ayudarnos a soportar el peso de las desgracias, el desconsuelo de los desamores. Cualquier problema que tengamos debemos confiárselo al Señor. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré, nos dice. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso.

Es enternecedor y gratificante saber que el mismo Dios se ofrece a ser compañero de viaje, se pone a nuestro nivel y nos llena de esperanza en las cosas del cielo: lo perenne y lo eterno; haciéndonos ver que aquí todo es pasajero y caduco; y que acudamos a Él para poder soportar esta degradación y este deterioro de la materia y de la carne; nos llena de esperanza y nos dice que la vida sigue Mateo 11, 25-30

Reflexión:

Día 14 de Octubre

La sabiduría divina que es una de las muchas virtudes de Dios, se nos relata en la Santa Biblia y se nos ofrece como un don accesible, al que podemos llegar y en el que podemos vivir para hacer más fructífera nuestra vida. Un hombre sabio no solo es feliz sino que hace feliz a su entorno.

¿Cómo conseguir la sabiduría? Yo creo que pidiéndosela al Señor. Aunque previamente debemos adecuar nuestro pensamiento para poder convivir con ella. Por ejemplo: si la sabiduría viene de Dios y no queremos o no creemos en Dios, hay en nosotros una gran incompatibilidad para recibir la sabiduría. Yo entiendo que para poder alojar en nosotros la sabiduría divina hemos de tener sensibilidad y una disposición absoluta a la voluntad de Dios y a las necesidades del hermano. Se me ocurre que la sabiduría es como el bien personificado, por tanto debemos estar dispuestos a ser el bien y a hacer el bien.

La Biblia nos dice que la sabiduría vale más que tronos y riquezas, el oro a su lado es como la arena de la playa y la plata a su lado es como el barro; es mejor que la belleza y la salud; es como una luz sin ocaso; que esto es como decir que lo opuesto sería como el aire sin oxígeno, y finamente nos dice que aunque es mejor que todo, con ella se puede conseguir el todo multiplicado. A Salomón se le concedió la sabiduría porque la razón que esgrimió cuando se la pidió a Dios era “para saber gobernar a su pueblo con justicia” (2Crónicas 1:10) Sabiduría 7, 7-11

Ayer conocimos unos rasgos sobre la importancia de la Palabra, y hoy este encuentro con el Señor, nos pone de relieve otros aspectos de la Palabra que nadie podría decirlo mejor: es viva y eficaz, tajante como espada de doble filo, penetrante hasta en punto donde se divide alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Es conveniente reflexionar sobre estas palabras que definen  con bastante claridad la magnitud de la Palabra y magistralmente la grandeza de Cristo. Cristo es el Verbo encarnado, y el Verbo estaba en Dios desde el principio (Juan 1:1). La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14) Hebreos 4, 12-13

En este mismo encuentro se ha suscitado otro tema a raíz de una vivencia que tuvo Jesús con un joven judío, fiel cumplidor de la Ley de Dios. Como tantas veces, este relato nos ayuda a comprender mejor la verdadera dimensión del Evangelio y la dificultad de poder cumplirlo en toda su amplitud.

Un joven judío se dirige a Jesús y le dice: Maestro bueno, ¿qué debo hacer para ganar la vida eterna? Y como Jesús no deja pasar ni una, le contesta: Primero, ¿por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Y en cuanto, qué hacer para ganar la vida eterna: cumplir con los Mandamientos de la Ley de Dios. Y responde el joven: Ya cumplo, Maestro. Pues entonces vende todo lo que tienes, repártelo a los pobres y así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme. Ante esta respuesta el joven frunció el ceño y se marchó pesaroso. Jesús se le quedó mirando con cariño y dijo: es muy rico y por eso ha reaccionado así.

En este momento llamó a sus discípulos y les dijo lo difícil que sería para los ricos entrar en el reino de los cielos, y fue entonces cuando dijo: “es más difícil que un rico entre en el cielo que un camello por el agujero de una aguja”. Los discípulos se espantaron y hablaban entre sí diciendo: Entonces, ¿quién podrá salvarse? Y Jesús que lee los pensamientos les dijo: Verdaderamente para los hombres es imposible pero Dios lo puede todo y para Él todo es posible. Pedro aprovechó para decirle: Ya ves, Maestro, nosotros lo hemos dejado todo para seguirte. Y Jesús respondió: Os lo aseguro: el que deja casa, hermanos, padres, hijos, tierras, por mí y por el Evangelio, en este tiempo recibirá cien veces más y en el tiempo futuro la vida eterna.

Jesús quiere que sepamos que nadie que haga algo por Dios y su Evangelio quedará sin recompensa. Ya dice en otro pasaje: “Un vaso de agua que den a un cristiano será recompensado generosamente (Marcos 9:41) Marcos 10, 17-30

Reflexión:

Día 13 de octubre

En una multitudinaria predicación de Jesús, una mujer le dijo: dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Esta mujer impactada ante la presencia de Jesús y emocionada por su sabiduría, de forma espontánea tuvo unas palabras de alabanza hacia la Santísima Virgen, su madre, que fue quien lo trajo al mundo y además lo crio; es una expresión de gratitud y de alegría por haber sido agraciada este momento en conocer a Jesús y aprender de Él; lógicamente, al ser mujer, quiso destacar la grandeza de su madre, que ha traído al mundo esta joya para regalo nuestro. Si Él es así ¿cómo será ella? “De tal palo tal astilla” que también podría ser a la inversa.

Pero, sí importante es el hecho, más importante es la respuesta que da Jesús: “Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. La Palabra de Dios es Dios mismo y Dios está por encima de todo.

De nuevo Jesús nos recuerda que no hay nada más importante que la Palabra de Dios. Quiere que jamás se nos olvide y no pierde la ocasión de decírnoslo, incluso a costa de hacer palidecer otra verdad como la anterior en relación con la importancia de la Palabra. Y si lo analizamos, Jesús siempre lleva razón.

La Palabra es salvación, por tanto es vida; la Palabra es verdad, por tanto es acierto; la Palabra es amor, por tanto es entrega y ayuda, alivia la carga de la vida y libera del pecado; la Palabra es sabiduría, por tanto es entendimiento; la Palabra es luz por tanto es fe en nuestro creador y esperanza en sus promesas; La Palabra es perdón, por tanto es aceptar nuestra frágil condición, aceptar los riesgos de los que somos objeto; y vivir en la esperanza de ser como ángeles contra los que nada pueden las inclemencias del tiempo, ni las adversidades terrenales; en una palabra “salir de este valle de lágrimas”; la Palabra es fuerza, por tanto es valor para sobreponerse a todo: enarbolando siempre la bandera de Cristo; con su cruz redentora y confiando que en esa lucha siempre tendremos a Cristo al lado.

Recordemos “Yo estaré con vosotros hasta el final del mundo” (Mateo 28:20). Señor, perdona, en cualquier caso nunca fuiste un simple mortal, tu sabiduría te elevaba a cimas imposibles de escalar por nosotros, fuiste y eres una antorcha en la noche de nuestros sueños, no podemos substraernos de las sombras de la vida, el mundo en que habitamos es un mundo lleno de incertidumbre y lleno de dolor por las desigualdades y lleno de angustia por la ambición.

Digamos hoy además, que la mujer que ensalzó a la Madre de Cristo tampoco se equivocó, de todos es conocida la obra de la Santísima Virgen en el mundo entero. Medio mundo la tiene por madre, no en vano ella nos trata a todos como hijos en todas sus apariciones a lo largo de la historia desde los orígenes de la Iglesia. Ella se quedó sin Hijo y le nacieron millones de hijos en el mundo. Recordemos una frase suya dirigida al ángel que todos deberíamos tener en nuestra boca: “Hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1:38) Lucas 11, 27-28

Reflexión: